Mostrando entradas con la etiqueta Moisés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moisés. Mostrar todas las entradas

diciembre 03, 2022

¿Qué tenemos que hacer como pueblo de Dios ?

 

Por : Nilda C. Estévez. 

     Estamos lejos y  tenemos, al menos,  la amplia mayoría. Nuestras necesidades  están cubiertas, pero la situación de esclavitud, la opresión, las carencias al grado extremo, la situación económica,  se hacen presentes. La indiferencia de las naciones poderosas y organizaciones internacionales  que deben denunciar y actuar, teniendo en cuenta lo está pasando en Cuba;  nos duele y nos duele mucho.



     No sabemos cómo es el misterio que ocurre cuando el pueblo que sufre  y eleva su clamor sincero hacia Dios; pero muchas veces recibimos respuestas y creemos en un Dios real. Estoy segura de que, si todo el pueblo de creyentes estuviera unido en Oración, veríamos los resultados, pero no;  estamos sumidos en nuestros asuntos y nos cubre una densa neblina que nos ciega. Nos empleamos  en discusiones estériles y discrepancias estúpidas, que nos separan y no son fructíferas; estamos lejos de la unidad que deseaba el propio Jesús  para sus seguidores. Moisés recibió y dialogó con el ángel de Dios, y Dios descendió para actuar activamente con su pueblo.

       Hoy, con  mi meditación con la Palabra de Dios, que se encuentra en Éxodo 3:1-10, donde se trata del primer encuentro de Moisés con Dios  en el Monte Horeb. En este lugar Moisés  fue llamado para ser el líder de la salida de Egipto y así, recibió las instrucciones  como  el escogido para liberar de la esclavitud a las que  estaban siendo  sometidos por los egipcios, el pueblo escogido,

Pienso que nosotros también deberíamos tener como prioridad el clamar a Dios.

      Dios le dice: “HE VISTO LA AFLICCION DE MI PUEBLO”, que está en Egipto, “HE OIDO SU CLAMOR”, a causa de sus exactores, “HE CONOCIDO DE SUS ANGUSTIAS”….y “HE DESCENDIDO PARA LIBERARLOS”….

12/03/22

{Inspirado en mi meditación de hoy, en Éxodo 3:1-10}

enero 15, 2015

POR SOBRE TODO LA OBEDIENCIA A DIOS

Id, y decid a aquella zorra: He aquí, hecho fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día terminó  mi obra. Fueron las palabras de Jesús, cuando unos fariseos le dijeron: Sal de aquí porque Herodes te quiere matar. Este mismo Herodes fue el mismo que dio la orden para decapitar a Juan el bautista, pues este le había dicho que le era ilícito tener relaciones con la mujer de su hermano Felipe, es decir su cuñada.
 Nosotros los hijos de Dios hemos sido llamados a decir la verdad aunque este nos cueste la vida. No podemos ser cómplices de algo que sabemos no es verdad, y que puede perjudicar a otras personas. Dice levítico 5:1 Si alguno pecare por haber sido llamado a testificar, y fuere testigo de que vio o supo, y no lo denunciare, él llevará su pecado. Muchos cristianos hoy en día pasan por alto este versículo, haciéndose coautores o participes de numerosas injusticias. Existe el que dice yo sé que está mal hecho, pero yo no puedo hacer nada. Y el que expresa: Los cristianos no se pueden meter en política, cuando la injusticia viene de parte de las autoridades del gobierno, y hasta tratan de justificar su forma de pensar con pasajes bíblicos que realmente no enseñan esto. Sin embargo la inmensa mayoría de los que piensan así, pertenecen a diferentes instituciones gubernamentales como, Comité de Defensa de la Revolución (CDR), Milicias de Tropas Territoriales (MTT), Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Partido Comunista de Cuba (PCC) entre otros, ellos si pueden ir a los actos políticos hacer sus reuniones y además trabajar en la Iglesia.
 Para muchos cristianos de hoy, exponer la verdad, de cómo vive, en este caso el cubano, sus necesidades, los maltratos y las injusticias, es estar metido en política, defender los Derechos Humanos es estar metido en política. Todo esto se lo debemos al inmenso trabajo de los Órganos de la Seguridad del Estado, estos al igual que satanás no descansan por alcanzar el control absoluto sobre las personas.
 ¿Qué sería de nosotros si Moisés hubiera hecho lo mismo? (No señor, yo no puedo meterme en política), cuando el señor le dijo que fuera a la presencia del Faraón y  le dijera: Que dejara libre a su pueblo. Que sería de nosotros si tantos hombres y mujeres escogidos como: José  Josué, Daniel y sus compañeros, Esther, David, los profetas, hubieran pensado igual; Isaías dijo en el cap. 9: versículo 16. Porque los gobernadores de este pueblo son engañadores y sus gobernados se pierden. Muy similar ocurre con nosotros, los cubanos, nuestros máximos líderes tienen una gran habilidad y perspicacia para tergiversar las cosas y por lo tanto muchos caen en la trampa y se pierden en el infierno, que aunque no nos guste mencionar mucho es tan real como que ahora respiramos. Además dijo Isaías:(10:1-2) ¡Hay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos! Tendría usted el mismo valor amigo lector como este gran Varón de Dios, para decir lo que dijo; debiera tenerlo, porque para eso hemos sido llamados, no para callarnos la boca ante toda injusticia  que veamos, sino para hacer entender a la persona que está en un error y lograr que cambie por su propio bien y el de los que conviven a su alrededor.
 Debemos recordar que desde que Jesús vino a este mundo fue un perseguido político, Hasta su muerte en la cruz, aunque dejó bien claro que su reino no era de este mundo, como tampoco es el nuestro, eso no quiere decir que se hiciera copartícipe de lo mal hecho. Muy por el contrario, a los escribas y fariseos que eran los principales líderes religiosos de aquella época, y que tenían además gran influencia en el gobierno de su tiempo los llamo hipócritas, serpientes, generación de víboras, sepulcros blanqueados, guías de ciegos entre otras cosas, incluso en una ocasión llegó al templo y viró las mesas de los vendedores, porque estos habían tomado la casa de Dios para enriquecerse ellos mismos. Sus discípulos también sufrieron persecución y muerte, pero no claudicaron. Hoy los cristianos queremos vivir una vida muy cómoda, y obedecer a Dios implica sacrificio, igual que nuestra libertad. Debemos recordar que cuando las leyes de los hombres se oponen a las leyes de Dios debemos obedecer primeramente a Dios que a los hombres.
 Bienaventurados los que padecen persecución por  causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5.10

