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agosto 02, 2020

Los izquierdistas están quemando las Biblias ahora, ¿los cristianos después?

Los manifestantes en Portland quemaron Biblias fuera del juzgado federal, según un nuevo video. El video destaca los objetivos impíos de las turbas neo-marxistas (Neo-Marxist Woke Mobs). Las turbas en algunas ciudades quemaron iglesias y ahora son Biblias. ¿Qué sigue?
Ian Miles Cheong tuiteó: “Los activistas de izquierda traen un montón de Biblias para quemar frente al tribunal federal en Portland ... No sé qué tiene que ver quemar la Biblia con las protestas contra la brutalidad policial. No se haga ilusiones de que estas protestas y disturbios no son más que un intento de desmantelar toda la civilización occidental y poner fin a siglos de tradición y libertad de religión ".
Y Eric Metaxas hizo una importante comparación histórica. Tuiteó: “Un siglo antes del Tercer Reich, el poeta alemán Heinrich Heine profetizó que donde se queman libros, los humanos pronto también serán quemados. Antifa / BLM ha elegido el descarado camino ateo de Joseph Goebbels. Que el lector entienda.
Esto es lo que se percibe. El mismo espíritu que motiva a las mafias izquierdistas en las ciudades estadounidenses es el espíritu que obliga a los musulmanes uigures de China a la reeducación y los campos de trabajos forzados.




Es la arrogancia de la justicia propia.
Es el legado de Marx, Stalin y Mao y todos esos tiranos.
El mismo espíritu del Anticristo está trabajando hoy.
En tiempos pasados, el público y las élites estadounidenses deplorarían esta conducta. Hoy, es aplaudido por las masas, las élites y los gobernantes de la nación. ¡Ay viene! Incluso grandes problemas para tal nación y pueblo.
Se está acabando el tiempo para salvar a Estados Unidos del desastre.
El crimen aumentó en las ciudades estadounidenses cuando los disturbios sacudieron a Estados Unidos. Los alcaldes demócratas alentaron la violencia con retórica anti-policía y políticas que alentaron protestas y disturbios.  
Sin embargo, estos mismos tiranos de izquierda usan la pandemia para mantener cerradas las iglesias.
¿Dónde está la justicia?
¿Dónde están los valientes líderes cristianos que luchan contra esto?
¿Estás luchando contra esto? Si no, ¿quieres?
¿Tomarás la causa de Cristo y al hacerlo, tomarás la causa de la Iglesia y tu nación?
Porque si no, sus hijos y nietos enfrentarán una América mucho peor. Una distopía donde los cristianos son los perseguidos. Porque es muy cierto que donde queman Biblias hoy, serán cristianos mañana, a menos que algo cambie.
Sé parte del cambio.


agosto 23, 2013

Cómo los cristianos lograron vivir su fe en la URSS.

La luz resplandecía en las tinieblas: Cómo los cristianos lograron vivir su fe en la URSS
Vladimir Vorobev es sacerdote ortodoxo, rector de la Universidad Ortodoxa de Tichon, en la cual preside el Departamento de Historia Moderna de la Iglesia Ortodoxa. Es también rector de la iglesia de San Nicolás de Moscú, y miembro de la comisión sinodal para la canonización de los santos. Y de la redacción científica de la Orthodox Encyclopedia.
Su testimonio fue esta mañana en el ´Meeting de Rímini para la Amistad entre los Pueblos´ que se combinó con la exposición: “Luz en las tinieblas: el testimonio de la Iglesia ortodoxa rusa en los años de la persecución soviética. La relación de Comunión y Liberación con el cristianismo ruso tiene 50 años. Se remonta a cuando el fundador de dicho movimiento católico, Don Giussani, hacía rezar a sus jóvenes delante del ícono de la Trinidad.
Lenin y Stalin intentaron acabar con la fe de su pueblo
El testimonio más importante de la resistencia cristiana al comunismo fue la del padre Vsevolod Spiller (1902-1984), que profetizo que en pocos años caería el sistema soviético y se volvería a la Rusia de la fe.
El rector de la universidad de Tichon contó como el régimen soviético en sus inicios había planificado científicamente exterminio y anulación de la fe ortodoxa a partir de sus sacerdotes y obispos. A tal propósito, dijo, existe una carta de Lenin que documenta este intento.
El momento más violento y negro de las persecuciones anticristianas fue entorno al 1937-38 y se lo llama el período del “gran terror”. Lo que distinguirá al régimen soviético respecto a otras dictaduras fue la voluntad exterminar no solamente miles de personas sino a también enteras categorías sociales.
El tragicómico paradoxo de aquellos años, contó Vorobev, es que el régimen a un cierto punto llegó a difundir por las calles un cartel con la propaganda “La vida se ha vuelto más alegre" e insistía en modo obstinado sobre el mito marxista de que “la religión es el opio de los pueblos”...
¿Cómo fue posible entre tanto que la Iglesia en Rusia haya podido sobrevivir casi 70 años de persecuciones, con sus más altos representantes fusilados, encarcelados, mandados en los gulag o en la mejor de las hipótesis obligados a vivir en la clandestinidad? “Gracias a que existió un pequeño grupo que conservó la fe y que la trasmitió a las generaciones sucesivas”, explico Vorobev.
La fuerza de la oración hizo florecer miles de testimonios de mártires o de sobrevivientes, muchos de los cuales con carismas especiales.
Algunos de ellos tenían poderes taumatúrgicos, otros tenían el don de la profecía, otros aún podían leer en la mente de su interlocutor respondiendo todas las preguntas que iban a recibir. Todos entretanto tenían una virtud, la incapacidad de odiar y la constante misericordia por el propio perseguidor.
Vorobve dijo que la ideología que había perseguido a los cristianos en la Rusia soviética era la misma ideología que persigue a los cristianos de hoy en todo el mundo.
 Al despedirse con gratitud al público del Meeting de Rimini, Vladimir exhortó a “conservar la memoria de estos mártires” y concluyó que “quien vive segundo la fe será perseguido. Y que solamente la fe puede permitir al mundo de seguir viviendo”.

