septiembre 25, 2026

Ciria y Nereida: el rostro olvidado de una Cuba que duele.

 Eloy A Gonzalez.

Esta persona que ustedes ven sentada en la foto es, Ciria Zanchez, una anciana de 83 años de edad que vive en Holguin, Cuba, junto a su hermana Nereida Zanchez de 80 años. Ciria contó además que durante 32 años estuvo vinculada a los Comités de Defensa de la Revolución y llegó a desempeñarse como vicecoordinadora municipal. Ciria recibía una ayuda de Asistencia Social que posteriormente le fue retirada.


Su hermana Nereida, trabajó en el sector del Comercio, recibe una jubilación de 1.300 pesos mensuales. Comen porque Nereida todos los días va a buscar para ella y para su hermana una ración de comida que le prevean en una Iglesia. El resto del día …, “un arrocito, una viandita” dicen , si lo consiguen. En ocasiones compran una lata de leche condensada para preparar café con leche , quien sabe con qué frecuencia.

Enfermas ambas, no tienen medicamentos y Ciria espera desde hace 5 años por una Cirugía , cuando le dijeron que: ‘vamos a esperar que te llamen’”…, y no han llamado.

En la foto pueden ver a Ciria sentada y la casa donde viven …, Nereida seguro fue a la Iglesia a buscar la ración de comida.

No vale investigar, Cira y Nereida viven en soledad y la periodista no peguntó por la familia[1], ¿dónde están? , ¿ a dónde huyeron?, como se deshizo el núcleo familiar. ¿Dónde están los solidarios compañeros de los Comités de Defensa de la Revolución a los que Ciria les dedico 32 años de vida?

¿Alguna trabajadora social en Cuba podrá llegarse a verlas, y al menos saber de su situación?; ¿ estarán a la disposición de estas ancianas los recursos de la potencia médica en Cuba, provenientes del consorcio GAESA?

Remesas desde Miami no reciben, ni van a recibir. Solidaridad de la Iglesia ya la están recibiendo, pero son insuficientes…, pero algo es algo; al menos de hambre no se han muerto.

¿Que nos queda por hacer frente a esta situación como esta?

Ante historias como la de Ciria y Nereida, no podemos quedarnos en la contemplación triste ni en la denuncia solitaria. La Palabra nos recuerda que “el que hace justicia a la pobre honra a Dios”, y que en cada anciana abandonada hay un prójimo que clama por nosotros.

Que esta imagen nos despierte. Que nos incomode. Que nos convoque.  Porque si la nación se ha quebrado, la Fe y la conciencia no pueden quebrarse con ella.  Hoy, más que nunca, estamos llamados a ser los que levantan al caído, los que ven al invisible, los que sostienen al débil, aun cuando todo lo demás ha fallado. Que Dios nos conceda la valentía de actuar, la ternura de acompañar y la perseverancia de no olvidar.

Ciria y Nereida no son una estadística: son un llamado y ese llamado nos alcanza a todos. Que las manos misericordiosas nos alcancen a todos.  Porque si el Estado no llega, y la familia se ha roto, la Iglesia, la comunidad y la conciencia sí pueden llegar. La Palabra nos recuerda que: “prestarle al pobre es como prestarle a Dios (Proverbios 19:17).

Hoy, ese préstamo santo tiene nombre: Ciria y Nereida.

Que Dios mueva corazones, recursos y voluntades para que estas dos ancianas —y tantas otras— no sigan esperando solas.  La solidaridad es el milagro que aún podemos hacer.

25 de septiembre de 2026



[1] Gonzalez , O. (2026, September 24). A los 80 y 83 años, las hermanas Nereida y Ciria sobreviven con muy poco en Holguín. Cubanet; CubaNet News, Inc.

septiembre 24, 2026

24 de septiembre - Festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, Patrona de los Cautivos.

 Por: Eloy A González

Hoy, en Cuba y en la diáspora, miles de personas recuerdan y celebran a Nuestra Señora de las Mercedes, advocación mariana profundamente arraigada en la vida espiritual del pueblo cubano. Su figura, vestida de blanco y portadora de cadenas rotas, es símbolo de misericordia, libertad y consuelo para quienes sufren el presidio. Por eso, esta fecha es también un día de memoria, de solidaridad y de esperanza.


La devoción a la Virgen de las Mercedes trasciende lo estrictamente católico: en la religiosidad popular cubana se identifica con Obatalá, el oricha mayor de la tradición yoruba, dueño de todo lo blanco, de la cabeza, de los pensamientos y de los sueños. En su templo de La Habana Vieja —erigido entre 1865 y 1867 en la intersección de las calles Cuba y Merced— se congregan cada año multitudes vestidas de blanco, uniendo fe, sincretismo y una profunda necesidad de consuelo espiritual.

