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junio 12, 2011

El timo en Cuba al Consejo Mundial de Iglesias.

Por: Pbro. Mario Félix Lleonart Barroso.*
Olav Fykse Tveit, Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) estuvo en Cuba acompañado de una amplia delegación de líderes de esta agencia de cooperación internacional, invitados con motivo de la celebración del Aniversario 70 del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC). Y aunque no he podido escuchar todas las declaraciones de estos distinguidos visitantes -estoy muy alejado de las élites del poder que les han invitado y recibido- me temo que les hicieron caer en una trampa, y me siento en el deber de confirmárselos. El timo se lo ha hecho el régimen castrista, que otorgó sus visas religiosas, en contubernio con el CIC que las solicitó. Ellos les hicieron enfocar sus miradas hacia determinados puntos de la realidad, más foránea que cubana, y en ellos les hicieron concentrar totalmente, manipulándoles, mientras les ocultaron los aspectos más sensibles y polémicos de nuestra resquebrajada realidad nacional.
El Consejo Mundial de Iglesias (CMI)   debe conocer que el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) no representa ni la mitad de las denominaciones evangélicas y protestantes, aunque pretende hablar a nombre de todas; que es usado por el régimen para manipular y chantajear a las jerarquías eclesiásticas de las denominaciones que se le afilian; que es empleado por el régimen para intentar manipular y chantajear también a las jerarquías de las denominaciones evangélicas y protestantes que no le están afiliadas, al condicionarse, a través de sus gestiones, la tramitación de solicitud de visas religiosas, la participación en servicios especiales como los de capellanía, y aún de recepción de literatura religiosa y hasta biblias; que no constituye una voz profética porque cualquier grupo religioso que se identifique completamente con la política de un gobierno quedará incapacitado para ejercerla, y el CIC, por sus declaraciones y comportamientos, demuestra estar totalmente parcializado en favor del régimen cubano; que no es el portavoz de los intereses del Reino ni levanta la voz por las injusticias sociales ni por la violación de los derechos humanos que están teniendo lugar en Cuba reiteradamente. No tiene ningún valor lo que se condene allende las fronteras si se obvia la realidad nacional, especialmente una tan crítica como la nuestra. Que el CIC es más bien un portavoz de los intereses del régimen, empleado como vehículo de manipulación para creyentes en Cuba, y para organizaciones foráneas, como el propio CMI, a fin de movilizarles engañosamente en su favor. Que no representa la Iglesia-pueblo democrática, como demagógicamente se ha autoproclamado muchas veces, sino una Iglesia-jerarquía aristocrática. Es una élite que vive a costa de la máxima Élite en Cuba. Independientemente de que ha promovido y desarrollado proyectos loables (capellanía, liturgia, ecología, promoción bíblica,…), la práctica demuestra que su premisa está desenfocada de los intereses del Reino y que juegan factores claves otros intereses, de índole institucional y personal, lo cual se evidencia en otros proyectos sin sentido que muchas veces son priorizados por encima de proyectos realmente valiosos (como los citados).

