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marzo 11, 2026

LA HORA DECISIVA PARA CUBA : Carta abierta de un grupo de cristianos cubanos

 


LA HORA DECISIVA PARA CUBA

Carta abierta de un grupo de cristianos cubanos

“Solo una religión anquilosada tiene entre sus ministros y fieles, individuos que cantan la gloria de Dios en el cielo, mientras pasan por alto las condiciones que hacen de la tierra un infierno para el hombre.”    Martin Luther King

La Iglesia no está formada únicamente por ministros ordenados, ni la Iglesia es solo su jerarquía institucional. La Iglesia es también el conjunto de hombres y mujeres que, desde su fe vivida en la sociedad, encarnan el Evangelio en medio de la historia, llamados todos, como cuerpo visible de Cristo en la tierra, a iluminar la realidad cotidiana con la verdad, la justicia y el amor al prójimo.

Como cristianos hemos sido llamados a anunciar el evangelio y a acompañar al ser humano en sus horas de dolor y en sus búsquedas más profundas de sentido, por lo tanto, no podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de nuestra nación, sino que estamos obligados moralmente a nombrar lo que vemos y a recordar la verdad sobre el ser humano: toda persona posee una dignidad que no proviene del Estado, ni de la historia, sino de haber sido creada a imagen de Dios.

Este texto no pretende hablar en nombre de toda la Iglesia, sino expresar la reflexión y la conciencia de un grupo de cristianos que, dentro y fuera de Cuba, desean acompañar el sufrimiento y la esperanza de nuestro pueblo.

El pueblo cubano ha estado viviendo en una tensión permanente entre la esperanza y la frustración. Hemos sido testigos directos de familias divididas, jóvenes sin futuro, ancianos sin alivio y ciudadanos privados de derechos fundamentales, así como el abuso de la autoridad, la represión y graves violaciones, de las cuales muchos de nosotros hemos sido objeto.

Es desgarradora la pobreza extrema que asfixia a tantas familias en la isla, los largos apagones que sumen al pueblo en la oscuridad y la miseria cotidiana que brota de estructuras incapaces de sostener la vida dignamente, mientras que los dirigentes viven vidas de lujo y alejados de todo el sacrificio que exigen.

Cuba ha vivido en los últimos años la mayor ola migratoria de su historia. Muchos de quienes han emigrado o se han visto forzados al exilio han sido privados de sus derechos como ciudadanos, otros casos han sido impedidos de regresar al único país del cual eran residentes y ciudadanos y otros, dentro de la isla, han sido colocados en la categoría de “regulados”, lo que les impide salir del país sin explicación pública ni garantías jurídicas claras, vulnerando también su derecho fundamental a la libre movilidad.

En Cuba permanecen encarcelados más de mil presos políticos por causas vinculadas al ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión, de conciencia o de participación cívica, junto a otras muchas personas que han sido detenidas o sancionadas por causas injustas. Las detenciones arbitrarias, los procesos judiciales sin suficientes garantías y las largas condenas han dejado una profunda herida en numerosas familias.

A lo largo de estos últimos 67 años, los dictadores que detentan el poder en Cuba han sido requeridos para escuchar el clamor de su propio pueblo y para abrir espacios reales de participación, protección jurídica y pluralidad; pero nunca han escuchado ni actuado.

La Biblia declara que “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime.” (Proverbios 29.2) y los dictadores cubanos han sido perversos con el pueblo. Cuando las vías naturales de expresión y solución de los problemas de un país se cierran, la historia demuestra que la solución termina llegando por caminos más difíciles y menos deseables para todos.

Nosotros no estamos pidiendo una concesión política, ni reformas dentro del sistema, sino que estamos reclamando justicia, y un cambio que debería comenzar por la decisión de marcharse y dejar el poder en favor de la libertad y de la transición democrática inmediata. No nos anima la violencia ni la venganza, pero les recordamos que la justicia transicional debe aplicarse sobre todos los que han participado en actos represivos de cualquier naturaleza contra el pueblo.

Cuba necesitará sanar sus heridas y reencontrarse consigo misma. La reconciliación de nuestro pueblo no puede construirse sobre el olvido ni sobre la negación de la verdad, sino sobre la justicia, la memoria y el respeto a la dignidad humana. Aspiramos a una nación donde los cubanos, dentro y fuera de la isla, podamos volver a reconocernos como hermanos y trabajar juntos por el bien común, reconstruyendo una patria donde nadie sea excluido y donde la libertad y la dignidad de todos sean finalmente respetadas.

Hoy hablamos también a nuestra Iglesia en Cuba, porque nuestro lugar no puede estar fuera del dolor del pueblo. Nuestra responsabilidad moral no es solo nombrar esta realidad como lo que es, sino acompañar a nuestro pueblo en su anhelo de justicia, siendo luz en medio de las tinieblas.