Pero esta festividad tiene también un significado cívico: es el día en que familiares de presos comunes y presos políticos llegan al templo para pedir por la libertad de sus seres queridos. En Cuba, donde la población penal es numerosa y la represión política ha marcado generaciones, la Virgen de las Mercedes se ha convertido en un símbolo de resistencia silenciosa y de esperanza colectiva.

En el texto que comparto hoy, relato una experiencia vivida en 1991, cuando asistí por primera y única vez a la celebración en la Iglesia de la Merced. Aquel día, entre la multitud, el calor, los cantos y la presencia silenciosa de agentes del régimen, ocurrió un momento que nunca he olvidado: la imagen de la Virgen fue levantada en andas por seminaristas, y el pueblo, con pañuelos blancos en alto, comenzó a clamar “¡A la calle!”. Era un deseo espontáneo, un gesto de fe y desafío que, de haberse concretado, habría tenido consecuencias imprevisibles.

Ese instante reveló algo profundo: incluso en medio del control y el miedo, la fe puede convertirse en un espacio de afirmación cívica. La Virgen de las Mercedes, en su advocación de Patrona de los Cautivos, sigue siendo para muchos cubanos un símbolo de libertad espiritual y también de libertad política.

Invito a leer esta crónica, escrita desde la memoria y desde la Fe, como homenaje a quienes hoy siguen esperando la liberación de sus seres queridos y a quienes, desde la esperanza, continúan creyendo en una Cuba libre.

Leer el texto completo aquí: 

👉https://religionrevolucion.blogspot.com/2012/10/una-festividad-de-nuestra-senora-de-las.html

24 de septiembre de 2026

 

septiembre 14, 2026

Abuso, encubrimiento y poder religioso: El caso Giovanelli y la herida abierta en la IFB

 La segunda temporada de Toxic vuelve a poner en el centro del debate una de las historias más dolorosas y reveladoras dentro del mundo de la Iglesia Bautista Fundamental Independiente (IFB): la denuncia de abuso sexual y manipulación psicológica contra el ex‑pastor Cameron Giovanelli. El episodio, conducido por Elizabeth Chambers, profundiza en los traumas generacionales y las dinámicas de control extremo que permiten que estos abusos ocurran bajo el amparo de la fe y la autoridad espiritual.

El caso expone cómo Giovanelli utilizó su posición de máxima autoridad espiritual en una iglesia de Maryland para acercarse a Sarah Jackson, entonces de 16 años. Engañó a su familia, organizó encuentros secretos y le entregó una línea telefónica oculta con mensajes codificados para sostener una relación abusiva. Este patrón de manipulación, tristemente común en estructuras religiosas cerradas, revela cómo el poder pastoral puede convertirse en un instrumento de control emocional y psicológico; empleando el abuso y la manipulación desde el púlpito

Cuando Sarah decidió alzar la voz, la reacción institucional fue devastadora. En lugar de proteger a la víctima, la estructura de la IFB —marcada por su aislamiento del mundo exterior y su sumisión al liderazgo masculino— organizó recaudaciones de fondos, jornadas de oración y campañas públicas de apoyo al pastor acusado. Este encubrimiento sistemático permitió que Giovanelli evadiera durante años la responsabilidad legal y moral de sus actos. Fue un acto de grosero encubrimiento institucional dentro de la IFB

La valentía de Sarah inspiró proyectos de denuncia como el podcast Preacher Boys y contribuyó a exponer un patrón de impunidad que ha afectado a cientos de mujeres y niños dentro de esta corriente religiosa. Su testimonio se ha convertido en un referente para sobrevivientes que buscan justicia y para comunidades que reclaman transparencia y protección real. Permitió el impacto nacional y la visibilización del abuso clerical que tuvo el caso.

Tras enfrentar una acusación inicial de 12 cargos —que podían haber significado hasta 78 años de cárcel— Giovanelli llegó a un acuerdo con la fiscalía.

El 4 de diciembre de 2019, se declaró culpable de dos cargos: delito sexual de cuarto grado y agresión de segundo grado. Los otros diez cargos, incluidos los de abuso sexual de una menor, fueron retirados. Este proceso legal se condujo en Maryland


El 6 de enero de 2020, el juez Robert E. Cahill Jr. dictó sentencia. Giovanelli fue esposado en la sala tras escuchar el testimonio de impacto de Sarah. Recibió 90 días de cárcel y 5 años de libertad condicional supervisada.

