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octubre 08, 2011

El Pastor Lleonart Barroso entrega la primera lista de testigos referenciales a la Fiscalía en Cuba en relación con la muerte de Juan Wilfredo Soto.

ENTREGADA LA PRIMERA LISTA.
Esta vez no quise esperar al día ocho, aunque es en él cuando escribo estas líneas (Ver el post DE OCHO EN OCHO). Me adelanté en un día, entre otras razones porque hoy día ocho de octubre de 2011 es sábado y la Fiscalía Provincial de Villa Clara no abre al público. El ocho de septiembre pasado, tras brindar mi testimonio al fiscal Osmel Fleites Cárdenas durante hora y media respecto al controversial caso de Juan Wilfredo Soto García quedó públicamente abierto un proceso pues, según me declarara literalmente el licenciado, hay suficientes elementos para abrir un proceso. Aunque ya con mi testimonio este profesional llegaba a tal conclusión yo pedí se tuviese en cuenta a otros testigos dispuestos a declarar y el fiscal me dijo que cuando quisiese podía presentarme en Fiscalía y entregar los nombres para incluirlos en el proceso.
Esperé un mes y he podido agregar a mi testimonio otros seis cuyos nombres, números de identidad y direcciones entregué formalmente ayer al fiscal quedándome con una copia también firmada por él y que ahora publico, aunque por motivos de seguridad he ocultado sus DNI y las direcciones. Estos seis nombres podía haberlos entregado prácticamente a la semana de haber sido atendido por el fiscal Osmel pero continúe con la esperanza de agregar otros, a unos ha sido difícil localizarlos, y otros todavía no se atreven a declarar pues temen, desde perder la fuente de sus sustento económico hasta cualquier otro tipo de represalias. De todas formas la fiscalía tiene otros seis nombres para continuar trabajando, y yo estoy seguro que en un mes más de pesquisas y persuasiones pueda agregar nuevos nombres, entre ellos el de Natividad Blanco Carrero, que sería la primera fémina en atreverse a hacerlo. Ella, madre del recluso Alberto Esteban Manso Blanco quien lleva siete meses en Ayuno Voluntario, se encontraba ya entonces en el hospital reclamando al gobierno cubano que le permitiera simplemente acompañar a su hijo, reportado de gravedad en terapia intensiva por causa de su prolongado ayuno, lo cual, increíblemente, hasta el momento actual no le ha sido permitido, y esto le hizo coincidir con el caso de Juan Wilfredo Soto García, ingresado allí por menos de dos días, hasta que falleció en las primeras horas del ocho de mayo. Ella también tiene elementos que aportar en este proceso, y como una manera de ayudarla en el propio calvario en que se encuentra le presto mi blog para publicar una carta abierta que recién ha puesto a circular acerca del caso de su hijo.
A la derecha fotocopia de la primera lista de testigos referenciales dispuestos a declarar.
Entre los seis testigos de referencia cuyos datos ya posee la Fiscalía se encuentra el Premio Andrei Sajarov 2010 del Parlamento Europeo por la libertad de conciencia Guillermo Fariñas Hernández. Este, además de ser amigo personal de Juan Wilfredo Soto desde la infancia, fue su compañero más cercano de lucha pacífica, y su huelga de hambre en el 2010, de la cual Juan Wilfredo, en los bajos del hospital fue un perenne acompañante, motivó que un agente de la Seguridad del Estado amenazara de muerte al Estudiante, quedando como prueba de ello una grabación audible del propio Soto García reportando la denuncia para la radio. En la última conversación telefónica que sostuvieron ambos, Juan Wilfredo no solo le revela la causa de su inminente muerte sino que le encomienda al Coco el cuidado de sus dos hijos, última petición del difunto que Guillermo Fariñas se ha tomado muy en serio ya que a partir de entonces ellos quedaron como sus protegidos y que por motivos de seguridad el Coco desearía exiliar.
El número uno de la lista entregada la encabeza mi padrastro, Santiago Martínez Medero, enfermo de cáncer ya casi en estado terminal y por cuya causa aquel cinco de mayo de la golpiza al Estudiante me encontraba yo en el Hospital Oncológico de Santa Clara. En aquel momento, hace cinco meses mi padrastro todavía podía trasladarse y en aquel momento recibía tratamiento de quimioterapia. Aquel encuentro fortuito con Juan Wilfredo ha marcado una significativa huella en Santiago quien tal vez ya no tenga vida para cuando se le invite a declarar. Fue la única vez que viera en vida a Juan Wilfredo Soto y la revelación que nos hiciera ha perdurado en la mente de mi padrastro a pesar de todos los sufrimientos físicos por los que ha debido transitar desde entonces. Santiago en el presente lleva más de dos meses alimentándose mediante un levíne y en estos momentos resiste el dolor con ayuda de la morfina. Sería imposible precisar cuánto le reste de vida pero todavía, aún en su depauperado estado está dispuesto a que se le tome su declaración. Previendo cualquier situación ya he tomado un video de sus palabras, a disposición de la Fiscalía, y que podría servir, en caso de ausencia, para que realice su deseo de testificar en este caso en el que él también quiere se haga justicia.
