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diciembre 29, 2011

Santiago declarará.


Por: Mario F Lleonart Barroso.*
El pasado 19 de octubre quedó colgado en Cubano Confesante  el post: Entregada la primera lista, que escribí el 8 del propio mes refiriéndome a la lista con nombres de testigos referenciales que el viernes 7 de octubre dejé en manos del fiscal Osmel Fleites Cárdenas, encargado por la Fiscalía Provincial de Villa Clara a su vez encargada por la Fiscalía General de la República del proceso investigativo supuestamente abierto por lacontroversial muerte del ciudadano santaclareño Juan Wilfredo Soto García, aliasEl Estudiante. Hasta el momento ninguno de los testigos que relacioné ha sido citado para declarar, aunque han pasado dos meses y medio de aquella entrega.
La lista la encabezaba mi padrastro Santiago Martínez Medero ( foto abajo a la derecha). Lo coloqué en primera fila con toda intención. Él fue la causa de que el que iba a morir nos saludará aquella mañana de su golpiza, el imborrable jueves 5 de mayo. Un cáncer de cuello que lentamente estuvo batallando contra Santiago desde fines de 2009 nos había llevado aquella mañana, como la de tantos otros jueves, al Hospital Oncológico de Santa Clara para un tratamiento de quimioterapia que una doctora de trato angelical, que tampoco podremos olvidar, le estaba prescribiendo.
La providencia divina, que se vale aún de nuestras enfermedades para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación (Isaías 28.21), posibilitó que los tres confluyésemos en el mismo espacio-tiempo de aquel punto de la calle Cuba, frente al Oncológico, para escuchar de Juan Wilfredo aquella terrible declaración que in so facto nos responsabilizó ante las justicias humana y divina. Tan fuerte resultaron a mi padrastro las palabras de El Estudiante que no fueron los pinchazos de aquel día los que más relevantes le resultaron. Evidenciando lo impactado que quedó tras la tremebunda confesión de Soto García al regresar a su casa fue lo que primero contó a mi madre quien luego a su vez me interrogó muy preocupada.
La tormenta que sobrevino dos días después de la muerte de Wilfredo -como para confirmar que lo que aquel nos había contado no había sido ningún invento- las embusteras palabras del libelo Granma y los irrisorios reportajes televisivos que podían engañar al mundo entero, menos a nosotros, no lograron amedrentar a mi padrastro respecto a la posibilidad de testificar que Wilfredo nos dijo lo que nos dijo, a pesar de que una vez llegó a confesarme que sentía miedo, sin percatarse que ya él no tenía nada que perder, muestra de la eternidad que Dios ha puesto en el corazón de cada hombre. En aquellos convulsos días de mayo, si el régimen, en lugar de priorizar la defensa de la «reputación» de sus fuerzas «del orden», se hubiese dedicado, como correspondía si viviésemos en un Estado de derecho, a investigar la muerte de uno de sus ciudadanos, mi padrastro podría haber presentado su declaración ante cualquier jurado ya que se encontraba todavía con facultades físicas y mentales suficientes para hacerlo. Pero el régimen solo reaccionó atacando a priori a todo aquel que osara insinuar que la muerte de Juan Wilfredo podía tener una causa violenta.
Casi ocho meses mediaron entre la muerte de Juan Wilfredo, 8 de mayo, y la de mi padrastro, este pasado 21 de diciembre. Tiempo más que suficiente como para que el gobierno realizara la investigación que merecía el cuestionamiento de la muerte de un ciudadano, máxime cuando el sospechoso de la muerte, ante el mundo, era el gobierno mismo. Sin embargo, fiel a su política de muerte, el gobierno esperó a la solución biológica para la desaparición de este testigo referencial de Juan Wilfredo Soto.
Los últimos tres meses de Santiago fueron muy difíciles para él, y para nosotros su familia. Contra todo pronóstico, incluyendo el calculado por el gobierno, mi padrastro se alimentó como un pajarito a través de un levíne incorporado por el agujero derecho de su nariz, resistió el suministro de alrededor de cuatrocientas dosis de morfina y sobrevivió tres fuertes hemorragias por la parte afectada de su cuello que llegaron a hacer descender su hemoglobina hasta un nivel tan bajo como cuatro. Una vecina me preguntó alarmada un día: ¿Qué es lo que debe Santiago en este mundo que no puede morirse? Y yo le respondí certero: ¡Una declaración!