Cumple su probatoria en Florida y no fue obligado a registrarse como delincuente sexual. Se le prohibió contactar a Sarah o su familia y publicar sobre el caso durante su periodo de libertad condicional.

La historia de Sarah Jackson será presentada en las semanas consecutivas de la segunda temporada de Toxic, que se estrena el martes 15 de septiembre de 2026 a las 10:00 PM ET/PT por Investigation Discovery (ID), con disponibilidad en HBO Max.

La historia de Sarah Jackson no es solo un caso aislado dentro de la Iglesia Bautista Fundamental Independiente; es un espejo que refleja las grietas profundas de un sistema donde la autoridad espiritual, cuando no está sometida a la transparencia y la rendición de cuentas, puede convertirse en un instrumento de abuso y silencio. La denuncia, el proceso judicial y la exposición pública de estos hechos revelan una verdad incómoda: la Fe, cuando se manipula, puede ser utilizada para proteger estructuras y no a las personas vulnerables que deberían ser su prioridad moral.

El caso Giovanelli nos recuerda que ninguna institución religiosa está exenta de responsabilidad. La integridad pastoral no se mide por discursos, sino por la capacidad de proteger a los más frágiles, escuchar a quienes sufren y enfrentar con valentía las sombras que se esconden detrás de la autoridad. La valentía de Sarah, y de quienes han decidido acompañarla, abre un camino que exige vigilancia, justicia y una reforma profunda en las dinámicas de poder que han permitido estos abusos.

Desde Religión en Revolución, reafirmamos nuestro compromiso con la denuncia ética, la defensa de las víctimas y la búsqueda de una Fe que no encubra, sino que ilumine. La verdad, aunque incómoda, es siempre el primer paso hacia la restauración.

Recopilación y texto de editor del Blog Religión en Revolución

septiembre 07, 2026

¿Dios te acepta tal como eres? Una narración para la conciencia

 La pregunta parece inocente, casi amable: ¿Dios te acepta tal como eres? 

La repetimos en conversaciones, la escuchamos en sermones suaves, la usamos para tranquilizar a quienes llegan heridos a la fe. Pero cuando uno se detiene a pensarla con seriedad, descubre que es una pregunta que puede engañar tanto como consolar.

Jonathan Edwards, en aquel sermón que estremeció a Enfield en 1741, no estaba intentando humillar a nadie. Era un hombre manso, dicen, un pastor de voz tranquila. Sin embargo, cuando habló del destino del pecador, su lenguaje se volvió tan crudo que la congregación comenzó a gritar, a llorar, a clamar. No por teatralidad, sino porque Edwards les obligó a mirar algo que todos preferimos evitar: la distancia entre la santidad de Dios y la condición humana.

Hoy, si alguien leyera ese sermón en una iglesia, probablemente también habría interrupciones. Pero no serían gritos de arrepentimiento, sino de molestia. No sería horror ante el pecado, sino indignación ante el lenguaje. Hemos perdido la capacidad de sentir lo que Edwards quería que sintiéramos: la gravedad moral de existir ante un Dios santo.

Edwards decía que el pecador está suspendido sobre el infierno como una araña sobre el fuego. No era una metáfora para humillar, sino para revelar. En su visión, el pecado no es una debilidad simpática ni una sombra tolerable: es una ruptura profunda con el Dios que es luz pura. Y si esa luz es real, entonces también es real la imposibilidad de que el pecado conviva con ella sin ser consumido.


Por eso la pregunta “¿Dios te acepta tal como eres?” se vuelve más compleja.

Porque si Dios es verdaderamente santo, ¿cómo podría aceptar sin más aquello que es contrario a su naturaleza? Y si nosotros somos verdaderamente pecadores, ¿cómo podríamos presentarnos ante Él sin ser transformados?

La frase que tanto repetimos —“Dios te acepta tal como eres”— suena tierna, pero es incompleta. Dios te recibe, sí, pero no porque seas aceptable, sino porque Cristo te hace aceptable. Dios abre sus brazos, pero no para que permanezcas igual, sino para que seas hecho nuevo. La aceptación sin cambio no es gracia: es indiferencia. Y Dios no es indiferente.

La verdad es que el evangelio no comienza con un abrazo, sino con un despertar.

·         No empieza diciendo “estás bien”, sino “estás perdido”.

·         No te dice “quédate como estás”, sino “levántate y anda”.

