diciembre 09, 2010

Sara Marta Fonseca Quevedo, ejemplo de mujer cubana y bautista.

SARA MARTA FONSECA QUEVEDO
Por: Mario F. Lleonart Barroso.*
¿Qué haremos a nuestra hermana cuando de ella se hablare? Si ella es muro, edificaremos sobre él un palacio de plata; si fuere puerta, la guarneceremos con tablas de cedro. (Cantar de los Cantares 8.8b-9)
La conocí el domingo 10 de agosto de 2009. Rara vez estoy fuera de mi propia iglesia los fines de semana de modo que no quise perder la única oportunidad que tendría de ver en acción ese admirable movimiento femenino conocido como Damas de Blanco. Me dirigí a la 5ta Avenida donde cada primer día de semana realizaban una marcha silenciosa entre gladiolos y ropas blancas. Las noticias recibidas acerca de ellas me retaban como cristiano y como ser humano; independientemente de estar solidarizado con su causa desde la misma Primavera Negra en marzo de 2003 cuando prendieron a sus esposos, padres o hermanos; entre ellos mi amigo Librado Linares, digno cubano, hoy parte del remanente del grupo de los ´75 que aún permanece en la cárcel a pesar de la faltada promesa del gobierno cubano de liberarlos a todos en un plazo de tres a cuatro meses a partir del miércoles 7 de julio, hoy ya han pasado 5 meses. Hasta entonces las únicas Damas de Blanco que conocía eran Magalis, Martica y Nenita, la esposa, la hermana y la anciana madre de mi amigo, respectivamente; mujeres de valor y dignidad incalculables, y mis hermanas en Cristo las tres.
Pero aquel domingo necesitaba ver al grupo en acción. Luego que realizaron sus oraciones y agitaron sus gladiolos gritando libertad frente a la iglesia de Santa Rita me acerqué a ellas para saludarlas admirado. Les referí mi identidad, les expresé mi aprecio y les manifesté que eran objeto continuo de mis plegarias; y que motivado en Hebreos 13.3 (Acordaos de los presos como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como si estuvierais en sus mismos cuerpos), me inquietaba la situación de sus hombres desde el cobarde operativo que los encarceló aprovechando que la cobertura mediática internacional estaba totalmente girada hacia la guerra contra Irak que acababa de estallar.
Sara Marta Fonseca Quevedo se abrió paso entre todas para decirme emocionada: - Pastor, yo también soy bautista. Soy una dama de apoyo para estas mujeres que están sufriendo. Gracias por acompañarme en hacerles saber que no todo el pueblo cristiano se encuentra insensibilizado con su dolor.- Fue una emoción indescriptible para ambos conocernos como hermanos en la fe a pie de obra. No habría sido lo mismo encontrarnos en alguno de los innumerables bancos de nuestros templos, exiguo reducto para algunos en la práctica de la fe cristiana. Vernos juntos entre tan lastimadas mujeres fue sentirnos como el profeta Elías cuando luego de creerse solo supo que otras siete mil rodillas no se habían doblado ante Baal (1 Reyes 19.18).
Foto del autor del artículo que corresponde al día de su encuentro con Sara Marta, en ocasión de la caminata de las Damas de Blanco.(Arriba derecha).
Luego de aquella especial ocasión no hemos vuelto a encontrarnos. Pero no me han dejado de llegar noticias sobre ella. En todas Sara Marta ha levantado en alto el lugar de las mujeres bautistas cubanas. No sé si sea tan conocida en nuestro ilustre Departamento Femenil Misionero, pero lo ha representado muy bien. Cuando meses atrás unos valientes jóvenes tuvieron la osadía de devolver al Alma Mater la alegría de ver nuevamente personas decididas a levantar la voz clamando por la libertad de Cuba, Sara estaba entre ellos y creo que era la única mujer. Fue tal la agitación que levantó en la emplazada bestia un acto tan sencillo que, además de los golpes y los arrestos, unos días después, para inaugurar el nuevo año de la Universidad, miles de recursos fueron puestos en función de que la mayor parte de los estudiantes estuviesen listos un amanecer para escuchar otro endiosado discurso de nuestro Nerón dándose loas y casi autoproclamándose Nobel de la Paz tomando por estúpidos a todos aquellos aburridos jóvenes y suponiendo que la totalidad de ellos ignoraba que de ejecutarse su petición a Nikita, del da tú el golpe primero, ninguno de ellos habría nacido siquiera. Pero aunque su neurótica arenga de catastrofismo solo se refería a la posibilidad de explosiones atómicas, y la rimbombancia organizativa del acto no realizó la más mínima referencia, el verdadero objetivo era sin dudas tratar de adormecer nuevamente al Alma Mater e intentar borrarle el reciente recuerdo cuando Sara, apenas unos días atrás, quiso demostrarle que ahora sí la era está pariendo un corazón.
Hoy he recibido la noticia de los actos de repudio de bandas paramilitares que con total impunidad han arremetido varias veces contra la casa de Sara Marta, con detestable violencia han maltratado su vivienda, con odio falaz le han lanzado toda clase de piedras e improperios y hasta la han amenazado de muerte. Es importante que esas turbas sepan que la hermana Sara no está sola. Que es una comprometida hija de Dios y que ponerle un dedo encima es ponérselo a Dios porque por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños a mí lo hicisteis (Mateo 25.31-46); y es ponérselo encima también a sus hermanos, muchos de los cuales lamentablemente aún no han despertado del letargo pero que pueden hacerlo en cualquier instante, especialmente si se siguen suscitando actos tan viles y cobardes como los que han tenido lugar en los pasados días contra nuestra pequeña pero gigante hermana.
*Pastor Bautista radicado en Cuba. Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occ. Desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón, VC, Cuba.