De los otros cuatro casos ya he hecho referencias en otros post relacionados. Rafael Pérez González fue la primera persona, vecino del parque y de la Unidad Policial a la que había sido conducido el Estudiante, a quien Juan Wilfredo reveló la golpiza, antes que tomara el bicitaxi que detuvo para contárnoslo luego a Santiago y a mí en plena calle Cuba. Héctor Duniesky Bermúdez se hallaba por necesidades personales de salud en el Hospital Provincial al que llegó el Estudiante en el bicitaxi, y fue él quien trasladó a su amigo en su automóvil hasta su casa, a la cual se le enviaba a morir simplemente suministrándole un calmante por órdenes de la seguridad del Estado. Tanto Héctor como José Lino Asencio López fueron golpeados días después en la calle, lo cual también se relató en post anteriores, todo parece indicar que por su tozudez en declarar sus testimonios. Jorge Luis Artiles Montiel, inseparable compañero de prisiones de Juan Wilfredo Soto al igual que el Coco recibió el testimonio de su amigo ya en lecho de muerte, y fue tal la consternación de Jorge Luis que al día siguiente de la muerte de su amigo estuvo en huelga de hambre como protesta alrededor de un mes.
Entre tanto que estos seis testigos esperan el privilegio que ya tuve yo de declarar ante un órgano de justicia cubano, y entre tanto que otros, como Natividad Blanco, sean incluidos en la próxima lista a entregar, seguimos esperando la evolución de este proceso, que según me impresiona será dilatado y que concluirá definitivamente cuando en Cuba ocurran otra serie de cambios trascendentales que permitan a la Fiscalía declarar, como la voz débil de nosotros los testigos no se cansa de gritar al mundo, que a Juan Wilfredo Soto García lo mató un sistema generador de violencia, intolerancia, segregación e impunidad. De cualquier manera es bueno que la Fiscalía vaya trabajando mientras llega ese día que tantos cubanos estamos esperando. A los testigos, amigos, compañeros de lucha y familiares del Estudiante nos sigue sosteniendo la bienaventuranza bíblica, válida también para moribundo padrastro Santiago, «bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados».
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.

mayo 29, 2011

Y LOS GOLPES SIGUEN.

Yo he visto al bien con los ojos del mal
como un ciego feliz en la oscuridad.
Nena no sé lo que va a pasar si la mentira se disfraza como la verdad,
si la mentira se disfraza como la verdad...
Pero Dios sigue siendo mi anzuelo colgando del cielo.
Carlos Varela.
Se le ha dicho al pueblo de Cuba que Juan Wilfredo Soto murió de forma natural y se ha lanzado la pregunta de -¿Acaso no basta el aval de la Revolución de más de cinco décadas sin un solo torturado, desaparecido o asesinado?- Uno solo no… Ya nos hemos referido en post anteriores a esa «muerte natural» y a ese historial de la «Revolución».
