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enero 24, 2018

Queremos vivir en la verdad. Carta de párrocos cubanos al dictador en funciones.

A Raúl Castro Ruz en el XX aniversario de la Misa por la Patria presidida por San Juan Pablo II y las palabras de Mons. Pedro Meurice en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 24 de enero de 1998.
El pasado primero de enero se ha conmemorado el 59 aniversario del triunfo de una Revolución. Una Revolución necesaria ante las atrocidades cometidas impunemente por un poder que se había vuelto contra este pueblo. Muchos lucharon y muchos murieron por dar a sus hijos una Cuba donde se pudiera vivir en libertad, en paz y prosperidad.
Hoy, casi seis décadas después, tenemos argumentos suficientes para evaluar qué hemos vivido en nuestra tierra.
Desde la institucionalización del Partido Comunista como el único partido autorizado a existir, nunca se ha permitido a este pueblo alzar una voz diferente, antes bien, toda voz diferente que ha intentado hacerse oír ha sido silenciada.
Este estilo totalitario ha permeado cada capa de la sociedad. Los cubanos saben que no tienen libertad de expresión, se cuidan para decir lo que piensan y sienten, porque viven con miedo, muchas veces incluso, de aquellos con quienes conviven cada día: compañeros de escuela, de trabajo, vecinos, conocidos y familiares. Convivimos en un entramado de mentiras que va desde el hogar hasta las más altas esferas. Decimos y hacemos lo que no creemos ni sentimos, sabiendo que nuestros interlocutores hacen lo mismo. Mentimos para sobrevivir, esperando que algún día este juego termine o aparezca una vía de escape en una tierra extranjera. Jesucristo dijo: “la verdad los hará libres”. Queremos vivir en la verdad.
El monopolio y control de los medios de comunicación social hace que nadie pueda acceder a medios públicos de comunicación de modo libre. Del mismo modo, no existe, una educación alternativa. Todo niño cubano tiene la obligación de escolarizarse y acceso a la escuela, pero a un solo modelo de escuela, a una sola ideología, a la enseñanza de un único modo de pensar. Los cubanos tienen el derecho a tener alternativas educacionales y opciones para la educación del pensamiento, los padres cubanos tienen el derecho a elegir qué tipo de educación desean para sus hijos.
Es lamentable el desamparo económico que vive este pueblo, obligado por las circunstancias a mendigar la ayuda de familiares que lograron marchar al extranjero o a los extranjeros que nos visitan; a aplicar la justa compensación o a robar todo lo que puede, renombrando al robo con palabras delicadas que ayuden a la conciencia a no mostrarse en toda su crudeza. Muchas familias carecen de una economía mínimamente estable que les permita adquirir serenamente lo básico para vivir. Comer, vestir y calzar a los hijos es un problema cotidiano, el transporte público es un problema, incluso el acceso a muchos medicamentos es un problema. Y en medio de este pueblo que lucha por sobrevivir, se inserta el sufrimiento callado de los ancianos, muchas veces silenciosamente desprotegidos. ¿Cómo se puede decir que es del pueblo, el capital que el pueblo no decide qué se hace con él? ¿Cómo mantener las necesarias instituciones públicas si no se cuenta con los recursos necesarios? ¿Por qué se invita a que vengan extranjeros a invertir con su dinero y no se permite invertir a los cubanos en igualdad de oportunidades? Los cubanos tienen derecho a participar como inversores en la economía y en las negociaciones de nuestra patria.
Y a todo esto se suma la falta de libertad religiosa. La Iglesia es tolerada, pero no deja de ser vigilada y controlada. Se reduce la plena libertad religiosa con una controlada libertad de permisos de culto. Los cristianos pueden reunirse a compartir su fe, pero no les es permitido construir un templo. La Iglesia puede hacer procesiones e incluso misas públicas, pero siempre a condición de un permiso expreso de las autoridades que, de no otorgarlo, no permite apelación ni da explicación. La Iglesia puede alzar su voz en los templos, pero no tiene acceso libre a los medios masivos de comunicación y, en los escasos momentos en que esto ocurre, es siempre bajo censura. Los laicos son censurados cuando intentan aplicar a la práctica política y social su fe.
Esta dinámica social que ha resultado en Cuba, ha olvidado a la persona, su dignidad de hijo de Dios y sus derechos inalienables; casi 60 años después de que este pueblo creyera en un ideal que siempre se pospone y nunca se realiza. Cuando alguien cuestiona, cuando alguien alza la voz, sólo encuentra vulnerabilidad y exclusión.
Queremos un país donde se respete más la vida desde su concepción hasta la muerte natural, donde se fortalezca la unión de la familia y se cuide el matrimonio entre un hombre y una mujer; en el que las pensiones alcancen a nuestros ancianos para vivir; en el que los profesionales puedan vivir dignamente con sus salarios; en el que los ciudadanos puedan convertirse en empresarios y haya más libertad de trabajo y contratación para los deportistas y artistas. Los jóvenes cubanos deberían encontrar posibilidades de trabajo que les permita desarrollar sus talentos y capacidades aquí y no vean como única salida irse de Cuba.
Tenemos una legalidad supeditada a un poder, la ausencia de un “Estado de Derecho”. Se hace imprescindible la clara distinción e independencia de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Queremos que nuestros jueces no sean presionados, que la ley sea orden, que la ilegalidad no sea una manera de subsistir o un arma de dominio. Que nuestro Capitolio se llene de legisladores que, con pleno poder, representen los intereses de sus electores.

