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diciembre 29, 2011

Santiago declarará.


Por: Mario F Lleonart Barroso.*
El pasado 19 de octubre quedó colgado en Cubano Confesante  el post: Entregada la primera lista, que escribí el 8 del propio mes refiriéndome a la lista con nombres de testigos referenciales que el viernes 7 de octubre dejé en manos del fiscal Osmel Fleites Cárdenas, encargado por la Fiscalía Provincial de Villa Clara a su vez encargada por la Fiscalía General de la República del proceso investigativo supuestamente abierto por lacontroversial muerte del ciudadano santaclareño Juan Wilfredo Soto García, aliasEl Estudiante. Hasta el momento ninguno de los testigos que relacioné ha sido citado para declarar, aunque han pasado dos meses y medio de aquella entrega.
La lista la encabezaba mi padrastro Santiago Martínez Medero ( foto abajo a la derecha). Lo coloqué en primera fila con toda intención. Él fue la causa de que el que iba a morir nos saludará aquella mañana de su golpiza, el imborrable jueves 5 de mayo. Un cáncer de cuello que lentamente estuvo batallando contra Santiago desde fines de 2009 nos había llevado aquella mañana, como la de tantos otros jueves, al Hospital Oncológico de Santa Clara para un tratamiento de quimioterapia que una doctora de trato angelical, que tampoco podremos olvidar, le estaba prescribiendo.
La providencia divina, que se vale aún de nuestras enfermedades para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación (Isaías 28.21), posibilitó que los tres confluyésemos en el mismo espacio-tiempo de aquel punto de la calle Cuba, frente al Oncológico, para escuchar de Juan Wilfredo aquella terrible declaración que in so facto nos responsabilizó ante las justicias humana y divina. Tan fuerte resultaron a mi padrastro las palabras de El Estudiante que no fueron los pinchazos de aquel día los que más relevantes le resultaron. Evidenciando lo impactado que quedó tras la tremebunda confesión de Soto García al regresar a su casa fue lo que primero contó a mi madre quien luego a su vez me interrogó muy preocupada.
La tormenta que sobrevino dos días después de la muerte de Wilfredo -como para confirmar que lo que aquel nos había contado no había sido ningún invento- las embusteras palabras del libelo Granma y los irrisorios reportajes televisivos que podían engañar al mundo entero, menos a nosotros, no lograron amedrentar a mi padrastro respecto a la posibilidad de testificar que Wilfredo nos dijo lo que nos dijo, a pesar de que una vez llegó a confesarme que sentía miedo, sin percatarse que ya él no tenía nada que perder, muestra de la eternidad que Dios ha puesto en el corazón de cada hombre. En aquellos convulsos días de mayo, si el régimen, en lugar de priorizar la defensa de la «reputación» de sus fuerzas «del orden», se hubiese dedicado, como correspondía si viviésemos en un Estado de derecho, a investigar la muerte de uno de sus ciudadanos, mi padrastro podría haber presentado su declaración ante cualquier jurado ya que se encontraba todavía con facultades físicas y mentales suficientes para hacerlo. Pero el régimen solo reaccionó atacando a priori a todo aquel que osara insinuar que la muerte de Juan Wilfredo podía tener una causa violenta.
Casi ocho meses mediaron entre la muerte de Juan Wilfredo, 8 de mayo, y la de mi padrastro, este pasado 21 de diciembre. Tiempo más que suficiente como para que el gobierno realizara la investigación que merecía el cuestionamiento de la muerte de un ciudadano, máxime cuando el sospechoso de la muerte, ante el mundo, era el gobierno mismo. Sin embargo, fiel a su política de muerte, el gobierno esperó a la solución biológica para la desaparición de este testigo referencial de Juan Wilfredo Soto.
Los últimos tres meses de Santiago fueron muy difíciles para él, y para nosotros su familia. Contra todo pronóstico, incluyendo el calculado por el gobierno, mi padrastro se alimentó como un pajarito a través de un levíne incorporado por el agujero derecho de su nariz, resistió el suministro de alrededor de cuatrocientas dosis de morfina y sobrevivió tres fuertes hemorragias por la parte afectada de su cuello que llegaron a hacer descender su hemoglobina hasta un nivel tan bajo como cuatro. Una vecina me preguntó alarmada un día: ¿Qué es lo que debe Santiago en este mundo que no puede morirse? Y yo le respondí certero: ¡Una declaración!
Aunque era un tema del que no le gustaba hablar, especialmente cuando supo de mis detenciones el 26 de junio y el 19 de octubre, accedió a confirmar la declaración de Juan Wilfredo en videos que le tomé ante mi argumento de que en su estado de salud no se encontraba en condiciones de trasladarse a ningún tribunal. A veces, no obstante, parecía cobrar un extraño valor que le hacían lanzarme alguna frase inesperada,  como si en medio de su enfermedad pesara para él la responsabilidad de una declaración a la que sería citado en algún momento y por la que estuvo esperando. Apenas dos semanas antes de morir me soltó de plano: -Pronto vamos a hacer un viaje a La Habana. - ¿Para qué? - le pregunté sorprendido: -Para hacer la declaración. Me respondió dejándome estupefacto.
