Por Eloy A. González
El intento de contrarrestar la afirmación de que “donde está el Espíritu
del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17) recurriendo a una lectura
selectiva de Romanos 13 y otros textos, revela una confusión profunda entre fe
cristiana y obediencia ideológica. Esa confusión no es nueva: ha sido
históricamente útil a los regímenes que necesitan cristianos dóciles,
silenciosos y políticamente funcionales.
Se pretende presentar la Biblia como un manual de sumisión al poder, como
si el cristiano estuviera llamado a aceptar cualquier autoridad sin
discernimiento moral. Pero la Escritura no enseña eso. Romanos 13 no legitima
la opresión; describe a la autoridad como “servidora de Dios para el bien”.
Cuando la autoridad deja de servir al bien, cuando se convierte en instrumento
de persecución, mentira y castigo contra los inocentes, deja de cumplir la
función que Pablo describe.
La Biblia nunca ordena obediencia ciega. Los límites están claramente
establecidos:
·
Hechos 5:29: “Es necesario obedecer a Dios antes que a
los hombres.”
·
Hechos 4:19: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer
a vosotros antes que a Dios.”
Los apóstoles desobedecieron cuando las autoridades intentaron silenciar la
verdad. Jesús confrontó a Herodes, a los fariseos y a todo poder que pretendía
manipular la fe. Los profetas fueron voces incómodas para los gobernantes
injustos. La tradición bíblica es una tradición de resistencia espiritual, no
de sumisión ideológica.
Citar “dad a César lo que es de César” sin recordar la segunda mitad —“y a
Dios lo que es de Dios”— es mutilar el texto. La conciencia, la verdad, la
justicia y la libertad no pertenecen a César. No son concesiones del poder. Son
dones inseparables de la presencia de Dios.
La libertad cristiana no es licencia para el mal, pero tampoco es excusa
para el silencio cómplice. El cristiano no está llamado a repetir el discurso
oficial ni a justificar la represión con versículos fuera de contexto. Está
llamado a ser sal y luz, incluso cuando eso incomoda al poder.
El respeto no implica renunciar a la verdad. La prudencia no implica callar
ante la injusticia. Y la fe no se convierte en marxismo ni en ideología estatal
porque alguien pretenda reinterpretarla para servir a los intereses del
régimen.
En esta hora decisiva, la comunidad cristiana —dentro y fuera de Cuba— sabe que la libertad no nace del Estado, sino del Espíritu. Por eso el gesto valiente de Anna Bensi no debe ser silenciado ni relativizado por lecturas bíblicas acomodadas al poder. La Fe cristiana no se arrodilla ante la opresión. Se sostiene en la verdad.
8 de octubre de 2026
Recomiendo el video que comparto aqui sobre tema tan actual .
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