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abril 05, 2025

AMOR AL SILENCIO

 Fray Ignacio José do Vale, FCF *

“El habla es plata, el silencio es oro”.

“En la búsqueda del conocimiento, el primer paso es el silencio, el segundo es escuchar, el tercero es recordar, el cuarto es practicar y el quinto es enseñar a otros” – (Textos Judíos).

Vivimos en un mundo dominado por el ruido, por el habla, por la comunicación dictatorial, por las imágenes con el determinante audio invasivo. ¡La contaminación acústica es patologizante!

Estamos constantemente bombardeados por el ruido de altavoces, bocinas, motores de vehículos, redes sociales, televisores, celulares, tabletas, radios y varios otros dispositivos que nos mantienen conectados. Es imprescindible hacer una pausa para disfrutar de un poco de silencio sagrado. Encuentra un lugar agradable y tranquilo, recárgate de energías, redescubre tus pensamientos, encuéntrate en el silencio, sumérgete profundamente en tú yo interior.

Sea un amante de la escucha del silencio, un practicante de la meditación y abierto al potencial trascendental. Meditando puedes evitar tomar decisiones con las que no te sientes cómodo, resolver dilemas que te vienen molestando desde hace tiempo e incluso conocerte mejor a ti mismo. Si eres consciente de tus pensamientos y su origen psicológico, tendrás más posibilidades de resolver tus problemas con mayor facilidad y traerás una gran claridad emocional a tu vida con una abundancia de paz, serenidad y felicidad.

La meditación y la oración proporcionan una redefinición de varias opciones, ayudando a la persona a ser más consciente, más sabia acerca de lo que está haciendo y a mejorar y enriquecer su experiencia profunda de vida. El silencio es liberador, curativo e inmensamente terapéutico.

En el Tratado sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, San Luis de Montfort nos lleva a Nazaret para encontrar a una joven escondida. Sin miedo, sino reservado, silencioso, delicado y sencillo. Era María. Su silencio agradó a Dios y por su humildad fue elegida para tan perfecta misión: madre de Jesucristo. Por el silencio sagrado de María, se generó el Verbo Encarnado. Alguien que pasó la mayor parte de su vida en silencio. Su padre era el hombre justo del silencio. San José es un ejemplo de dedicación silenciosa al plan de Dios. Es un hombre de gran nobleza de alma que, en el santo silencio del amor y de la fe, recibe el misterio que está más allá de su capacidad, pero acepta en la confianza de su creencia silenciosa la voluntad de Dios. La Sagrada Familia es el mayor ejemplo de la espiritualidad del silencio.

El encuentro con Dios en el silencio es el encuentro del diálogo y de la escucha a través del corazón. El corazón habla y escucha a través de la dimensión del amor. Esta es la verbalización de Dios. La experiencia del silencio es una experiencia de profundidad espiritual de unificación amorosa.

San Ignacio de Antioquía afirma que Cristo es “la Palabra que procede del silencio”. El buen Dios que se revela en el silencio y en las palabras, pide al hombre que escuche y el silencio sagrado es esencial para la escucha.

Conclusión

El silencio es un espacio sagrado, enriquecedor, poderoso e iluminador donde permanecemos en relación con Dios, atentos a Él. Es un silencio contemplativo en el que contemplamos Su acción amorosa en nuestras vidas y continuamos escuchándolo. En este silencio de intimidad, nos entretenemos con Su Palabra. El silencio es de suma importancia para recibir la sabiduría de una manera única, la experiencia mística y la intensa intimidad con Dios y el crecimiento en la comunión con Él.

*Sociólogo en Ciencias Religiosas Profesor de Postgrado de la Facultad Norte do Paraná. Fraternidad Sacerdotal Jesús Cáritas del Beato Carlos de Foucault

Fuente: Vida Eremítica+

 

Yo hago algo nuevo, Ahora acontece;¿No lo perciben? Aun en los desiertos haré camino Y ríos en los lugares desolados. Isaías 43:19

marzo 28, 2025

LA TENTACION DE VIVIR EXCLUSIVAMENTE PARA DIOS

  Mar Velasco

No quieren ser noticia, pero lo son más que nunca. Viven en oración, buscan la soledad y el silencio y huyen de cualquier tipo de publicidad. Seres atípicos que caminan en sentido contrario a la sociedad de las masas, de la comunicación, del colectivismo; ocultos para el resto del mundo, pero vivos para la Iglesia y para Dios, que sí sabe de ellos. Debido a su discreción, es casi imposible censarlos. No son los silenciosos monjes cartujos, ni siquiera los estrictos camaldulenses. Son los nuevos ermitaños, un fenómeno en alza, por extraño que parezca.