Tal vez los asesinos celebren alegres la desaparición de un testigo cuya declaración podía ser importante en el caso #JWS. Él nunca fue un opositor político, no fue un disidente, jamás le interesó la política, fue una de las millones de víctimas silenciosas de esta dictadura que acatan con pasividad la violación de la mayor parte de sus derechos ciudadanos de los que a veces no tienen ni conciencia. Sin embargo, ante su involucramiento, no buscado ni planificado por hombre alguno en esta historia en relación a #JWS hizo que  la Seguridad del Estado mostrara constante preocupación en extrañas visitas de médicos que provenientes de Santa Clara venían a verificar su estado de salud, lo cual no ha tenido lugar con otros enfermos de cáncer que se mueren en nuestra comunidad, a unos treinta y cinco kilómetros de la cabecera provincial. En los ingresos de Santiago no fue difícil percatarse de la presencia tampoco de sus personeros, y constituyó una razón más para que estuviésemos al tanto de cada detalle, yo mismo procuré permanecer la mayor parte del tiempo a su lado en estos casos. Todavía me pregunto del por qué el ensañado apedreamiento contra esta misma casa en que mi padrastro daba sus últimos suspiros la noche del 22 de octubre quebrando su paz de moribundo. Del por qué de la desfachatada detención del exprisionero de conciencia del grupo de los setenta y cinco, Librado Linares, el pasado 24 de noviembre cuando vino a realizar una mera visita piadosa a mi padrastro. Cínico también fue el rodeo a activistas de los derechos humanos la pasada mañana del 21 de diciembre mientras velábamos a Santiago en la funeraria de Camajuaní. Cada una de estas acciones fue denunciada en su momento en Twitter, @maritovoz dio cuenta en tiempo real de todo ello, como puede ser verificado en su perfil.
Afortunadamente, parece que la denuncia en Twitter puso al desnudo el descaro de la maniobra de evitar que personas sensibilizadas acudiesen a la funeraria y a las dos de la tarde les dejaron salir de sus casas, no sin custodia que tuvimos hasta concluida la sepultura de Santiago. Las palabras finales recayeron sobre mí en el cementerio, y en ellas, además de expresar lo que la vida de este hombre sencillo de pueblo representó para nosotros, a manera de epílogo, afirmé que lo que Santiago se quedaba debiendo en este mundo sería saldado. Es probable que para algunos asistentes mis palabras resultaran enigmáticas, pero no para los secuaces de la seguridad del Estado presentes, las personas conocedoras del caso, y Dios, que ha estado todo el tiempo interesado en la justicia.
Vidas como las de Santiago constituyen saetas con las que Dios sorprende a quienes se consideran dueños o protagonistas de la Historia. Toda la estela de sus sesenta y ocho años parecería condenada a borrarse en la intrascendencia y el anonimato de las multitudes si Dios no le hubiese colocado en el mismo camino de otra víctima por el valle de sombra de muerte en el que Él y yo le acompañábamos, como para que en tal circunstancia Santiago tuviese la oportunidad de mostrar el gesto de olvidarse de sus propias penas y concentrarse en las del otro y estar dispuesto, en una decisión valiente, a testificar la declaración que como un batón nos pasó Wilfredo Soto.  En un punto del espacio-tiempo Dios le puso en el camino de otra víctima, no de las enfermedades biológicas que el otro también padecía, sino de las crueldades humanas incongruentes con el propósito para el que originalmente fue diseñada la sociedad humana. Uno puede asimilar, aún cuando tampoco pueda entender por completo, que podemos ser víctimas de virus, bacterias y mutaciones celulares y genéticas, pero no que lo seamos de nuestro propio prójimo, que nos matemos entre nosotros mismos. Y mi padrastro, hombre intrascendente desde el punto de vista social, tuvo sin embargo la lucidez divina de saber escoger en esta historia entre el bien y el mal, y de tener la suficiente sensibilidad como para enardecerse con Dios ante la injusticia a un semejante. 
No es de extrañar, en este período de dos años de enfermedad, mi padrastro se acercó como nunca antes lo había hecho a su Creador y se preparó para el encuentro con Él. Reconociéndose pecador encontró en Jesucristo el único medio posible, y facilitado por Dios, para poder tener una relación personal con Él. Y lo más lógico es que buenas obras que Dios preparó de antemano sigan a quienes han tenido ese tipo de encuentro con Él (Efesios 2.8-10).
Mi padrastro estuvo dispuesto, y es lo que importa, cuando las circunstancias lo demandaron, no a esconder su cabeza como el avestruz permaneciendo pasivo frente a una injusticia, sino, como es digno y lógico de un hijo de Dios, rescatado y renacido espiritualmente -si es que faltara la dignidad que se supone deba tener cualquier ser humano en su conciencia para ello- de pararse en la brecha entre Dios y los hombres y demandar justicia. Para la justicia humana guardamos las grabaciones que Santiago nos dejara, y todavía quedamos en pie otros testigos para respaldar lo que él quería pero no pudo decir ante las togas. Para la justicia divina ya  testigo y víctima se encuentran bajo resguardo de Dios y solo cabría preguntarse ¿cuánto tiempo más intentarán en vano los culpables evadir el tribunal de Cristo ya que piensan haberse echado en el bolsillo al tribunal humano? Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Corintios 5.10). 
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su Ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.