Nuestro pueblo está desanimado y cansado, existe un estancamiento que se resume en dos palabras: sobrevivir o escapar. Los cubanos necesitan vivir la alegría de “pensar y hablar sin hipocresía” con distintos criterios políticos. Estamos cansados de esperar, cansados de huir, cansados de escondernos. Queremos vivir nuestra propia vida.
Esta carta tiene también un propósito, que es un derecho: Queremos elegir en libertad. En Cuba hay votaciones, no elecciones. Urgen elecciones donde podamos decidir no sólo nuestro futuro, sino también nuestro presente. Ahora se nos invita a “votar”, a decir “sí” a lo que ya existe y no hay voluntad de cambiar. Elegir implica, de por sí, opciones diferentes, elegir implica la posibilidad de tomar varios caminos.
Si escribimos esta carta es para evitar que un día, por alguna circunstancia, Cuba se sumerja en cambios violentos que sólo añadirían más sufrimiento inútil. Todavía tenemos tiempo de hacer un proceso progresivo hacia una pluralidad de opciones que permita un cambio favorable para todos. Pero el tiempo se acaba, apremia abrir la puerta.
De nada sirve ocultar la verdad. De nada sirve fingir que no pasa nada. De nada sirve aferrarse al poder. Nuestro Maestro Jesucristo nos dice a los cubanos hoy: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?” Estamos a tiempo de construir una realidad diferente. Estamos a tiempo de hacer una Cuba como la deseaba Martí: “con todos y para el bien de todos”.
A la intercesión de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, nos encomendamos. Ella, Madre de todos los cubanos, interceda ante el Señor de la historia que, como dijo en Cuba, Su Santidad Benedicto XVI: “Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla”, para que podamos elegir siempre el bien mayor para todos.

Padre Castor José Álvarez de Devesa, Cura del Modelo, Camagüey
Padre José Conrado Rodríguez Alegre, Párroco de San Francisco de Paula, Trinidad, Cienfuegos

Padre Roque Nelvis Morales Fonseca, Párroco de Cueto, Holguín

enero 08, 2012

Dando vítores a la Virgen peregrina en Buenavista.

