mayo 28, 2026

La Fe que no se rinde: El despertar de la resistencia evangélica frente al control en Cuba

 

La comadre Caridad Diego junto al Reverendo Dopico 


La realidad de la fe en Cuba se mueve hoy en un escenario de tensiones extremas, donde la línea entre la supervivencia institucional y la complicidad política es cada vez más delgada. A propósito de los complejos aniversarios que rodean al Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (SET) y al Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), diversas voces autorizadas, activistas y pastores en el exilio han alzado la voz para desnudas los mecanismos de control, chantaje y persecución que la dictadura cubana ejerce sobre el movimiento cristiano en la Isla.

¿Formación teológica o adoctrinamiento político?

Uno de los puntos más críticos del debate se centra en el Seminario de Matanzas (SET), una institución fundada en 1946 con un prestigio histórico en la región, pero que hoy es señalada por exalumnos como una extensión del Partido Comunista de Cuba (PCC). «Es prácticamente una escuela del Partido», asegura Víctor Manuel Dueñas, exseminarista y activista de derechos humanos. Según los testimonios, las aulas teológicas han dado espacio a asignaturas de Marxismo y conceptos de la Teología de la Liberación alineados con la retórica oficialista, enfocados en culpar de forma sistemática al embargo estadounidense mientras se suaviza la imagen del régimen.

El periodista e investigador Yoe Suárez, autor del próximo libro Hoz y cruz: evangélicos, resistencia no violenta y el último régimen totalitario de Occidente, coincide en que el SET fue «asaltado» por el aparato estatal para convertirlo en un brazo útil de su propaganda. Aunque aclara que esto no significa que todos sus egresados sean acólitos del sistema, sí evidencia cómo el espíritu del seminario ha sido moldeado para hacerle una «manicura política» a la dictadura a través de la fe.

Un mapa eclesial dividido: Afines, neutrales y perseguidos

El control religioso en Cuba no se aplica de forma homogénea, sino mediante una estrategia de división. Por un lado, se encuentra el rancio oficialismo del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), liderado por figuras como el reverendo presbiteriano Joel Ortega Dopico, quien además ostenta el cargo de diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Junto a la Iglesia Presbiteriana, corrientes como la Iglesia Bautista Libre, los cuáqueros de Holguín y la Iglesia Anglicana son ubicadas en la órbita de influencia o cercanía con el Estado.

En la acera opuesta, denominaciones como las convenciones bautistas de Cuba Occidental y Oriental, la Iglesia Metodista, Los Pinos Nuevos y las Asambleas de Dios han intentado marcar distancias. Sin embargo, la neutralidad es un lujo que el régimen no permite. Quienes intentan mantenerse al margen sufren presiones directas sobre sus líderes o pastores, llegando a la expulsión de ministerios simplemente por interactuar o dar likes a publicaciones consideradas contrarrevolucionarias en redes sociales.

El chantaje de la Oficina de Asuntos Religiosos

El verdadero rostro del control estatal lo encarna Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del PCC (e incluida en la lista de represores de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba). A finales de 2025, Diego Bello recorrió el país con una exigencia clara para los líderes cristianos: «neutralidad» absoluta. La demanda implicaba que los pastores y sus feligreses debían guardar silencio ante la represión estatal y abstenerse de cualquier tipo de solidaridad con las víctimas de la dictadura.

¿El mecanismo de extorsión? Las visas y los viajes. «Las denominaciones que defienden al régimen lo hacen por temor a que se les nieguen salidas al exterior y visas», denuncia la pastora Vivian Barrero Toledo, de Las Tunas. Quienes no ceden al chantaje se enfrentan a la prohibición de viajar o a la revocación de visas religiosas para los misioneros extranjeros que ingresan ayuda humanitaria al país.

Lamentablemente, el chantaje surtió efecto en varios sectores. El pastor exiliado Enrique de Jesús Fundora señala con dolor cómo instituciones como la Convención Bautista Occidental llegaron a emitir declaraciones públicas pidiendo no involucrarse en política, dando la espalda a sus propios miembros perseguidos por las fuerzas represivas.

La criminalización de la fe independiente

Para quienes deciden predicar la verdad sin filtros gubernamentales, el costo es la ilegalidad. Durante el año 2025, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) documentó al menos 873 violaciones a la libertad religiosa en la Isla, que van desde el hostigamiento a laicos y sacerdotes hasta acciones contra presos políticos y sus familias.

En Cuba, la falta de personalidad jurídica y la prohibición histórica de construir nuevos templos (vigente desde 1959) deja a las iglesias independientes en una vulnerabilidad absoluta. Al no estar registradas legalmente, el régimen cuenta con una «carta blanca» para perseguir a los pastores como si fueran delincuentes comunes. «Cada vez que un pastor en Cuba se levanta y predica la verdad, se convierte inmediatamente en un disidente», concluye la pastora Barrero.

La Iglesia evangélica cubana no es un bloque unánime; en su seno late una tensa batalla entre la supervivencia institucional bajo las condiciones del opresor y la valentía de una resistencia que se niega a someter el Evangelio a los dictámenes del Partido Comunista.

¿Quieres conocer a fondo los testimonios de los protagonistas y el análisis detallado de esta situación? Te invitamos a leer el reportaje de investigación original completo en Diario de Cuba, donde se desglosan las dinámicas que hoy marcan el destino de las comunidades de fe en la Isla.

Recopilación y texto del editor del Blog Religión en Revolución.

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Iglesias evangélicas en Cuba: entre el chantaje del régimen y la resistencia | DIARIO DE CUBA

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