No expresaré aquí lo que considero sucedió, teniendo en cuenta las evidencias, con ese hombre de pueblo que fue Camilo Cienfuegos, que en un momento determinado serviría más de héroe muerto que de cuerpo presente, ya que vivo se habría convertido en un problema. No retomaré los ejemplos conspicuos de Pedro Luis Boitel u Orlando Zapata Tamayo. Tampoco volveré esta vez sobre casos de trascendencia más local cuyas muertes todavía esperan por investigaciones reales, como Ramón (Aló) Casas Carrazana, Marcos Pareja González o Jesús J. Márquez Lemes. No me dedicaré nuevamente a hablar del desfile ante mis ojos de personas golpeadas en la redada del pasado 23 de febrero, por solo mencionar una fecha; cuando fui secuestrado durante veintiséis horas por interceder en plena calle por Lilia Castañer y Juana Oquendo, forzadas a abordar un auto matricula privada por civiles sin identificar. No me detendré en el caso del periodista Hector Julio Cedeño en cuya cabeza llegaron sentados a la estación ese día. Ni en la golpiza que propinaron a Ivonne Malleza, forzada a abordar otro de esos autos paramilitares, o a su esposo Ignacio Martínez Montero que indignado se atrevió a defenderla; tanto Cedeño como Montero trasladados a mi lado desde el cuartel de Infanta y Amenidad hasta la estación de Santiago de las Vegas. No hablaré ni siquiera de aquel puñetazo que me dieron a traición por el lado izquierdo del abdomen en los años ´90, y que luego estuvo meses molestándome, cuando siendo un estudiante en la Universidad de la Habana defendí a Eduardo, un amigo chileno estudiante como yo, a quien un policía golpeó con una tonfa por la rodilla para establecer el «orden» de una cola. No me referiré tampoco a la cobarde golpiza propinada a mi amiga Yoani Sánchez en noviembre de 2009 y que luego trataron de negar mediáticamente…
Sobran los golpes y faltan las palabras. Mi humilde opinión; la que mi sensibilidad cristiana por un lado, y la hosca realidad que me ha tocado vivir por el otro, han ido curtiendo; es que nos encontramos ante una clase de desgobierno demasiado buen discípulo de «El Príncipe» de Maquiavelo, y condiscípulo de «Mi lucha» por Adolfo Hitler. Si buenos son golpeando, buenos son con su propaganda que luego trata de limpiar las escenas de los crímenes. Para decirlo en buen cubano: son como la gatica de María Ramos, que tira la piedra, y esconde la mano.
Pero se impone en definitiva no hablar ahora de lo que ya no tiene remedio. Lo alarmante es que tras la golpiza a Juan Wilfredo el régimen sigue golpeando impunemente cual si nada hubiese sucedido, ensañado incluso en algunos de los testigos de referencia de este ominoso caso.
¿Qué le sucedió a Héctor Duniesky Bermúdez Santana ( Foto a la izquierda )  el pasado 10 de mayo cuando transitaba en bicicleta por su Reparto Pastorita en Santa Clara? Fue él quien condujo a Juan Wilfredo del Hospital a  su casa aquel 5 de mayo, luego de cruzar unas palabras de reclamo con unos agentes de la Seguridad del Estado, que ya estaban personados en la institución sanitaria impartiendo órdenes a los médicos.  ¿Quiénes le apedrearon dos días después de la sepultura de EL ESTUDIANTE? Una de las piedras le impactó en la cabeza, y las consecuencias no se midieron, porque si Héctor no escapa sangrando, no sabemos hasta dónde se habrían ensañado.
Y ¿quién golpeó a José Lino Asencio López ( Foto abajo a la derecha ) en la madrugada del 17 fracturándole costillas y dejándole varias secuelas más? No eran ladrones los atacantes, porque no se llevaron ninguna de sus pertenencias, ni siquiera su bicicleta, pero si le lanzaron sus consignas «revolucionarias». Lino, además de ser uno de los amigos incondicionales de Juan Wilfredo, escuchó su testimonio de la golpiza.
¿Cómo es posible que con un escándalo como el de Juan Wilfredo, hace apenas hace unos días se golpeara en Placetas, de manera extrema a Iris, líder del grupo de mujeres que rinde honores con su nombre a la mítica Rosa Park? Ya ha trascendido que el agente Veliz Veliz, apodado «el pesista», la lanzó al suelo de manera tan brutal que tuvieron que esconderla por tres días en la sala de un establecimiento de salud donde permaneció secretamente custodiada hasta que debido a la presión popular fuera devuelta a su casa donde todavía permanece en cama.
¿No se hace evidente que nos encontramos nuevamente ante fenómenos de la naturaleza e aquellas turbas paramilitares al servicio de Hitler o Mussolini en Alemania o Italia, respectivamente? Con la diferencia de una propaganda de simulación y maquillaje.
