En una Cuba sumida en la oscuridad —no solo por los apagones, sino por la falta de libertades fundamentales—, el régimen de La Habana ha vuelto a demostrar que su mayor temor no son las armas, sino La Palabra.
La detención arbitraria del pastor evangélico Rolando Pérez Lora, conocido como el "Pregonero de Cristo", el pasado 13 de marzo de 2026 en Matanzas, es un síntoma inequívoco de un Estado Fallido. Un sistema que, incapaz de proveer comida, electricidad o medicinas a su pueblo, dedica sus escasos recursos a vigilar, acosar y arrestar a un hombre cuyo único "delito" fue sentarse en un parque a leer la Carta a los Filipenses y orar.
Lo que presenciamos en el video transmitido en vivo es la esencia de la fe bajo bota militar: un pastor compartiendo un mensaje de amor y esperanza frente a su familia, interceptado luego por agentes del régimen que lo esperaban como si de un criminal peligroso se tratara.
Sin embargo, la represión no terminó con su arresto. La maquinaria de propaganda del Partido Comunista, a través del periódico Girón, activó de inmediato sus laboratorios de difamación. Han intentado despojarlo de su identidad religiosa bajo el gastado argumento de "falta de credenciales".
¿Desde cuándo el Espíritu Santo requiere un carnet del Partido para manifestarse en un parque? Al llamar al pastor "mentiroso" y "manipulador", el régimen intenta ocultar una verdad que grita en las calles: la crispación social en Cuba ha llegado a un punto de no retorno. Los recientes estallidos de descontento no son "agendas de desestabilización extranjera", son el eco de un pueblo que tiene hambre de pan y sed de justicia.
¿Libertad religiosa o control estatal?
El comunicado oficialista afirma que Cuba es un "Estado laico que garantiza la libertad religiosa". La realidad los desmiente: solo se permite la fe que baja la cabeza. Cuando un líder religioso señala la miseria, ora por los vulnerables y utiliza las redes sociales para conectar con el dolor del pueblo, se convierte automáticamente en un "agente del exilio".
Esta confrontación directa entre el gobierno comunista y los religiosos es el último refugio de una dictadura que se desmorona. Al perseguir a los que oran, admiten que han perdido el control sobre el espíritu de los cubanos.
Hacemos un llamado a la comunidad internacional y a las instituciones cristianas del mundo: No miren hacia otro lado. El caso del "Pregonero de Cristo" es el caso de millones. Hoy, en Cuba, leer la Biblia en público es un acto de resistencia heroica.
Dios no puede ser burlado. Las cadenas se rompen, y la verdad, tarde o temprano, nos hará libres.
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