Por Nilda C. Estévez
"Mas el Señor está conmigo como PODEROSO GIGANTE;
por tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán; tendrán perpetua
confusión, que jamás será olvidada". Jeremías 20:11
El desánimo y el pesimismo son armas
silenciosas. A menudo asoman en la cotidianidad, intentando tomar partido de
nuestros pensamientos, sembrando la duda frente a realidades oscuras o procesos
que parecen interminables. Sin embargo, es precisamente en la hora más gris
cuando la Palabra se activa. Al volver la mirada a las Escrituras, reaparece
con fuerza el testimonio del profeta Jeremías, obligándonos a meditar en una
pregunta fundamental: ¿En quién está verdaderamente depositada nuestra fe?
Al recordar las palabras del profeta,
renace la confianza en el mismo Dios vivo que lo sostuvo en medio de la
persecución y el aislamiento. Es ese mismo Dios que siglos más tarde se
manifestó plenamente en la historia a través de la persona de Jesucristo. Él no
vino con las armas del mundo, sino como el Siervo Sufriente para la Redención
de la humanidad. En Su sacrificio y posterior victoria sobre la muerte, se
desarma todo argumento del enemigo. Ante esa certeza, el temor se disipa, la
ansiedad retrocede y la tristeza da paso a una convicción inquebrantable: Dios
está en absoluto control.
El mundo actual, inmerso en crisis de
identidad y relativismo, tiene la necesidad urgente de conocer al Dios
verdadero. No a un concepto abstracto, sino al Dios vivo de las Escrituras.
Para que esto ocurra, el testimonio de la Iglesia es crucial; quienes creemos
en Él debemos ser canales limpios y valientes, capaces de transmitir Su verdad
con fidelidad, coherencia y poder espiritual.
Esta fe no es ajena al dolor de la realidad terrenal. Al contrario, la fe nos mueve a la intercesión ferviente por los oprimidos. Por eso, elevamos un ruego unánime por Cuba, la patria esclava. Oramos para que el Dios soberano rompa de una vez y por todas las cadenas espirituales, políticas y sociales que atan a la nación. Rogamos para que Su Paz y Su Amor inunden los corazones de un pueblo que ha sufrido el peso del engaño y la opresión.
Pedimos que descienda la verdadera justicia divina. Aquellos que hoy se creen dueños de vidas, destinos y conciencias deben saber que hay un tribunal supremo. Oramos para que se rindan ante la soberanía del Altísimo y para que cesen definitivamente las mentiras que han sostenido el cautiverio. Confiamos plenamente en que el PODEROSO GIGANTE marchará al frente, derribará los muros de la opresión y abrirá, de par en par, el anhelado camino de la LIBERTAD.
Fuente
original: Publicado por la
autora en su perfil de Facebook.
Fecha de reflexión original: 30 de mayo de 2026.
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