Aunque era un tema del que no le gustaba hablar, especialmente cuando supo de mis detenciones el 26 de junio y el 19 de octubre, accedió a confirmar la declaración de Juan Wilfredo en videos que le tomé ante mi argumento de que en su estado de salud no se encontraba en condiciones de trasladarse a ningún tribunal. A veces, no obstante, parecía cobrar un extraño valor que le hacían lanzarme alguna frase inesperada,  como si en medio de su enfermedad pesara para él la responsabilidad de una declaración a la que sería citado en algún momento y por la que estuvo esperando. Apenas dos semanas antes de morir me soltó de plano: -Pronto vamos a hacer un viaje a La Habana. - ¿Para qué? - le pregunté sorprendido: -Para hacer la declaración. Me respondió dejándome estupefacto.
Tal vez los asesinos celebren alegres la desaparición de un testigo cuya declaración podía ser importante en el caso #JWS. Él nunca fue un opositor político, no fue un disidente, jamás le interesó la política, fue una de las millones de víctimas silenciosas de esta dictadura que acatan con pasividad la violación de la mayor parte de sus derechos ciudadanos de los que a veces no tienen ni conciencia. Sin embargo, ante su involucramiento, no buscado ni planificado por hombre alguno en esta historia en relación a #JWS hizo que  la Seguridad del Estado mostrara constante preocupación en extrañas visitas de médicos que provenientes de Santa Clara venían a verificar su estado de salud, lo cual no ha tenido lugar con otros enfermos de cáncer que se mueren en nuestra comunidad, a unos treinta y cinco kilómetros de la cabecera provincial. En los ingresos de Santiago no fue difícil percatarse de la presencia tampoco de sus personeros, y constituyó una razón más para que estuviésemos al tanto de cada detalle, yo mismo procuré permanecer la mayor parte del tiempo a su lado en estos casos. Todavía me pregunto del por qué el ensañado apedreamiento contra esta misma casa en que mi padrastro daba sus últimos suspiros la noche del 22 de octubre quebrando su paz de moribundo. Del por qué de la desfachatada detención del exprisionero de conciencia del grupo de los setenta y cinco, Librado Linares, el pasado 24 de noviembre cuando vino a realizar una mera visita piadosa a mi padrastro. Cínico también fue el rodeo a activistas de los derechos humanos la pasada mañana del 21 de diciembre mientras velábamos a Santiago en la funeraria de Camajuaní. Cada una de estas acciones fue denunciada en su momento en Twitter, @maritovoz dio cuenta en tiempo real de todo ello, como puede ser verificado en su perfil.
Afortunadamente, parece que la denuncia en Twitter puso al desnudo el descaro de la maniobra de evitar que personas sensibilizadas acudiesen a la funeraria y a las dos de la tarde les dejaron salir de sus casas, no sin custodia que tuvimos hasta concluida la sepultura de Santiago. Las palabras finales recayeron sobre mí en el cementerio, y en ellas, además de expresar lo que la vida de este hombre sencillo de pueblo representó para nosotros, a manera de epílogo, afirmé que lo que Santiago se quedaba debiendo en este mundo sería saldado. Es probable que para algunos asistentes mis palabras resultaran enigmáticas, pero no para los secuaces de la seguridad del Estado presentes, las personas conocedoras del caso, y Dios, que ha estado todo el tiempo interesado en la justicia.
Vidas como las de Santiago constituyen saetas con las que Dios sorprende a quienes se consideran dueños o protagonistas de la Historia. Toda la estela de sus sesenta y ocho años parecería condenada a borrarse en la intrascendencia y el anonimato de las multitudes si Dios no le hubiese colocado en el mismo camino de otra víctima por el valle de sombra de muerte en el que Él y yo le acompañábamos, como para que en tal circunstancia Santiago tuviese la oportunidad de mostrar el gesto de olvidarse de sus propias penas y concentrarse en las del otro y estar dispuesto, en una decisión valiente, a testificar la declaración que como un batón nos pasó Wilfredo Soto.  En un punto del espacio-tiempo Dios le puso en el camino de otra víctima, no de las enfermedades biológicas que el otro también padecía, sino de las crueldades humanas incongruentes con el propósito para el que originalmente fue diseñada la sociedad humana. Uno puede asimilar, aún cuando tampoco pueda entender por completo, que podemos ser víctimas de virus, bacterias y mutaciones celulares y genéticas, pero no que lo seamos de nuestro propio prójimo, que nos matemos entre nosotros mismos. Y mi padrastro, hombre intrascendente desde el punto de vista social, tuvo sin embargo la lucidez divina de saber escoger en esta historia entre el bien y el mal, y de tener la suficiente sensibilidad como para enardecerse con Dios ante la injusticia a un semejante. 