Por: Eloy A González.
La imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre ha sido llevada en prolongada peregrinación a través de la Isla de Cuba en un sorpréndete acto religioso que ha alcanzado a la mayoría de los cubanos y ha sido objeto de atención en los últimos meses por  los medios dentro y fuera de la isla. Después de recorrer más de 28 mil kilómetros esta hoy, cuando escribo estas líneas, en la Catedral de La Habana, tal vez esperando los preparativos para regresar a su santuario en El Cobre.
En este año que acaba de concluir hemos sido testigo de un inesperado acto de fe colectivo por parte de los cubanos de todas las edades que vieron llegar a la Virgen a sus poblados e Iglesias y andar, -debidamente escoltada-, por sus calles y caminos. El pueblo le dio lo que parece ser sus más genuinas expresiones de Fe, los niños le honraron, las oraciones se elevaron a lo alto y muchos se preguntan, qué le pidió el pueblo cubano a la Virgen mambisa. Fue llevada a  hospitales y Universidades y trasladada en horas tempranas a la Plaza de la Revolución. Una fiesta de música y fervor le dieron los artistas, hasta un conjunto de Mariachis le canto a la Virgen mambisa que hoy espera regresar a El Cobre de donde saldrá en procesión  de nuevo quien sabe cuándo. Sabido es que peregrina cada medio siglo…algo mas, las circunstancias por las cuales la Virgen peregrinará, en el futuro,  están por darse.
Mucho se ha especulado sobre esta cruzada, el momento en que se produjo, el escenario político y social en que se da este acto de fe en Cuba y la cercanía de la visita Papal. No es mi intención hablar de estos temas ya asumidos por otros y que sin duda continuaran siendo motivo de especulación y encono.
Hago notar que la Virgen visitó un poblado poco conocido, Buenavista, allá en el centro de la Isla y que el breve alto que hizo allí tuvo un significado especial, al menos para mí.
Buenavista, - que antes se llamó Güeiva -, fue fundado en el año 1879, en el mismo lugar que hoy ocupa. En la actualidad pertenece al Municipio de Remedios en la actual provincia de Villa Clara; este poblado es un pretexto, pero es también un recuerdo, allí nací y pase mi infancia y adolescencia. Es ese lugar al cual siempre se regresa; es también ese lugar donde los recuerdos son recurrentes;  escribí hace algunos años.
Y fue allí en su recorrido por los poblados y caseríos del sur de Remedios que la Virgen llegó a Buena vista y fue recibida por sus pobladores. De esta visita se dijo:
En Buenavista una multitud de 1500 personas esperaba precedida por niños vestidos de cubanos, ángeles con globos multicolores y pétalos de rosas para ser lanzados al aire frente a la imagen. La Virgen Mambisa fue colocada en el portal de la capilla “Inmaculada Concepción” donde se escucharon peticiones y plegarias. El párroco bendijo a todos los pobladores y continúo su marcha de la Peregrina.
La Virgen fue colocada en el portal de una improvisada capilla que en los últimos años de renacer católico han preparado allí, la razón es muy sencilla. En Buenavista no hay Iglesia católica. La Iglesia que marcó la fundación de este poblado a finales del siglo XIX fue derrumbada a principio de los 70’s por un dirigente político local, comunista por cierto, que decidió que había que echarla abajo. Está por verse si fue esto un “libretazo” o respondió a una orden originada dentro de la estructura de poder político o policial en ese momento.
