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septiembre 02, 2025

La tercera edad de la adversidad y la vejez.

 Ahora que estoy viejo y canoso, no me abandones, oh Dios. Permíteme proclamar tu poder a esta nueva generación,  tus milagros poderosos a todos los que vienen después de mí. Salmo 71: 18

El Salmo 71 es una oración de confianza y petición a Dios, donde el salmista expresa su fe en medio de la adversidad y la vejez. El salmista declara su confianza en Dios y su justicia, busca a Dios como su roca y fortaleza, un lugar seguro al que puede acudir siempre. También, y como Dios ha sido su guía desde su juventud y como lo ha sustentado, es entonces que pide a Dios que no lo abandone en la vejez, cuando sus fuerzas flaqueen. A pesar de las dificultades, el salmista expresa su intención de alabar a Dios continuamente y proclamar su justicia, y expresa su esperanza en la victoria sobre sus enemigos.

El número de ancianos ha crecido y también ha aumentado su edad media. En definitiva, es una verdadera «bendición» para nuestros días. Esta bendición se ha convertido en una «maldición» en algunos casos. Los ancianos no han encontrado un lugar en nuestra sociedad, que es estructuralmente hostil para ellos. Es un problema grave para las personas mayores, incluso a veces una tragedia para muchas de ellas, precisamente en la edad de la debilidad. Se trata de un tema difícil para muchas familias y un problema social generalizado. A menudo los años de la vejez son un tiempo de sufrimiento y de marginación: lamentablemente, es un tiempo «desaprovechado» y, por lo tanto, no es una bendición.

Nunca en toda la historia ha habido más ancianos que ahora, pero no se habla ni se buscan soluciones al respecto y nos hemos alejado de la cuestión real. ¿Qué significa una sociedad para todos, en la que los ancianos tengan también su propio espacio? ¿Cuáles son las características de una sociedad donde hay muchas personas mayores?

Se acepta que esto también ha sucedido en la propia Iglesia, a pesar de que los ancianos representan una gran parte de los fieles, se les ha prestado poca atención. Se ha mirado más a los jóvenes, viendo en ellos el futuro. Los ancianos solían ser los miembros seguros, sobre los que no era necesario cuestionarse y que quizás ni siquiera tuvieran que ser escuchados atentamente. Han llenado la mayoría de las iglesias. Incluso en la vida de la iglesia, los ancianos representaban una parte fija de los fieles, los que aseguraban una asistencia estable, pero en la que básicamente había poco que sembrar y no estaban en el centro de intencionalidad de la Iglesia. No han sido un signo para la iglesia en su conjunto. ¡Es una lástima!, porque su extensa vida representa verdaderamente un signo para la Iglesia y para la sociedad de hoy.

En realidad, los ancianos, han encarnado durante años el futuro de la Iglesia. El pueblo cristiano también es, en gran medida, un pueblo de ancianos. No es triste decirlo, pero es un hecho real donde, el don de una larga vida y la participación constante en la iglesia son algo significativo. Los ancianos pueden comunicar la fe a las generaciones más jóvenes de cristianos, claro está en la vida de la iglesia.

Entonces debemos remitirnos a La Palabra si es que podemos entender este problema. En la época de los autores bíblicos, los ancianos eran pocos y la vida era breve. Así, en estas sociedades, había respeto por los ancianos, porque eran pocos, y se les consideraba sabios, porque habían vivido mucho. En las páginas del Génesis se recoge la larga vida de los patriarcas bíblicos y de otros personajes. Hay un mensaje bíblico claro: una vida larga es una bendición de Dios y, acaso, en estos tiempos no podemos decir o preguntarnos, ¿no es la larga vida de tantas personas una bendición asombrosa?

Por muchos años el anciano ha sido considerado una figura particular. Hoy es diferente, ahora somos muchos y estamos subvalorados hasta por la sabiduría que acumulan; como somos muchos esto trae problemas para las familias y las instituciones.

La Biblia ayuda a comprender mejor el valor de los ancianos, cuando la mirada de Dios se detiene en ellos y su plan de salvación los convierte en actores notables y significativos también para nuestro tiempo.

La lectura de La Palabra arroja una luz diferente sobre el rostro de las personas mayores e induce a considerarlas de una manera renovada. Un cambio de la visión de nuestra sociedad necesita más luz y más espíritu, porque no puede reducirse todo a una lógica productiva o económica.

ANCIANOS CUBANOS EN LA ACTUALIDAD.

¡Qué gran error despreciarlos o marginarlos! La marginación de las personas mayores provoca que construyamos nuestra sociedad y la familia sobre arena. No valorar la vida de los ancianos es uno de los primeros errores de nuestra sociedad que solo piensa en lo utilitario y lo productivo. Hablar con los ancianos y vivir con ellos –lo muestra la Biblia– es una gran experiencia que enriquece la Fe y es un acto de conmiseración. No hay historia de Dios con los hombres y las mujeres sin los ancianos: pensemos en la figura de Abrahán, el amigo de Dios. No hay profecía sin ancianos, hasta en las primeras páginas de los evangelios con Simeón y Ana.

La Palabra ayuda a entender mejor el espacio de los ancianos en las iglesias y en la vida social. Revela sobre todo que la vida de los ancianos es preciosa a los ojos de Dios. Hay necesidad de ternura y delicadeza, porque las personas mayores muchas veces son frágiles y no se imponen a los demás. A veces han sido humillados con un proceso de marginación. No basta con decir que es ley de vida. Hay duras leyes de la vida que pueden corregirse e incluso revertirse.

