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junio 16, 2012

Los argumentos de los defensores del Cardenal Ortega y Alamino cuando menos deben ser tomados como sospechosos.

LA HABANA, Cuba, junio del 2012.- A los totalitaristas no les gusta ser puestos en tela de juicio. Acostumbrados a que las cosas se tomen únicamente como ellos dicen que son, se crispan ante el menor cuestionamiento. Y nada puede ser más peligroso que un totalitarista crispado. Que lo diga Ettore Gotti Tedeschi, el llamado Banquero de Dios, quien ahora mismo se está viendo con un pie en el infierno sólo por contradecir a un totalitarista de raza, el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano.
Por cierto, tan distinguido personaje también fue contradicho en Cuba, hace poco, si no con palabras, con hechos, pues en días previos a la llegada del Papa, Bertone había declarado que esta visita no sería manipulada por el régimen. Y sí, fue manipulada. Pero excepcionalmente, el cardenal no se crispó.
Desde luego, lo que le hizo Ettore Gotti es mucho más grave. Y tanto que devino bomba noticiosa en todo el mundo. Aunque más grave todavía, puesto que más a tono con su talante totalitario, ha sido la respuesta del cardenal Bertone.
Después de casi tres años al frente del Instituto para las Obras de Religión, Gotti Tedeschi explotó como un siquitraque, apenas empezó a sospechar que detrás de las cuentas cifradas de esta institución, que es el banco del Vaticano, hay oculto dinero sucio de empresarios, políticos y hasta de la mafia. Su expulsión del cargo, dispuesta por Bertone, es lo mejor que podría ocurrirle, ya que, según los medios internacionales de información, Gotti teme por su vida, una reacción natural en quien se atreve a desafiar a santidades tan encumbradas, acusándolas nada menos que de lavar dinero ilícito y aun sangriento.
A la derecha una caricatura de Ilei Urrutia Álvarez.
Se trata de una larga película de horror y misterio, y con suspense creciente, a lo Hitchcock, pero cuya escena final nos puede ser impuesta el día menos  pensado, hoy mismo tal vez, ya que otra cosa que muy bien se conoce es que los totalitaristas, cuando no pueden demostrar razones, demuestran su poder -tan infinito como el cielo- silenciando, como sea preciso, a los que sí tienen razón.
Pero, en fin, si he traído a colación este caso es sólo para puntualizar que el momento no es bueno para que los defensores de otro cardenal, que hoy sufrimos de cerca en la Isla, hagan cruzada tratando de tapar sus deslices, y enfoquen cañones contra sus críticos, desplegando la táctica totalitaria de inventar conspiraciones fantasmas, dicen ellos que contra la Iglesia Católica, y dicen que por parte de malos patriotas, renuentes a la reconciliación entre cubanos.
La verdad es que el cardenal que nos tocó en suerte, Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, no ha estado actuando como lo requiere su misión ante Dios (que no ante los poderes pecadores de la tierra), y ese es un reproche que nadie podría hacerle, por más ganas que tenga, si no fuese porque hay pruebas de su actitud contemporizadora con nuestro régimen y de su falta de carácter como líder eclesiástico, al plegarse sumisamente a un proyecto dictatorial, encaminado a perpetuar en Cuba la falta de libertades y la extrema miseria.
Entre los recriminadores del cardenal Ortega no faltarán algunos espíritus agrios y hasta algún que otro politiquero dispuesto a defender su egoísmo por encima del interés nacional. Pero resulta ridícula y malsana la pretensión de meter en el mismo saco a todo nuestro movimiento de oposición pacífica (pues son todos, católicos incluidos, los que recelan de su gestión), acusándolos de mercaderes de la confrontación y de gestores de un plan para desprestigiar a la Iglesia, mediante la descalificación de lo que llaman su “línea de diálogo” con el régimen.
Para peor, en los cotorreos de estos defensores a ultranza de Ortega se trasluce la intención de enfrentar a creyentes y no creyentes católicos, e incluso a la población pasiva con los disidentes. Y todo en nombre de lo que graciosamente llaman (con un apelativo que les prestó el régimen) la necesidad de reconciliación entre cubanos. Es algo que, además de irracional, resulta peligroso.
Nada conviene menos a los cubanos en este momento que una atmósfera hostil entre creyentes y ateos. Y en general, nada nos conviene menos que andar a las greñas entre nosotros mismos, mientras el régimen se dedica a ejercer su deporte favorito: atacar por los flancos que se flaquean con nuestras divisiones.
Los humos totalitaristas que enrarecen el universo del cardenal y sus defensores no les permiten ver que para los cubanos amantes de la libertad y del progreso constituye un drama extra tener que vérselas también con ellos, cuando apenas les alcanzan las fuerzas para enfrentar el acoso y las tropelías del régimen.
No ven (por alguna razón no les conviene ver) que nuestros reparos no son contra la Iglesia y mucho menos contra los paisanos católicos, sino contra un hombre, un simple mortal que con todo y su púrpura no solamente está incurriendo en la violación de los preceptos que debería representar, sino que además incurre en pecado al proyectarse soberbio ante el rebaño y sumiso ante el lobo.
Que yo sepa, ninguno de nuestros opositores pacíficos cuestionó nunca una sola palabra o una sola acción de monseñor Pedro Meurice, arzobispo emérito de Santiago de Cuba durante 34 años. Y nada fue más ajeno a monseñor Meurice que la actitud hostil ante la posibilidad de entendimiento entre los cubanos. Sólo que él parecía asumir la reconciliación nacional según su auténtico significado, y no como reconciliación entre el régimen y ciertos sectores seleccionados por éste en forma unilateral y para su absoluta conveniencia.
Esa burda simplificación de las cosas que se desgaja de los argumentos de los defensores de Ortega no puede ser tomada sino como sospechosa, cuando menos.
De hecho, llama la atención que tal defensa, o al menos su avanzada más activa y crispada, se esté desarrollando desde ciertas instancias muy afines al régimen. Al paso que vamos no nos sorprendería que la UJC, PCC, CDR y demás hierbas fueran convocados a una concentración en la Plaza de la Revolución para demostrarle al cardenal el apoyo irrestricto, solidario y partidista del pueblo.
Lo malo, como ya dije antes, es que en este minuto el horno no está para rosquitas.
A no ser que el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano (y de quien se comenta que Jaime Ortega recibe órdenes directas en todo lo concerniente a la reconquista, en línea con la dictadura, del espacio público en Cuba), se apure en aplicar medidas acalladoras contra Ettore Gotti Tedeschi, será difícil para los defensores de su hombre en La Habana dar la muela, sin ponerse colorados, con apelaciones a la inocencia, al respeto y a la justicia divina.
*José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro. Reside en La Habana, donde trabaja como periodista independiente desde el año 1993. Los libros de este autor pueden ser adquiridos en la siguiente dirección: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0

