Introducción del Editor de Religión en Revolución
El reto principal para una organización cristiana,
evangélica y bautista en Cuba es transitar de una postura contemplativa a un
activismo cívico-profético que responda a la crisis social, asumiendo la
defensa de los derechos humanos, la libertad religiosa y la ayuda humanitaria,
superando el temor a la represión y la división interna.
En este contexto de profunda incertidumbre, la Asociación
Convención Bautista de Cuba Occidental ha emitido un comunicado oficial
dirigido a sus iglesias. Como espacio comprometido con el análisis de la fe en
la realidad cubana, reproducimos a continuación, de manera íntegra, este
documento firmado por su presidente, el Pbro. Dr. Bárbaro Abel Marrero
Castellanos.COMUNICADO A LAS IGLESIAS DE LA CONVENCIÓN BAUTISTA DE
CUBA OCCIDENTAL
"Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo" (1 Corintios 1:3).
Amados hermanos,
Vivimos tiempos turbulentos en nuestra nación. Hay tanto
sufrimiento, carencias materiales y espirituales, insalubridad, aumento de la
criminalidad, injusticias y desesperación —realidades que no nos son ajenas.
Muchos se preguntan qué debe hacer la iglesia ante una situación tan precaria.
Algunos cuestionan si la iglesia está haciendo algo de valor y otros la acusan
de no realizar lo que ellos entienden que debe ser prioritario. Esta situación
ha creado confusión, desasosiego y polarizaciones entre nosotros, y me temo que
el Enemigo esté ganando ventaja con tales disensiones. Ante este escenario, me
siento compelido internamente a expresar mi punto de vista, a la luz de las
Escrituras y de nuestra identidad bautista.
Sinceramente, considero que nuestras iglesias, en su
generalidad, han estado cumpliendo con la misión que Cristo nos dejó. Afirmar
lo contrario sería faltar a la verdad y solo puede ser promovido por el padre
de mentiras, "el acusador de nuestros hermanos". Por tal razón,
quiero resaltar y agradecer al Señor por vuestro amor, fidelidad y servicio a
Él, expresado fehacientemente no solo con palabras, sino con acciones
concretas.
¿Qué ha
hecho la iglesia?
Primeramente, nuestras congregaciones han permanecido de
manera comprometida en nuestra sociedad. El solo hecho de que la iglesia exista
en Cuba contradice todos los pronósticos humanos y las expectativas de muchos.
Pero estamos aquí, sirviendo al Señor y testificando de Su poder, acompañando a
nuestros connacionales. Me siento sumamente agradecido por tantos hermanos que,
pudiendo irse en busca de mejores condiciones materiales, han decidido
quedarse, solamente por amor a Dios y para servir al pueblo cubano. Por eso,
hay una iglesia presente y creciente, más que nunca, en medio de tan terrible
debacle. Como alguien expresó, en medio de las crisis, la última que debe salir
es la iglesia. ¡Gracias por permanecer aquí! Un misionero, tal y como lo
definió Andrew Walls, es alguien que está ahí.
También nuestras iglesias han bendecido a este pueblo con
sus oraciones. Oramos por nuestro país y sus gobernantes, como enseña la
Palabra de Dios, "para que vivamos quieta y reposadamente" (1 Timoteo
2:1-2). Sin dudas, necesitamos seguir orando y hacerlo más intensamente para
que Dios sane nuestra sufrida tierra, que un día le dio la espalda al Creador y
padece las consecuencias de su insensatez. No podemos ignorar el poder
sobrenatural que procede de las plegarias que elevamos al Señor y sabemos que
Él responde a Su tiempo.
Además de orar, hemos bendecido a nuestra patria de
disímiles maneras. Numerosas iglesias han utilizado sus escasos recursos,
multiplicados por el Señor, para alimentar a los más necesitados. No pocas
proveen desayunos y almuerzos cada semana, para auxiliar a personas
desamparadas, en situación de vulnerabilidad, fundamentalmente ancianos, cuya
pensión no les alcanza para sobrevivir y niños que muchas veces no tienen qué
comer.
Asimismo, profesionales de la salud de nuestras
congregaciones han ofrecido sus servicios en jornadas médicas, para atender
enfermos y compartir medicamentos donados por hermanos, nacionales y
extranjeros, con el fin de paliar la profunda crisis sanitaria que estamos
afrontando. Maestros cristianos también han usado su profesión para compensar,
desde la iglesia, las serias deficiencias de la educación cubana en estos
momentos.
Satisfacer estas necesidades físicas constituye una labor
imprescindible, pero nada puede eclipsar el mejor recurso que la iglesia tiene
para ofrecer: el glorioso Evangelio de Cristo; el mensaje de que Jesús murió y
resucitó para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida
eterna. En ningún otro hay salvación. Él es el camino, la verdad y la vida. No
podemos dejar de proclamar esas verdades y, gracias al Señor, lo hemos hecho
con fidelidad.
Como resultado, además de la salvación, muchos han
encontrado paz, gozo y esperanza, aun en medio de colosales adversidades y
tribulaciones; paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) y que el
mundo no conoce (Juan 16:33). También han comprendido y experimentado que la
auténtica libertad está en Cristo. Es el Hijo quien nos hace verdaderamente
libres (Juan 8:36) y así debemos sentirnos los cristianos que somos
consistentes con nuestra fe.
Esto es lo que la iglesia del Señor está llamada a hacer;
pero algunos creen que no es suficiente y proponen que la iglesia se dedique a
promover un cambio político en el país. ¿Es algo que debemos hacer? Dicha
actividad no es compatible ni con la naturaleza ni con la función de la
iglesia. Uno de los principios bautistas es la separación entre la iglesia y el
estado. Eso significa que ambos tienen su propia esfera de acción, sin que uno
interfiera en el otro, y se fundamenta en la enseñanza de Jesús: "Dad al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22:21).