No es de extrañar, en este período de dos años de enfermedad, mi padrastro se acercó como nunca antes lo había hecho a su Creador y se preparó para el encuentro con Él. Reconociéndose pecador encontró en Jesucristo el único medio posible, y facilitado por Dios, para poder tener una relación personal con Él. Y lo más lógico es que buenas obras que Dios preparó de antemano sigan a quienes han tenido ese tipo de encuentro con Él (Efesios 2.8-10).
Mi padrastro estuvo dispuesto, y es lo que importa, cuando las circunstancias lo demandaron, no a esconder su cabeza como el avestruz permaneciendo pasivo frente a una injusticia, sino, como es digno y lógico de un hijo de Dios, rescatado y renacido espiritualmente -si es que faltara la dignidad que se supone deba tener cualquier ser humano en su conciencia para ello- de pararse en la brecha entre Dios y los hombres y demandar justicia. Para la justicia humana guardamos las grabaciones que Santiago nos dejara, y todavía quedamos en pie otros testigos para respaldar lo que él quería pero no pudo decir ante las togas. Para la justicia divina ya  testigo y víctima se encuentran bajo resguardo de Dios y solo cabría preguntarse ¿cuánto tiempo más intentarán en vano los culpables evadir el tribunal de Cristo ya que piensan haberse echado en el bolsillo al tribunal humano? Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Corintios 5.10). 
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su Ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.

septiembre 11, 2011

La Fiscalía en Cuba abrirá un proceso de investigación sobre la muerte de Juan Wilfredo Soto García.

¡SE ABRIÓ EL CASO!
1. LOS ANTECEDENTES.
Quienes han seguido mi bitácora conocen todos los precedentes. El martes 6 el licenciado Osmel Fleites Cárdenas, fiscal de la Fiscalía Provincial de Villa Clara, en persona, sin el auxilio de ningún alguacil, se tomó el trabajo de entregar una citación oficial para mí, convocada para el jueves 8 en la Fiscalía Municipal de Camajuaní. Que el fiscal haya viajado hasta Taguayabón para entregar directamente en mi casa esta citación denota sin lugar a dudas una urgencia. Lo refuerza el hecho de que al siguiente día otro fiscal, el licenciado Magdiel Romero López, dejase también otra citación a nombre de la Fiscalía de Camajuaní.
Como intuí en el post DE OCHO EN OCHO, el asunto tenía su génesis en la entrega que el pastor Ricardo Santiago Medina y yo realizamos el pasado 8 de junio en la Fiscalía General de la República a propósito de la controversial muerte de Juan Wilfredo Soto García el 8 de mayo. Nuestra carta fue respaldada el 8 de julio con la entrega de firmas de otros ciudadanos. El 8 de agosto recibí la respuesta de La Habana dándome a conocer que sería la Fiscalía Provincial de Villa Clara quien se entendería conmigo en lo adelante. Reconozco mi prejuicio al respecto de esta respuesta que concebí como meramente burocrática, cómo si no con estas más de cinco décadas de decepciones con una justicia evidentemente parcializada.
Dos fiscales en función de mí entre los días 6 y 7 insistiendo en la citación para este 8 de septiembre no dejó de sorprenderme.
2. LO QUE SUCEDIÓ.
Ante tanta insistencia y teniendo en cuenta que el originalmente interesado soy yo mismo dada mi solicitud a la Fiscalía General, allí estuve a la hora señalada. El Fiscal Magdiel Romero López me explicó muy atentamente que él era quien había llevado la citación del día anterior, y que no habiendo encontrado a nadie, y luego de preguntar a vecinos, la introdujo por debajo de la puerta. Añadió que la citación que él llevó había sido a petición de la Fiscalía Provincial y que yo debía esperar ya que seguramente estarían al llegar.