Es cierto que la Iglesia, mostraba las huellas del abandono. Cuando miles de sacerdotes y religiosas fueron obligados a abandonar la Isla, ya no era atendida por ningún cura y los católicos del pueblo, como en toda la Isla, guardaban prudencial distancia de sus templos y credos para evitar ser señalados como “religiosos practicantes” lo cual por aquellos tiempos y muchos años después traía graves inconvenientes.
Junto a la dictadura, el ateísmo más rancio se había instalado en el país. La ideología comunista en su versión más extrema pretendía extirpar la religiosidad de los cubanos y educar a las nuevas generaciones en los conceptos del comunismo, y la interpretación científica del mundo; el ateísmo se hizo disciplina de estudio y la persecución religiosa practica usual. Había que crear el hombre nuevo y este no podía andar dando alabanzas a la imagen de una Virgen o leyendo un libro tal equívoco como La Biblia.
Se decidió que la Iglesia, que también se llamaba de la Inmaculada Concepción, de construcción antigua por demás y valiosa, debía derrumbarse y para ello usaron una maquinaria del Ministerio de la Construcción que por allí estaba y que inicio el destrozo. Años después me decía un viejo comunista del poblado: “solo se necesitó un empujoncito…, pero la tumbamos”.
Buenavista fue el único poblado en Cuba donde  la iglesia fue derribada por las autoridades locales, diciendo después que se cayó sola. Algunos feligreses alcanzaron a salvar la imagen del Altar y algunos bancos estuvieron por mucho tiempo en los portales de algunas casas. La Iglesia que estuvo enclavada en el parque, como la mayoría de las Iglesias en Cuba, fue solo ruinas hasta que se reconstruyó el parque años mas tarde.
La Iglesia de construcción sobria pero pintoresca, estaba sobre el Parque; orientada de Este a Oeste. Contaba con una puerta principal que daba al Este y dos puertas laterales una al Norte y otra al Sur. La sacristía posterior daba directamente a la calle Brigadier González y contaba con una pequeña puerta y dos ventanas también pequeñas.
En los años 80’s ante la insistencia de las autoridades eclesiásticas católicas, en algunas reuniones del Poder Popular se consideró  reedificar el templo, fue así que apareció el local que hoy ocupa la capilla provisional. Cuando se consideró la reedificación, se argumentó con insistencia por parte de la Iglesia en que se debía construir en el mismo sitio que ocupaba antes…, las autoridades del gobierno no aceptaron.
Así la Virgen llegó a Buenavista, no había lugar para ella en la Iglesia porque esta fue destruida en un acto de vandalismo y forzado ateísmo. Allí llegó no obstante, acompañada de pueblo, recibida por niños, estos, los mismos que se suponen que vengan a formar parte de las nuevas hornadas del hombre nuevo, admiradores del Che, entusiastas de Fidel y militantes de una Revolución que hoy les permite dar vivas a la imagen de una Virgen peregrina.
©2012-02
Foto: más de 1500 personas se congregaron en Buenavista en un acto de fe por la llegada de la Virgen de la Caridad del Cobre a ese poblado.

