Recordaba hace poco a un querido amigo de la iglesia en Cuba, un hombre sabio que siempre tenía una perspectiva profunda sobre la vida espiritual. Ante el tema de las murmuraciones, él solía lanzar una pregunta que nos dejaba en silencio: “No es bueno murmurar, pero… ¿y si las murmuraciones tienen base real?”.
Esa pregunta toca una fibra sensible. A veces creemos que, si algo es "cierto",
tenemos el derecho de divulgarlo, exponerlo y hasta disfrutar del escándalo.
Pero hoy, en la era digital, esta tendencia ha tomado un giro peligroso.
El negocio del
"chisme espiritualizado"
En las redes sociales, especialmente en plataformas como "X" y
YouTube, ha surgido una tendencia preocupante. Como bien señala el comunicador
Lucas Leys, hoy existen canales que monetizan la fe a través del conflicto. Son
personas que reciben ingresos por contarte el error de otro cristiano bajo la
bandera de "defender la sana doctrina".
El problema no es la defensa de la verdad, sino el método. Cuando el
contenido no propone un análisis serio, no ofrece soluciones concretas y solo
busca encender emociones negativas (ira, superioridad o burla), deja de ser
ministerio y se convierte en morbo. Si lo que consumes te deja un sabor amargo
en el espíritu, es momento de dejar de mirar.
¿Evaluar o Murmurar?
Debemos rescatar el verdadero significado de las palabras. El mandato de
"no juzgar" ha sido uno de los más malinterpretados y peor enseñados
en nuestras congregaciones:
1.Evaluar (Discernir):
Es una responsabilidad bíblica. Debemos evaluar los frutos y la verdad de lo
que se enseña para proteger nuestra fe. El discernimiento busca la salud del
cuerpo de Cristo.
2.Murmurar (Destruir):
Es el placer de exponer la caída ajena sin intención de restaurar. Es convertir
el pecado de un hermano en un espectáculo para el entretenimiento de otros.
Una invitación a la madurez
La próxima vez que te encuentres con un video o una publicación denunciando
a alguien, detente un segundo. Pregúntate: ¿Esto me ayuda a ser más como Jesús?
¿Me invita a orar por el que falló? ¿O simplemente me está alimentando el morbo
de saber quién hizo algo incorrecto?
Evitemos las murmuraciones, pero no renunciemos al discernimiento. Seamos
lo suficientemente sabios para distinguir entre quien defiende la verdad y
quien simplemente vive de exponer la debilidad ajena.
Como decía mi amigo en Cuba: que sea real no significa que sea bueno contarlo.
Recopilación y texto del editor del Blog Religión en Revolución.
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Debajo el video de Lucas Leys, como una "lectura/escucha
recomendada".
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