Esperé, y en efecto, a las 10.00 am llegó el fiscal Osmel Fleites Cárdenas quien me atendería. A las 10.15 ya estábamos sentados uno frente al otro y así estuvimos hasta las 11.45. Pude confirmar la impresión que tuvo mi esposa el día 6 cuando este profesional visitó mi casa y fue atendido por ella, se trata de una persona muy amable, y si esta cualidad fue la que determinó su elección, tengo que reconocer que fue efectivo en ello; aún cuando él no sea el fiscal seleccionado para dirigir el caso que, según pude interpretar de sus palabras, será una mujer, cuyo nombre no especificó, ya esto insinúa que hay un equipo de fiscales trabajando en el asunto.
El fiscal traía pre elaboradas un conjunto de interrogantes, algunas de las cuales no tuvo que emitir ya que yo le fui contestando en mi narración, sin duda ya conocida por ellos. Entre las preguntas que me hizo estaban ¿qué me motivó a acudir a la Fiscalía General?, ¿cuál era mi relación con Juan Wilfredo? ¿Si tenía o tengo algún tipo de relación con sus familiares?
En cuanto a las motivaciones para acudir a la Fiscalía General le argüí especialmente dos:
En primer lugar mi sensibilidad como ser humano, cualquier otro lo hubiese hecho en mi lugar simplemente con tener intacto este sentido de responsabilidad, añadido en mi caso el hecho de ser cristiano y el reforzado de ser pastor. Como he reiterado en estos cuatro meses, procuraré no ser el sacerdote ni el levita que siguieron de largo ante el hombre que dejaron tirado junto al camino; tengo el reto de ser como el samaritano, y ojalá lo consiga. Un hombre intensamente adolorido, a quien yo había visto en buen estado físico, mental y espiritual, apenas un día antes, a pesar de sus cuatro enfermedades crónicas (por ninguna de las cuales se reportó su “muerte natural”), me confesaba quebrantado la causa aquel fatídico día cinco, justo cuando se dirigía al hospital buscando un auxilio que en definitiva no le dieron en aquel momento porque simplemente se limitaron a ofrecer un calmante para que prosiguiera su inevitable peregrinaje hacia la muerte. Aunque muchos, duele decirlo, me han criticado sugiriendo que yo debía hacerme de la vista gorda ante un hecho así, preferí obedecer lo que concebí como la voz de Dios para tomar este camino más tortuoso de exigir la justicia. La confesión de Juan Wilfredo puso a prueba todos mis principios y conceptos, cómo podría colocarme cada domingo tras un pulpito a predicar un sermón cuando Dios y yo sabríamos que me había comportado como un imperturbable sacerdote o levita más.
En segundo lugar me motivó acudir a la Fiscalía General de la República el hecho de sentirme emplazado por el gobierno cubano que en una sarta de editoriales y pronunciamientos oficiales vitoreados por el monopolio informativo de sus medios, aún sin nombrarme, cuestionó mi persona dando por sentado, sin antes abrir un proceso investigativo, afirmando a priori, que sostener que la muerte de Juan Wilfredo por causa violenta era una mentira, una burda provocación, un plan orquestado por la CIA y la Unión Europea.
Respecto a mi relación con Juan Wilfredo respondí al fiscal que se remontaba a un año antes de su muerte, que le había conocido en mis visitas al hospital cuando Guillermo Fariñas realizaba su colosal y fructífera huelga de hambre. Que Juan Wilfredo había demostrado entonces ser un amigo inseparable del huelguista. Que concluida la huelga de Fariñas y dada la necesidad de mi traslado cada semana a Santa Clara como profesor del Seminario Bautista continúe encontrándome con Soto García a mi paso por el parque donde siempre se encontraba presente y lo que propició mi constante actualización respecto a él. Que le ayudé a conseguir medicamentos con otros pastores con quienes sostengo relación alrededor del mundo a quienes había enviado fotos del amigo enfermo e incluso copias de su resumen de historia clínica.