abril 02, 2013

Los tiranos de antes no iban a misa.

Pedro Lastra.
Los bolcheviques de antes no tenían pelos en la lengua ni se andaban disfrazando de santones: proclamaban la dictadura del proletariado, asesinaban masivamente a sus oponentes, hambreaban a sus pueblos y desataban las más impiadosas cacerías contra cuanto bicho de uña se les atravesara en el camino. Eran unos comunistas de pelo en pecho, como Lenin, Stalin, Mao, el mismísimo Fidel Castro y esa pandilla de asesinos, llámense Beria, Vischinsky o Ramiro Valdés, que los secundaban desde sus monstruosos ministerios de “seguridad ciudadana”. Campos de Concentración, paredones, fusilamientos por millones, horca, nucas descerrajadas con golpes de piolet, accidentes amañados de carros de disidentes famosos a los que misteriosamente se les iban los frenos frente a una quebrada o un roble gigante. Todo un arsenal de trampas, celadas, mañas, venenos, puñaladas, torturas, encarcelamiento y mazmorras para padres, madres, esposas, hermanos e hijos de quienes osaran siquiera imaginarse un mundo de paz y concordia o de elemental respeto de los sagrados derechos humanos. Los tiranos de antes no iban a misa.
Lenin inició la camada. Ordenó fusilar a la familia real, sin perdonarle la vida ni a los niños del Zar, asesinar a millones de Kulaks, esos campesinos prósperos que alimentaban a la hambrienta Rusia zarista, mandó colgar a los popes frente a sus feligreses e hizo suya la consigna de su maestro Carlos Marx según el cual “la religión es el opio del pueblo”. Antes de usar la imagen de Cristo o arrodillarse ante un altar, se cortaba las venas. No se diga de Stalin, a pesar de que sus padres lo querían pope y se escapó del seminario cuando ya lucía la santidad de los ungidos. Despreciando el principio cristiano del amor al prójimo se calcula en una cifra cercana a los 30 millones los que ordenó asesinar, sin contar con los millones de camaradas que se pudrieron en las célebres mazmorras de su archipiélago Gulag.
Algo muy tenaz, muy porfiado y persistente tendrá la imagen de Jesucristo en la conciencia de la humanidad como para que a pesar de esas persecuciones anticlericales y ese odio parido contra la Iglesia, los herederos de Lenin y Stalin hagan esfuerzos descomunales por comparar a sus líderes triturados en las inexorables maquinarias de la muerte con Cristo Redentor. Desaparecida la Unión Soviética, una recua de leninistas trasnochados inventaron en Moscú hace unos pocos años la secta de los Cristianos-Leninistas. Usaban el QUÉ HACER del primer comunista de la historia con El Nuevo Testamento del fundador del cristianismo. Y aún se reúnen en alguna placita del Kremlin a rezarle al padrecito Lenin, postrer apóstol del Nazareno.
Algún G2 infiltrado entre los Boinas Verdes bolivianos dispuso el cadáver del mercenario argentino Ernesto Guevara Lynch sobre una artesa de Valle Grande de manera que se asemejara al Cristo yaciente, de Andrea Mantegna. Así, a pesar de ser un asesino serial que a la hora de la duda prefería fusilar campesinos inocentes que pasar por blandengue, los especialistas en manipulación mediática de Fidel Castro universalizaron la duda sistemática sobre las semejanzas entre el hijo de María y el asesino de La Cabaña.
Con Allende no funcionó el fraude, porque Cristo no usaba corbata ni gruesos anteojos de concha. Se suicidó enfundado en una elegante chaqueta de tweed inglesa y abrigado con un sweater de rombos dignos de un estudiante de Cambridge. Los cubanos, genios de la estafa bajo la dirección del más grande estafador de la historia, prefirieron acomodarlo a José Martí, otro aventajado aristócrata con ínfulas liberadoras. Dejaron a Cristo tranquilo.
Y ahora que se les muere en las torpes manos de sus inexpertos cirujanos el último y milagroso proveedor del trono, buscan desesperadamente la manera de convertir a un teniente coronel golpista, convertido en Rey de los mendigos en una lamentable parodia de la Opera de Tres centavos, en la última versión de Jesucristo Súper Milico. Desechada la pureza del marxismo leninismo y asumida la bastardía sincrética de todas las creencias, supercherías y rituales del paganismo africano, no se sabe si Chávez es el último Babalao, el primer Changó redivivo, postrer Tótem funerario o un Cristo de yeso pintado con gorra de paracaidista para vender en los tenderetes de espiritismo esotérico de las Torres del Silencio.
El “opio del pueblo” sigue despertando la fe, la esperanza y la caridad, mientras la cocaína de la santería revolucionaria multienriquece a las altas esferas del régimen y satisface las tristes desventuras de su carne de cañón electoral. Pobre Chávez, que encerado descanse.