marzo 18, 2011

La posibilidad de que en Cuba se cree un nuevo partido político, desde la Iglesia católica, para apoyar al gobierno de partido único.

 ¿Una oposición fiel al gobierno?
Marianao, La Habana, 17 de marzo de 2011, (PD) Luego de releer el Dossier “Senderos de Esperanza. Acerca de la mediación de la Iglesia Católica en Cuba” publicado por la revista Espacio Laical en el número 4 -2010, he quedado convencido de que está a punto de forjarse algo nunca visto en política: la creación de un nuevo partido para apoyar al gobierno del partido único.
Puesto que los comunistas criollos, al cabo de 50 años de monopolio totalitario han liquidado de hecho a la sociedad, necesitan de ese auxilio: una claque de adulones que parezcan independientes, para ser capaces de re articular el consenso nacional.
Estos sedicentes caballeros católicos coinciden en su desvinculación con la disidencia interna, a la que, no obstante, algunos de ellos se sienten capacitados para juzgar y condenar, requisito este que parece condición impuesta para que puedan ejercer un muy menguado derecho a la libre expresión. Los autonomistas fueron más audaces respecto al integrismo colonial.
Me refiero específicamente a los criterios emitidos por los Sres. Lenier González y Roberto Veiga. Ambos parecen ser los portavoces escogidos por el Sr. Ortega para difundir su timorata doctrina.
Dice Veiga que, en la medida en que el gobierno “se inclinaba hacia un modelo comunista y se tensaban las relaciones con la Iglesia, ella fue despojada de muchas de sus posibilidades sociales y esto “aparentemente” debilitó su relación con la sociedad. Digo que fue solo “aparentemente” porque finalmente ese despojo y exclusión sirvió para aumentar la sensibilidad de la Iglesia para con el sentir del pueblo más sencillo. Lo que pudo ser un acto de hostigamiento, se convirtió, a su vez, en una purificación que la acercó mucho más a la sociedad cubana”.
De acuerdo con este criterio, la Iglesia, y los católicos cubanos, han de darle gracias a los comunistas, pues marginándolos y expulsándolos de estudios y de centros de trabajo, sólo estaban ayudándolos a sufrir, para acercarlos más al Señor. ¿Quién se lo hubiera dicho a los Testigos de Jehová enviados a Las UMAP y a los fusilados en los muros de La Cabaña? No en balde Veiga es también el autor de la innovación del perdón sin necesidad de arrepentimiento.
Eso se refiere al pasado, lo que sigue apunta hacia el futuro: “La Iglesia Católica reúne un conjunto de cualidades que la distinguen y le facilitan poder desempeñar una gestión efectiva en la búsqueda de la armonía necesaria para hacer posible la promoción de esa sociedad sabia y pujante como el logro del suficiente consenso nacional. Por supuesto que esto debe hacerlo desde su naturaleza institucional y sin intentar sustituir a dicha sociedad. Todo lo contrario, creando el espíritu para que cada día exista más y se encamine fraternalmente hacia el reto de actualizar el consenso comunitario.
Me parece que Veiga está predicándonos un masoquismo gozoso, aunque deja sin explicar cómo será posible que una sociedad cambie para mejor sin cambiar absolutamente nada, sino todo lo contrario. Es de un vuelo metafísico sobrenatural. Tras mucha meditación, deduzco que está diciéndonos que la Iglesia será desde ahora, algo así como el brazo espiritual del MININT: donde la fuerza falle, allí estará la Fe para “actualizar el consenso comunitario”.
Lenier es menos metafísico, experto en adjetivaciones suavizadoras. Así, a la brutal oleada de detenciones y desmesuradas condenas de la Primavera Negra del año 2003, la califica de “un delicado asunto” y los actos de repudio salvajes contra las Damas de Blanco le merecen el calificativo de “desagradables”. Corre a aclarar que “estas realidades no desestabilizaban en lo más mínimo el orden interno del país y mucho menos ponían en peligro la integridad del gobierno cubano, si constituían un serio obstáculo para la reinserción de Cuba a nivel internacional”.
Nótese como el predicador no osa criticar ni con un adverbio la conducta del gobierno cubano y que al final les concede con el sustantivo ‘Cuba’, toda la autenticidad de la que este blasona. Se esmera en ocultar que la indefensa columna de mujeres armadas de gladiolos estaba dándonos un ejemplo de valentía pública letal para el gobierno, que sólo acudió al colaboracionismo eclesial cuando las amenazas del DSE fracasaron.
Además de adular al gobierno, Lenier se atreve a condenar a la disidencia, y entonces no hace uso de la suavidad ni de la ponderación. Habla de “un intenso debate interno sobre los destinos de la Nación”, al que parecen haberlo invitado sólo a él y acusa a los disidentes de haberse “enajenado del mismo”. Es evidente que a este muchachón nunca le han impedido el acceso a ninguna parte los robustos muchachones con carnés verdes de la policía de Seguridad del Estado. Acaso lo consideran PC (personal de confianza). ¡Dios nos libre si consiguen re articular el consenso nacional!
Los criterios de Aurelio Alonso, consecuente con su marxismo de toda la vida, me merecen mayor respeto. Coincido con los planteamientos de Armando Chaguaceda. Lamento que no se haya convocado a participar en el debate a católicos tan relevantes como Eduardo Mesa y Dora Amador, quienes hubiesen aportado más equilibrio al excesivamente unánime debate.
*Poeta y periodista independiente. Reside en Marianao, ciudad de La Habana, Cuba. Colabora para Primavera digital.

enero 06, 2011

La Radioemisora “Radio Paz”, víctima de la creciente intriga entre el gobierno de Cuba y la jerarquía católica.