Los vemos viviendo en condiciones de dolor y pobreza, hasta los ricos viven con frecuencia en la escasez: la de las relaciones humanas y, sobre todo, la de la esperanza. Y si sienten una sensación generalizada de irrelevancia, ya no cuentan para nada a los ojos de los demás. La cercanía humana a menudo puede revertir este sentimiento, porque la proximidad es lo que todos podemos ofrecer al que está cerca. La proximidad y la projimidad son la mejor actitud en la atención al anciano, solo y desvalido.

Desde el punto de vista de la fe, el anciano es una riqueza, no porque sea fruto de una cultura ya pasada, sino porque se nutre de un sentido diferente de la vida. Y es un sentido de la vida que irradia y se extiende a todas las etapas de la vida. Después de todo, una larga vida es una victoria para el hombre, el mismo que Dios le conminó a llenar la tierra y sojuzgarla. Al vivir una larga vida hay una realidad incuestionable: esta es, que se le ha ganado la partida al tiempo y relativamente también a la muerte. 

Es casi un mandato moral, pero también de Fe genuina, el poner a las personas de la tercera edad en el corazón de la familia, de la Iglesia y de la sociedad, es el comienzo de un cambio en cómo vemos las cosas.

Estas personas, los ancianos, que a menudo queremos hacerlos invisibles, sostienen silenciosamente sus vidas quebrantadas con gestos discretos y corazones generosos. Llegado el final de sus días, ya no necesitan impresionar; solo conmueven, transforman y enseñan con su autenticidad. Valorar a estas personas es reconocer que la verdadera nobleza reside en la dignidad de quien vive y ha vivido con rectitud. Honrar a los ancianos y ancianas que muestran su sencillez y humildad, es decir, con acciones y palabras: “ustedes importan”, “ustedes tienen valor”. Que sepamos entonces, reconocer y honrar la sabiduría que surge de la experiencia vivida y de la Fe cultivada, muchas veces y por largos años, en silencio.

Programa Especial en homenaje a la tercera edad en la Iglesia Bautista Nuevos Horizontes.

febrero 23, 2016

Iglesia Católica cubana…., con Dios y con el diablo.

Por Mario Hechavarria Driggs.
Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de La Habana, ha puesto en circulación su último número-256 de enero del presente- cuyo tema central es “Jubilados en Cuba”. Después de leer los artículos principales la reflexión  apunta a si el clero cubano se debate entre Dios y el diablo.
Ancianos ,Cuba (incubadora)
Sobre titulado Especial”, nos ofrecen el texto íntegro del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, encabezado por la frase “Vence la indiferencia y conquista la paz”, donde el máximo pontífice  hace un llamado a la solidaridad con las personas más frágiles de la sociedad, inaugurando el nuevo año  bajo el precepto Jubileo de la Misericordia.
A continuación puede leerse una reseña amplia de la homilía pronunciada por el Cardenal habanero Jaime Ortega y Alamino al secundar el llamado papal, donde  expresa su complacencia hacia las autoridades del país abordando la situación de la tercera edad:
“Si miramos nuestra realidad social en Cuba, debemos decir que no existe una indiferencia institucional, oficial, hacia los males que afectan a nuestro pueblo, sin que nadie se sienta abandonado.”
Posteriormente alcanzamos el acostumbrado dossier de la revista, compuesto por cuatro artículos y una introducción, donde parece que finalmente Satanás venció al Espíritu Santo:
Ancianos, Cuba ( conexion cubana)
“Por lo pronto, va este intento  de retrato actual sobre la vida del jubilado en Cuba. Sucede que a veces, de tanto tenerlo ante los ojos, lo torcido, lo que no debe ser, comienza a convertirse en lo acostumbrado.”
Siguen testimonios dramáticos, trágicos, contados por hombres y mujeres atrapados en la fragilidad de sus más de sesenta años:
Un ex profesor de psiquiatría explica: “Yo me jubilé hace casi diez años, pero tuve que continuar trabajando porque la jubilación no me alcanza ni para cubrir lo elemental de la canasta básica.”
Del monto de mi chequera me seguirán descontando el refrigerador que «gentilmente me obligó a comprar la revolución…energética» luego de ceder el Westinghouse que compró mi padre, que todavía funcionaba.”
“Ahora vivo sola. Soy viuda y como jubilada gano 270 pesos. Tengo un hijo que vive en España y otros dos aquí. El que vive fuera, que trabaja y no es rico, me manda algo todos los meses, que se va en comer…Si no tuviera ese dinerito, pasaría muchísimo más trabajo.”
Datos oficiales publicados por la revista, indican que La Habana registra 335 178 jubilados con una pensión promedio de 272 pesos. Se trata del 16 % de la población capitalina, recibiendo unos 11 dólares mensuales al cambio, luego de haber entregado sus esfuerzos al país durante al menos 25 años.
La señora viuda, antes citada, nos deja perplejos con sus reflexiones:
”Los círculos de abuelos y los parques con los viejitos haciendo ejercicios se ven de los más lindos en la televisión. Pero nadie dice de verdad cómo viven los jubilados. No te aumentan un centavo y hay que hacer magia para vivir, así que, como dice el programa, periodista: ¡Deja que yo te cuente!

Después de ojear completamente este último número de Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de La Habana, al evaluar la tan ponderada preocupación estatal por los ancianos, refrendada en la homilía del Cardenal Ortega, asalta al lector sensato en célebre refrán que sentencia: De buenas intenciones está plagado el camino al infierno.