febrero 26, 2012

La falsa sujeción de la iglesia a los gobiernos ilegítimos.

¡La falsa sujeción de la iglesia a los gobiernos ilegítimos!
  Hace algún tiempo cierto funciona rio militar en uno de sus intentos de intimidación, me decía de memoria los dos primeros versículos bíblicos de Romanos 13, lo que tal vez le había dicho una y otra vez a pastores manipulados. Al escucharlo y notar el espíritu manipulativo con que me lo decía, me dije: “que mal le han interpretado a esta gente los cobarduchos pastores cubanos lo que Dios nunca dijo en la Biblia”.
Romanos 13:1-3: “1, Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2, De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. 3, Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.”  De aquí se extraen algunas lecciones:
 1ra: La Iglesia Tradicional en Cuba, ha sido la causante de que los enemigos del Evangelio se quieran enseñorear de la Iglesia. Pues en estos textos nada dice que las autoridades están para machucar a los que hacen lo bueno: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo” (v. 3). 
2da: No es normal que alguien esté queriendo humillar o someter al creyente que lo que hace es creer en Dios y predicar Su Palabra. Si por este “delito” eres atacado, el que está mal de remate es el que te atacó, ya que dice la Biblia que lo que estos funcionarios deben de hacer es alabarte o reconocer lo que haces. ¡Nada dice que tienen que infundirte temor en forma de acoso!
3ra: Una de las situaciones más indignas que le puede ocurrir a la Iglesia de Cristo, es dejarse pisotear sus derechos bíblicos y callar, cuando lo que hay es que levantar la voz como nos muestra la Palabra en (Hechos 5:29). Los predicadores cubanos han “enseñado” más por cobardía, que por humildad, el falso concepto de sujeción.
4ta: ¿Quién dice que los gobernantes han sido puestos por Dios? Aprendamos a pensar con la mentalidad hebrea, y en el principio bíblico de que lo que el hombre siembra eso cosecha, (Gálatas 6:7). Dios no ha puesto, ni pone a ningún hombre. Tenemos que conocer la profundidad del lenguaje hebreo en que fue escrita la Biblia, la frase “y las que hay, por Dios han sido establecidas”, se refiere al principio bíblico de autoridad y orden; no al entronamiento de  hombres perversos en puestos de gobierno. Dios es el creador del orden, pero no es él, el que puso a alguien que está tratando de poner una ideología que es contrario al divino (¿puso Dios a Nerón, Stalin, Fidel?(, en otras palabras, lo que los pueblos tienen es lo que ellos “se merecen”, pues en el área espiritual nada resulta inocente, Salomón escribió inspirado por el Espíritu Santo hace algunos años: “Nunca la maldición viene sin causa” (Proverbios 26:2). Las injusticias, los pactos, los asesinatos, las guerras, la idolatría… la gloria, la babosería, los vivas y los aplausos a hombres ególatras; desencadenan hombres corruptos en lugares de gobierno, que van a tratar de neutralizar la obra de Dios, y enseñorearse de esa misma gente que estúpidamente los llevó al poder, y que según nos advierte la Palabra, hasta mostrará n una hipócrita apariencia de piedad, de buena gente (2 Timoteo 3:5).  
5ta: Ante las canalladas hay que levantar la voz. Los falsos representantes de la Iglesia en Cuba, llámese Consejo de Iglesias, o Evangélicos Tradicionales,…, en su empeño de codearse con los que tienen el poder, en vez de enfrentar a estos, la han agarrado contra sus propios hermanos. ¡Hay quienes tienen miedo de enfrentar al opresor, entonces la cogen con los suyos!
6ta: Usemos la autoridad delegada de Dios. No se deje intimidar o manipular por hombres corruptos que tal vez nos quieran enseñar moral en calzoncillos.
El pastor Martín Luther King estudió a fondo la obra de Edgar Brightman, Leyes Morales, y de allí sintetizó la diferencia entre la Ley Moral y los Códigos Sociales:
“(…) Es moral acatar los Códigos Sociales, si estos Códigos están bien hechos por personas que poseen un valor moral reconocido. Sin embargo, la Ley Moral está por encima y debe oponerse a los Códigos Sociales si estos no son justos (…)” (Biografía: Martín Luther King, “La vida por un sueño”, p. 34, María Jesús Rodríguez, Dastin Export, España).
Colegas cubanos, Iglesia del Señor, volvamos a la Biblia y desterremos todo falso concepto transmitido por pseudoevangélicos, que por no ser ellos mismos, han pretendido contaminar a muchos con sus sublimaciones teológicas.
*Líder del Movimiento Apostólico Fuego y Dinámica en Cuba y de la Coalición apostólica. Es Licenciado en Ciencias biológicas. Reside en la provincia de Camagüey, Cuba.
Foto proporcionada por el autor donde aparecen los asistentes a las Escuelas Apostólicas en Macareńo, Camagüey, Cuba. 

noviembre 25, 2011

No quiero ser el Pastor de “El hombre que amaba los perros”.

