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abril 14, 2026

Fidelidad, Conciencia y Libertad: Respuesta abierta a la Convención Bautista de Cuba Occidental.

 Estimados lectores y seguidores del Blog Religión en Revolución:

Tal como prometimos, procedemos a publicar de forma íntegra la respuesta enviada por el Pastor Mario Félix Lleonart Barroso, coordinador del Instituto Patmos, al presidente de la CBCOcc, Bárbaro Abel Marrero Castellanos.

Este texto surge como una réplica necesaria tras la carta enviada por el líder de la Convención y las recientes alusiones a la situación de la libertad religiosa en la isla. El documento no solo aborda cuestiones institucionales, sino que coincide simbólicamente con el aniversario 20 de la ordenación al ministerio del Pastor Lleonart y fechas de profunda relevancia histórica para el pueblo bautista cubano.

Los invitamos a leer con detenimiento esta exposición y a compartir este post en sus redes. Nuestro objetivo es abrir un espacio de reflexión: los exhortamos a participar en el diálogo o la polémica de forma constructiva, aportando sus puntos de vista desde el respeto y el compromiso con la verdad. Aquí la carta:

7 de abril de 2026 Año del Señor y aniversario 20 de mi ordenación al Ministerio


Hermano Bárbaro Abel Marrero Castellanos:

Saludos en el Nombre del Señor.

Recibí tu carta con atención y la respondo, en la misma fecha en que la recibí, 7 de abril de 2026, coincidentemente con el 20 aniversario de mi ordenación al ministerio, que ocurrió en 2006 en Cuba. Ese día hice un compromiso solemne delante de Dios y de la iglesia: predicar la verdad, defender la libertad del evangelio y no callar ante lo que considero injusto, aunque eso pueda generar dolor o incomprensión, incluso entre hermanos.

Nunca olvidaré que entre todas las bendiciones de mi ministerio desde entonces, estuvo el poder estar, en 2011, al lado de uno de tus hermanos de sangre en sus últimas horas de vida, enfermo de cáncer en el Hospital Oncológico de Santa Clara, escuchar de sus labios la oración de fe y elevar mi propia oración por él a Dios. Ese momento quedó grabado en mi corazón como un recuerdo sagrado.

Además, por estos días precisamente se cumple también el aniversario de la Primavera Negra Bautista de 1965 —el 9 de abril, hace 61 años, cuando se anunció públicamente la represión contra pastores— y el de la ejecución en Alemania del mártir Dietrich Bonhoeffer, el 9 de abril de 1945. Estos recordatorios nos llaman a la fidelidad en medio de la adversidad.

Sorprendentemente, tu respuesta llega antes de una declaración formal mía al comunicado que enviaste a todas las iglesias de la Convención Bautista de Cuba Occidental con fecha 23 de marzo. Tu carta responde a alusiones que se hicieron a dicho comunicado en dos entrevistas públicas que no estuvieron dedicadas por completo a este tema (una con Yaima Pardo, y otra con Mario Pentón, ambas para Martí Noticias). Hasta ahora, por cierto, en ninguna entrevista había mencionado tu nombre. Y tampoco había realizado una respuesta formal desde mi canal personal. Solo, como en los dos casos que mencionas, en entrevistas a terceros, y en las que siempre, de manera muy suave, había aludido a la situación general de la Convención. Sin embargo, tu carta, recibida en medio de los aniversarios tan especiales que te menciono, ha hecho que este asunto salga a la palestra.

Entiendo el tono de decepción y dolor en tus palabras. No es fácil escuchar críticas sobre una obra en la que se ha invertido tanto esfuerzo y sufrimiento (yo incluido por cierto). Sin embargo, no puedo aceptar que señalar las presiones del gobierno sobre la iglesia sea equivalente a desprestigiarla o unirse a sus enemigos. Mi preocupación nunca ha sido contra la fe de los hermanos que sirven fielmente en Cuba bajo circunstancias muy difíciles, sino contra el control sistemático que la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos, dirigida por Caridad Diego, ejerce sobre las denominaciones, las reuniones, los mensajes y las actividades públicas.

Fue la misma Caridad Diego por cierto quien tenía prohibido conceder permiso de reconstrucción al techo de la iglesia que yo pastoreaba en Taguayabón, y que también negaba servicios básicos como la instalación de un teléfono. Luego de mi salida de Cuba —por sus presiones y por los “consejos” de muchos líderes convencionales—, no solo concedió todos los permisos, sino que se priorizó el proceso y se alardeó en las redes del nuevo edificio y de las visitas de delegaciones extranjeras que ahora van al santuario que se pudo construir “ahora que ya no está el pastor Mario Félix”.

