Hoy, antes de encaminarme a la Iglesia —como buen domingo y día del Señor— me encontré con una reflexión de un influencer a quien sigo en mis redes. Decía así:
“Buen día a todos, incluso a aquellos que dicen que no van a la iglesia porque hay mucha gente hipócrita. Amigo… si esa es la medida, tampoco salgas de tu casa. Eso sería como dejar de comer porque una vez te cayó mal un restaurante. Busca otro plato, pero no te mueras de hambre.”
Y pensé en algo que viví hace un año.
Asistía a una iglesia aquí en los #EEUU donde el pastor repetía, domingo tras domingo, el mismo chiste: “Invito a una persona a la iglesia y me dice que allí solo hay hipócritas; le digo, véngase para que sea uno más.” La congregación estallaba en carcajadas. Hoy, ese pastor ya no está. Presentó su renuncia —o le hicieron renunciar— y salió como el perro que tumbó la lata, dejando atrás dos décadas de corrupción, depravación y ofensas.
La risa fácil escondía una verdad amarga: a veces, el humor sirve para normalizar lo que nunca debió tolerarse.
Por eso, cuando leo frases sobre “los hipócritas de la iglesia”, no me escandalizo. La hipocresía existe, sí, pero también existe la verdad, la fe sincera, la comunidad que sostiene, el corazón que busca a Dios sin dobleces.
La iglesia no es un museo de santos; es un hospital de almas. Y aun así, hay heridas que no se deben encubrir con chistes ni con aplausos.
Hoy es domingo. Día del Señor.
Que Él nos proteja, nos ilumine y nos dé discernimiento… por si acaso.
Eloy A Gonzalez.
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