Por: Pbro. Mario F Lleonart Barroso.*
Lo que terminó de complicar mi credulidad fue sin embargo, el reclamo de una necesaria humildad cristiana proclamada desde el púlpito por unos jerarcas teatrales, de cuya sinceridad empecé a dudar cuando supe de la existencia de autos, viajes al extranjero y privilegios, adquiridos a cambio del olvido del pasado, complicidad y silencio.
Recién acabo de leer la novela El hombre que amaba los perros del talentoso escritor cubano Leonardo Padura Fuentes y he quedado impresionado por el derroche de talento del novelista, lo cual, no obstante, ya tenía confirmado desde mi lectura de sus novelas anteriores.
No ha sido fácil dar con los libros de este escritor de Mantilla. Si relato las peripecias de cómo he logrado encontrarlos podría componer varios post. El mismo Padura tal vez pueda recordar la respuesta que me diera en 2002 en un breve intercambio que sostuvimos vía correo electrónico cuando le solicitaba alguna sugerencia respecto a cómo conseguir sus libros, entonces me respondió: «No sé qué hacen con esos libros que escribo para ustedes».
Salgase a recorrer las librerías cubanas y podrían encontrarse tiradas voluminosas de literatura por la que el público no posee interés alguno, encontrar algo de Padura sin embargo será un verdadero hallazgo ya que sus ediciones cubanas resultan puro símbolo. A pesar de ello me las he ingeniado para conseguirlas, en algunos casos, como en este de El hombre que amaba los perros, en calidad de préstamo formando parte de una larga cola que devora la novela con avidez. Me impresionó tanto la lectura que mi cuenta en Twitter @maritovoz recibió el pasado 8 de noviembre una ráfaga de gorjeos de mis impresiones y de frases extraídas literalmente del libro como una muestra de mi impacto.
El episodio del siglo XX develado en la novela descarna la monstruosidad del stalinismo, y por extensión como lector infiero también su dolorosa metástasis en nuestra versión cubana. No por casualidad el asesino de Trotsky pudo pasar sus temporadas en esta isla que llegó a ser el satélite de la URSS en América, y ahí están como una huella en el tiempo la presencia de sus perros en la película Los sobrevivientes de Tomás Gutiérrez Alea.
Sin embargo, a lo que deseo referirme en este post, independientemente de toda la trama que me atrapara en la lectura de las más de quinientas páginas, y que está a disposición de todos los que se propongan conseguir el libro, es a unas breves palabras con las que Padura habló hondo a mi corazón de pastor. Sobre todo porque siento que es el mismo Padura a través de su personaje Iván quien se me franquea por completo para decirme desde las primeras palabras que conforman la obertura del libro, primera parte, capítulo 1:
-Descansa en paz – fueron las últimas palabras del pastor.
Si alguna vez esa frase gastada, tan impúdicamente teatral en la boca de aquel personaje, había tenido algún sentido fue en ese preciso instante, mientras los sepultureros, con despreocupada habilidad, bajaban hacia la fosa abierta el ataúd de Ana. La certeza de que la vida puede ser el peor infierno, y de que con aquel descenso se esfumaban para siempre todos los lastres del miedo y el dolor, me invadió como un alivio mezquino y pensé si de algún modo no estaba envidiando el tránsito final de mi mujer hacia el silencio, pues hallarse muerto, total y verdaderamente muerto, puede ser para algunos lo más parecido a la bendición de ese Dios con el que Ana, sin demasiado éxito, había tratado de involucrarme en los últimos años de su penosa vida.