Por supuesto, no revelaré las fuentes que me aseguran lo que Caridad Diego ha pedido en sus reuniones, pero confío 100% en ellas, no solo porque los conozco personalmente, sino porque son precisamente hermanos que lo están dando todo y arriesgando todo dentro de Cuba, aunque ni siquiera hayan tenido el privilegio de una visa, ni de salir jamás de la isla cárcel, y algunos ni siquiera un pasaporte.

Las violaciones a la libertad religiosa en Cuba no se limitan al territorio nacional; incluyen formas de represión transnacional. Hasta en Estados Unidos he sufrido las consecuencias de esa mano larga. Como parte de ello, y cumpliendo una amenaza que Caridad Diego había hecho en su momento, aún no he podido terminar mi Doctorado en el Midwestern Baptist Theological Seminary (MBTS), a diferencia de ti, que desde Cuba sí lo conseguiste. Este es solo un ejemplo de un detalle que actualmente se encuentra en proceso de investigación porque de probarse lo que ya he averiguado, nos encontramos ante interferencias desde un Partido Comunista extranjero en una institución académica norteamericana, y esto por supuesto es algo muy serio, y que no solo me concierne a mí, sino también a otros aspirantes a quienes, con un perfil parecido al mío, también se les ha excluido, como es al caso de alguien a quien también conoces, a nuestro consiervo Raudel García Bringas, a quien ni siquiera se aceptó para iniciar estudios en ese Seminario en el que muy bien aludes en tu carta, cuando me echas en cara que posees la más alta titulación acreditada de este país.   

He visto con mis propios ojos, y muchos otros también lo han documentado, cómo la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos condiciona permisos, visas, registra iglesias, vigila pastores y, en no pocos casos, influye en decisiones internas de las convenciones. Esto no es una calumnia, sino un hecho constatado por informes internacionales de libertad religiosa: USCIRF, CSW, Open Doors y el propio Departamento de Estado de EE. UU. Señalarlo no busca dañar a la iglesia, sino alertar sobre su vulnerabilidad ante el control estatal.

Tu carta me recordó, inevitablemente, la amenaza que recibí antes de la presentación de mi moción en la 102 Asamblea Anual de la Convención Bautista de Cuba Occidental en 2011, de parte de tu predecesor, el Dr. Víctor Manuel González Grillo. En la noche del martes 22 de marzo, después de presentadas ese día las mociones para asuntos varios que se discutirían el viernes 25 de marzo, al terminar la celebración en la iglesia bautista El Calvario, en medio de la multitud que se saludaba, durante el apretón de manos me dijo: “Si presentas esa moción el viernes, te voy a destruir”. Si estabas allí tal vez recuerdes que era una moción en la que proponía que nuestra Convención escribiese precisamente una carta pública donde mostrásemos como bautistas nuestra preocupación respecto a hechos que no contribuían a la paz de la nación; tal y como se había insistido en otras misivas anteriores, y en otras después, respecto a nuestras posiciones como bautistas ante otros asuntos.

Respecto a ti personalmente: no insinué que tus motivaciones fueran por conveniencia material ni que actúes únicamente por órdenes directas. Lo que sí he cuestionado y cuestiono es la postura pública de la Convención cuando parece priorizar la “unidad” y la permanencia en Cuba a costa de no denunciar con claridad las violaciones sistemáticas a la libertad religiosa y a los derechos humanos en general. Eso no es juzgar tu corazón —solo Dios lo conoce—, sino evaluar el impacto público de ciertas declaraciones y silencios.

No me considero un héroe ni busco fama. Soy un pastor exiliado que bien hubiese preferido no haber tenido que salir nunca de mi país, como salí, y como salieron tantos otros, incluidos muchos de los que sobrevivieron a aquella primavera de 1965, y otros hermanos como Raudel García Bringas, a quien muy bien conoces, que seguimos sufriendo las consecuencias de haber hablado con claridad dentro de Cuba. Mi compromiso sigue siendo el mismo de 2006 cuando fui ordenado al Ministerio: ser sal y luz, aunque eso signifique ser incómodo en ocasiones.

En polvo y ceniza, oro como me pides, por mí, pero también por ti, por la Convención Bautista de Cuba Occidental, y por todos los pastores y creyentes que sirven fielmente en medio de la adversidad. Que el Señor nos conceda a todos sabiduría, valor y discernimiento para distinguir entre lealtad a Cristo y lealtad a sistemas humanos.