Durante todos estos años no han faltado en la Iglesia cubana voces que, con fidelidad evangélica, han dado testimonio de la verdad y han acompañado el dolor de nuestro pueblo, aun cuando ello ha significado cierres de culto, demolición de templos, incomprensiones, presiones, marginación, expulsión de carreras o trabajos, represión, cárcel, expulsión del país y exilio.

La Iglesia cubana ha llevado esperanza, ha ayudado en las necesidades materiales y ha atendido a personas vulnerables. Reconocemos también el testimonio valiente que muchos pastores, sacerdotes, religiosos y laicos han dado a lo largo de estos años, acompañando al pueblo cubano en medio de grandes dificultades. Gracias a ese testimonio perseverante la conciencia cristiana no ha sido apagada.

Cuando cualquiera de ellos, desde su vocación y responsabilidad, ha alzado la voz por la verdad o ha servido al pueblo que sufre, la Iglesia misma se hace visible y presente, porque la Iglesia no es una realidad abstracta ni únicamente institucional, sino el cuerpo de Cristo que camina en la historia a través del testimonio concreto de sus hijos.

Pero también es cierto que no siempre la Iglesia en Cuba ha alzado la voz con la claridad que el sufrimiento de nuestro pueblo exigía, muchas veces el temor o la prudencia excesiva han generado silencios interpretados consecuentemente como indiferencia.

En las circunstancias actuales que vive el pueblo cubano, el silencio institucional de la Iglesia es injustificable. Una Iglesia que calla ante la injusticia para preservar espacios, privilegios o tranquilidad institucional corre el riesgo de convertirse en mera administración religiosa y deja de ser signo de esperanza para su pueblo. La fe cristiana, cuando se vive con fidelidad al Evangelio, muchas veces incomoda al poder, y ese riesgo forma parte del testimonio al que estamos llamados.

El Evangelio nunca ha sido neutral ante el sufrimiento humano. Cristo no bendijo el silencio ni la prudencia que protege estructuras injustas. La Iglesia debe anunciar la verdad de Dios sobre la dignidad humana, y denunciar las injusticias que destruyen esa dignidad. Si la Iglesia no es voz para los que no tienen voz, terminará hablando solo para sí misma y correrá el riesgo de olvidar una dimensión esencial de su misión: su vocación profética. “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta” (Isaías 58.1a)

La participación cívica del cristiano no está reñida con su compromiso con el Reino de Dios, sino que es una expresión concreta de su llamado a amar, hacer justicia y caminar en verdad. Ser ciudadanos del Reino de Dios implica también ser ciudadanos activos aquí y ahora, comprometidos con la justicia, la verdad y la compasión, anunciando con acciones concretas que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Llega una hora en la vida de los pueblos en la que el silencio deja de ser prudencia y se convierte en complicidad. Hablar deja de ser una opción y pasa a ser un deber moral. Por eso, en este tiempo recordamos a nuestra Iglesia en Cuba, la enseñanza apostólica que atraviesa los siglos y juzga a toda autoridad humana: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hechos 5:29)

Agradecemos a gran parte de la comunidad internacional por su apoyo solidario y les recordamos a otros que no basta con observar desde la distancia, más bien les instamos a que no ignoren el clamor de un pueblo que desea vivir con dignidad y libertad. Su apoyo y su compromiso pueden contribuir a abrir caminos donde hoy solo hay agotamiento histórico y pueden marcar la diferencia entre la desesperanza y el renacer de una nación.

A nuestro pueblo le decimos que el tiempo de la espera no puede ser infinito. Lograr los cambios implica sacrificios, al decir del maestro y apóstol de nuestra patria José Martí: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.” Los cambios profundos no nacen de decretos, sino de decisiones valientes que abren caminos nuevos. La libertad no nace de la resignación ni del miedo, sino de la verdad vivida con valentía.

Toda sociedad llega a momentos en los que debe elegir entre preservar estructuras agotadas o permitir que la vida renazca. Hoy Cuba se encuentra ante uno de esos momentos. No podemos delegar en otros lo que pertenece a nosotros como cubanos. Cada voz alzada, cada gesto de verdad, cada acto de dignidad, cada protesta ante lo injusto y cada paso hacia la justicia va reconstruyendo la nación. No podemos seguir indiferentes ante los abusos y atropellos. ¡Es hora de caminar juntos, sin miedo!

Oramos para que Dios conceda a nuestra nación la valentía para provocar y vivir el cambio y a Su Iglesia la libertad interior para hacer y ser, plenamente, lo que está llamada: anunciar el evangelio transformador y ser sal, luz y esperanza para su pueblo. Desde cada uno de nuestros lugares acompañamos al pueblo cubano, oramos por Cuba y caminamos con ella. Creemos firmemente que ninguna noche histórica es definitiva y que cada día el amanecer está más cerca.

