La reciente discusión sobre la instalación de estaciones de ablución (wudu) en aeropuertos financiados con fondos públicos —como el Aeropuerto Internacional de Dallas Fort Worth (DFW)— ha reabierto un debate fundamental: ¿cómo garantizar igualdad de trato sin convertir la infraestructura pública en un instrumento de privilegio religioso?
El planteamiento del gobernador Greg Abbott apunta
precisamente a ese dilema. Cuando un aeropuerto instala estaciones especiales
para el lavado de pies destinadas a una sola religión, mientras ignora las
necesidades rituales de todas las demás, no está promoviendo igualdad, sino
trato preferencial. La neutralidad del Estado exige evitar que la propiedad
gubernamental se convierta en un espacio de favoritismo espiritual.
La santería cubana, también llamada Regla de Ocha o culto
al Lucumí, es una religión sincrética de origen africano desarrollada en Cuba.
Se organiza a través de familias religiosas o casas de templo (ilé-ocha)
dirigidas por padrinos (babalochas / iyalochas). En la Santería cubana, los
altares y recipientes sagrados funcionan como un puente viviente entre el mundo
físico y el plano espiritual, sirviendo como el espacio donde el ser humano
está directamente entrelazado con la energía de los orishas y antepasados. No
son simples mesas decorativas, sino concentraciones de poder, respeto y
devoción diaria.
Lo mismo también lo afirman los haitianos residentes en
Estados Unidos, en relación con el culto Voud. En el culto al vudú
(especialmente al vudú haitiano), los altares conocidos como pè (o escalones
sagrados de piedra y mampostería) funcionan como puntos de encuentro físicos
donde interactúan devotos y espíritus llamados lwa.
Así que, si aceptamos la idea de que aeropuertos como el
Aeropuerto Internacional de Dallas Fort Worth [DFW] planean instalar estaciones
de ablución (wudu) para el lavado de pies islámico. tiene una connotación
religiosa; cubanos y haitianos también reclamarán su espacio ritual otras
etnias y religiones iguales.
El debate en Texas no es meramente administrativo: es una
discusión sobre los límites del Estado en sociedades plurales. La instalación
de infraestructura religiosa exclusiva en espacios públicos financiados por
contribuyentes diversos compromete la igualdad ante la ley y abre la puerta a
reclamaciones legítimas de otras comunidades de fe.
La neutralidad institucional, lejos de ser una postura
restrictiva, es la garantía de que todas las tradiciones religiosas pueden
coexistir sin que el Estado privilegie a ninguna.
La libertad religiosa es un pilar de la democracia
estadounidense, pero la igualdad ante la ley exige que el Estado no privilegie
a ninguna fe sobre otra.
La neutralidad no es hostilidad: es la garantía de que
todos los ciudadanos, sin importar su credo, son tratados con el mismo respeto.
Eloy A González – Editor del Blog Religión en Revolución.

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