*Reportero ciudadano y activista de derechos humanos, dirigió el periódico Cubanito de a Pie y colabora  para la sección Reporta Cuba de Martinoticias.com. Este artículo fue un editorial escrito por este comunicador para Cubanito de a Pie ICLEP. Reside en Vueltas, Villa Clara, Cuba y se desempeña como miembro de la Iglesia Bautista de su localidad. E-mail: raulgonzalezmanso@yahoo.com

diciembre 28, 2010

El Vicio del Poder.

La conversación entre dos desconocidos que escuché mientras esperaba algún transporte, en la esquina remediana donde habitualmente los viajeros esperan “la botella”, me hizo reflexionar sobre el tema que debatían. Es bueno dejar claro que es esta la manera en la que el pueblo se consuela un poco de los males que le golpean, entre dientes, bajito para que los demás no oigan, pero no dejan de hablar y de quejarse unos con otros. No hace tanto también escuché a un señor que refiriéndose al peligro de un ciclón que nos amenazaba dijo de esta manera: Para qué nos preocupan tanto los huracanes si tenemos uno arriba hace cincuenta y tantos años y ese si que nos ha azotado duro; o la ya célebre frase: esto se está poniendo cada día más malo, pero bueno, dicen que para que las cosas se pongan buenas primero tienen que ponerse bien malas.
Pero volviendo a las personas que sostenían el diálogo, el punto clave de su conversación era la interrogante de hasta cuándo los “ancianos” van a seguir posesionados en el poder. Uno de ellos casi con cólera manifestaba: es que no se dan cuenta que ya no dan más, han cometido tantos errores y los que les faltan por cometer, pero es que está claro que la solución de este país en ruinas no está en las manos de ellos. Mientras hablaban -entre dientes-, y yo seguía cuanto podía el hilo de su plática, pensé: cuando alguien tiene en sus manos el poder sobre una persona, el dominio, el manejo de ese otro ser humano, cuando tiene la facilidad de ensañarse sobre ella, se siente en un pedestal, y es difícil que entre en razón a no ser que la víctima del señorío se despoje de este. Cuánto más no será de arrobador dominar a muchos, a millones, tenerles bajo los pies y pisotearles cada día, disfrutar el verles marchar en masas dando vítores a su nombre, exaltándolo, glorificándolo, obedeciéndole ciegamente en todo, sin importar las condiciones. Me imagino que la arrogancia y el orgullo sean las cualidades más notables de alguien en esta posición.
Me vino a la mente la historia bien conocida del esclavo pueblo de Israel bajo el yugo del Faraón egipcio. Dios envió para ellos un libertador, Moisés, quien había sido librado de la muerte en su niñez porque su madre le arrojó al Nilo dentro de una cesta, la protección divina y el cuidado de una hermana que le siguió de cerca le llevó por las aguas directo al sitio donde se lavaba la hija de Faraón quien tuvo de él misericordia y lo adoptó. Así ya de adulto Moisés se transformó en el hombre que sería la voz de Dios ante el Rey de los egipcios y ante su pueblo. Dios envió grandes penurias al dominador y a los suyos, pero su corazón se endurecía en la medida que se intensificaban las pruebas, y más se empecinaba el “gobernante” en maltratar a los hebreos. ¿Qué ocurría en la humana mente del Faraón? ¿Por qué su empecinamiento a no ceder a los reclamos de Moisés a pesar de ver sucumbir a los hombres y mujeres, niños y niñas que