He tomado en cuenta la historia del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) desde su fundación en 1948, posterior a la del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) en 1941. Me parece que la buena intención de convertirle en un centro espiritual en servicio de la unidad de los cristianos alrededor de Cristo “para que el mundo crea”, se frustró más bien en una superestructura más, como ha sucedido con otros tantos buenos propósitos en este mundo nuestro. Su comportamiento timorato frente a los regímenes totalitarios de Europa del Este y la Unión Soviética, muy parecido al que desarrolla ahora el CIC en Cuba, dejó un mal sabor en el mundo después de la caída del muro de Berlín. Entre dos polos el mundo necesitaba de un cristianismo por el centro, que no se desviara ni a la derecha ni a la izquierda, que mantuviera en alto la voz del Evangelio del Reino, que enjuicia proféticamente tanto a lo uno como a lo otro. Sin embargo el cristianismo se nos dividió entre el CMI a la izquierda, y el Concilio Internacional de Iglesias Cristianas (CIIC, o ICCC, por sus siglas en inglés) a la derecha; ambos censurables por las posiciones parciales que adoptaron, aunque ambos también tuviesen sus virtudes.
Considero que el CMI todavía no se ha repuesto de uno de los momentos más negros de su historia, en 1969, cuando sufrió la dimisión de algunos de sus más valiosos miembros checos al adoptar una genuina posición profética ante la invasión soviética a su país para ahogar la "Primavera Negra de Praga". Uno de sus más prestigiosos fundadores, miembro además de su comité central, el teólogo reformado Josef L. Hromadka, fue obligado a renunciar de la Conferencia Cristiana de Paz, de la cual había sido fundador y presidente, para morir apenas seis semanas después. Esto también acarreó la renuncia del Secretario General Ondra, y la salida de la organización de otros miembros igualmente valiosos.
Dicho sea de paso, en aquel momento tampoco el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) adoptó un papel positivo, no es que permaneciera callado, lo cual habría dejado muy entredicho ya su posición, sino que algunos de sus representantes más conocidos a nivel internacional se atrevieron a manifestar su «valiente» desacuerdo respecto a los cristianos disidentes de la Conferencia Cristiana por la Paz, muy a tono con la posición cómplice a los soviéticos que sostenía nuestro régimen. Fue tal la postura que en el libro The Church and Socialism (1985) la teóloga alemana Dorothee Sölle, y el teólogo norteamericano Stanley Aronowitz, censuraron al reconocido Sergio Arce ( Foto abajo a la izquierda)  por adoptar una posición que dejaba tanto que desear. El CIC siempre adoptó una postura acrítica frente a los desmanes soviéticos, sin importarle siquiera las persecuciones religiosas, los campos de concentración de Stalin, o las deportaciones a Siberia. Pero qué podemos esperar si ha tolerado todos los desmanes contra su propio pueblo.
No obstante, a pesar de cualquier reserva que posea respecto al CMI me siento en el deber de advertir a sus más altos representantes, especialmente a su secretario General,  Olav Fykse Tveit, que su visita a mi país, que puede haber estado llena de buenas intenciones, fue objeto de manipulación mediática por parte del régimen de La Habana, con la ayuda de sus secuaces del CIC. El Aniversario 70 del Consejo fue usado para tratar de limpiar la imagen de un gobierno que en estos momentos está siendo emplazado precisamente por un pastor, muy en la base eso sí, acusándole por asesinato al ciudadano Juan Wilfredo Soto García, una de las personas objeto de su trabajo pastoral, y a quien el occiso pudo revelar antes de morir la violencia de la que había sido objeto. Y esto no constituye un suceso aislado, sino un exceso de una violencia que este régimen ha practicado siempre, de alguna u otra manera, pero que en los últimos tiempos se ha exacerbado. Ojalá que el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) pueda valorar los elementos que refiero y emita una declaración que limpie su ahora cuestionada imagen, puesta en tela de juicio por el uso del que ha sido objeto. Ojalá que por honor a ejemplos como el de Hromadka( Foto abajo a la derecha)  u Ondra el CMI reaccione y no escriba otra página indigna de los propósitos para los que fue fundado.
Respecto a los miembros del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), por supuesto que mis críticas están dirigidas principalmente a sus jerarquías. Conozco a hermanos muy valiosos en la base que combaten posiciones tan deleznables y tan ajenas al espíritu de Jesucristo. Aunque mi Asociación, la Convención Bautista de Cuba Occidental, nunca ha pertenecido al CIC; de la misma forma que la Alianza Bautista Mundial se ha demarcado siempre del CMI, he participado y cooperado con proyectos del CIC que me han parecido saludables. El reto es grande para aquellos que perteneciendo al CIC todavía son conscientes de su responsabilidad como representantes del Reino, a ellos les quedan dos opciones, o salirse, o abocarse a la difícil tarea de arrebatárselo de las manos a un régimen que se ha adueñado plenamente de él. Por ellos estaré orando. Ojalá haya también Hromadkas u Ondras cubanos que saquen la cara por el CIC, o del CIC.
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.

junio 11, 2011

Intensos debates por un Ecumenismo profundo, durante la Jornada por el Aniversario del Consejo de Iglesias de Cuba.