¿No llama acaso la atención el fenómeno también preocupante de la cifra creciente de suicidios entre miembros de las fuerzas del orden en Villa Clara? ¿Qué está ocasionando tal estrés entre nuestros policías? Por lo menos en el mes de mayo, que haya trascendido, se reportan tres en la provincia, dos en Santa Clara y uno en el poblado de Vueltas. De ellos el que más ha llamado la atención y que la opinión popular vincula con la golpiza a Juan Wilfredo, es el del policía Alexis Herrera Rodríguez, vecino de Calle 5ta., entre 12 y 14, número 204, en el Reparto Camacho de Santa Clara, dirección en la que se propinó el disparo mortal, aunque en los últimos tiempos él residía en la casa de su novia vecina de San Antonio, en El Gigante, uno de los repartos en las afueras de Santa Clara en dirección a Camajuaní. Este policía veinteañero se suicidó ese terrible Día de las Madres en que sepultábamos a EL ESTUDIANTE, para morir apenas cinco días después enlutando con ese terrible dolor que es perder a un hijo a otra madre cubana. Fue velado y sepultado con un operativo de vigilancia extrema el viernes 13 de mayo. Circulan rumores que escapan a las severas medidas tomadas por la policía secreta al respecto de que Alexis tomó tal extrema decisión luego que la Seguridad del Estado le citase con urgencia por dos ocasiones, siempre tras el incidente con EL ESTUDIANTE el jueves 5 de mayo, supuestamente preocupados por «reportes con faltas de ortografía» por parte de Alexis, según se hizo trascender a sus padres; pero según comentario generalizado fue Alexis el patrullero que condujo a EL ESTUDIANTE del parque Leoncio Vidal a la Tercera Estación de Policía de Santa Clara. De cualquier manera, aunque toda esta información está basada en revelaciones confidenciales de personas que no están dispuestas a atestiguar públicamente yo considero que constituyen elementos a tener en cuenta en cualquier investigación seria que se abra en el futuro en relación al caso Juan Wilfredo. Y ante cualquier Tribunal en el mundo que se me cite como testigo de referencia, si de hacer justicia a mi amigo asesinado se trata, de más está decir que estoy dispuesto a declarar. Por algo soy Cubano Confesante.
Cualquiera diría que no son tan violentos ya que a mí todavía no me han propinado ni un rasguño, a pesar de constituir uno de los testigos más citados por los medios internacionales a causa de mi tweet publicado en @maritovoz el mismo 5 de mayo a las 11.55 am tras escuchar, de su propia boca, el testimonio de Juan Wilfredo la última vez que me dirigiera la palabra. No es que no tengan deseos de desaparecerme, es que son limpios y edulcorados por los ardides aprendidos de Maquiavelo. Conocen muy bien que tocarme es atacar por extensión a las Iglesias que pastoreo, a la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental que me reconoce oficialmente como Pastor, a los seminarios teológicos donde enseño, así como a entidades internacionales como Solidaridad Cristiana Mundial o a la Alianza Bautista Mundial, cuyos principios son los que me han hecho adoptar esta postura. Algunos comentaristas han sido severos con las instituciones a las que pertenezco por cuanto estas no han emitido declaraciones públicas. Yo pido que se sea más comprensivo con ellas entendiendo las sobradas razones para ser prudentes, no olvidar la categoría del monstruo ante el que nos encontramos. Baste saber que ninguna de las instituciones a las que pertenezco me han retirado su respaldo, a pesar de todas las evidentes presiones que se ciernen sobre ellas. Yo considero que esta actitud ya habla mucho por si sola, sin tener que decir una palabra. Sin hablar de todas las muestras de preocupación y apoyo recibida de muchos consiervos que me han manifestado su incondicional apoyo, de Cuba o fuera de Cuba. Ante el contexto diabólico en que nos encontramos no creo que pueda pedir más, aunque sueño con que todos mis hermanos se hagan más fuertes, entendiendo el Poder que nos ampara para seguir pugnando por el Reino, y por su Ética, un Reino que desde los días de Juan el Bautista sufre violencia y solo los valientes logran aferrarlo (Mateo 11.12), y las armas de nuestra milicia no son carnales, pero poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2 Corintios 10.4).