En el amor y la verdad de Cristo,

Mario Félix Lleonart Barroso

Pastor y Coordinador del Instituto Patmos

 

Preguntas para el diálogo del editor del Blog :

·         ¿Cómo debe equilibrar la iglesia su labor pastoral con el deber ético de denunciar las presiones y el control de los sistemas políticos?

·         Ante la historia de la "Primavera Negra Bautista" y los testimonios actuales, ¿considera usted que el silencio institucional es una estrategia de supervivencia o una concesión frente al poder?

·         ¿De qué manera la represión transnacional y las limitaciones académicas mencionadas afectan el futuro del liderazgo ministerial cubano dentro y fuera de la isla?

·         ¿Es posible lograr una verdadera unidad eclesiástica cuando existen visiones tan distintas sobre la transparencia y la relación con la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos?

Esperamos sus comentarios y reflexiones debajo.

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Créditos: Editor del Blog Religión en Revolución [cubareligion@yahoo.com]




abril 02, 2012

Nuestra cuota de represión por la visita de Benedicto XVI.


 La 103 Asamblea Anual de la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental, a la cual pertenezco, concluía el sábado 24 a las 6 de la tarde. Era el motivo por el cual mi esposa Yoaxis y yo nos encontrábamos en La Habana desde el lunes anterior, 19 de marzo, separados de nuestras dos niñas, y de las iglesias en las que trabajamos en el centro de la isla. Sin embargo las noticias que llegaban desde allá no eran muy halagüeñas como para que regresásemos. Por la visita de Benedicto XVI algo inconcebible se suscitaba a lo largo y ancho de Cuba: una verdadera cacería humana que atrapaba como delincuentes comunes y temibles terroristas a personas pacíficas sencillamente preocupadas por la deplorable situación de los derechos humanos en su nación. Amigos detenidos, familias enteras cercadas, teléfonos interrumpidos, personas desaparecidas; eran las noticias que nos llegaban, y era lo que realmente sucedía tras las bambalinas en contraposición del llamativo orden en las plazas donde el Papa oficiaría misa.   Ante tal situación, y dando por hecho que algunas de estas variantes represivas, o varias a la vez, podían caer sobre nosotros, decidimos permanecer en la capital contra todo riesgo.
Foto: El Pastor Lleonart viendo la misa por TV mientras estaba en detencion domiciliaria.
  Nos planificamos un itinerario lo más variado posible que por un lado nos mantuviese moviéndonos constantemente, sin sitio fijo, y que por el otro nos brindase la posibilidad de realizar actividades provechosas en medio de un verdadero clandestinaje. Uno de los momentos más descollantes fue el servicio religioso en el que participamos en pleno malecón de La Habana con la iglesia callejera Alcance Victoria que como parte del ministerio internacional Victory Outreach rescata tesoros en medio de tanta oscuridad. En esta peregrinación muy nuestra, dando tiempo a que el Papa se marchase, e intentando sobrevivir sin ser capturados, el martes 27 al anochecer nos dirigimos a casa de un colega pastor que se esmeró en preparar una sabrosa cena que compartíamos animosamente en compañía de su familia, en su casa repleta de niños del barrio que se preparaban para lo que ellos llaman una noche de pillamada, ajenos por completo a la presencia de un Papa en Cuba. Como parte de nuestro riguroso cronograma no nos permitíamos permanecer más de tres horas en un mismo sitio y de casa de nuestros hermanos en la fe pensábamos trasladarnos hasta un punto no fijo en el malecón habanero desde el cual pretendíamos contemplar la presencia de la otra Cuba que también deseaba hacerse presente en medio de tanta euforia, la de la diáspora, a través de una nueva flotilla autodenominada Luces de Libertad, que como la otra realizada en diciembre en vísperas del Día Internacional de los Derechos Humanos, saludaría a través de fuegos artificiales a los cubanos secuestrados en esta isla calabozo.
Foto a la izquierda: Orlando Luis Pardo Lazo, quién fue detenido junto a su novia Silvia,  en plena calle, en operativo  y llevados a calabozos en estación de Regla.
