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| La comadre Caridad Diego junto al Reverendo Dopico |
La realidad de la fe en Cuba se mueve
hoy en un escenario de tensiones extremas, donde la línea entre la
supervivencia institucional y la complicidad política es cada vez más delgada.
A propósito de los complejos aniversarios que rodean al Seminario Evangélico de
Teología de Matanzas (SET) y al Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), diversas
voces autorizadas, activistas y pastores en el exilio han alzado la voz para
desnudas los mecanismos de control, chantaje y persecución que la dictadura
cubana ejerce sobre el movimiento cristiano en la Isla.
¿Formación
teológica o adoctrinamiento político?
Uno de los puntos más críticos del debate se centra en el Seminario de
Matanzas (SET), una institución fundada en 1946 con un prestigio histórico en
la región, pero que hoy es señalada por exalumnos como una extensión del
Partido Comunista de Cuba (PCC). «Es prácticamente una escuela del Partido»,
asegura Víctor Manuel Dueñas, exseminarista y activista de derechos humanos.
Según los testimonios, las aulas teológicas han dado espacio a asignaturas de
Marxismo y conceptos de la Teología de la Liberación alineados con la retórica
oficialista, enfocados en culpar de forma sistemática al embargo estadounidense
mientras se suaviza la imagen del régimen.
El periodista e investigador Yoe Suárez, autor del próximo libro Hoz y
cruz: evangélicos, resistencia no violenta y el último régimen totalitario de
Occidente, coincide en que el SET fue «asaltado» por el aparato estatal para
convertirlo en un brazo útil de su propaganda. Aunque aclara que esto no
significa que todos sus egresados sean acólitos del sistema, sí evidencia cómo
el espíritu del seminario ha sido moldeado para hacerle una «manicura política»
a la dictadura a través de la fe.
Un mapa
eclesial dividido: Afines, neutrales y perseguidos
El control religioso en Cuba no se aplica de forma homogénea, sino mediante
una estrategia de división. Por un lado, se encuentra el rancio oficialismo del
Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), liderado por figuras como el reverendo
presbiteriano Joel Ortega Dopico, quien además ostenta el cargo de diputado a
la Asamblea Nacional del Poder Popular. Junto a la Iglesia Presbiteriana,
corrientes como la Iglesia Bautista Libre, los cuáqueros de Holguín y la
Iglesia Anglicana son ubicadas en la órbita de influencia o cercanía con el
Estado.
En la acera opuesta, denominaciones como las convenciones bautistas de Cuba
Occidental y Oriental, la Iglesia Metodista, Los Pinos Nuevos y las Asambleas
de Dios han intentado marcar distancias. Sin embargo, la neutralidad es un lujo
que el régimen no permite. Quienes intentan mantenerse al margen sufren
presiones directas sobre sus líderes o pastores, llegando a la expulsión de
ministerios simplemente por interactuar o dar likes a publicaciones
consideradas contrarrevolucionarias en redes sociales.
El chantaje
de la Oficina de Asuntos Religiosos
El verdadero rostro del control estatal lo encarna Caridad Diego Bello,
jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del PCC (e incluida en
la lista de represores de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba). A
finales de 2025, Diego Bello recorrió el país con una exigencia clara para los
líderes cristianos: «neutralidad» absoluta. La demanda implicaba que los
pastores y sus feligreses debían guardar silencio ante la represión estatal y
abstenerse de cualquier tipo de solidaridad con las víctimas de la dictadura.
¿El mecanismo de extorsión? Las visas y los viajes. «Las denominaciones que
defienden al régimen lo hacen por temor a que se les nieguen salidas al
exterior y visas», denuncia la pastora Vivian Barrero Toledo, de Las Tunas.
Quienes no ceden al chantaje se enfrentan a la prohibición de viajar o a la
revocación de visas religiosas para los misioneros extranjeros que ingresan
ayuda humanitaria al país.
Lamentablemente, el chantaje surtió efecto en varios sectores. El pastor
exiliado Enrique de Jesús Fundora señala con dolor cómo instituciones como la
Convención Bautista Occidental llegaron a emitir declaraciones públicas
pidiendo no involucrarse en política, dando la espalda a sus propios miembros
perseguidos por las fuerzas represivas.
La
criminalización de la fe independiente
Para quienes deciden predicar la verdad sin filtros gubernamentales, el
costo es la ilegalidad. Durante el año 2025, el Observatorio Cubano de Derechos
Humanos (OCDH) documentó al menos 873 violaciones a la libertad religiosa en la
Isla, que van desde el hostigamiento a laicos y sacerdotes hasta acciones
contra presos políticos y sus familias.
En Cuba, la falta de personalidad jurídica y la prohibición histórica de
construir nuevos templos (vigente desde 1959) deja a las iglesias
independientes en una vulnerabilidad absoluta. Al no estar registradas
legalmente, el régimen cuenta con una «carta blanca» para perseguir a los
pastores como si fueran delincuentes comunes. «Cada vez que un pastor en Cuba
se levanta y predica la verdad, se convierte inmediatamente en un disidente»,
concluye la pastora Barrero.
La Iglesia evangélica cubana no es un bloque unánime; en su seno late una
tensa batalla entre la supervivencia institucional bajo las condiciones del
opresor y la valentía de una resistencia que se niega a someter el Evangelio a
los dictámenes del Partido Comunista.
¿Quieres conocer a fondo los testimonios de los protagonistas y el análisis
detallado de esta situación? Te invitamos a leer el reportaje de investigación
original completo en Diario de Cuba, donde se desglosan las dinámicas que hoy
marcan el destino de las comunidades de fe en la Isla.
Recopilación y texto del editor del Blog Religión en Revolución.
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clic en el enlace para leer el artículo original 👇
Iglesias evangélicas
en Cuba: entre el chantaje del régimen y la resistencia | DIARIO DE CUBA

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