Dios bendiga a Cuba.

Cristianos cubanos reclaman 'un cambio que debería comenzar por dejar el poder en favor de la libertad' En una carta abierta a firmas señalan que “los cambios profundos no nacen de decretos, sino de decisiones valientes que abren caminos nuevos”.

Un grupo de diez sacerdotes y religiosos cubanos, pertenecientes a distintas órdenes cristianas tanto en Cuba como fuera de ella, hicieron un llamado para que haya cambio político y señalaron que "el silencio institucional de la Iglesia es injustificable" en el contexto actual. Se trata de una carta abierta, titulada "La hora decisiva para Cuba", que está disponible para recibir adhesiones y que suscriben a nivel individual. A pesar de que no firmo castas abiertas, especialmente si aparecen en línea, a nivel individual sí lo he hecho en esta iniciativa, con a nombre del blog Religión en Revolución.

                                           Eloy A González

Aquí puedes leer la carta y añadir tu firma

diciembre 28, 2022

Cuba: “Dios permanece gritándonos al corazón que no es la muerte, ni la mentira, ni el odio sino la vida, la verdad y el amor las que tienen la última palabra”.

 

Homilía Misa del Gallo 2022. IGLESIA DE NTRA. SRA. DE FÁTIMA. Varadero. Cuba

Padre Jesús Marcoleta

Queridos hermanos y hermanas:

En esta noche santa y buena quiero comenzar deseándoles muchas felicidades a todos ustedes que han venido a escuchar este concierto de Nuestra América y a celebrar la santa Misa porque hoy es Navidad. Les deseo muchas felicidades a todos ustedes y a los que quedaron en sus casas.

Feliz Navidad les deseo a los enfermos, a los que están próximos a ver a Dios cara a cara, a los que hoy les toca estar de guardia en los hospitales, en la seguridad de las calles, en las fronteras, en las emisoras de radio y televisión.

Feliz Navidad les deseo a los presos, no importa hoy el delito, porque la Navidad no es día de juicio sino jornada de amor y libertad.

Feliz Navidad a los viejos que no saben qué hacer con sus lágrimas, porque los han dejado solos sus hijos, sus nietos; porque sus hijos, sus nietos se han ido cruzando fronteras y mares y ya llegaron, o no han llegado o nunca más llegarán.

Feliz Navidad para los que no creen en Jesús, para los que negaron a Jesús y su Navidad y sus fiestas, y sus luces, y sus regalos, y sus dulces, y su comida en familia y hoy se asombran de que los jóvenes, los más jóvenes prefieran vivir Halloween porque ya no saben, no hubo quien les mostrara el camino de la Navidad.

Padre Jesus Marcoleta.

Aquí en Varadero, ciudad cosmopolita y abierta al mundo, quizás nos resulte difícil entender que la Navidad de Jesús, aquel primer llanto y aquella primera sonrisa del Rey, haya tenido lugar en un rincón escondido, fuera de los itinerarios turísticos del mundo.

Pero todo sucedió en el silencio, todo se abrió paso en el recogimiento del misterio. Dios hizo su entrada en el mundo de los hombres al abrigo de una casa tranquila. Dios no buscó un gran palacio ni el templo inmenso construido por manos humanas, sino a María-casa-de-Dios. Ella se turbó ante el ángel. Ella ofreció el silencio de su virginidad para que se escuchara la luz de la Palabra. Ella, sí, ella humilde sierva, la madre del Rey eterno.

María acepta, obedece y se rinde en fe a Dios y el fruto de Dios irá creciendo en su interior hasta que la Navidad brote para que pueda Dios poner su morada entre pequeños y humildes, y en su opción de paz y de justicia nos bañe a todos de alegría.

Estar ante el pesebre, decía el papa santo Pablo VI, es siempre cordialmente estupendo y siempre nos fascina. Uno se puede detener ante él como un niño y pasar tiempo y tiempo, contemplándolo todo, mirándolo todo, preguntándolo todo.

Pero la Navidad exige un paso más, exige preguntarse por su significado aquél y por su querer decir hoy, por su valor y el valor de sus detalles para que no se nos quede en oropeles y comida.

He invitado mucho este año a celebrar la Noche Buena porque la pienso como una necesidad de vida ante el hundimiento en la tristeza. He invitado a celebrarla como antídoto, para encender los horizontes donde Dios permanece gritándonos al corazón que no es la muerte, ni la mentira, ni el odio sino la vida, la verdad y el amor las que tienen la última palabra.

¡Qué año tan duro, Dios mío! Este ha sido el año del hotel Saratoga y de la base de super tanqueros; el año del ciclón sobre Pinar del Río y el de los interminables apagones. Este ha sido el tiempo en que, por primera vez, en más de quinientos años de tradición jurídica, a los padres cubanos le diluyeron la patria potestad sobre sus hijos en un extraño concepto de responsabilidad parental. Un año escaso en alimentos, en medicamentos y en insumos hospitalarios.

