La Iglesia Metodista San Juan, en el corazón de Santiago de Cuba, ha vuelto a recordarnos que la fe auténtica no se encierra en los templos, sino que se encarna en gestos concretos de amor al prójimo. En medio de la crisis sanitaria que golpea a la Isla, esta congregación ha decidido honrar públicamente a los médicos y trabajadores de la salud, reconociendo su preparación, su sacrificio y la dignidad con la que continúan sirviendo aun cuando el sistema que los rodea se desmorona.
El pastor Darlon Bermúdez ha liderado una iniciativa que ya es símbolo de resistencia espiritual y de compromiso ciudadano: el “Culto El Médico Amado”, una celebración donde los profesionales de la salud acuden con sus títulos universitarios en la mano, como testimonio de años de estudio, vocación y entrega. Allí, en el templo de la calle San Pedro esquina San Basilio, se ora por ellos, se les bendice y se les reconoce como servidores esenciales en tiempos de dolor y escasez.
En un contexto donde algunos intentan responsabilizar a los galenos por el deterioro del sistema sanitario, la Iglesia Metodista San Juan ha levantado una voz clara y valiente: no se puede culpar a quienes trabajan con carencias, sino a quienes administran esas carencias. Detrás de cada bata blanca hay una historia de esfuerzo, noches de guardia, pacientes atendidos sin recursos y una vocación que no se apaga.
Pero esta congregación no se ha limitado a las palabras. El proyecto “El Médico Amado” ha permitido que más de 200 cubanos reciban atención gratuita, medicamentos donados por los propios hermanos de la iglesia y acompañamiento espiritual. Médicos y enfermeras ofrecieron sus servicios voluntariamente, demostrando que la fe y la salud pueden caminar juntas cuando el propósito es aliviar el sufrimiento humano.
Este gesto —profundo, valiente y pastoral— merece ser conocido, compartido y multiplicado. En tiempos donde la desesperanza parece imponerse, la Iglesia Metodista San Juan nos recuerda que la reconstrucción moral de Cuba comienza por honrar a quienes sostienen la vida.
Invitamos a nuestros lectores a reflexionar, a compartir estas ideas y a apoyar iniciativas que dignifican a los trabajadores de la salud. La fe cristiana, cuando se vive con integridad, siempre se convierte en servicio.
