La llegada y la presentación del artista y
preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara en la Freedom Tower at Miami
Dade College han generado un intenso debate y división de opiniones dentro de
la comunidad cubana en Miami. Para un sector del exilio resultaron inapropiadas
o distantes del sufrimiento de los presos políticos que continúan en la isla.
La crítica principal generada en torno a la
presentación de Luis Manuel Otero Alcántara en la Freedom Tower at Miami Dade
College radica precisamente en el tono festivo —que incluyó música, baile y
expresiones de júbilo tras su llegada a Miami—, el cual fue interpretado por un
sector del exilio como una falta de empatía.
Para los sectores más críticos y dolidos
dentro de la comunidad cubana en el sur de Florida, ver celebraciones o un
ambiente de festejo tras años de duras condenas políticas envía un mensaje
desacertado. Consideran que este tipo de expresiones festivas desvían el foco
del sufrimiento continuo y de la agonía de los cientos de presos políticos que
siguen encarcelados en la isla sin haber alcanzado la libertad.
La opinión de : Maidel Leal
No escribo estas palabras para atacar una raza, despreciar a un pueblo ni
negar que Cuba posee una historia cultural compleja. Las escribo desde mi
convicción cristiana y desde el dolor de ver cómo, muchas veces, confundimos
cultura con fe, tradición con verdad e identidad nacional con prácticas
espirituales que no todos los cubanos compartimos.
Este acto ocurrió en los Estados Unidos, una nación cuya historia y
desarrollo han estado profundamente marcados por comunidades que buscaron
libertad religiosa y por una tradición cristiana que dejó una huella
indiscutible en su cultura e instituciones. Y ocurrió, además, en la Freedom
Tower, un lugar cargado de significado para miles de cubanos que llegaron a
estas tierras huyendo del totalitarismo y buscando libertad.
Por eso considero legítimo preguntarnos: ¿todo lo que forma parte de una
tradición debe celebrarse simplemente porque es tradición?
Desde mi Fe, la respuesta es no.
Yo soy cubano, pero antes que cualquier tradición religiosa heredada,
reconozco a Jesucristo como Señor. No pongo mi protección espiritual en
amuletos, collares, espíritus, ancestros ni deidades. Mi confianza está en
Dios. Y de la misma manera que cuestionaría cualquier forma de idolatría
proveniente de Europa, Asia, América o cualquier otra región del mundo, también
tengo derecho a cuestionar aquellas prácticas afrocubanas que, desde la
doctrina cristiana que profeso, considero incompatibles con el Evangelio.
Eso no significa rechazar al africano, al afrodescendiente ni su dignidad.
Una cosa es respetar profundamente a las personas y otra muy distinta afirmar
que todas las creencias religiosas deben ser aceptadas como verdad.
Tampoco todo lo cubano tiene necesariamente que ser cristiano, pero tampoco
puede pretenderse que determinadas expresiones religiosas representen a todo el
exilio cubano.
Y aquí está mi mayor preocupación: mientras nuestra nación atraviesa tanta
división, dolor y desesperanza, creo que Cuba necesita mucho más que consignas,
bailes o símbolos. Necesita una profunda reconstrucción moral y espiritual.
Necesita familias fortalecidas, jóvenes educados en valores, respeto por la
vida, amor al prójimo, responsabilidad, libertad y verdad.
Por eso mi mensaje no es de odio. Es un llamado espiritual.
A mis hermanos cubanos les digo: examinemos nuestras tradiciones. No
tengamos miedo de preguntarnos qué nos acerca a Dios y qué nos aparta de Él.
Una tradición puede tener siglos y seguir necesitando ser confrontada por
nuestra conciencia.
Yo sueño con una Cuba libre, pero también con una Cuba donde podamos
proclamar sin vergüenza:
¡CRISTO ES NUESTRA ESPERANZA! .¡DIOS, PATRIA Y LIBERTAD! .¡VIVA CUBA LIBRE
Y VIVA CRISTO REY!
Podemos respetarnos como cubanos aun teniendo profundas diferencias
religiosas. Pero respetarnos no significa renunciar al derecho de proclamar
aquello que creemos verdadero
Fuente: Facebook
Recopilación y texto
introductorio del Editor del Blog Religión en Revolución.
No hay comentarios:
Publicar un comentario