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mayo 18, 2011

NO SERÁN LOS EDITORIALES.

Por más que el gobierno pretenda atemorizarme con esos estrambóticos editoriales seguiré levantando mi voz por Juan Wilfredo. No seré ni el sacerdote, ni el levita que siguieron de largo cuando encontraron a un hombre golpeado y tirado junto al camino. Tengo el reto de ser el samaritano que se hizo cargo; y aunque ya no pueda curar sus heridas todavía me resuenan sus palabras de aquella mañana del jueves 5 cuando Dios nos hizo coincidir en el tiempo y el espacio, por última vez, para hacerme conocer de su propia voz de la severa golpiza que le habían propinado con tonfas.
Es inadmisible que para intentar limpiarse de esta muerte el gobierno cubano conjure las guerras de Iraq y Afganistán, las prisiones de Abu Ghraib y la Base Naval de Guantánamo, y miles de problemas más. Que se cometan crímenes alrededor del mundo no justifica que también se admitan en Cuba. La diferencia está que la muerte con la que me rocé fue con la de mi amigo Juan Wilfredo. Él me consideraba su Pastor y no tenía por qué engañarme, independientemente de que más que sus palabras me hablaron sus expresiones de dolor como le hablaron a treinta testigos referenciales que como yo están dispuestos a declarar, sin mencionar a quienes no lo están porque sienten un miedo que no juzgo.
Lo más alarmante es que la golpiza a EL ESTUDIANTE no constituye un hecho aislado. Todas las semanas son reportados casos de golpeaduras y Actos de Repudio. Yo mismo estuve condenando hechos de violencia que tenían lugar en el Reparto Río Verde en La Habana contra Sara Martha Fonseca Quevedo al mismo tiempo que se celebraba el VI Congreso del Partido cuyo Informe Central, en su penúltimo párrafo, constituyó por cierto un incentivo para ello. La diferencia fue que Sara Martha no murió de dichos golpes, al menos no por secuelas inmediatas, porque nadie podría calcular los traumas infringidos con repercusiones más lentas. Si ella hubiese muerto el gobierno habría tratado también de sacudir su responsabilidad y habría invocado otra muerte natural, y es que no hay nada más natural que morir como consecuencia de los golpes.
No soy partidario de que nadie venga a bombardear La Habana, como tampoco lo soy de que nadie golpee a un hombre impunemente como lo hicieron con Juan Wilfredo reventándole su páncreas. Respecto al diferendo Cuba-EE.UU siempre he sido partidario de que los problemas de los cubanos tenemos que resolverlos los cubanos. Y este es uno de esos problemas donde por obra y gracia de la Providencia, y no de una campaña internacional que pretenda fabricar ningún pretexto, me encuentro involucrado. Solo me gustaría recordar que las palabras que refiero no las dije tras la horrenda muerte de Juan Wilfredo, sino aquella misma mañana de la golpiza, como puede constatarse en internet por cualquiera que revise mi cuenta en Twitter: . @maritovoz
Yo no fui el único ministro religioso en mantener una relación cercana con Wilfredo. Y no hablo solo de pastores cubanos. EL ESTUDIANTE formaba parte ya del paisaje urbano del parque Vidal de Santa Clara y destacados ministros evangélicos internacionales, a su paso por la ciudad, llegaron también a conocerle y a establecer una relación cordial con él. No mencionaré sus nombres pues no tengo permiso para hacerlo, pero desde lejos conozco de su estado de conmoción. Desde la distancia y también desde cerca estoy recibiendo múltiples muestras de preocupación y de credibilidad a mis palabras. No me siento solo.
Considero que el gobierno cubano, siempre reticente a abrir sus puertas a investigaciones internacionales, podría en este caso tan lamentable -si realmente se siente tan seguro de su inocencia- ofrecer la posibilidad a alguna comisión especializada y neutra que lo corrobore. Pero no serán las amenazadoras editoriales, ni las condenas a medio mundo, quienes me atemoricen a mí, ni las que consigan demostrar la limpieza de un gobierno desesperado; bien dice el dicho popular: «Dime de que alardeas y te diré de qué careces». Entre tanto, este cura de aldea seguirá repitiendo, con todo el poder que le confieren la justicia y la verdad, que la sangre de Wilfredo, como cualquier vida arrancada a la fuerza de este mundo, clama a Dios desde la tierra.
Información relacionada:
#Cuba: El pastor bautista Félix Lleonart en peligro, alertamos al mundo.
* Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante
A continuacion incluimos el Video ( Hablemos Press)  donde el Pastor Lleonart Barroso habla sobre la muerte de Juan Wilfredo Soto Garcia.