enero 03, 2012

El viaje de Benedicto XVI a Cuba: Esperanzas y preocupaciones.


Por: Armando F. Valladares.*
El próximo 26 de marzo S.S. Benedicto XVI llegará a la isla-cárcel de Cuba para una visita de tres días. El dictador Raúl Castro prometió que el Pontífice será recibido con “afecto” y “respeto”; y se apresuró a anunciar el indulto de 2.900 presos, de los cuales solamente 7 son presos políticos. Por su parte, el portavoz de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, declaró que Benedicto XVI “desea mucho” conocer Cuba y que ese viaje será “ciertamente” uno de los principales acontecimientos de 2012.
Es explicable que el anuncio de la visita papal a un país subyugado por un régimen comunista, especialmente cruel y represivo, que acaba de cumplir 53 interminables años, despierte sentimientos de esperanza en el sentido de que contribuya a obtener la libertad de 11 millones de cubanos.
No obstante, similares expectativas se abrieron en 1998 por ocasión del viaje a Cuba de S.S. Juan Pablo II; pero el régimen supo capitalizar publicitariamente la visita, lo cual contribuyó para que los jerarcas comunistas continuasen en el poder. Esa constatación provocó en no pocos defensores de la libertad, contrarios al socialismo, una desilusión y un sentimiento de frustración que se prolongan hasta hoy.
En estos momentos, la natural preocupación de muchos cubanos, de la isla y del destierro, es que una situación similar pueda repetirse con este segundo viaje de un Pontífice a Cuba. El propio secretario de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), monseñor José Félix Pérez Riera, reconoció que el viaje de Benedicto XVI podrá traer para el desdichado pueblo cubano un “respiro de libertad”, pero se apresuró a descartar consecuencias políticas de la visita papal. Los Pastores cubanos se han encargado de mantener, durante las últimas décadas, una lamentable y persistente política de colaboración con los Lobos que oprimen al rebaño.
Esa natural preocupación de numerosos cubanos se ve confirmada por el hecho de que, ante la perspectiva del viaje papal, el régimen esté anunciando cambios “cosméticos” que impresionan a ciertos ingenuos o desconocedores de la realidad cubana, pero que en el fondo no modifican la naturaleza criminal del régimen.
Hasta hace pocos días existía, por ejemplo, la expectativa de que el gobierno comunista levantara o atenuase la severa prohibición de entrar y salir libremente de la isla, lo cual configura uno de los motivos por los cuales Cuba continúa siendo una isla-cárcel. Pero el propio Raúl Castro acaba de aplazar esa perspectiva de flexibilización, reconociendo en la más reciente sesión de la Asamblea Nacional que no puede ceder en ese punto medular porque con él está indisociablemente  en juego “el destino de la Revolución”.
En materia de libertad religiosa, el régimen alardea, y los Pastores aplauden, que la Constitución cubana “reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa” (artículo 55). Pero poco o nada se habla sobre la existencia del artículo 62 de la propia Constitución que se encarga de retirar aquello que en apariencia se acaba de conceder. En efecto, el referido artículo advierte que “ninguna de las libertades” constitucionales puede ejercerse “ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo (sic) cubano de construir el socialismo y el comunismo”. Y se añade, en una amenaza explícita, constantemente llevada a la práctica, que “la infracción de este principio es punible”. El régimen está dispuesto a tolerar solamente un tipo de religiosidad que tenga efectos anestésicos sobre las conciencias, una religiosidad que no deje al descubierto que el comunismo es una doctrina diametralmente contraria a los Mandamientos de la Ley de Dios.