habían confiado a su liderazgo el destino de sus vidas y de su nación? Faraón era el dios de Egipto. El poder que se le había concedido era ilimitado. Su palabra era orden. Él caminaba por encima de las cabezas de los esclavizados, nadie le contradecía. Este hombre estaba embriagado de poder, no comprendía las consecuencias de su mal gobierno porque estaba convencido de que todo lo que saliera de su mente fuera errado o no tenía que ser asumido por quienes le rodeaban. Tal fue su capricho que después de haber ordenado a Moisés y a sus hermanos que se marcharan, fue tras ellos en una contraorden, su orgullo era desmedido, la estrella de la mañana no podía perder.
Vino también a mi mente la historia de Herodes el Grande, el Rey de turno de los tiempos del nacimiento de Jesús. Este fue un hombre poderoso entre los judíos, él y su dinastía, -un grupo de parientes que le sucedieron y que dieron continuidad a un reinado absolutista y enemigo de Cristo y de sus seguidores-. Fue grande la turbación de este monarca cuando escuchó de las bocas de los magos la existencia de otro Rey, enseguida movilizó todo su aparato de seguridad, rastreó desesperadamente todo Judea y Belén para encontrar al supuesto contrincante y eliminarlo. ¿Qué le movía a tanta desesperación? El miedo a perder el poder y con él la superioridad que este garantiza.
En mi reflexión que perduró mucho más allá de la conversación de los desconocidos pensé, es tan grande el egocentrismo de los poderosos que solo logran escuchar sus propias voces. Fue el caso de Herodes Antipas, pariente cercano del primero, repleto de poder, haciendo uso indebido de su cargo mandó a eliminar al Profeta Juan el Bautista, quien no calló su voz de denuncia ante sus fechorías.
No me caben dudas y es la conclusión a la que arribo. El poder satura a quienes lo poseen. No es fácil arrebatárselos de las manos. No es fácil para los sofocados quitarse la mano dura de quienes están por encima de ellos; pero si los sofocados permanecen en silencio, apartados, cuchicheando entre dientes las penas que les congojan, con las cabezas debilitadas y pegadas al suelo, marchando por las plazas como seres hipnotizados, repitiendo una y otra vez el mismo estribillo: gloria eterna al Rey; qué viva el Rey, si las víctimas del monólogo dictatorial no pierden el temor que los idiotiza; entonces qué decirle a los desconocidos de aquella tarde de botellas, qué decirle al mundo sino que aún en Cuba queda mal para rato.
La antítesis de los viciados al poder son aquellos que tienen voluntad y valor para arrebatárselo, son aquellos que luchan por el bien y por la oportunidad que merece el pueblo de escuchar varias voces y decidir cuál seguir u oír. Son los hombres y mujeres como Juan el Bautista que no silenció su voz ante la amenaza de perder su propia vida y como Jesús que con toda entereza llamó “zorra” a Herodes Antipas (Lucas 13:32). Cuántos hombres y mujeres así necesitamos para romper el pedestal de la dinastía que nos consume. Cuántos cubanos honestos y valientes que se atrevan a abrir las bocas y pasen del susurro al grito, del miedo al valor, de la doble moral a la sinceridad, de la conveniencia al riesgo.
*Licenciada en Información Científico Técnica y Bibliotecología y Máster en Estudios Teológicos por FLET. Es la esposa del Pastor Mario Félix Lleonart quien ha colaborado en este Blog.