En este contexto de profunda incertidumbre, la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental ha emitido un comunicado oficial dirigido a sus iglesias. Como espacio comprometido con el análisis de la fe en la realidad cubana, reproducimos a continuación, de manera íntegra, este documento firmado por su presidente, el Pbro. Dr. Bárbaro Abel Marrero Castellanos.
Amados hermanos,
Vivimos tiempos turbulentos en nuestra nación. Hay tanto sufrimiento, carencias materiales y espirituales, insalubridad, aumento de la criminalidad, injusticias y desesperación —realidades que no nos son ajenas. Muchos se preguntan qué debe hacer la iglesia ante una situación tan precaria. Algunos cuestionan si la iglesia está haciendo algo de valor y otros la acusan de no realizar lo que ellos entienden que debe ser prioritario. Esta situación ha creado confusión, desasosiego y polarizaciones entre nosotros, y me temo que el Enemigo esté ganando ventaja con tales disensiones. Ante este escenario, me siento compelido internamente a expresar mi punto de vista, a la luz de las Escrituras y de nuestra identidad bautista.
Sinceramente, considero que nuestras iglesias, en su generalidad, han estado cumpliendo con la misión que Cristo nos dejó. Afirmar lo contrario sería faltar a la verdad y solo puede ser promovido por el padre de mentiras, "el acusador de nuestros hermanos". Por tal razón, quiero resaltar y agradecer al Señor por vuestro amor, fidelidad y servicio a Él, expresado fehacientemente no solo con palabras, sino con acciones concretas.
¿Qué ha hecho la iglesia?
También nuestras iglesias han bendecido a este pueblo con sus oraciones. Oramos por nuestro país y sus gobernantes, como enseña la Palabra de Dios, "para que vivamos quieta y reposadamente" (1 Timoteo 2:1-2). Sin dudas, necesitamos seguir orando y hacerlo más intensamente para que Dios sane nuestra sufrida tierra, que un día le dio la espalda al Creador y padece las consecuencias de su insensatez. No podemos ignorar el poder sobrenatural que procede de las plegarias que elevamos al Señor y sabemos que Él responde a Su tiempo.
Además de orar, hemos bendecido a nuestra patria de disímiles maneras. Numerosas iglesias han utilizado sus escasos recursos, multiplicados por el Señor, para alimentar a los más necesitados. No pocas proveen desayunos y almuerzos cada semana, para auxiliar a personas desamparadas, en situación de vulnerabilidad, fundamentalmente ancianos, cuya pensión no les alcanza para sobrevivir y niños que muchas veces no tienen qué comer.
Asimismo, profesionales de la salud de nuestras congregaciones han ofrecido sus servicios en jornadas médicas, para atender enfermos y compartir medicamentos donados por hermanos, nacionales y extranjeros, con el fin de paliar la profunda crisis sanitaria que estamos afrontando. Maestros cristianos también han usado su profesión para compensar, desde la iglesia, las serias deficiencias de la educación cubana en estos momentos.
Satisfacer estas necesidades físicas constituye una labor imprescindible, pero nada puede eclipsar el mejor recurso que la iglesia tiene para ofrecer: el glorioso Evangelio de Cristo; el mensaje de que Jesús murió y resucitó para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna. En ningún otro hay salvación. Él es el camino, la verdad y la vida. No podemos dejar de proclamar esas verdades y, gracias al Señor, lo hemos hecho con fidelidad.
Como resultado, además de la salvación, muchos han encontrado paz, gozo y esperanza, aun en medio de colosales adversidades y tribulaciones; paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) y que el mundo no conoce (Juan 16:33). También han comprendido y experimentado que la auténtica libertad está en Cristo. Es el Hijo quien nos hace verdaderamente libres (Juan 8:36) y así debemos sentirnos los cristianos que somos consistentes con nuestra fe.
Esto es lo que la iglesia del Señor está llamada a hacer; pero algunos creen que no es suficiente y proponen que la iglesia se dedique a promover un cambio político en el país. ¿Es algo que debemos hacer? Dicha actividad no es compatible ni con la naturaleza ni con la función de la iglesia. Uno de los principios bautistas es la separación entre la iglesia y el estado. Eso significa que ambos tienen su propia esfera de acción, sin que uno interfiera en el otro, y se fundamenta en la enseñanza de Jesús: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22:21). Precisamente esta fue su respuesta a la incitación a tomar un posicionamiento político.
Es legítimo desear un cambio de gobierno o de un sistema político que se considere disfuncional, contraproducente y fallido. Incluso, no debería ser ilegal expresar ese deseo, con mesura, respeto y apego a la verdad. Por tanto, es aceptable que un cristiano procure cambios políticos para bien de la nación, sobre todo en una sociedad democrática; pero esto debe hacerlo a título personal, como expresión de su vocación secular y no en representación de la iglesia. Tal actividad no es antagónica al cristianismo y la iglesia no debería proscribirla ni condenarla en sus miembros. Al contrario, debería orar por el hermano para que cumpla con honestidad y altruismo esa misión de vida. De la misma forma, el hermano que se siente llamado a incursionar en la arena política no debe pretender que esa sea una misión eclesiástica, ni mucho menos cuestionar o juzgar a los que no lo hacen.