Estas fueron las actividades de la Jornada por el 70 Aniversario del Consejo de Iglesias de Cuba, recién celebrado. Se trata de los asuntos considerados en el segundo día del evento.
Intensos han sido los debates de la Celebración por el Aniversario 70 del Consejo de Iglesias de Cuba, en un ambiente franco y crítico desde la perspectiva del amor y el   compromiso. Delegados e invitados, reunidos en grupos de debate, han analizado las causas que pueden constituir un freno al ecumenismo, así como las nuevas estrategias para el presente siglo, en aras de lograr mayor efectividad en el compartir de la fe.Foto de la derecha: Personalidades del ecumenismo compartiendo ideas en el panel.
 Ponentes y participantes han coincidido en que el Consejo de Iglesias de Cuba no es el ecumenismo cubano en sí, sino un espacio importante de confluencias que trata de lograr el sueño de la unidad, en la diversidad y el respeto al otro o a la otra, de modo que el enriquecimiento mutuo de las iglesias parta del compartir un compromiso con el pueblo, desde una vocación de servicio.
Foto de la izquierda: Momentos de confraternidad durante la cita.
La pastora presbiteriana y doctora Ofelia Ortega, en su conferencia "El ecumenismo como base para una cultura de paz", planteó que "reconocemos que la búsqueda de una paz justa demanda un cambio radical en la práctica ética, e implica un nuevo marco de análisis y criterios para la acción". Así mismo hizo énfasis en la espiritualidad como centro de una cultura de paz, la relación entre la paz mundial y las religiones, cuando "reconocemos que las grandes religiones saben que solo el amor, como fuente de Gracia, puede superar la violencia sistémica."
Un panel de reacción a la ponencia de Ortega, integrado por el Dr. Reinerio Arce, rector del Seminario Evangélico de Teología; el Rev. Carlos Luis Malavé, de la Oficina de la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos; el Rev. Carmelo Álvarez, de la organización Ministerios Globales y el Rev. Walter Altman, Presidente del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias y moderado por el Rev. Ramón González Longoria, presidente de la Iglesia de los Amigos en Cuba, aportaron una visión desde diversos ángulos y perspectivas desde dentro y desde fuera de la realidad cubana.

junio 07, 2011

Tú me das, Yo te doy.