Esa preocupación de cubanos de dentro y fuera de la isla con las perspectivas del viaje papal se ve reafirmada delante de las palabras con las cuales Benedicto XVI recibió las cartas credenciales del actual embajador cubano ante la Santa Sede. El Pontífice llegó a elogiar el “internacionalismo” cubano, que en realidad fue el instrumento responsable por tanta sangre y lágrimas derramadas en América Latina y África. En la ocasión, el Pontífice destacó como ejemplos de los pretendidos beneficios del internacionalismo cubano la “alfabetización” y la “salud”. No obstante, tal como la propia Constitución cubana lo reconoce, y los hechos lo comprueban, esos tan publicitados logros no son sino dos tenazas satánicas de control psicológico, mental y social de niños, jóvenes y adultos en Cuba y en otros países donde han sido aplicadas.
Por fin, esa preocupación se intensifica si se considera el procastrismo demostrado por el Cardenal Tarcisio Bertone, actual Secretario de Estado de la Santa Sede, durante tres viajes a la isla-cárcel, el primero de ellos en cuanto Arzobispo de Génova, y los dos más recientes en su condición de Secretario de Estado. Ya en su primer viaje a la isla-cárcel, el Cardenal Bertone, después de una larga entrevista con Fidel Castro, tejió loas a la “notable lucidez” del tirano, expresó su convicción de que en él habría “crecido el respeto por la religión” y el “aprecio por la Iglesia”, y remató, contrariando todas las evidencias, que en la isla-cárcel “la apertura ya es total”.
Quiera la Providencia evitar cualquier instrumentación de la visita por parte de los actuales jerarcas del comunismo cubano. A propósito del próximo viaje de Benedicto XVI a Cuba, son estas las primeras reflexiones, sinceras y respetuosas que ofrezco a los lectores.
En cuanto fiel católico cubano, creo que tengo no solamente el derecho, sino la obligación de conciencia de dar a conocer estas consideraciones. Ya lo he dicho, y lo reitero en esta nueva coyuntura de la vida de la Iglesia y de Cuba, que se aproxima. Tengo un compromiso con aquellos jóvenes mártires católicos que murieron en el “paredón” de la siniestra prisión de La Cabaña gritando “¡Viva Cristo Rey!!Abajo el comunismo!”, verdaderas proclamas de fe, de heroísmo y de martirio que aún resuenan en mis oídos, y en los oídos de tantos ex presos políticos sobrevivientes de La Cabaña, como si fuera hoy. Tengo, sí, un compromiso de honra con mis amigos asesinados en la prisiones castristas; con la lucha por la libertad de mi Patria; con la Historia; y, por encima de todo, con Dios y con la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.
*Armando Valladares, escritor, pintor y poeta. Pasó 22 años en las cárceles políticas de Cuba. Es autor del best-seller “Contra toda esperanza”, donde narra el horror de las prisiones castristas. Fue embajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibió la Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del Departamento de Estado. Ha escrito numerosos artículos sobre la colaboración eclesiástica con el comunismo cubano y sobre la “ostpolitik” vaticana hacia Cuba.
Artículo firmado el 01 de enero de 2012 en la Ermita de la Caridad del Cobre, Miami (FL).Puede difundirse y publicarse por cualquier medio, libremente. Si fuera posible, comunique la publicación y/o su valiosa opinión a armandovalladares2011@gmail.com