Desde los años 90 los ermitaños viven una renovada progresión, lenta, pero indiscutible. Muchos de ellos habitan en lugares apartados, pero desde hace unos años ha surgido un nuevo modo de vivir la vocación de la soledad: el eremitismo urbano. El ermitaño «metropolitano» vive su particular «fuga mundi» en los núcleos urbanos. Escribía hace poco al respecto el periodista Vittorio Messori: «La gran ciudad es el verdadero lugar de la soledad, del anonimato, del combate silencioso contra los nuevos demonios». Según Messori, «la del ermitaño es una auténtica vocación, ¿una llamada que ha florecido de nuevo por reacción a la borrachera comunitaria, ?social?? que ha echado a perder muchos ambientes religiosos. Este exceso ha llevado a muchos a redescubrir la fuerza de la oración y el gozo del silencio».


Ermitaños a tiempo parcial. Existe incluso el ermitaño «intermitente», aquel que todavía está probando su vocación a la vida solitaria, dedicándole exclusivamente fines de semana y días no laborables. Algunos no pueden abandonar su vida laboral y aguardan a que llegue el momento de la jubilación para poder dedicarse en paz a ejercer su vocación, con el aspecto económico medianamente asegurado, para no caer en la indigencia. Quienes se lanzan de lleno a la aventura de la soledad, sobreviven con pequeños trabajos, oficios o labores artesanales. Pero es difícil saber exactamente a qué se dedican, dada su extrema discreción.

El profesor Isacco Turina, sociólogo de la Universidad de Bolonia, ha llevado a cabo un estudio sobre los «nuevos ermitaños», e hipnotiza -a pesar de lo difícil que resulta censarlos- sobre el número de «100 o 200 personas que puedan definirse en Italia como ermitaños católicos a tiempo completo, viviendo solos o en grupos de dos», aparte de un número considerable de «novicios» o aprendices. Turina comenzó su búsqueda en 2003: «Ha sido un problema encontrarlos y entrevistarlos», asegura, «son extraños, huyen, se esconden, a veces incluso rechazan el contacto». El estudioso ha encontrado al fin a unos cincuenta, 37 de los cuales ha aceptado una entrevista. En ellas se descubre que no quieren móvil, («Dios tiene el poder para hacerme vivir o morir si caigo enfermo»), ni coche («Es una pérdida de tiempo»), que algunos se reconocen clientes del supermercado («Es el único momento en que saludo a las personas, me piden que rece por algún familiar, y además, así saben que existo no solo para mí, sino también para ellos»), y que otros ni siquiera lo pisan («No tengo dinero, nadie me paga por rezar, pero confío en Dios y nunca voy a comprar para comer, vivo de limosna…»).

En España, también. La proverbial discreción del anacoreta se cumple en los dos eremitorios conocidos en España, los únicos registrados en la Comisión para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal. Ambos se encuentran en Baleares y resultan difícilmente accesibles. Al menos, telefónicamente. El primero es el de la ermita de Belén, en la localidad mallorquina de Artá. Tras varios intentos, el hermano que contesta al teléfono pide que no se les dé publicidad: «Somos de vida oculta, no dudo de su buena voluntad, pero no queremos hablar sobre nosotros, espero que lo comprenda». Explica que todos en el eremitorio son frailes, y que para entrar allí han tenido que pedir permiso a su superior. Le pido que al menos nos diga cuántos hermanos son. «Somos los que Dios quiere…» responde, dando por zanjada la conversación. La ermita de la Santísima Trinidad, en Valldemosa, la habita la Congregación de Ermitaños de San Pablo y San Antonio. El hermano que responde al teléfono tiene un marcado acento extranjero. De nuevo pide que se les respete su intimidad y su opción de vida, apartados del mundo. Se trata de una congregación diocesana que ha pedido permiso para vivir retirados: “Somos pequeñas comunidades», explica, sin dar referencia de número. Hace tiempo existían algunos ermitaños en Cataluña, pero nadie sabe nada de ellos. Quizá también allí siguen viviendo en la felicidad más radical posible.

7 junio 2006

Fuente: Redes Cristianas.