Acerca de su familia sinceramente le contesté que mi relación era exclusivamente con Juan Wilfredo. Que a sus dos hijos y a su sobrina los conocí en la Funeraria cuando fuimos presentados, ellos permitieron mis palabras públicas en tal ocasión y luego, sin censurar ninguna de ellas -donde dejé clara mi seguridad de que se había ejercido violencia física contra él- me saludaron notablemente agradecidos por mi intervención y con sentido afecto. Fue sin dudas la familia quien permitió que fuese Guillermo Fariñas el que despidiese también el duelo en el cementerio, en Cuba la importante elección del orador póstumo pertenece exclusivamente a la decisión familiar, y existen abundantes testimonios gráficos de aquel momento, donde puede apreciarse la participación aprobatoria de familiares heridos que entonces no expresaron dudas al respecto. Luego del entierro de Juan Wilfredo no he visitado a su triste familia, como era mi deseo, por causa de las enormes presiones que han sido ejercidas sobre ellos y dada la versión oficial televisiva de que quienes nos acercáramos a ellos con la versión de violencia sobre el difunto éramos unos manipuladores a sueldo de la CIA. En tales circunstancias, y con visitas y manipulaciones sí de la Seguridad del Estado sobre ellos, preferí no ser yo quien añadiese dolor sobre dolor para por quienes he seguido orando constantemente.
Entre estas respuestas al fiscal hilvané el hilo de mi testimonio ampliamente reportado al mundo, y que ahora por fin tras cuatro largos meses, realizaba por vez primera a un órgano de justicia cubano. Y esto, vale no olvidarlo, ocurría no por iniciativa del Estado sino por los que reclamamos a la Fiscalía General. Tengo conocimiento que además del pastor Ricardo Santiago y yo muchos otros ciudadanos han presentado reclamaciones respecto a Juan Wilfredo Soto, tanto a la Fiscalía General como a la propia Fiscalía Provincial de Villa Clara. Aunque hasta donde sé otros no han recibido respuesta todavía, yo hago como suyas la mía ya que sin dudas todos hemos empujado esta ruda puerta de la Justicia.
Tras tomar nota en borrador de mis palabras el fiscal redactó el acta que leyó para mí, y tras realizar leves acotaciones que le señalé, firmó conmigo cada folio. Incluyó en ella el hecho perfectamente constatable de la redacción de mi tweet del 5 de mayo a las 11.55 am donde aparece la primera referencia a la violencia ejercida sobre Wilfredo Soto, escrita antes de su muerte, y en la que he realizado énfasis en todos mis testimonios porque lo considero una prueba de que algo muy serio me urgió a publicar una nota así, y este algo no fue otro evento que el inolvidable encuentro con él.
En el acta quedó incluida la existencia de otros testigos referenciales como yo dispuestos a declarar. Dejé claro que tal treintena de testigos no éramos los únicos, que existían otros muchos, probablemente con categoría inclusive de oculares, pero que por temor no se encontraban dispuestos a declarar, al menos hasta el momento, como es el caso del joven del bicitaxi en que se trasladaba Juan Wilfredo aquella mañana, miembro por cierto de la iglesia de Los Pinos Nuevos en Santa Clara. Entre los testigos dispuestos a declarar se encuentra mi padrastro Santiago Martínez Mederos que es el familiar a quien acompañaba aquel día en el hospital oncológico de Santa Clara y cuya salud en estos cuatro meses que han sucedido a nuestro encuentro con Juan Wilfredo se ha deteriorado notablemente, ya prácticamente en estado terminal.
El fiscal me declaró que existían elementos suficientes para abrir un proceso, sin dudas esto que él me expresaba no constituía una expresión espontánea resultado de escuchar mi testimonio, sino una decisión que ya estaba determinada. Lo confirmé cuando al preguntarle si debía esperar por una nueva citación para aportar la lista de los demás testigos referenciales dispuestos a declarar me dijo que no, que cuando yo lo estimase y a partir de ese instante, podría dirigirme hasta la Fiscalía Provincial para entregarla sencillamente identificándome y haciendo alusión al proceso, que podría localizarlo a él aunque sería una fiscal quien dirigiría este caso.
3. LO QUE SUCEDERÁ.
El futuro desarrollo de este caso, al menos yo, no lo puedo predecir. Tal vez su resultado ya ha sido lentamente tramado durante estos más que suficientes cuatro meses, aún cuando debo advertir que algún dato imprevisto podría irse de la mano y sorprender a los propios creadores de ardides. Espero que no vuelvan a aparecerse con testimonios tan poco convincentes como los del doctor Ricardo R. Jorge, vecino de Ave. Sandino #18, por quien también oro con amor pero que francamente está «quemado» como agente de la Seguridad del Estado ante cuya potestad ha puesto de rodillas su juramento médico, especialmente así consideran serios profesionales de la salud, colegas suyos, con muchos de los cuales he disertado al respecto.