Ya casi al final de la novela, en la segunda parte, capítulo 28, se explica el porqué de estas palabras tan sentidas:
Lo que más dolor me producía era ver cómo Ana, a pesar de pasajeras mejorías, se iba apagando entre las cuatro paredes húmedas y desconchadas del apartamentico apuntalado de Lawton. Tal vez por ello, primero como acompañante de la desesperación de mi mujer, y al fin como practicante, me acerqué a una iglesia metodista y traté de cifrar mis esperanzas en un más allá donde quizás encontraría lo que me había negado el más acá. Pero mi capacidad de creer se había estropeado para siempre, y aunque leía la Biblia y asistía al culto, constantemente rompía las reglas de la ortodoxia rígida exigida por aquella fe: demasiadas obligaciones inapelables para una sola vida, demasiados deseos de controlar a los fieles y sus ideas para una religión libremente elegida… Lo que terminó de complicar mi credulidad fue sin embargo, el reclamo de una necesaria humildad cristiana proclamada desde el púlpito por unos jerarcas teatrales, de cuya sinceridad empecé a dudar cuando supe de la existencia de autos, viajes al extranjero y privilegios, adquiridos a cambio del olvido del pasado, complicidad y silencio.
Cuando leo estas palabras de Padura  inevitablemente vienen como intertexto otras de Bonhoeffer, el pastor confesante de la Alemania nazi cuando emite la siguiente autocritica respecto al cristianismo al que perteneció y que me martillan tanto por cuanto temo nos esté pasando lo mismo en Cuba:
Hemos sido testigos silenciosos de hechos malvados, hemos aprendido muchos ardides, hemos aprendido las artes de la simulación y el lenguaje ambiguo; la experiencia nos ha enseñado a recelar de otras personas y bastantes veces hemos sido parcos con la verdad y las palabras francas; conflictos insoportables nos han hecho dóciles o tal vez incluso cínicos… ¿Somos todavía de alguna utilidad? (Palabras del ensayo Después de Diez Años, diciembre 1942).
Leyendo tus palabras Padura una vez más me sentí retado a ser un pastor diferente al que aludes, el pastor que Cristo necesita para esta Cuba maltratada y vejada como lo fue la Rusia de Stalin, uno que se pare en la brecha y cumpla con el rol profético que sin dudas, tienes razón, hemos supeditado a intereses más terrenales para ocasionar reacciones tan lógicas como la tuya, y que arrastramos en Cuba desde Hatuey. Por eso, para retarte en esa incredulidad a la que no debieras conformarte te traigo el consuelo de Martí en uno de sus más polemizados y controvertidos trabajos, «Hombre del campo», cuando experimentando una decepción similar a la tuya, se rebeló renunciando a la increencia que se le pretendía presentar como exclusiva alternativa y exclamó:  ¡No, amigo mío, hay otro Dios!
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su Ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.