Hay algo de turbio en una serie de “movidas” que vienen ocurriendo en Cuba y por extensión en el sur de la Florida, desde que se produjo la “intermediación” de la Iglesia católica cubana para lograr la deportación de un grupo de presos políticos cubanos hacia España. En pago la dictadura permite que la Virgen de la Caridad salga en peregrinación por la Isla, envía y convierte al Cardenal en un “corre ve y dile” del régimen; este aplaude y apoya unas medidas de “rectificación” que nada rectifica y ensombrecen el panorama social y económico del país. Descalifica a la oposición al negarle el derecho a ser parte de un dialogo del que nadie sabe nada y finalmente, los jerarcas católicos del sur de la Florida, que van a Cuba a inaugurar un Seminario que han permitido, en pago al confiscado antes, ahora despiden a un grupo de profesionales de la comunicación en Radio Paz porque son anticastristas. Esto ha elevado el tono de la confrontación en Miami al punto de que hasta alguien ha elevado la voz para pedir una Revolución Cristera.
Esta información, que no es la única, tomada de Nuevo Acción explica en algo el asunto:
"NO QUIERO EN MIAMI UNA 'RADIO MAMBÍ' CATÓLICA.
Con estas palabras selló el padre Cid el destino de los cubanos anticastristas que trabajaban en "Radio Paz".
La noticia que conmocionó a Miami ayer fue el masivo despido ocurrido en la emisora radial católica Radio Paz, en la que fueron dejados fuera de la emisora 17 empleados, incluyendo a presentadores y locutores.
Foto a la derecha: Caricatura de A Pong. " "Misión cumplida"
Entre los 17 empleados que quedaron sin trabajo se encuentran los locutores y presentadores Isaul González, Marité Alfonso, Dariel Fernández y Alicia González. Si a eso se agregan a los populares Agustín Acosta y Julio Estorino que habían renunciado recientemente, según ellos, previendo la ola de despidos, la emisora se deshizo de todos los cubanos anticastristas que trabajaban en ella.
Desde hace algún tiempo corrían rumores de que después de la visita del Arzobispo de Miami a Cuba, donde éste se entrevistó con el Cardenal Ortega y Alamino, habría un cambio de rumbo en el enfoque dado en esa emisora al "problema cubano", ya que Ortega se quejó a Wenski, aduciendo que el contenido de la programación molestaba al gobierno cubano.
(Haga CLIC AQUI para ver el Video sobre los despidos en Radio Paz ( Video de la izquierda)  
Desde la salida del Padre Alberto Cutié de la Presidencia de Radio Paz, la emisora ha tenido tres Presidentes, el último de los cuales, el sacerdote Roberto Cid (en la foto), nombrado por el Arzobispo Wenski en septiembre pasado, se caracterizó por tener grandes roces y fuertes discusiones con algunos de sus empleados, debido a su oposición a la postura anti castrista de muchos de ellos. Según relató anoche en el programa "A Mano Limpia" Alicia González, fundadora de la emisora, Cid les dijo que "él no quería una Radio Mambí Católica" en una clara referencia a la política anticastrista que lleva la emisora de Univisión Radio, Radio Mambí, bajo la batuta de Armando Pérez Roura. Este mismo comentario fue corroborado por Dariel Fernández al Nuevo Herald.
Como se ve, iniciamos el año con una arremetida de los que dentro de la Iglesia Católica Romana, se han empeñado en cooperar con la tiranía cubana, lo mismo en el Vaticano, que en la Isla y aquí en esta Ciudad, corazón del exilio anticastrista.
Información relacionada:
El largo brazo vicario del Cardenal Ortega.
También pueden ver un Videos relacionados con el tema aquí:

diciembre 11, 2010

La Despedida de la Patrona.