abril 17, 2011

Celebración y agradecimiento a Dios por los presos políticos que en Cuba salieron de las cárceles.

CAMPAÑA 50 DIAS 2011. “ORACIÓN Y TESTIMONIO”
Por: Pbro. Mario Félix Lleonart Barroso.*
Indudablemente la mayor parte de estos testimonios estarán relacionados con la liberación espiritual de muchos cubanos. Yo me sumo a ellos, pero quisiera aprovechar este breve espacio para agradecer también a Dios por la liberación física de un elevado número de presos que antes de la celebración de las tres campañas anteriores, y mayormente por motivos de conciencia, no tenían esperanza de salir en muchos años de las prisiones. Ellos, con sus nombres y apellidos, fueron peticiones intensas que muchos elevamos al Señor y en esta Campaña de Celebración no podemos dejar de incluir la acción de gracias por la respuesta a nuestras plegarias.
Foto abajo a la derecha: El pastor Mario Félix, su esposa Yoaxis y una de sus niñas junto a Librado Linares, acabado de liberar el pasado 17 de marzo, y junto a su esposa Magalis y su niño. Al día siguiente Librado cumplía ocho años de prisión y había sido condenado a veinte.

Basta constatarlo leyendo la Nota de Prensa publicada en el periódico Granma del jueves 8 de julio de 2010, página 2, para comprobar que lo que para muchos era imposible se tornó en realidad. La revista católica Palabra Nueva, del Arzobispado de La Habana, fue dando cuenta de cada una de las excarcelaciones en sus tiradas. La publicación presbiteriana Heraldo Cristiano No. 4, de julio-agosto de 2010, en su página 5, apelando a Lc 4.8 y a Hebreos 13.3ª, reconoció y agradeció estas liberaciones y “el fin de la huelga que por esa causa mantenía el Sr. Guillermo Fariñas”.
Más que por gestiones humanas esto fue un auténtico milagro divino concedido por plegarias e intensos ayunos de cubanos de buena voluntad. Ese grupo numeroso de presos y sus familiares han conocido de nuestras intercesiones y ahora están más dispuestos a escuchar de la liberación espiritual que por encima de todo Cristo ofrece y muchos ya también la han recibido. ¡A Dios sea la gloria!
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.

febrero 21, 2011

La Libertad de un hombre.