  Fue casi finalizando la cena cuando tocaron a la puerta del apartamento en el que nos encontrábamos. Era la Seguridad del Estado, a través de dos de sus agentes, que nos habían localizado y se presentaban con la prohibición explícita, a mi esposa y a mí, de  participar al día siguiente en la misa que Benedicto XVI oficiaría en la Plaza de la Revolución. Les explicamos que nuestra presencia en La Habana tras concluir la 103 Asamblea Anual de la Convención Bautista no se debía principalmente a nuestro deseo de participar en dicha misa, sino a evitar esta represión que ahora finalmente acá también se hacía presente. Evidentemente la orden que traían los agentes era la de detenernos a los dos, como hicieron con centenares. El hermano que nos acogía y su familia, aglutinados todos en la puerta, evitaron la detención expresando a los agentes que ellos estaban en la mejor disposición de brindarnos su casa para pasar la noche y de ver juntos al día siguiente la misa por televisión. 
Foto a la derecha: En el encuentro entre los acosados, al fondo Yoani Sánchez, quien también estuvo vigilada y con censura telefónica.
Los agentes, un poco perturbados por este ambiente de paz y concordia que a las claras se observaba, y que ellos de cierta manera habían interrumpido, nos dijeron que en lo que de ellos dependía no había problemas pero que debían consultar a las instancias superiores. Pidiéndome que les acompañase a solas hasta la escalera del edificio, lo cual hice sin resistirme, dispuesto al arresto ordenado, el único de los dos agentes que todo el tiempo hizo uso de la palabra me dejó un momento a solas bajo la custodia del otro y realizó una llamada, supongo que al mando central del operativo, y tras recibir confirmación me expresó que aceptaban mi presencia en aquella casa de la cual no podría moverme mientras mantuvieran la vigilancia. Fue así como pasamos una divertida noche de pillamada en casa de nuestros amados hermanos en la fe mientras los agentes permanecían de vigilancia, no puedo contabilizar cuantos eran en total, pero sí afirmar que eran muchos más que los dos agentes que dieron la cara. Algo que nos llamó poderosamente la atención es que el tipo de transporte que utilizaron poseía matricula privada y que incluyó como mínimo dos autos modernos color blanco uno y verde oscuro el otro, más una moto Suzuki, la cual no podía faltar.
Foto a la izquierda: el joven Ismael de Diego, uno de los tantos desaparecidos en el operativo Voto de Silencio. Sostiene el micrófono Eliecer Ávila y en el centro el joven grafitero conocido como EL SEXTO quien durante el operativo fue llevado a las mazmorras de Santiago de las Vegas.
Nuestra cuota de represión por la visita de Benedicto XVI, a pesar de todo, no fue de las más altas. Justo antes de regresar de La Habana un grupo ínfimo de todos los reprimidos nos reunimos en casa del joven cineasta independiente Ismael de Diego, nieto del grande de las letras cubanas Eliseo Diego, quien también fue víctima, y allí nos enteramos de infinidad  de desmanes de todo tipo, aún teniendo en cuenta de que quienes nos reuníamos esa tarde de jueves 29 constituíamos los más afortunados, como lo demostraba el hecho de haber podido llegar hasta allí, aún con nuestros teléfonos incomunicados.   La inmensa mayoría de los excluidos y repudiados se encontraban distantes y maniatados en provincias como la nuestra, donde comúnmente la represión suele ser mayor e impune. Como resultado de nuestra reunión coincidimos en un documento de denuncia que firmamos y entregamos en la Nunciatura Apostólica por vía del sacerdote católico José Conrado, presente entre nosotros, con móvil interrumpido también, quien nos dedicó palabras que expresaron su profundo lamento por lo que nos sucedió a todos en el marco de la visita papal.
   Si algo puso de manifiesto la visita a Cuba de Benedicto XVI fue la brutal represión que  dentro de Cuba, y muy alarmantemente parece que para muchos en el mundo también, es vista ya como fenómeno normal y tolerable, muy propio de un Sistema considerado infuncionable hasta por sus propios actores, pero al cual no obstante es concedido reconocimiento y beneplácito. Esta vez el exagerado operativo, coincidente con el cincuenta y tres aniversario de los órganos represivos de la Seguridad del Estado, ha sido bautizado como Voto de Silencio, e indudablemente constituye el mayor ejercicio de este tipo que haya tenido lugar desde la Primavera Negra de 2003, y muchos lo intuyen solo como el preámbulo de represiones futuras tras las cuales muy bien pudiera ser, a diferencia de esta, que las víctimas nunca vuelvan a reencontrarse. Oremos y trabajemos para evitar que se produzca en Cuba un posible baño de sangre tan propio de regímenes decadentes como este. Una transición pacífica hacia una auténtica democracia, por perfectible que esta sea, constituye cuestión de sobrevivencia para muchos en medio de una peligrosa impunidad creciente.
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su Ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.