No obstante a que los denunciados no se hayan atrevido a atacarme físicamente, no cesan sus amenazas, que no temo, del corte de algunas como estas: «Tú también caerás, aguántate que cuando la furia del pueblo se desate acabará con todos los esbirros y sicarios», de un tal @aron. Por otra parte es notoria y hasta risible la vigilancia extrema de elementos de mi comunidad cuyos nombres no citaré por piedad, y porque ellos conocen de antemano, por mi identidad cristiana, que tengo el reto por Jesucristo de perdonar, amar y de pastorearles inclusive. Se hace sentir también la campaña de descredito y difamación a que algunos han sido comisionados; hasta el punto de abusar psíquicamente de los sentimientos de una anciana que en la cola de espera de un Policlínico se atrevió hace unos días a manifestar su admiración por mí, y bastó para que uno de esos elementos lanzase, sin el menor escrúpulo por la anciana, descalificativos como «degenerado» y «sinvergüenza». Mire usted en todo lo que me ha convertido el haber escuchado de mi amigo la denuncia de la cobarde paliza de que fuera objeto; resulta que ellos golpean y matan, y soy yo el «esbirro», el «sicario», el «degenerado» y el «sinvergüenza». He denunciado en Twitter al acoso a numerosos feligreses que han venido a contarme, con nombres y apellidos de los agentes que se les acercan, lo mismo vestidos de lobos que de ovejas, para tratar de desacreditarme y volverlos en mi contra. El más común de los argumentos es que «su Pastor se ha metido en política», como si «no meterse en política» justificara en algunos casos ser cómplice de abusos y asesinatos. Soy el primero que por principio bautista fundamental de «libertad de conciencia» respeto la ideología de cada cual. Miembros del Partido Comunista e incluso policías conocen que jamás les he excluido de mi trabajo pastoral. Si viviese en un país donde se persiguiese a los comunistas y se abusara de ellos, como ahora se abusa y mata a otros en Cuba por su discrepancia política, sería yo el primero en defenderles. Estoy en contra de todos los macartismos y cacerías de brujas. Incluyo a los miembros del Partido Comunista y a los militares en la Cuba que estamos llamados a construir todos, y abogaré siempre por la reconciliación de todos los cubanos. Pero esto ya pasa de ser una cuestión de ideologías, de «meterse en política», para convertirse en materia de Derechos Humanos y violencia que como siervo de Dios estaré llamado siempre a condenar, máxime si proviene de aquellos que están comisionados a llevar la espada para impartir justicia (Romanos 13.3, 4).
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.

mayo 28, 2011

La providencia divina y el asesinato de Juan Wilfredo Soto García.

La vida no vale nada, si ignoro que el asesino, cogió por otro camino, y prepara otra celada.Pablo Milanés.
Cuando analizo retrospectivamente mi relación pastoral con Juan Wilfredo Soto García, descubro que, no potencias internacionales ni campañas mediáticas, pero sí Dios, nunca neutral ante los asuntos humanos, estaba muy interesado en este hombre. Y me estaba preparando a mí para retarme a actuar como el samaritano, ya que a él lo dejarían tirado junto al camino.
Conocí a EL ESTUDIANTE, apodo con el cual me fuera presentado, en marzo del 2010. Orlando Zapata Tamayo acababa de morir el 23 de febrero como consecuencia de ignorarse sus derechos como huelguista. Conmovido por hechos como estos, nada nuevos en Cuba y con antecedentes tan deleznables como la muerte de Pedro Luis Boitel, supe de la Huelga de Hambre y Sed a la que se había arrojado en protesta Guillermo Fariñas. Entendiendo que a Dios no le pasaban desapercibido asuntos como estos, y quemándome espiritualmente el deseo de presentarme en el epicentro de los hechos con el Evangelio que libera, y echando mano de las bienaventuranzas dejadas por Jesús en el Sermón de la Montaña, hice acto de presencia empuñando como poderosas armas la Biblia y la oración.
Juan Wilfredo  ( Foto a la derecha ) era uno de los amigos del círculo íntimo de Guillermo Fariñas. No recuerdo haber visitado el Hospital y que EL ESTUDIANTE no estuviera presente. Los días en que la sobrevivencia de Guillermo constituyó un auténtico milagro, Juan Wilfredo no se movió de los bajos del hospital, ni de día ni de noche.
Desde la primera ocasión en que EL ESTUDIANTE me escuchó leer la Biblia y orar solicitando a Dios salvación para todas las almas involucradas en el asunto, y reconciliación para todos los cubanos; se me acercó con aquella espontaneidad tan cubana que siempre le caracterizó para darme un abrazo y expresar su más profunda admiración. Desde entonces me trató con la misma fidelidad que dedicaba al Coco, a pesar de ser aquel uno de sus más antiguos amigos de la infancia, con quien jugó básquetbol en el Palacio de los Pioneros, y de haber sido su vecino por alrededor de diecisiete años.
Gracias Pastor por venir a acompañarnos y traernos a Dios, eso no lo hace cualquiera»- me halagaba en cada una de mis visitas. Le explicaba que lo que hacía no provenía ni de mi propia bondad ni de mi limitada valentía, sino de Dios, que es quien pone en sus hijos tanto el querer como el hacer, y que, ¡Ay de mí si no lo hacía!
Yo soy quien se admira de ti, por tu fidelidad hacía tu amigo, y porque a pesar de tus piernas tan hinchadas no te separas de este hospital.»- le respondía retado por su auténtica amistad, valor humano tan resaltado por la Biblia: «En todo tiempo ama el amigo. Y es como un hermano en tiempo de angustia (Proverbios 17.17)».