Independientemente de todo el prejuicio que tan justificadamente pueda existir contra este proceso, comenzando por mí mismo, lo reconozco; y de que nadie pueda asegurar cuándo ni cómo termine, ya hay un logro incuestionable de todos los que no hemos permitido condenar al silencio la muerte violenta de nuestro entrañable ESTUDIANTE, y es que el proceso está abierto. Debo advertir que si como parte del mismo en algún momento se me ofrece la justa oportunidad de demandar al gobierno cubano por difamador y encubridor, lo cual arroja añadidas sospechas de que haya sido en este caso el ejecutor principal -dada la chapucera urgencia con que obstinadamente se defendió aquella oscura semana que siguió a la muerte de Juan Wilfredo, ignorando entonces la posibilidad de un limpio proceso judicial- lo haré como conviene a una justicia de veras imparcial.
Voy a conceder por una vez al amable fiscal el beneficio de la duda, ignoraré todo lo que ha sucedido en estos más de cincuenta años de historia anterior donde los órganos de justicia han estado fehacientemente parcializados en favor de un Estado que se las da de impoluto e incuestionable. Comprobaré si, como afablemente me dijo el fiscal, la justicia cubana está de parte del pueblo sin miramientos de quien sea el ciudadano; o si permanece como lacaya de un régimen que por más que pretenda disfrazarse, no es el pueblo ni la nación cubana, de quienes agradecido a Dios, yo sí me siento carne y espíritu. Definitivamente en algún momento debiera comenzar este viraje hacia una verdadera justicia con los ojos vendados y por qué no soñar que esta podría ser una de las señales primigenias.
Sueño con una patria como la que evocó mi consiervo Martin Luther King en la que pudiera cumplirse su tan estimado Salmo 85.10: «La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron».

junio 14, 2011

Una alianza estratégica contra la violencia.

El pasado 8 de junio se cumplió un mes de la muerte y sepultura de Juan Wilfredo Soto García. Nunca pensé que un gobierno podría actuar con tanta desfachatez. A pesar de existir varios ciudadanos escandalizados y dispuestos a fungir como testigos ante cualquier tribunal, comenzando por mí; el gobierno no solo hizo caso omiso de sus declaraciones, sino que públicamente se atrevió a ofenderles con toda su sarta de gastados descalificativos.
La lógica indicaba que el gobierno se podía quitar todo este nuevo escándalo de encima con simplemente abrir una investigación y someter a juicio a los agentes involucrados. La búsqueda de la respuesta al por qué no lo hizo puede arrojar muchas luces acerca de la naturaleza de este régimen. Si nos hubiésemos encontrado ante magistrados como de los que habla la Biblia en Romanos 13 este asunto ya habría concluido. Pero no estamos ante un Estado así, sino ante uno como el de Revelación 13. No se puede juzgar a policías por golpear en un país donde se les alienta a hacerlo, porque siempre terminará en el banquillo de los acusados la máxima responsabilidad de la nación. Y esto lo saben nuestros sátrapas.
A pesar de todo, fue tanto el escándalo, que conservé la esperanza de que, al menos por guardar la forma, el gobierno hiciera algo más, aparte de ofender e intentar desviar la atención. Pero pasó todo un mes, y no hizo nada positivo. Fue entonces que tomé la determinación de solicitarle lo que ellos por obligación debían haber hecho desde un primer momento. Pero no lo hice solo. Me acompañó en este empeño el pastor Ricardo Santiago Medina Salabarria( Foto a la derecha) . Desde que tuvo noticias de mi tweet referencial sobre la paliza a EL ESTUDIANTE, este hermano, especialmente por vínculos de fe cristiana, me hizo conocer de su apoyo y colaboración en cualquier decisión que tomase respecto a este hombre tirado junto al camino.
Conocí a Medina Salabarria la medianoche del 24 para 25 de febrero de 2010. La muerte de Orlando Zapata Tamayo me había atrapado en La Habana con motivo de la 101 Asamblea de mi Asociación. Conocí del libro de condolencias abierto en Neptuno 965 y de algunas personas que habían sido apresadas por ir a firmarlas, entre ellos Yoani Sánchez por cuya pericia quedaron grabaciones de estos arrestos en su celular. El pastor Ricardo Santiago estaba entre los detenidos, y por cierto, palabras suyas muy valientes defendiendo a Yoani están registradas en aquella grabación.