Sé de un hombre que se encuentra tras las rejas hace ocho años, sus captores le han creído preso, pero es uno de los hombres más libres que viven sobre la faz de la tierra, su nombre es Librado Linares ( Foto debajo a la izquierda). Aunque no he tenido el privilegio de conocerle personalmente, me he acercado a él a través de su familia, su esposa Magalis, su hermana Martica, sus ancianos padres y su hijo Cesar, un niño hermoso e inteligente, que disfruta el canto y la música y que ha tenido por desdicha crecer alejado de su padre y por dicha ser hijo de un ser humano de convicciones firmes y elevado sentido de la dignidad.
Tengo fresca en mi memoria una ocasión en que, encontrándome en la terminal de trenes de Santa Clara porque me disponía viajar a mi natal Holguín, coincidí con Martica y Magalis, era bien entrada la madrugada y aquellas dos mujeres cargadas de víveres y provisiones tenían como propósito visitar a Librado en la cárcel. El destino de ellas era opuesto al mío ya que la prisión se encontraba en la Habana, pero sentí tal ternura hacia las dos, que estuve pensando y orando por ellas durante todo mi viaje. Estas mujeres se han mantenido fieles al esposo y al hermano preso, creyendo en las consignas de él, animándole a seguir adelante, defendiendo a toda costa sus ideales.
Foto a la derecha  y debajo: El Pastor Mario Félix Lleonart en trabajo pastoral con la madre , esposa e hijo del preso político cubano Librado Linares.©
Durante estos ocho años mi esposo y yo hemos orado sin cesar por la libertad de los prisioneros de conciencia, acusados por el Gobierno cubano de mercenarios, gusanos, apátridas y vendidos al imperialismo yanqui. También durante todo este tiempo hemos animado a la familia de Librado, creyendo cada vez que la libertad de este hombre estaba cerca. Cuando las autoridades del país anunciaron de forma oficial que los cincuenta y dos prisioneros que quedaban en las cárceles de los setenta y cinco apresados y juzgados entre el dieciocho y diecinueve de marzo de dos mil tres a largas condenas, marcando la Primavera de ese año como una de las más negras de la historia de Cuba, saldrían al fin en libertad, como resultado del ayuno prolongado que hiciera Guillermo Fariñas, sentí una alegría inexpresable; pero lamentablemente esa alegría se ha disipado porque del número anunciado solo cuarenta han salido de prisión vía extranjero, uno permanece en el país por motivos de salud y once aún están tras los barrotes, entre esos, Librado Linares.
Una interrogante me inquieta: ¿cumplirán los gobernantes cubanos en su totalidad la promesa de libertad hecha y publicada en el órgano de prensa más importante del país, el Periódico Granma? El mundo está atento esperando el desenlace de esta situación, aun cuando paradójicamente muchos cubanos de adentro, un número considerable de ellos, permanecen ajenos a la suerte de estos once hombres. El mundo espera y también otro grupo de cubanos que con beneplácito reconozco han comenzado a despertar y a levantar sus voces para defender y apoyar a quienes supuestamente están silenciados por el rigor y el castigo.
No tengo idea de cuál será el tiempo que Librado y sus compañeros de lucha y de prisiones permanecerán en la oscuridad, pero yo no conozco a otro hombre más libre que este, su nombre mismo significa: Redimido. Puede un hombre permanecer atado de manos y pies, con su boca amordazada y sus ojos vendados, pero nadie jamás podrá eliminar la libertad de que goza su mente. Librado Linares es un hombre libre porque se tomó el derecho de pensar y expresar sus ideas y defenderlas hasta las últimas consecuencias. Es un hombre libre porque desde el fondo de sus prisiones entregó su corazón a Jesucristo. Su espíritu es liviano como el de aquellos que han decidido proseguir la marcha por el camino escabroso que conduce a la libertad y no por el espacioso que solamente trae perdición y desvergüenza. Son largos los años de no convivir con los seres más queridos, pero precisamente es ese el precio. Algún día Librado Linares será aún más libre, todos lo seremos. Algún día podré yo estrechar las manos de este hombre a quien admiro desde lo más profundo de mi corazón y podré ver la felicidad a plenitud en el rostro de César cuando al fin pueda abrazar con todas sus fuerzas a su padre.
*Licenciada en Información Científico Técnica y Bibliotecología y Máster en Estudios Teológicos por FLET. Desempeña sus labores en la Iglesia Bautista de Taguayabón en Villa Clara Cuba junto a su esposo el Pbro. Mario F Lleonart B.

diciembre 09, 2010

Sara Marta Fonseca Quevedo, ejemplo de mujer cubana y bautista.

