octubre 06, 2026

La Iglesia Episcopal de Cuba rompió el silencio

  Por: Eloy A Gonzalez.

Ya no están dentro de la Iglesia Episcopal de Cuba la obispa Nerva Cot Aguilera y el deán Juan Ramón de la Paz Cerezo. Su influencia en esa denominación y en el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) marcó una etapa en la que las instituciones religiosas convivieron —y en ocasiones se acomodaron— a un Estado que controla el espacio público y regula la vida espiritual a través del CIC y la Oficina de Asuntos Religiosos. Esa historia de connivencias, silencios y acomodos aún está pendiente de ser contada con rigor.

Por eso el pronunciamiento reciente del obispo y el clero de la Diócesis Episcopal de Cuba en apoyo a Anna Sofía Benítez Silvente (Anna Bensi) y a su madre, Caridad Silvente, constituye un hecho significativo. Ambas fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y difundir la entrega de una citación policial. La Iglesia Episcopal pidió públicamente que las autoridades escuchen “el clamor del pueblo”, describió como “dolorosos” los tiempos que vive Cuba y enumeró, con inusual franqueza, las escaseces que agobian a la población: hambre, falta de medicamentos, apagones insoportables, deterioro de la salud y la educación, desigualdad creciente.

Los religiosos expresaron su “frustración y dolor” ante la violencia policial contra quienes deciden alzar la voz, recordaron que la libertad de expresión está reconocida en la Constitución de 2019 y afirmaron con claridad: “Callar la voz de los jóvenes es callar el presente y el futuro de la patria. Ante todo esto decimos: ¡Basta!”

El apoyo a Anna y Caridad se suma al de cineastas, académicos, humoristas, instituciones internacionales y congresistas cubanoamericanos. También se suma al respaldo de iglesias evangélicas legalmente reconocidas, que durante décadas guardaron silencio ante hechos como el hundimiento del remolcador 13 de marzo, la Primavera Negra, los fusilamientos de 2003 o la represión del 11J.

La condena impuesta a Anna y Caridad no es simbólica. No pueden cambiar de residencia sin autorización judicial, están sometidas a control policial y comunitario, y cualquier incumplimiento podría llevarlas a prisión, según el Código Penal y la Ley de Ejecución Penal.

En Cuba, donde la historia religiosa ha sido narrada casi siempre desde una sola parte, este pronunciamiento episcopal abre una grieta en el muro del silencio. La historia eclesial cubana aún espera a quienes la escriban sin miedo, sin consignas y con la fidelidad que exige la cruz del Señor.

La historia está por escribirse… y también por aclararse.

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