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enero 24, 2012

Cuando tratas a los demás como quieres que te traten te liberas.

La Regla de Oro, también denominada como la Regla Dorada o la Ética de la Reciprocidad es la moral común que "une las grandes religiones" y que constituye el gran patrimonio de la humanidad.
Evangelio - Jesucristo -
 "Por tanto, todas aquellas cosas que quisierais que los hombres os hagan, obradlas asimismo con ellos: pues ésta es la ley y los profetas". Mateo 7:12
"También, así como quieren que los hombres les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellos". Lucas 6:31.
"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" Gal.6:7
Analectas de Confucio
 En respuesta a la pregunta "¿Hay algún valor de acuerdo con el cual pueda actuarse a lo largo de la vida?", Confucio respondío:
 "El dicho acerca de la consideración: Nunca obres con los demás lo que no quieras que obren contigo". 15:23
Mahabharata
 "No debería comportarse de forma que sea desagradable para uno mismo: ésta es la esencia de la moralidad". XIII, 114, 8.
"No hagas a los demás lo que no es bueno para ti." XIII, 115, 22.
Escrituras budistas
 "Un estado que no sea agradable o placentero para mí, tampoco lo será para él; y ¿cómo puedo imponer a los demás un estado que no me resulta agradable ni placentero para mí?" Sanyutta Nikaya V, 353.35-342.2.


Escritos zoroastrianos, Gãthãs
 "Lo que es bueno para todos y para uno, para quien quiera: eso es bueno para mí. (...) Lo que sea bueno para mí, eso mismo debería juzgarlo para todos". 8ª Gãthã, Yasna 43:1.
Libro de Tobías, Antiguo Testamento
 "Lo que no desees para ti, no lo hagas con los demás" 4.15
Talmud
 "No obres con los demás aquello que no desees que obren contigo." Rabino Hillel, Shabbat 31a.
Corán
 "Ay de los que escatiman, esos que, cuando se miden con la gente, dan la medida completa, más cuando miden o pesan para ellos, la soslayan." 83:1-3, Muhammad
Hadiz de Al-Bukhárí
 "Ninguno de vosotros tiene fe si no desea para su hermano lo que desea para sí". Al-Bukhárí, Citado en Maulana Muhammada 'Ali, A Manual of Hadith, cap. II, nº9.
Palabras Ocultas
 "¡Oh, hijo del Espíritu! En verdad, has de saber, que quien exhorte a los hombres a ser justos en tanto que él mismo cometa iniquidad no es de los Míos, aunque lleve Mi nombre (...) ¡Oh hijo del Ser! No atribuyas a ningún alma lo que no desearías que te atribuyesen a ti, ni digas lo que no haces. Éste es Mi mandamiento para ti, cúmplelo. Árabe 28-29. Bahá'u'lláh
Kalimát-i-Firdawsiyyih
 "Escoge para tu prójimo lo que escoges para ti mismo". Tablas 6:20. Bahá'u'lláh
Kitáb-i-Íqán
 "No debería  desearles a los demás lo que no desee para sí, ni prometer lo que no haya de cumplir." 215. Bahá'u'lláh
Súratu'l-Mulúk
 "No cargues ningún alma con lo que no desearías que cargasen sobre ti, ni le desees a nadie ninguna de las cosas que no deseáis para vosotros mismos". Pasajes 66:8. Bahá'u'lláh
Kitáb-i-Aqdas
 "No deseéis a los demás lo que no deseéis para vosotros mismos". Kitáb-i-Aqdas 148. Bahá'u'lláh
El mensaje de Silo
 "Cuando tratas a los demás como quieres que te traten te liberas" El Mensaje de Silo, El Libro, Cap. XIII "Los principios", Principio 10
"Nos proponemos dar creciente cumplimiento a esa regla que nos recuerda tratar a los demás como queremos ser tratados" El Mensaje de Silo, La Experiencia, Ceremonia de Reconocimiento
"Aprende a tratar a los demás del modo en que quieres ser tratado" El Mensaje de Silo, El Camino, Párrafo 5°

junio 18, 2008

El anciano inquisidor.