No debemos dejarnos presionar ni ceder a la tentación de hacer del activismo político uno de los propósitos de la iglesia. Eso sería un desenfoque fatal. La iglesia tiene un solo mensaje y es Cristo y este crucificado (1 Corintios 2:2). No podemos tergiversar nuestra esperanza, pues es Cristo en nosotros la esperanza de gloria (Colosenses 1:27). Los cristianos creemos que solo hay un Mesías y se llama Jesucristo, no hay otro. En Él creemos, en Él esperamos y Su Nombre es el que proclamamos.
La misión de Cristo no fue derrocar un régimen político opresor, como muchos de sus coterráneos deseaban y esperaban que hiciera con el imperio romano; ni sacar del poder a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, por más que lo considerara una zorra y no se dejara intimidar por él para renunciar a su ministerio (Mateo 13:31-33). De la misma forma, cuando Pilato preguntó a Jesús si era el Rey de los judíos, su respuesta fue: "Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos" (Juan 18:33, 36). Él estaba dispuesto a morir, pero no como opositor de un gobierno terrenal, sino cumpliendo una misión mucho más sublime: sanar, liberar a los cautivos de las cadenas más opresivas —el pecado— y salvar nuestra alma de la condenación eterna. Esto lo lograría no con armas físicas o con discursos políticos incendiarios, sino por su muerte en la cruz y su resurrección.
Tampoco vemos a los apóstoles o a las iglesias del Nuevo Testamento intentando derrocar gobiernos humanos, ya fueran locales o imperiales. Ese no era su mensaje, su pasión, su actividad, ni su misión. Más aun, Pablo y Pedro exhortaban a las iglesias a someterse a las autoridades y honrar al rey (Romanos 13:1-6 y 1 Pedro 2:17), a pesar de representar gobiernos plagados de injusticias y ser férreamente hostiles al cristianismo. Esto no lo hacían por temor, sino por entender la superioridad de la causa que ellos defendían, por la cual dieron sus vidas. Nadie podía acusarlos de cobardía, aunque de seguro algunos lo hicieron.
El cristiano está llamado a ser el mejor ciudadano (Mateo 5:13-16) y, por tanto, debe ser respetuoso de las leyes, siempre y cuando estas no atenten contra su fe, porque nuestra lealtad suprema es a Jesucristo (Hechos 5:28-29).
A la luz de estas enseñanzas, les exhorto a seguir viviendo dignamente la fe que profesamos. Oremos por nuestra nación y por gobernantes que tomen decisiones que tributen a la paz y al bienestar; ayudemos a nuestro prójimo necesitado según nuestras fuerzas y más allá; y no olvidemos nuestra principal misión: predicar el Evangelio, el único que ofrece verdadera salvación. No dejemos de proclamar el mensaje de arrepentimiento y fe en Cristo a todos los cubanos, si en verdad queremos que nuestro país cambie para bien.
Nuestro lema histórico sigue vigente: ¡CUBA PARA CRISTO YA!
En el amor de Cristo,
Pbro. Dr. Bárbaro Abel Marrero Castellanos
PRESIDENTE. Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental
Comentarios Finales del Editor de Religión en Revolución
Ante el contenido de este comunicado, reafirmamos que
existen Retos Clave para el Activismo Cristiano en Cuba que no pueden ser
ignorados: Romper el Silencio y la Pasividad: Es imperativo superar la inacción
ante el sufrimiento del pueblo y la persecución, alzando la voz por la libertad
y la justicia, incluso a riesgo de represalias.
Resistencia y Acción Cívica: Enfrentar la represión
religiosa mediante la resistencia pacífica, como congregarse en espacios
públicos y orar por la transformación del país.
Acción Social Integral: Implementar iniciativas
comunitarias, como la enseñanza de valores a la juventud en un contexto de
deterioro moral.
Unidad e Integración: Fomentar la unión entre todas las
congregaciones del país para fortalecer la respuesta a la compleja realidad
cubana.
Testimonio Profético: Establecer verdades bíblicas
aplicadas a la realidad nacional, asumiendo un rol de valentía y apoyo a las
nuevas generaciones de líderes cívicos.
Las organizaciones cristianas enfrentan hoy un entorno de
creciente represión estatal que busca limitar su influencia social, lo que hace
necesario un compromiso firme con la libertad de conciencia y la justicia
social.
Recopilación
y texto del editor del Blog Religión en Revolución.