Concluida la sesión convencional de la noche del 24 fui hacia la dirección en Neptuno para dejar palabras en el Libro, pero no satisfecho con ello proseguí hasta la estación de Infanta y Amenidad adonde se encontraba una parte de los detenidos, entre ellos mi consiervo Medina Salabarria. La intención era reclamar a la policía por su liberación, pero familiares apostados afuera me anunciaron que según les habían informado serían liberados a las doce de la noche. Allí estuve para recibirles y nació una amistad que va llegando al año y medio.
Luego supe que este Pastor, además de compartir la misma Fe que tengo en Jesucristo, sin importar nuestras diferencias teológicas, era villareño como yo, un santaclareño de pura cepa. También conocí de dónde le venía un ministerio tan radical: ejerce al frente de la Iglesia Vétero Católica, una de esas denominaciones a las que no se han concedido los privilegios de la famosa lista del Registro de Asociaciones –el canon con el que el Estado intenta chantajear y manipular a los creyentes-, otro asunto por el que los bautistas, paladines de la libertad de conciencia, deberíamos protestar mientras quede un individuo sin el albedrío de vivir y expresar sus creencias.
Por si esto fuera poco, este hermano arrastra con una tragedia familiar que le marcó desde el 1 de agosto de 1994 cuando su tío, Ricardo Medina Dulzaides, presuntamente cometió suicidio en la prisión. Para su sobrino Ricardo Santiago, para el resto de la familia, y para muchos en el  pueblo, en Santa Clara, lo que ocurrió no fue sino un asesinato más. Un caso similar al de Jesús J. Márquez Lemes del que ya he dado referencias en otros posts por ser un caso que me llega de cerca en mi comunidad. Muchos asesinatos con ropaje de suicidio algún día saldrán definitivamente a la luz. La muerte del tío del pastor Ricardo fue sonada en Santa Clara en 1994, como lo ha sido la de Wilfredo Soto en este 2011. Desde entonces el pastor Ricardo Santiago articula la proclamación del evangelio con una proyección muy crítica frente al régimen lo cual incluso lo llevó a prisión donde ya cumplió una condena por su posición tan firme. Se comprenderán pues las sobradas razones de este hermano: creyente, santaclareño y con un muerto a cuestas en la familia; como para que juntarse en alianza estratégica conmigo para esta tarea que Dios me encomendó al permitirme ver y escuchar por última vez, en aquel bicitaxi sin retorno, a EL ESTUDIANTE.
Fue así que precisamente este 8 de junio Ricardo y yo nos juntamos en un original periplo que tuvo como objetivo entregar primero una carta común a la Fiscalía General de la República, y luego copias de esta a otras diversas instituciones solicitando una exhaustiva investigación respecto a la muerte de Soto García. No sé si nuestro esfuerzo albergará algún resultado positivo desde el punto de vista de la legalidad, sin proponérnoslo coincidimos con el Día del Trabajador Jurídico y la noticia en Cuba fue que las instituciones del Derecho ratificaban su compromiso con el sagrado Partido y con la denominada Revolución, evidenciando su parcialidad total. Lo cierto es que para nosotros fue cumplir con un deber más que ciudadano: divino y profético. Las instituciones están obligadas a respondernos en un plazo no mayor de sesenta días, nosotros estamos esperando en Dios.
Más que la respuesta a los documentos impresos que entregamos nos preocupa este mismo reclamo expresado en la vida otra vez puesta en sacrificio por Guillermo Fariñas. Nuestras cartas pueden volverse amarillas, pero la valiosa vida del Sajarov cubano no podemos darnos el lujo de perderla. Ojalá que al menos los creyentes de buena voluntad de Cuba y del mundo puedan sensibilizarse ante tanto dolor, de un lado, e injusticia y desidia del otro.
El próximo domingo será Pentecostés, muchos bautistas cubanos cerraremos ese día una jornada de cincuenta días de oración por Cuba iniciada el domingo de Resurrección. No me queda otra que esperar en los milagros y clamar encarecidamente a Dios para que se manifieste en mi sufrida y enferma nación. ¡Dios, sana nuestra tierra y obra el inmenso milagro de la reconciliación de todos los cubanos, si es en Cristo, mejor! ¡Cuba para Cristo y Cristo para Cuba, ya!
Las fotos del autor del artículo corresponden al itinerario para entregar la carta a distintas instituciones del Estado cubano.
* Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.