Pero sobre todo  lacera y duele que tantos hombres y mujeres buenos, que tantos niños, adolescentes y jóvenes buenos, que tantos negros y blancos buenos se hayan marchado, se estén marchando, se van a marchar porque, como expresan “aquí ya no hay quien viva”. Y ellos son “la dulce esperanza de la patria” en el bien decir del padre Félix Varela.

Se han ido los brazos jóvenes, los médicos, los maestros, los ingenieros, nosotros los pastores, los artistas, los escritores, los deportistas, los militares. Se van lo que vivían su vida tranquila y los que vivían delatando. Los pacíficos y los que vivían machucando a los demás. Los confiados y los temerosos de pagar con su libertad el expresar su pensamiento discordante.

Ruego me perdonen los que no quieren escuchar hoy y aquí estas cosas, o los que no quisieran escucharlas nunca; pero es que nunca desearía se repita aquella sentencia terrible del siglo XIX, pronunciada con apoyaturas en la realidad de que la religión es el opio de los pueblos.

Hoy se nos cuenta la genealogía de Jesucristo para decirnos que el Mesías, cuya Navidad celebramos, representa el fruto de un trabajo oculto, en el que Dios escribe derecho entre renglones torcidos, y en el que lleva adelante su proyecto de salvación haciendo de nosotros los colaboradores de una obra que nos supera.

Hoy quiero pedirte, Señor y Dios mío, que nos abramos todos al regalo, al don de tu amor. Que no tengamos miedo de abrir las puertas de nuestros corazones y de toda Cuba a Cristo, como hace veinticinco años nos urgió a hacerlo san Juan Pablo II.

Que al abrirte las puertas nos alcance la libertad de los hijos de Dios en nuestras metas, en nuestros emprendimientos, en la expresión de nuestros pensamientos y en la posibilidad de asociarnos para alcanzar los bienes comunes.

Que al contar también las genealogías propias las pueda soñar, realizar en fe y en esperanza en mi propia tierra, porque ya no tenga que mirar la historia como el eterno retorno de las fatalidades antiguas, sino como la misteriosa avanzada del designio del amor de Dios.

A todos: ¡Feliz Navidad!

octubre 01, 2005

Detienen en Cuba por orar por los presos.



Por: Jaime Leygonier.
Servicio CubaPress.
Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados…” Heb. 13:3
Cada año es mayor el despliegue de la policía política y sus paramilitares , en torno y dentro de la Iglesia Católica de la Virgen de la Merced, en la Habana Vieja; el 24 de septiembre, día de esta Santa Patrona de los Cautivos. Este año con una represión superior en toda Cuba, la represión no podía ser sino desmedida en torno a la misa en este templo colonial al que en ese día asisten las Damas de Blanco y muchos opositores y familiares de presos políticos y comunes; en un país donde la cifra de la población penal es ocultada por el Régimen y se calcula en el 1,5% de la población nacional.
La policía política, sin otra razón aparente que amedrentar, interceptó y retuvo en la vía pública, cuando salían del templo, a varios activistas de derechos Humanos, con noticias de que no menos de cinco sufrieron esa arbitrariedad el día 24, entre ellos: Pedro Moisés Calderón Tápanes, José Alberto Nimer Álvarez, y Roberto Sánchez Núñez. Cuando Calderón pregunto al agente “Eliécer”: ¿Por qué me pides el carnet de identidad si tu me conoces y sabes que vengo de la misa?”, el agente respondió: “Es rutina”.

En el Reparto Párraga en La Habana, la policía política visitó en sus hogares y citó para la estación policial del “El Capri” a varios miembros del Partido Popular “Joven Cuba” cuyo delito parece ser asistir en casa del matrimonio de Gladis Núñez y Silvio Herrera, periodista independiente, a reuniones en las que se oraba por la libertad de los presos políticos; reuniones que persiguieron hasta que desistieron de hacerlas. Uno de los participantes, vecino de Santos Suárez, citado para el 28 de septiembre, Fernando Rolando Pérez Pernas, declaró: “Es mi cuarta citación, esta por el Mayor “Omar” (muestra una citación ilegal a todas luces por el cuño borroso y la ausencia tanto de los apellidos del citador como del objeto de la citación) “Mi tercera citación ni siquiera supe con quien fue porque firmó con un garabato. ¿Que por qué me citan? Por orar por la libertad de los presos en casa de Silvio y Gladis “.

En Cuba orar por los presos en la intimidad de un hogar, o en el santuario de la subversiva Virgen de la Merced es asunto de su “rutina” de detenciones y amenazas.

Ciudad de la Habana. 30/09/05