Mi madre contrajo la deuda a nombre mío, y horas después me puso al corriente de ella. Me dijo:
- Le prometí a la Virgen que irías hoy a su despedida. A las siete de la noche se la llevan a otra comunidad, así que no demores mucho en ir.
Por un iluso segundo pretendí evadir la obligación. Pretendí decir, por ejemplo: “Ya tengo un compromiso, no me avisaste con tiempo”, pero desistí de inmediato. Hay ciertos pedidos de las madres que, aunque camuflados como tiernos, tienen mucho de militar. Se cumplen, y luego se discuten.
Así que allá me fui, a la parroquia de San Juan Bosco en mi Bayamo de anochecer, dócil ante una deuda que no contraje, y que no tenía demasiado interés en saldar: jamás lo había confesado, ni siquiera lo había querido asumir de forma consciente, pero desde abril del 2009 experimentaba algo parecido a un vago rencor por la Virgen de la Caridad.
Un familiar a quien en vida quise con delirio fue asesinado por dos salvajes que también, de paso, arrasaron por siempre con un pedazo de mi alegría. En el momento de morir como lo hacían los peores criminales en tiempos de Cristo, apedreado, mi tío, paradigma de las mejores virtudes de mi sangre, llevaba a la Virgen en una estampa en su billetera, y en un dije de oro colgándole al cuello.
Yo, espiritual por definición pero racionalista y ateo de crianza, en lo adelante no conseguí pensar en la deidad nacional con el mismo respeto afectivo.
Entonces, ¿qué despedida era aquella a la que mi madre me enviaba? Se trataba del adiós de los bayameses a la réplica de la Virgen de la Caridad del Cobre que desde agosto de este año recorre todas las provincias del país. La principal acción con que la Iglesia Católica ha querido rendir tributo a la Patrona de Cuba, con motivo de los cuatrocientos años -a conmemorarse en 2012- de su aparición en la Bahía de Nipe.
Según la leyenda, esta Virgen pequeñita apareció en medio de una tormenta febril, flotando entre las olas, para amparar a tres desvalidos pescadores que no tenían más opción que encomendarse al cielo. Algunos dicen que la imagen tallada naufragó desde el barco que la transportaba, y eso explica su aparición en el agua. Otros hablan de designios divinos.
Lo cierto es que aconteció en 1612, y desde entonces la Virgen de la Caridad del Cobre es la deidad religiosa que identifica a los cubanos, es la patrona de la nación, y ostenta otro título más glorioso aún: se la nombra la Virgen Mambisa. Nuestros patriotas del siglo XIX la llevaron a sus campamentos, y la veneraron en medio del fuego enemigo.
Se bordaban la imagen en las mangas de las camisas; le daban gracias por regresar vivos de la batalla contra los españoles. Entonces, conmemorando sus cuatro siglos, las autoridades eclesiásticas tomaron una réplica de la original (custodiada celosamente en el Cobre santiaguero) y se la presentan a los cubanos todos.
Había arribado a mi ciudad unos días antes, proveniente de Holguín. Según testimonios de amigos, el recibimiento de los bayameses –similar al de otras urbes- fue realmente apoteósico. Se habla de veinte mil personas siguiéndola entre calles intransitables, y de misas desbordantes en humildes parroquias. Ahora proseguía su viaje.
Dos cuadras antes de la iglesia San Juan Bosco se me hizo complicado avanzar. Ni el frío anómalo para una cálida región, ni el anochecer apresurado impidieron que otros miles de devotos acudieran a verla partir.
Este contacto más personal, más intimista, con la depositaria de una fe anclada a la conciencia religiosa y cultural de la nación, ofrecía una oportunidad perfecta para la consagración de los fieles, y para los que algo necesitaban pedir, aunque no supieran ni siquiera cómo hacerlo. Lo comprobé ante una divertida pregunta del sacerdote que oficiaba la homilía:
- ¿Cuántos de ustedes pisan nuestra parroquia por primera vez? Les pido me alcen la mano, por favor.
Otra multitud de brazos, en medio de un murmullo cómplice, apareció sobre nuestras cabezas. Mi brazo entre ellos, claro está. Muchos no sabían rezar, no habían asistido a una misa jamás, y se hacía evidente en sus caras: desconcertados, vagamente ruborizados por aparecer en un templo al que habían tenido hasta entonces como ajeno y distante.
Pero ahora que la Patrona se alojaba entre aquellas paredes resonantes, ahora que una sensación particular, esperanzadora, se extendía desde aquel sitial religioso, era momento de abdicar al descreimiento y pedirle a lo divino lo que entre humanos no acababa de llegar.
Vi rostros conmovidos. Vi manos juntas, miradas anhelantes. Escuché plegarias entre murmullos cargando con los sueños de quienes esperan y padecen. Vi enfermos, lisiados, malformados; rostros martirizados por el dolor físico o espiritual que sólo en una congregación como esta encontraban un rescoldo de paz. Reconocí amigos con proyectos inconfesables, con trámites entorpecidos, con necesidades materiales transformadas en ansiedad espiritual. Escuché rezos por los encarcelados, los perseguidos, los humillados. Un Aleph de ideas y de gentes.
Y todos, cada uno de los que se presentaban ante esa figura hermosa y humilde a la vez, delicadamente ingenua, experimentaban el instante más armónico y conciliador de sus últimos días.
Recordé el halo de solemnidad y fe en lo imposible que emana desde el templo situado en el Cobre, adonde cubanos de todas las ideologías, razas, naturalezas y credos religiosos terminan por recalar alguna vez. Unos, para pagar promesas dolorosas que sufren sus rodillas y sus carnes; otros para entregarle a la Virgen sus medallas olímpicas, sus títulos universitarios o sus muletas para caminar; y algunos, como yo, por elemental interés sociológico y cultural.
Creo que de vuelta a mi hogar, cargado de imágenes fotográficas y mentales, no comprendía del todo cuán misterioso es el terreno de la fe y de los sentimientos humanos. Sabía, eso sí, que aquel espectáculo de hermandad, aquella energía dispersada por una multitud voluntaria, a la que nadie citaba u obligaba a nada, y que en otros tiempos había pagado su firmeza religiosa con persecuciones y exclusión, era la prueba inobjetable de que a los pueblos se les puede privar de todas sus libertades, excepto de la libertad espiritual.
Y si yo no conseguía movilizar mi fe ante una imagen creada por manos humanas, vestida por humanos, y transportada devotamente por humanos; si yo lograba disfrutar del hecho como un fenómeno sociocultural que también nos identifica y define, pero no lograba implicarme sensorialmente con él, quizás debería mirar con humildad a todos aquellos bayameses que sí pidieron por sus vidas, por sus miserias y sus anhelos. Y que lo hicieron con verdadera pasión.
Ahora que un inoportuno Linfoma de Hodgkin me obliga a escribir desde un hospital a ochocientos kilómetros de mi hogar, y que amenaza con dar un vuelco radical a mi vida de joven saludable y futurista, no he dejado de envidiar a aquellos que sí consiguen semejante comunión espiritual y encuentran en ella consuelo y paz.
*Licenciado en Periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (2008). Narrador con diversos premios en concursos literarios de Cuba. Tiene varias publicaciones en medios digitales especializados.
Fuente: El pequeño hermano. Blog del autor del artículo. La foto  es también del articulo mencionado.