Por: Rigoberto Menéndez. *
La disyuntiva teológica del binomio pan-libertad, ha sido colocada subrepticiamente en el índex de la realidad cubana. En mi caso, tratar sobre el tema significará volver sobre la obra de Dostoievski, y no porque el novelista ruso tenga la última palabra, sino porque el tema es uno de los que identifica su creación.
Se trata de un monólogo que sienta bases en El Evangelio según San Mateo. Uno de Los Karamazóv, Iván, en la taberna del pueblo, expone las dudas que tiene respecto a la legitimidad de Dios a su hermano menor, Aliosha, recitando de memoria el monólogo de un ficticio personaje de la Sevilla del siglo XVI, en el marco de un drama en el que El Mesías, luego de su advenimiento y de pasear las calles de la ciudad haciendo milagros, es mandado a arrestar por el anciano inquisidor.
Las causas del arresto las expone el anciano en una visita nocturna que le hace a la celda: “toda esa gente que hoy Te siguió devota por las calles, mañana, a una orden mía, correrá a atizar la hoguera en que arderás, acusado de herejía” Iván no cree en Dios porque, al igual que su personaje, no cree en las grandes mayorías. Iván las desprecia por considerarlas débiles y apocadas. Considera la libertad una gracia reservada solo a los grandes hombres, quienes, por grandes que son, se encuentran en la obligación de ejercer sobre las mismas una dominación paternalista. El anciano inquisidor, entre otras cosas, le reprocha al Mesías haber alegado que no solo de pan vive el hombre cuando el diablo le tentó a que convirtiera las piedras en pan: “Tú quieres irle al mundo y le vas, con las manos desnudas, con una ofrenda de libertad que ellos, en su simpleza e innata cortedad de luces, ni imaginar pueden que les infundes horror y espanto (...) porque nunca en lo absoluto, hubo para el hombre y la sociedad humana nada más intolerable que la libertad (...) ¿Y ves tú esas piedras en este árido y abrasado desierto? Pues conviértalas en pan y detrás de Ti correrá la humanidad como un rebaño agradecida y dócil, aunque siempre temblando, no sea que Tú retires tu mano y se le acabe tu pan.”
Al mezclar cinismo con paternalismo, se hace ilegítimamente con el poder y lo legitima. Confiesa al prisionero, en el secreto oscuro de la celda, que lo hace por el bien de esa masa de simples y cortos de luces a los que les horroriza la idea de ganarse el pan con esfuerzo propio, al la vez que le reprocha haber rechazado la propuesta del Maligno al no haber sucumbido a las tentaciones. Pan, milagro, y poder, le ofreció el diablo en el desierto al Mesías para erigirse por encima de los simples, y las tres las rechazó anteponiendo libertad, fe, y tolerancia.
Este pugilato de conceptos es precisamente lo que lo convierte en el oponente irreconciliable del anciano inquisidor. Los tiranos se admiran entre sí sean de la casta que sean. Se admiran porque se consideran hombre fuertes que, valga la redundancia, han puesto esa fuerza a disposición de la masa de simples, a la que ofrecen protección a cambio de que pongan en sus manos la libertad, porque, como simples que son, “teme” que un mal uso de la misma los lleve directamente al caos. Por su parte, el anciano inquisidor reconoce la grandeza de la ofrenda de libertad del Mesías, a pesar de estar plenamente convencido que, de ponerse en práctica, sobrevendrá el fin de lo que predica.
El Mesías, con su ofrenda, se ha convertido en un disidente: es un hombre grande que se ha negado a ejercer la autoridad que supuestamente le corresponde por naturaleza. Por eso es condenado a arder en una hoguera a la mañana siguiente, que será atizada a una orden del inquisidor por los mismos simples a los que pretendió liberar. La libertad es la gran herejía porque supone el pan inseguro, el pan fruto del esfuerzo responsable de los simples que destronará al tirano una vez que aprendan a valerse por si mismos, según el argumento del Mesías disidente, contra el pan que ofrece el inquisidor; un pan seguro aunque rancio y escaso, pero humillante. Humillante porque se vale de la fuerza y del terror para arrebatarlo a quienes lo producen, para después devolverlo a cucharadas que, como si no bastara, tienen que agradecer de por vida en nombre de la justicia y la equidad.
*Articulo aparecido en la Revista Digital Consenso.