A las puertas de celebrar su 250º aniversario, Estados
Unidos se encuentra inmerso en una intensa batalla cultural y política sobre su
identidad: ¿Es realmente una nación cristiana? Aunque la mayoría de los
historiadores coinciden en que el país nunca ha tenido una religión oficial, el
peso del cristianismo en su cultura, leyes y vida pública es innegable. Hoy,
este dilema histórico vuelve a estar en el centro del debate público.
El detonante político actual
El debate
ha cobrado una nueva fuerza en la era Trump. Coincidiendo con el hito de los
250 años del país, la administración actual ha organizado el evento
"Rededica 250" (Rededice 250) en el National Mall, con el objetivo
explícito de "rededicar a Estados Unidos como una sola nación bajo
Dios". Este movimiento está impulsado en gran medida por sectores
evangélicos y nacionalistas cristianos que sostienen que el país siempre fue, y
debe seguir siendo, un estado cristiano.
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“The Prayer at Valley Forge” engraving
from an original painting by Henry Brueckner. (Image courtesy of Library of
Congress/Creative Commons)
Tres perspectivas clave en la disputa
Para
entender la complejidad de esta discusión, los expertos analizan el tema desde
diferentes ángulos:
·
La postura del nacionalismo cristiano: Defensores
conservadores argumentan que la Primera Enmienda de la Constitución se diseñó
para proteger a la religión de la intervención del gobierno, no al revés. No
obstante, las corrientes más radicales sugieren que solo los cristianos
deberían gozar de plena libertad religiosa o derecho a gobernar, relegando a
otras fes a una especie de ciudadanía de segunda clase.
·
La separación Iglesia-Estado (El caso Everson): Expertos
legales y progresistas se apoyan en una histórica sentencia del Tribunal
Supremo de 1947 (Everson contra Junta de Educación), la cual estableció
formalmente un "muro de separación inexpugnable" entre la iglesia y
el estado. Esta interpretación jurídica ha servido para eliminar las oraciones
oficiales y lecturas bíblicas en las escuelas públicas.
·
La desmontada de mitos históricos: Historiadores como
Warren Throckmorton señalan que muchos de los argumentos conservadores se basan
en mitos. Por ejemplo, se suele difundir la historia de que los padres
fundadores redactaron la Constitución tras arrodillarse a rezar a petición de
Ben Franklin; sin embargo, los registros históricos demuestran que la
convención decidió no hacerlo.
Un pasado con múltiples
lecturas cristianas
El
artículo destaca que, incluso entre los propios cristianos, nunca ha existido
un consenso sobre cómo debe gobernarse el país:
Dos
formas opuestas de entender el mandato cristiano: Mientras que a finales del
siglo XIX el movimiento del Evangelio Social utilizaba la fe para exigir
viviendas dignas para los pobres, salarios justos y la bienvenida a los
inmigrantes; los sectores conservadores actuales enfocan la influencia
cristiana en la obtención de poder político y la oposición al aborto y al
matrimonio igualitario.
Por otro
lado, figuras históricas como Martin Luther King Jr. también recurrieron a los
valores "judeocristianos", pero lo hicieron para defender los
derechos civiles y demostrar que la lucha por la igualdad racial formaba parte
del "sueño americano" y de los principios más sagrados de la
fundación.
Conclusión: El reto del
pluralismo moderno
El
verdadero desafío de Estados Unidos al cumplir su cuarto de siglo no es
reescribir la historia para encajar una agenda política, sino descubrir cómo
hacer convivir los ideales fundacionales de libertad e igualdad en una sociedad
moderna que es cada vez más plural, diversa y multi-religiosa. Los fundadores
de la nación sabían que el país cambiaría, y dejaron claro que la libertad
religiosa debía amparar a todos, sin distinción.
Recopilación y resumen del editor del Blog Religión en Revolución
a partir del articulo: A Christian nación? At 250, America
is still fighting over what that means. By Bob Smietana

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