Wilfredo no era el único. Evidentemente aquel hombre que languidecía allá arriba en la Terapia Intensiva había sabido cultivar verdaderos amigos dispuestos a dar su vida por él si hubiese sido necesario, y esto en definitiva era lo que él estaba haciendo por más de cincuenta prisioneros, algunos de los cuales ni él mismo conocía personalmente. Pero quiso Dios que de aquel círculo de amigos del Coco fuera Wilfredo precisamente con quien yo hiciese las mejores migas. Enseguida me puse al corriente de sus serias afectaciones de salud: hipertensión, gota, diabetes, y miocardiopatía dilatada. Costaba creer que un hombre tan corpulento y de un espíritu tan fuerte arrastrara todos esos padecimientos, la mayoría de los cuales no eran más que secuelas de sus maltratados períodos de prisión que en sumatoria de tres causas diferentes contabilizaron doce difíciles años, e iniciándose desde sus dieciséis, en 1984, cuando apenas era un estudiante de preuniversitario, de donde se le quedó su entrañable alias de EL ESTUDIANTE. Entonces fue condenado por primera vez a cuatro años de privación de libertad acusado de «Propaganda enemiga», condena que cumplió en la sección de menores de la prisión de Manacas.
Me conmovieron tanto sus padecimientos que además de mi prioridad espiritual sobre su vida -para él en este año fui sencillamente su Pastor- hice lo posible por conseguirle algunos medicamentos que necesitaba. Con tal propósito me facilitó un Resumen de Historia Clínica que hice llegar a colegas pastores en el extranjero para que me ayudaran en tal empresa. A pesar de que Juan Wilfredo era santaclareño, y yo taguayabonense, alguna vez me visitó como muestra de su profunda admiración. Siempre me manifestó su deseo de asistir a la Iglesia que pastoreo, a pesar de la distancia, pero yo le recomendaba que se acercara a excelentes congregaciones que hay en Santa Clara, lo cual hizo alguna que otra vez. EL ESTUDIANTE llegó a sostener relación con otros pastores cubanos, e incluso extranjeros, omito sus nombres por carecer de sus autorizaciones para hacerlo, pero sé que se encuentran tan conmocionados como yo por esta muerte tan arbitraria.
Cuando el jueves 8 de julio de 2010 el gobierno cubano no tuvo otra alternativa que anunciar en el periódico Granma la liberación de todos los presos que restaban del mítico grupo de los ´75, culminando así la epopeya de Guillermo Fariñas; Wilfredo abandonó el campo de batalla pacífico en que se había convertido el Hospital, para volver a ese otro sitio que con su espíritu de pueblo él sentía como suyo: el parque Leoncio Vidal de Santa Clara.
Su condición de expreso político por un lado, y de enfermo por el otro, le obligaba a sobrevivir en esta plaza, insertado en el denominado mercado negro. Por razones de mi trabajo como profesor de instituciones teológicas viajo semanalmente a Santa Clara. Dios permitía que Wilfredo y yo sostuviésemos un encuentro semanal cada miércoles, que a la vez que robustecía nuestra amistad personal, facilitaba mi relación pastoral para con él. Pero ni él ni yo imaginábamos la situación para la que Dios nos estaba preparando.
El día anterior a la golpiza, miércoles 4 de mayo, Juan Wilfredo y yo sostuvimos nuestro acostumbrado encuentro en el parque donde como siempre me puso al tanto de su salud. A pesar de sus padecimientos crónicos se sentía bastante bien y con muchos deseos de luchar, en el sentido de sobrevivencia en que lo entendemos los cubanos. Su mayor preocupación era su mamá que en días anteriores había recibido una cirugía por causa de fractura de cadera. Oramos por ella. Lejos estábamos de imaginar nuestro último encuentro al día siguiente bajo circunstancias embarazosas y precipitadas que nunca olvidaré.
Como cada jueves en los últimos meses, me encontraba acompañando a un enfermo para tratamientos ambulatorios en el Hospital Oncológico de Santa Clara. Esta institución hospitalaria se ubica a mitad de camino entre el centro de la ciudad, donde se encuentra el parque, y el Hospital «Arnaldo Milián», adonde se dirigía Wilfredo poco después de pasadas las once de la mañana.
Quiso la providencia divina que yo, -el Pastor de Juan Wilfredo, con quien este había sostenido una relación afectiva significativa durante su último año de vida; que había departido con él justo el día anterior para evidenciar que se sentía bien; que poseía una cuenta en Twitter plenamente activada: @maritovoz, con la posibilidad de publicar en ella los ciento cuarenta caracteres desde el móvil, sin necesidad de acceder directamente a Internet; que un día antes había colocado dinero a mi número ya que por más de veinte días permaneció prácticamente en cero- coincidiera en tiempo y espacio con el amigo golpeado, como para sentir la necesidad de denunciar el abuso en aquel tweet publicado a las 11.55 am de ese triste 5 de mayo.