mayo 16, 2011

YO IRÉ

El sepelio de Juan Wilfredo Soto García se realizó a pie por todo el largo trecho que separa la Funeraria de la calle Camacho del Cementerio de la ciudad de Santa Clara donde fueron sepultados sus restos. El sol era fuerte y el calor abrazaba, pero aquellos hombres y mujeres, familiares, amigos o compañeros de lucha quisieron hacer testigos al resto de la ciudad del dolor que sentían por la pérdida. Mientras ellos caminaban, a paso lento y en elocuente silencio, yo que les veía desde el final de la fúnebre marcha, me preguntaba: ¿quién irá a llevar la palabra de aliento, de consuelo, de esperanza, la palabra sanadora que solo viene de Jesús en su más amplia condición salvífica a estas personas evidentemente sufridas, muchas veces maltratados, encarcelados, golpeados, discriminados, satanizados y hasta traicionados en incontables ocasiones? Un frío leve recorrió mi cuerpo, me sucede cuando veo que Dios me introduce en asuntos de los que yo humanamente trato de escapar, Dios quiere que a diferencia de esta sociedad que trata de sepultarlos, nosotros le llevemos el pan de vida, les amemos y les acompañemos en medio de sus reclamos por el reconocimiento de sus derechos mancillados. Comprendí también que hay algo que me une a ellos y es que me siento ciudadana del Reino de los cielos, pero también soy ciudadana de esta tierra, de esta Cuba tan mía como tan de ellos y los derechos ciudadanos que reclaman, son también los míos.
(Foto a la derecha. Guillermo Fariñas despide el duelo en el funeral de Soto Garcia, a su lado la sobrina Madelin Soto quien ahora cuestiona las causas de muerte de su tio presionada por las autoridades).
Me conmovió enormemente el trayecto final, cuando los hombres cargaron en hombros el féretro, precedido por la bandera cubana, símbolo de todos los habitantes de esta tierra y el resto levantó hacia el cielo incontables ofrendas florales. En todo el paso de la marcha por la ciudad muchas personas se asomaban a las puertas de sus casas para mirar, otras se detenían en las aceras, también sucedió así en las cercanías al Cementerio. No había ardor, ni rencor en los rostros de quienes vi presenciar el cortejo fúnebre, eran caras de respeto, el silencio de ellos lo insinuaba, quiero pensar y creer que ese es el verdadero pueblo cubano, respetuoso del dolor ajeno, incapaz de juzgar a sus hermanos por sus ideales, incapaz de golpear a otros solo porque políticamente piensan diferente, incapaz de herir, injuriar, maltratar a sus conciudadanos.
Las palabras finales en el Cementerio las expuso el premio Sajarov Guillermo Fariñas, el dolor era evidente en su rostro, sus palabras: “Nosotros nada podemos hacer en este momento para lograr que los verdaderos culpables de esta muerte sean procesados”, me llevó a entender que también estaban marginados de este derecho de justicia, los culpables se negarán a hacer de este un proceso limpio y transparente, pero su determinación a no quedar callado ante la muerte y ante la injusticia, me hizo verle como a un paradigma de la dignidad y el valor humanos. Una de sus últimas palabras retumbaron en mi corazón y me uní a ellas: “Dios bendiga a Cuba”, dije: ¡Amén!, porque también es mi deseo que el Dios de justicia bendiga a nuestra patria.
El Estudiante, como le llamaban, ya no está entre nosotros, su cuerpo no ha sido enterrado, su cuerpo es una semilla sembrada en buena tierra que germinará, es un ejemplo más para todos los cubanos de valor. Esperemos que los acontecimientos que suscitaron su muerte sean esclarecidos totalmente. Hay otros que aun viven, hombres y mujeres arriesgados a todo tipo de peligros por alcanzar la libertad de Cuba, por ellos también murió Jesús y a ellos también Dios quiere alcanzar para Salvación. ¿Quién irá a alcanzarles?, ¿quién sanará sus innumerables heridas y humedecerá sus labios sedientos con el agua que brota de la fuente de vida eterna? Ya sé que es un llamado difícil y riesgoso, ya sé que es un reto que muchos quisieran obviar, pero Dios quiere oír una respuesta positiva a este llamado: Yo iré.
*Licenciada en Información Científico Técnica y Bibliotecología y Máster en Estudios Teológicos por FLET. Desempeña sus labores en la Iglesia Bautista de Taguayabón en Villa Clara Cuba junto a su esposo el Pbro. Mario Felix Lleonart.