SARA MARTA FONSECA QUEVEDO
Por: Mario F. Lleonart Barroso.*
¿Qué haremos a nuestra hermana cuando de ella se hablare? Si ella es muro, edificaremos sobre él un palacio de plata; si fuere puerta, la guarneceremos con tablas de cedro. (Cantar de los Cantares 8.8b-9)
La conocí el domingo 10 de agosto de 2009. Rara vez estoy fuera de mi propia iglesia los fines de semana de modo que no quise perder la única oportunidad que tendría de ver en acción ese admirable movimiento femenino conocido como Damas de Blanco. Me dirigí a la 5ta Avenida donde cada primer día de semana realizaban una marcha silenciosa entre gladiolos y ropas blancas. Las noticias recibidas acerca de ellas me retaban como cristiano y como ser humano; independientemente de estar solidarizado con su causa desde la misma Primavera Negra en marzo de 2003 cuando prendieron a sus esposos, padres o hermanos; entre ellos mi amigo Librado Linares, digno cubano, hoy parte del remanente del grupo de los ´75 que aún permanece en la cárcel a pesar de la faltada promesa del gobierno cubano de liberarlos a todos en un plazo de tres a cuatro meses a partir del miércoles 7 de julio, hoy ya han pasado 5 meses. Hasta entonces las únicas Damas de Blanco que conocía eran Magalis, Martica y Nenita, la esposa, la hermana y la anciana madre de mi amigo, respectivamente; mujeres de valor y dignidad incalculables, y mis hermanas en Cristo las tres.
Pero aquel domingo necesitaba ver al grupo en acción. Luego que realizaron sus oraciones y agitaron sus gladiolos gritando libertad frente a la iglesia de Santa Rita me acerqué a ellas para saludarlas admirado. Les referí mi identidad, les expresé mi aprecio y les manifesté que eran objeto continuo de mis plegarias; y que motivado en Hebreos 13.3 (Acordaos de los presos como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como si estuvierais en sus mismos cuerpos), me inquietaba la situación de sus hombres desde el cobarde operativo que los encarceló aprovechando que la cobertura mediática internacional estaba totalmente girada hacia la guerra contra Irak que acababa de estallar.
Sara Marta Fonseca Quevedo se abrió paso entre todas para decirme emocionada: - Pastor, yo también soy bautista. Soy una dama de apoyo para estas mujeres que están sufriendo. Gracias por acompañarme en hacerles saber que no todo el pueblo cristiano se encuentra insensibilizado con su dolor.- Fue una emoción indescriptible para ambos conocernos como hermanos en la fe a pie de obra. No habría sido lo mismo encontrarnos en alguno de los innumerables bancos de nuestros templos, exiguo reducto para algunos en la práctica de la fe cristiana. Vernos juntos entre tan lastimadas mujeres fue sentirnos como el profeta Elías cuando luego de creerse solo supo que otras siete mil rodillas no se habían doblado ante Baal (1 Reyes 19.18).
Foto del autor del artículo que corresponde al día de su encuentro con Sara Marta, en ocasión de la caminata de las Damas de Blanco.(Arriba derecha).
Luego de aquella especial ocasión no hemos vuelto a encontrarnos. Pero no me han dejado de llegar noticias sobre ella. En todas Sara Marta ha levantado en alto el lugar de las mujeres bautistas cubanas. No sé si sea tan conocida en nuestro ilustre Departamento Femenil Misionero, pero lo ha representado muy bien. Cuando meses atrás unos valientes jóvenes tuvieron la osadía de devolver al Alma Mater la alegría de ver nuevamente personas decididas a levantar la voz clamando por la libertad de Cuba, Sara estaba entre ellos y creo que era la única mujer. Fue tal la agitación que levantó en la emplazada bestia un acto tan sencillo que, además de los golpes y los arrestos, unos días después, para inaugurar el nuevo año de la Universidad, miles de recursos fueron puestos en función de que la mayor parte de los estudiantes estuviesen listos un amanecer para escuchar otro endiosado discurso de nuestro Nerón dándose loas y casi autoproclamándose Nobel de la Paz tomando por estúpidos a todos aquellos aburridos jóvenes y suponiendo que la totalidad de ellos ignoraba que de ejecutarse su petición a Nikita, del da tú el golpe primero, ninguno de ellos habría nacido siquiera. Pero aunque su neurótica arenga de catastrofismo solo se refería a la posibilidad de explosiones atómicas, y la rimbombancia organizativa del acto no realizó la más mínima referencia, el verdadero objetivo era sin dudas tratar de adormecer nuevamente al Alma Mater e intentar borrarle el reciente recuerdo cuando Sara, apenas unos días atrás, quiso demostrarle que ahora sí la era está pariendo un corazón.
Hoy he recibido la noticia de los actos de repudio de bandas paramilitares que con total impunidad han arremetido varias veces contra la casa de Sara Marta, con detestable violencia han maltratado su vivienda, con odio falaz le han lanzado toda clase de piedras e improperios y hasta la han amenazado de muerte. Es importante que esas turbas sepan que la hermana Sara no está sola. Que es una comprometida hija de Dios y que ponerle un dedo encima es ponérselo a Dios porque por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños a mí lo hicisteis (Mateo 25.31-46); y es ponérselo encima también a sus hermanos, muchos de los cuales lamentablemente aún no han despertado del letargo pero que pueden hacerlo en cualquier instante, especialmente si se siguen suscitando actos tan viles y cobardes como los que han tenido lugar en los pasados días contra nuestra pequeña pero gigante hermana.
*Pastor Bautista radicado en Cuba. Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occ. Desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón, VC, Cuba.