Edwards, con toda su dureza, estaba intentando salvar a su congregación de una mentira que hoy repetimos con demasiada facilidad: la idea de que Dios es tan amoroso que ya no es santo, tan comprensivo que ya no es justo, tan cercano que ya no es majestuoso. Pero un Dios que acepta todo sin transformar nada no es el Dios de la Biblia: es una versión domesticada para nuestra comodidad espiritual.

Entonces, ¿Dios te acepta tal como eres?

La respuesta, narrada con honestidad, es esta: Dios te ama tal como eres, pero no te acepta tal como eres. 

·         Te ama en tu miseria, pero te acepta en Cristo.

·         Te recibe en tu pecado, pero te transforma en su gracia.

·         Te encuentra donde estás, pero no te deja allí.

La verdadera pregunta no es si Dios te acepta.

La verdadera pregunta es si tú estás dispuesto a ser transformado por el Dios que te ama demasiado como para dejarte igual.

Eloy A González – Editor- Blog Religión en Revolución

septiembre 04, 2026

LA MUERTE DE LA ESPOSA DEL PASTOR.

El caso de Mica Miller nos recuerda que hay un llamado urgente para pastores, líderes, consejeros, amigos, familiares y comunidades enteras: reconocer lo que ocurre a puerta cerrada y responder con conocimiento, valentía y compasión. Una respuesta informada puede ser, literalmente, la diferencia entre la vida y la muerte.


Pero hay una verdad que casi nunca se menciona y que pesa como una deuda moral: en la mayoría de las congregaciones no existe un acto de desagravio, reparación espiritual o reconocimiento público hacia las víctimas. Se acompaña el dolor, sí; se ora, sí; pero rara vez la comunidad se levanta para decir: “Fallamos. No escuchamos. No protegimos. No vimos lo que debimos ver.”

Hasta que la Iglesia no asuma esta responsabilidad —no solo pastoral, sino espiritual y comunitaria— seguirá repitiendo silencios que hieren y omisiones que perpetúan el abuso.


septiembre 02, 2026

Cuando la Iglesia falla: El caso de Mica Miller y la urgencia de reconocer el abuso.

 La historia de Mica Miller no es solo una tragedia personal: es un espejo que revela, con crudeza, lo que ocurre cuando una iglesia no reconoce el abuso, no entiende el control coercitivo y no sabe cómo proteger a una mujer que pide ayuda.


Hoy, más que nunca, la pregunta es ineludible: ¿Está la Iglesia preparada para escuchar el miedo de una mujer… y creerle?

En la conversación entre Joy Forrest (Called to Peace Ministries) y el pastor Neil Schori, queda claro que el problema no es falta de información, sino falta de voluntad. Demasiadas iglesias siguen confundiendo abuso con “problemas matrimoniales”, espiritualizando el dolor, minimizando señales de peligro y enviando a las víctimas de vuelta al lugar donde su vida corre riesgo.

El caso de Mica Miller ha despertado un debate nacional porque expone una verdad incómoda: la violencia doméstica y el abuso espiritual prosperan donde la Iglesia elige la neutralidad.  Y la neutralidad, en estos casos, siempre favorece al agresor. Las preguntas que esta historia nos obliga a plantear son directas y no admiten evasivas:

·         ¿Reconoce su iglesia el control coercitivo como una forma de violencia?

·         ¿Sabe qué hacer cuando una mujer dice: “Tengo miedo de mi esposo”?

·         ¿Comprende que ciertas respuestas pastorales pueden ponerla en mayor peligro?

·         ¿Está su liderazgo capacitado para crear un espacio donde las víctimas puedan pedir ayuda sin ser silenciadas?

Joy Forrest y Neil Schori hablan desde años de acompañamiento a víctimas y desde la experiencia pastoral que ha visto lo peor y ha decidido no mirar hacia otro lado. Su mensaje es claro: la Iglesia debe cambiar, y debe hacerlo ahora.

La historia de Mica Miller ya está escrita. La pregunta que importa es la próxima: ¿Qué hará la Iglesia por la siguiente mujer que pida ayuda?

Este es un llamado urgente —para pastores, líderes, consejeros, amigos, familiares y comunidades enteras— a reconocer lo que ocurre a puerta cerrada y a responder con conocimiento, valentía y compasión. Una respuesta informada puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Fuente : Mica Miller: When the Church Doesn’t Recognize Abuse, y contiene la conversación entre Joy Forrest y Neil Schori sobre abuso espiritual, control coercitivo y la responsabilidad pastoral. https://www.calledtopeace.org/mica-miller-when-the-church-doesnt-recognize-abuse/

Recopilación y Texto del Editor del Blog Religión en Revolución