Por: Eloy A González.
En los últimos meses mi esposa y yo hemos comenzado a
congregarnos en una iglesia donde el pastor, su familia y la mayoría de los
miembros —pocos, pero profundamente firmes en su fe— son venezolanos. Esta
cercanía nos ha permitido comprender, con mayor hondura, la historia sentida
que une a los pueblos cubano y venezolano: una relación que trasciende
geografías y que se reconoce allí donde ambos pueblos se encuentran.
Desde finales de los años 90, Cuba y Venezuela han
compartido un destino marcado por sobresaltos ideológicos y la connivencia de
dos regímenes despóticos. Hoy, ambos países viven contextos cruentos: Cuba,
sumida en un colapso social y existencial; Venezuela, herida por una prolongada
dictadura, sorprendida por una súbita acción militar y ahora desgarrada por un
terremoto devastador que podría haber cobrado decenas de miles de vidas.
Ante esta tragedia, elevamos un lamento y una oración por
Venezuela.
Amados hermanos en Cristo:
Nos presentamos ante el Señor con un corazón quebrantado
por el dolor de nuestros hermanos venezolanos. El terremoto ha dejado muerte,
desolación y un clamor que sube hasta los cielos.
“Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y
salva a los contritos de espíritu.” (Salmo 34:18)
Pedimos al Dios de toda consolación que abrace a las
familias que lloran, sostenga a los sobrevivientes, fortalezca a quienes buscan
entre los escombros y reciba en su misericordia a quienes han partido.
Recordamos también la promesa que sostiene a los pueblos
en medio del desastre:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto
auxilio en las tribulaciones.” (Salmo 46:1)
Como Iglesia, elevamos nuestra voz en fe y compasión por
esta nación hermana. Que el Señor mueva corazones, envíe ayuda, levante manos
generosas y haga brotar esperanza donde hoy solo hay ruinas.
“El Señor sana a los quebrantados de corazón y venda sus
heridas.” (Salmo 147:3)
Que la paz de Cristo cubra a Venezuela.
Que su luz brille sobre quienes caminan en medio del
dolor.
Oremos por Venezuela.
Video en tendencia: Dos ancianos que, en el momento del
terremoto, se aferran uno al otro y oran mientras la tierra tiembla. La mujer,
sostenida en su andador, no suelta la mano de su esposo. Un testimonio de amor,
fe y resistencia.👇
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