Fue Juan Wilfredo, desde la bici-taxi en que se trasladaba, el primero en divisarme. Como para que confirmara que, a pesar de la violencia y desorden que reinan todavía en este mundo, existe un Dios interesado en nuestros sufrimientos, ya sean físicos o espirituales, hizo detener el bici taxi para acercárseme como quien encontrara abiertas las puertas mismísimas del cielo.
Esta gente me mató Pastor. Me molieron a tonfasos. Voy al hospital porque no puedo con el dolor que tengo.»- me dijo Juan Wilfredo en un evidente quebrantamiento físico y espiritual. No era el mismo del día anterior, la diferencia la habían hecho aquellos golpes. No albergo la menor duda al respecto y estoy dispuesto a declararlo ante cualquier tribunal que se digne a ofrecer justicia a Juan Wilfredo y que reconozca mi derecho como testigo de referencia de primer orden; de otra manera, qué hacía yo publicando un tweet de aquella índole la misma mañana del crimen, cuando no podía ser capaz de prever las consecuencias tan fatídicas de la impiedad.
El enfermo que me encontraba acompañando escuchó las palabras quejosas de EL ESTUDIANTE. A pesar de sus propias dolencias pudo percibir la urgencia y seriedad de la denuncia que nos estaba haciendo y quedó sumamente impresionado. Nosotros habíamos salido en ese preciso instante a la calle pero no habíamos concluido las gestiones. Me vi impelido entre dos seres humanos que me necesitaban.
¡En que situación me has puesto ESTUDIANTE! No te puedo dejar marchar así solo, pero no puedo abandonar a esta persona que acompaño y que depende de mí»- le declaré angustiado.
No se preocupe Pastor que yo no lo llamé para que me acompañe. Yo le agradezco con que le avise a alguien que pueda ir a acompañarme. Si puede hágaselo saber al Coco.»- me tranquilizó.
-«Cuenta con eso Wilfredo, sigue rápido para el hospital que yo le aviso al Coco para que le haga saber enseguida a tu familia»- le declaré.
Lo último que recuerdo es aquella bici taxi y a Juan Wilfredo alejarse de nosotros para siempre. Luego supe en mis pesquisas que el bicitaxero que le conducía es miembro de una de las Iglesias de la ciudad pero que hasta el momento no ha podido vencer el miedo y no está dispuesto a realizar declaraciones, como otros muchos testigos. Tengo la esperanza de que este hermano atemorizado, y muchos más, echen fuera el miedo porque como dice la Escritura: «En el amor no hay temor sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en si castigo. De donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor (1 Juan 4.18).»
Después de este inolvidable encuentro con EL ESTUDIANTE volví a las gestiones del enfermo que estaba acompañando y una vez reubicados envié un mensaje al móvil de Guillermo Fariñas cumpliendo el último favor que Juan Wilfredo me pidiera. No satisfecho con mí inevitable decisión de haberle dejado proseguir solo, sentí la profunda necesidad de enviar al menos mi tweet amplificando su denuncia. No sería la primera vez que enviara un tweet denunciando algún abuso. Lamentablemente muchos de estos tweets han caído en el olvido sin que se les conceda la debida importancia. Estamos tan acostumbrados a este tipo de noticias como a los golpes, parecen ser algo tan normal en Cuba como sus palmas reales. Lamentablemente alguien tiene que morir para que el mundo reaccione, y esta vez le tocó a nuestro inolvidable Juan Wilfredo.
Después de enviados los mensajes y confiado en que los médicos, los numerosos amigos y los familiares se encargarían, proseguí en mis obligaciones y rutinas hasta que finalmente confirmé totalmente que lo que Juan Wilfredo me había transmitido no era ningún alarde ni un fingirse la víctima. Comprendí que cuando me dijo -«Esta gente me mató Pastor… »-, Juan Wilfredo no se expresaba metafóricamente sino horriblemente de manera literal, aunque mucha gente no le creyera ni quisiera atenderle. La mayor confirmación de que lo que me dijo fue la pura verdad fue su penosa muerte.