Precisamente esta fue su respuesta a la incitación a tomar un posicionamiento
político.
Es legítimo desear un cambio de gobierno o de un sistema
político que se considere disfuncional, contraproducente y fallido. Incluso, no
debería ser ilegal expresar ese deseo, con mesura, respeto y apego a la verdad.
Por tanto, es aceptable que un cristiano procure cambios políticos para bien de
la nación, sobre todo en una sociedad democrática; pero esto debe hacerlo a
título personal, como expresión de su vocación secular y no en representación
de la iglesia. Tal actividad no es antagónica al cristianismo y la iglesia no
debería proscribirla ni condenarla en sus miembros. Al contrario, debería orar
por el hermano para que cumpla con honestidad y altruismo esa misión de vida.
De la misma forma, el hermano que se siente llamado a incursionar en la arena
política no debe pretender que esa sea una misión eclesiástica, ni mucho menos
cuestionar o juzgar a los que no lo hacen.
No debemos dejarnos presionar ni ceder a la tentación de
hacer del activismo político uno de los propósitos de la iglesia. Eso sería un
desenfoque fatal. La iglesia tiene un solo mensaje y es Cristo y este
crucificado (1 Corintios 2:2). No podemos tergiversar nuestra esperanza, pues
es Cristo en nosotros la esperanza de gloria (Colosenses 1:27). Los cristianos
creemos que solo hay un Mesías y se llama Jesucristo, no hay otro. En Él
creemos, en Él esperamos y Su Nombre es el que proclamamos.
La misión de Cristo no fue derrocar un régimen político
opresor, como muchos de sus coterráneos deseaban y esperaban que hiciera con el
imperio romano; ni sacar del poder a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, por
más que lo considerara una zorra y no se dejara intimidar por él para renunciar
a su ministerio (Mateo 13:31-33). De la misma forma, cuando Pilato preguntó a
Jesús si era el Rey de los judíos, su respuesta fue: "Mi reino no es de
este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que
yo no fuera entregado a los judíos" (Juan 18:33, 36). Él estaba dispuesto
a morir, pero no como opositor de un gobierno terrenal, sino cumpliendo una
misión mucho más sublime: sanar, liberar a los cautivos de las cadenas más
opresivas —el pecado— y salvar nuestra alma de la condenación eterna. Esto lo
lograría no con armas físicas o con discursos políticos incendiarios, sino por
su muerte en la cruz y su resurrección.
Tampoco vemos a los apóstoles o a las iglesias del Nuevo
Testamento intentando derrocar gobiernos humanos, ya fueran locales o
imperiales. Ese no era su mensaje, su pasión, su actividad, ni su misión. Más
aun, Pablo y Pedro exhortaban a las iglesias a someterse a las autoridades y
honrar al rey (Romanos 13:1-6 y 1 Pedro 2:17), a pesar de representar gobiernos
plagados de injusticias y ser férreamente hostiles al cristianismo. Esto no lo
hacían por temor, sino por entender la superioridad de la causa que ellos
defendían, por la cual dieron sus vidas. Nadie podía acusarlos de cobardía,
aunque de seguro algunos lo hicieron.
El cristiano está llamado a ser el mejor ciudadano (Mateo
5:13-16) y, por tanto, debe ser respetuoso de las leyes, siempre y cuando estas
no atenten contra su fe, porque nuestra lealtad suprema es a Jesucristo (Hechos
5:28-29).
A la luz de estas enseñanzas, les exhorto a seguir
viviendo dignamente la fe que profesamos. Oremos por nuestra nación y por
gobernantes que tomen decisiones que tributen a la paz y al bienestar; ayudemos
a nuestro prójimo necesitado según nuestras fuerzas y más allá; y no olvidemos
nuestra principal misión: predicar el Evangelio, el único que ofrece verdadera
salvación. No dejemos de proclamar el mensaje de arrepentimiento y fe en Cristo
a todos los cubanos, si en verdad queremos que nuestro país cambie para bien.
Nuestro lema histórico sigue vigente: ¡CUBA PARA CRISTO
YA!
En el amor de Cristo,
Pbro. Dr. Bárbaro Abel Marrero Castellanos
PRESIDENTE. Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental
Comentarios Finales del Editor de Religión en Revolución
Ante el contenido de este comunicado, reafirmamos que
existen Retos Clave para el Activismo Cristiano en Cuba que no pueden ser
ignorados: Romper el Silencio y la Pasividad: Es imperativo superar la inacción
ante el sufrimiento del pueblo y la persecución, alzando la voz por la libertad
y la justicia, incluso a riesgo de represalias.
Resistencia y Acción Cívica: Enfrentar la represión
religiosa mediante la resistencia pacífica, como congregarse en espacios
públicos y orar por la transformación del país.
Acción Social Integral: Implementar iniciativas
comunitarias, como la enseñanza de valores a la juventud en un contexto de
deterioro moral.
Unidad e Integración: Fomentar la unión entre todas las
congregaciones del país para fortalecer la respuesta a la compleja realidad
cubana.
Testimonio Profético: Establecer verdades bíblicas
aplicadas a la realidad nacional, asumiendo un rol de valentía y apoyo a las
nuevas generaciones de líderes cívicos.
Las organizaciones cristianas enfrentan hoy un entorno de
creciente represión estatal que busca limitar su influencia social, lo que hace
necesario un compromiso firme con la libertad de conciencia y la justicia
social.
Recopilación
y texto del editor del Blog Religión en Revolución.