febrero 28, 2014

Las amenazas de confiscación de propiedades que son utilizadas para servicios religiosos por parte de las autoridades cubanos.

 3. ¿Por qué amenaza con confiscar propiedades que son utilizadas para servicios religiosos esgrimiendo que no son iglesias o casas cultos legales si él mismo no tiene la voluntad de legalizarlas?
La 23 edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana se dedica, entre otros escritores, a Rolando Rodríguez García. En resumen de sus respuestas a preguntas que se le enviaron a través de la Redacción Digital del diario Juventud Rebelde, publicado bajo el atinado título ¨La Historia está llena de contradicciones¨, de las autoras Juliet Gutiérrez y Jaisy Izquierdo, este miembro de la Academia de Historia de Cuba respondiendo a un lector identificado como Raulo, quien le realizara la excelente pregunta de cuánto de la República ha sobrevivido en la Revolución, siguiendo la lógica premisa de que la Colonia sobrevivió en la República, dijo algo tan drástico y ahistórico como: ¨¿Crees realmente que de aquella República ha quedado siquiera un milímetro? Me da la impresión de que la revolución le pasó por arriba a aquella República como una aplanadora. No puedo encontrar con toda sinceridad, nada de ella en la revolución actual. Es más, si lo encontrara, lo denunciaría¨. Pero en medio de respuesta tan desfachatada debemos conceder que Rolando encontró un símil muy apropiado para el régimen: ¨como una aplanadora¨. Esto se evidencia en todos los ámbitos, desde el más visible, la arquitectura habanera heredada de la República arruinándose día a día, hasta el tema que nos ocupa de las libertades religiosas.
Rolando Rodríguez García
Esta oportuna comparación emitida por Rolando ilustra muy bien lo que en un momento se pretendió con la religión Cuba. Las preguntas que enarbolamos en reciente viaje contienen treinta denuncias de que esa ¨aplanadora¨ persiste en seguir arrollando libertades religiosas. La tercera pregunta es un ejemplo de ello, continuación de la segunda, ambas están relacionadas con la confiscación de propiedades a iglesias o grupos religiosos. La segunda interrogante se refería a las propiedades confiscadas en el pasado y que aún siguen sin devolverse o sin indemnizarse a sus legítimos dueños. Esta tercera se refiere a esta misma acción continuada en el presente. Las víctimas en el pasado fueron los grupos establecidos legalmente durante la República y que fueron rápido objeto de la destrucción de la ¨aplanadora¨ cuando la Revolución toma el poder. Las actuales son especialmente las agrupaciones e iglesias que no encuentran, por más que intentan, en la Revolución, la legalidad que al menos hubiesen recibido en la República, con todas las limitaciones que se le puedan achacar a aquel período histórico.
Entre tanto que propiedades antaño pertenecientes a denominaciones religiosas históricamente reconocidas esperan por su devolución, agrupaciones a las que es negado el derecho a inscribirse legalmente sufren decomisos que tienen lugar especialmente hacia el interior del país aprovechando la indefensión de sus dueños. Recuérdese a fines del 2013 en Camagüey la amenaza de desalojo realizada a la vivienda de Yiorvis Bravo Denis al frente de un grupo perteneciente a la corriente de ¨mover apostólico¨, impedida por la sagacidad con que la defendieron sus poseedores, todavía bajo latentes amenazas. Otro ejemplo, también en Camagüey lo constituye el ¨Ranchón¨ del movimiento ¨Fuego y Dinámica¨ dirigido por el carismático Bernardo de Quesada. Afortunadamente ambos constituyen ejemplos de acciones que no se han llegado a ejecutar por causa de la tenacidad de sus poseedores. Lamentablemente pueden mencionarse otros muchos ejemplos de decomiso y desalojos que sí han tenido lugar, y otros ni siquiera pueden mencionarse, pues suelen ocurrir contra los más indefensos e ignorados grupos o personas. Tanto las amenazas ejecutadas, como las no ejecutadas, si bien latentes y por ende objeto de nuestro constante monitoreo, son muestra fehaciente de violaciones flagrantes que son realizadas a estos grupos, que poseen igual derecho natural, aunque la ¨legalidad¨ se los pretenda negar, que los que son concedidos en cierta medida y muchas veces bajo condicionamientos, a los grupos históricamente establecidos, los mismos a los que, por más que se procurase, no se pudo aplastar en el pasado, pero que al menos se pretende conseguir con los de ¨nuevo tipo¨, de cierta manera, si se quiere, hijos de este tan criticable período histórico tan bien ilustrado por Rodríguez García en la figura de la ¨aplanadora¨.