¿Puede ser capaz la iglesia de dar un testimonio profético en medio de una sociedad marxista si se identifica completamente con la ideología marxista y la política del gobierno? W. Rauch, pastor en la ex-RDA
Corría el año 1960 y el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), que entonces no se llamaba así, sino Concilio de Iglesias Evangélicas de Cuba (CIEC), adoptó su "Declaración de Principios: un mensaje a los protestantes cubanos", redactada originalmente por los pastores Manuel Viera Bernal y Juan P. Tamayo para el "Movimiento Social Cristiano". En este documento se criticaba tanto el sistema capitalista como el comunista, pronunciándose a favor de un "orden social cristiano" y de una "democracia total" que ofreciera "pan con libertad", concluyendo con un llamado al protestantismo cubano a participar "con sentido de misión en las luchas sociales, obreras, estudiantiles y políticas con el fin de impregnar la vida toda de la nación con las ideas y prácticas cristianas". ¡Como ha cambiado desde entonces el CIC!, y no lo digo solo por el nombre.
Esta institución, que hoy solo busca su supervivencia como organización demuestra con sus hechos y palabras lisonjeras cuánto ha demudado su rostro. ¿Por qué la terrenal tendencia de muchos creyentes a olvidar su carácter de advenedizo para comulgar con los gobiernos e imperios de turno? Todo lo que critica el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) de hegemónico y extorsionador a nivel global lo tolera en su propio patio, ¿cómo salir dándoselas de profetas ante el mundo si en la propia casa se comulga en la misma mesa de esta mafia organizada que se cree dueña de un país?
En un medio donde si no se es incondicional al Sistema se está condenado a la anatemización -"Con la Revolución todo, sin la Revolución nada"- el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) ha sacado muy bien sus cuentas y se ha comportado de manera muy pragmática. Juega con el opresor que -como todos los de turno, sean de izquierda o de derecha- necesita de la bendición de los falsos profetas, que tampoco nunca han faltado.
No se es valiente en Cuba al condenar los desmanes harto conocidos del neoliberalismo, ni las violaciones de los derechos humanos en el resto de las prisiones del mundo, ni el saqueo de las riquezas naturales a países del denominado Tercer Mundo, especialmente de la empobrecida África, ni al criticar las guerras, o la polución del medio ambiente… Todas estas verdades, y miles de otras más, han sido explotadas al súmmum por el régimen cubano, para esconder tras ellas el saqueo y vituperio de su propia nación. Hay que ser valiente en Cuba para levantar primero la voz ante el monopolio de ese grupo de aprovechados que se considera dueño del país, para luego tener la osadía de criticar los desmanes mundiales.
El Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), para vergüenza tal vez de sus fundadores en 1941, y para los que veinte años después intentaban marcar un rumbo profético, ha demostrado con la fanfarria de la celebración de su 70 Aniversario lo que realmente le interesa y en lo que se ha convertido: no en representante de la Iglesia-pueblo democrática, como demagógicamente nos había dicho alguna vez, sino en una Iglesia-jerarquía aristocrática. En una élite que vive de la máxima Élite en Cuba. Palabras de algunos de sus propios miembros descontentos lo ilustran mejor que cualquier criterio que pudiera dar, ajeno como soy a esa organización:
Rev. Raúl Suárez ( Foto a la izquierda) : "… todo el mundo quiere tener un proyecto, porque detrás del proyecto hay muchas cosas que no son la misión ecuménica. Pero ustedes saben la cantidad de proyectos que hay por ahí que no obedecen a una estrategia ecuménica, sino a una estrategia de sobrevivencia de la organización o de la institución".
Rodolfo Juárez: "Todos esperábamos que el Consejo de iglesias de Cuba (CIC) fuera el baluarte del ecumenismo en Cuba y, realmente, no lo ha podido ser ni lo va a ser, porque su estructuración no se lo permite. No se quiere dañar a los que están adentro ni ahuyentar a los que están afuera, y se mantiene una coexistencia pacífica, pero improductiva… a veces lo que hacemos son charlas de viejos: nos reunimos y hablamos de ecumenismo, pero no influenciamos a nadie. Todo esto tiene que restructurarse, pero con un compromiso."
Kirenia Criado: "… lo primero que tenemos que hacer es empezar a leer nuestra realidad, y hacerlo de una manera muy crítica, entendiendo la crítica como reflexión, para saber dónde estamos y cuál sería nuestra misión… vamos a sentarnos a discutir sobre cómo cambiamos las cosas, porque realmente no están dando cuenta de ese ecumenismo que queremos, cuyo objetivo fundamental es transformar la realidad, permitir que crezcan el ser humano y la vida humana por encima de todas las cosas y ver cómo Dios se mueve en la historia. "
Las reflexiones anteriores fueron extraídas de un multílogo muy interesante que tuvo lugar en el Centro Memorial Dr. Martin Luther King una mañana de junio de 2007, y que está publicado íntegramente en la Revista Caminos, No. 46 de 2007, páginas 50 a la 60, bajo el título Ecumenismo en Cuba. Recomiendo esta lectura y otras relacionadas en diversos números de esta misma publicación.
Considero que el asunto está en que el ecumenismo que propone el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) no es el ecumenismo bíblico, nacido y crecido alrededor de Jesús de Nazaret como hecho núcleo. El ecumenismo de Jesús siempre huirá de las instituciones, y se proyectará como un estilo de vida de personas comprometidas que lo convertirán en vocación, en un compromiso de por vida hasta que Cristo venga.
Pero el ecumenismo del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) no nace precisamente en la mesa eucarística, sino en la de quien le da su vino y su pan, en la de quien, en sus propias palabras, lo expresó con claridad en su Informe al VI Congreso del Partido en un privilegiado espacio dedicado por cierto a ese prioritario sector que le constituyen actualmente la fe y los creyentes, los mismos que ayer aprisionó, y que hoy pretende manipular a su antojo con sus prebendas y chantajes: "… hermanar en la virtud y en la defensa de nuestra Revolución a todas y a todos los cubanos, creyentes o no, a los que forman parte de las iglesias cristianas, entre las que se incluyen la católica, las ortodoxas rusa y griega, las evangélicas y protestantes; al igual que las religiones cubanas de origen africano, las comunidades espiritistas, judías, islámica, budista y las asociaciones fraternales, entre otras. Para cada una de ellas la Revolución ha tenido gestos de aprecio y concordia." Con interpretar quién es la Revolución, y de que se tratan los tan cacareados gestos de aprecio y concordia basta para entender cual es la verdadera tragedia de esa languidecente e infatuada organización que ha llegado a ser el Consejo de Iglesias de Cuba 9CIC).
Fue más explícito el General al final de ese Culto de Clausura por el Aniversario 70 del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) al reconocer: "…, necesitamos, hoy más que nunca, todas esas bendiciones”. Es el clásico contubernio que ofrece el libro de Revelación en su capítulo 13: para todo endiosado sistema político habrá siempre un falso profeta, o viceversa, para todo falso profeta habrá siempre un endiosado sistema político dispuesto a cambiar los privilegios por "bendiciones". El Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) tiene el opio que el General necesita para intentar adormecer al pueblo, no olvidar que en definitiva para el régimen la religión siempre ha sido eso, el opio de los pueblos.
*Pastor Bautista radicado en Cuba y Miembro de la Convección Bautista de Cuba Occidental, quien desempeña su ministerio en la Iglesia Bautista de Taguayabón y Rosalía, VC, Cuba. Profesor Seminario de Santa Clara, y filial del Seminario de La Habana en Vueltas. Edita desde Cuba el Blog Cubano confesante.