Lejos estaba de imaginar que aquel viaje que realizó Juan Wilfredo al Hospital «Arnaldo Milián» había sido infructuoso, y que por órdenes de la Seguridad del Estado, que había llegado primero que él al hospital, el personal médico que le atendió le despachó rápidamente apenas midiéndole la presión. Héctor Duniesky Bermúdez Santana,( Foto a la izquierda )  quien luego fuera apedreado el martes 10 recibiendo una herida en la cabeza, fue a quien correspondió ser testigo de la escena, y tras enfrentar con algunas palabras a la policía política condujo en su auto a Juan Wilfredo hasta su casa. Otros afirman haber visto también a efectivos de la inteligencia cubana en el parque a la hora de los sucesos sosteniendo la terrible hipótesis de que nos encontramos en presencia de un estilo de ejecución.
Tal vez más criminal que la golpiza misma sea el hecho de que quienes debían haber cumplido con su juramento médico prefirieron acatar otras órdenes y no brindaron a Wilfredo la atención que con urgencia necesitaba, ni siquiera le realizaron un ultrasonido. Cuando al día siguiente EL ESTUDIANTE fue conducido nuevamente al hospital por familiares, ya era demasiado tarde, su vientre estaba lleno de líquido, el ácido de su páncreas herido por la golpiza se había desparramado a su alrededor cual una batería averiada carcomiendo al propio páncreas, el hígado y tal vez incluso algo de sus riñones y vejiga. Puede resultar valioso en este sentido la valoración realizada por el doctor Oscar Elías Biscet (+5352769405) quien ha realizado una propuesta muy científica de lo que suele ocurrir cuando un páncreas es dañado por algún efecto externo, como en este caso. De nada valían ya los esfuerzos de la Terapia Intensiva, los daños eran irreversibles, fue como cuando corrieron al final con Orlando Zapata Tamayo, primero al Hospital de Camagüey, después al Hospital Militar del Combinado del Este para llevarlo finalmente a morir al Hospital Almeijeiras. La muerte de Juan Wilfredo se había iniciado en conteo regresivo cuando el pueblo uniformado, como ha llamado el general Raúl Castro a la policía, le aporreó con sus tonfas. Y se aceleró cuando tocando desesperado las puertas de una institución de salud pública le enviaron a su casa a morir.
Grosso modo esto es todo lo que tengo que decir respecto a la dramática muerte de Juan Wilfredo Soto García, a quien la providencia divina ha querido rodear de testigos como yo. Otro tema relacionado a este podría ser el suicidio, aquel mismo domingo Día de las Madres en el que sepultamos a Wilfredo, del patrullero Alexis a quien el pueblo santaclareño relaciona con la golpiza a EL ESTUDIANTE. Según se rumora en el vecindario tras dos sospechosas visitas de la Seguridad del Estado al agente, terminó propinándose un disparo. Si resultaran ciertos los extendidos rumores estamos ante un elocuente ejemplo de lo que resulta de que un gobierne incite a su pueblo a la violencia: la familia de un opositor pacífico, y la de un policía, enlutadas ambas para siempre, y no quiero ni pensar en esas madres precisamente respirando la tragedia en un día en que debían estar celebrando.
Foto abajo a la derecha, sepelio de Juan Wilfredo Soto.
No me detendré nuevamente -ya lo hice en post anteriores- en la vileza con que el régimen sucedió al crimen en sus tres desesperadas declaraciones en el Granma, manipulando declaraciones, enmascarando hechos, cuestionando mis palabras y las de alrededor de otros treinta testigos dispuestos a declarar, aunque el gobierno no haya mencionado públicamente nuestros nombres. Yo personalmente me siento irrespetado como ciudadano. Al rebatirse mi testimonio considero que además son cuestionadas conmigo también las instituciones religiosas que represento. Si soy un mentiroso deberían juzgarme como tal y expulsarme entonces de ministerios de los que entonces soy indigno de participar. Me siento agraviado por el régimen que sigo afirmado es responsable por la golpiza a Juan Wilfredo y exijo una investigación seria llevada a cabo por instituciones imparciales de carácter internacional. Emplazo una vez más en nombre de Dios al régimen cubano y exijo que se demuestre quién de nosotros dos está mintiendo. Las congregaciones locales y las respectivas comunidades en las que pastoreo, la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental que me reconoce oficialmente como Pastor, y los Seminarios Teológicos donde imparto docencia, necesitan conocer quién es el mentiroso en este caso. Si soy yo, entonces quedo invalidado para continuar ejerciendo; pero si el gobierno, como afirmo, entonces este queda invalidado para seguir gobernando.
Me ampara la seguridad de creer en un Dios al que la sangre de cualquier víctima, desde la antigua historia de Caín y Abel, no pasa inadvertida. Él ama la justicia y la verdad sobremanera. Él promete: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (Mateo 5.6)». En su nombre estoy levantando mi voz por Juan Wilfredo, esta muerte no quedará impune.
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante