enero 07, 2008

La oración del viejo Santiago.

Por: Eloy A González.*
eloy_gnzlz@yahoo.com
Estoy en una Sala General del Hospital Civil de Cda Victoria, Tamaulipas a donde me han trasladado para que comience mi recuperación del ataque cardiaco que he sufrido. Atrás quedaron 4 días de un encuentro con la muerte que me ha sumergido en la perplejidad y el desdén por el tiempo.
La sala la ocupan unos 12 enfermos en dos hileras de camas; frente a mi está en su cama Santiago, un viejo enjuto con los ojos hundidos en un rostro lúgubre y de color terroso. Como planta que ha soportado la sequedad del verano, descansa sobre la cama donde ha pasado un mes de recuperación después de una difícil operación. Por momentos, el viejo se da vuelta sobre su lado izquierdo y una abundante broncorrea le obliga a alcanzar rápidamente el cesto de plástico cercano, donde vierte su abundante expectoración.
El Médico interno ha llegado hasta su cama para darle la noticia de que ya está de alta; sus escasas pero amables palabras alcanzan al médico que se retira sin dar señales de haber escuchado. Más tarde aparece la trabajadora social, haciendo las preguntas de rigor para agilizar la salida de aquel enfermo cuya estadía resulta prolongada. La trabajadora social debe tener todo dispuesto, pero antes conviene saber la situación del paciente.
- ¿Santiago, tiene usted familia?. Pegunta como esperando una respuesta afirmativa.
- No, en realidad mi mujer ya murió, mis hijos se fueron. Hace tiempo que vivo solo.
- ¿Donde vive?
- Allá por Ocampo, cerca de un Ejido al pie del camino donde hace años me dieron permiso para hacerme una casita; contesto el viejo con dificulta, mientras detenía una ataque de tos inminente.
- ¿Tienes agua, luz, con que cocina?.
- No, no hay luz, solo la del día; el agua la arrimo de un pozo donde me permiten tomarla y cocino con la lumbre de la leña que busco cerca de mi casita, con ella también me caliento en los días de frío.
La realidad es ésta: el viejo Santiago no tiene familia, mal vive a la orilla del camino en un Ejido en el remoto municipio de Ocampo, en la más extrema penuria. Para colmo de males ahora enfermo y apenas recuperándose de una cirugía abdominal.
Como ha podido comprobar la trabajadora social, tampoco tiene ropa ni zapatos y es necesario llevarlo hasta su casa; si es que así puede llamarse el lugar donde vive. La trabajadora social se va , no sin antes prometerle que le va a buscar la ropa y los zapatos que requiere.
Dios no desestima a nadie, pero con el viejo Santiago ha hecho alguna excepción y éste parece consumido por los golpes de su mano. Siento que tan ambiguos pensamientos me sorprendan, pero así he considerado su situación tan desventurada.
Al día siguiente muy temprano comienza en la Sala el ir y venir de las enfermeras y las alumnas. Ya se sabe que Santiago, si es que tiene ropas y zapatos, se irá de alta.
El viejo se incorpora en la cama, levanta la mano y me saluda preguntándome cuanto tiempo llevó en el Hospital; alegre me dice que él, aunque lleva 30 días, ya saldrá hoy. Me siento feliz por su saludo y las palabras de bondad que emplea.
Unos minutos después, el viejo Santiago se sienta en la cama; más que sentarse su cuerpo desgarbado y consumido parece levitar sobre aquella cama rígida. Se ha tapado con la manta todo el cuerpo para cubrir su desnudez. Santiago, después de hacer la señal de la cruz, comenzó a orar. Estas fueron sus palabras:
Diosito , estoy muy agradecido porque me has dado mucha paciencia en todo este tiempo. Paciencia para soportar todo lo que me hicieron los médicos y enfermeras para curarme, y también paciencia para tratar con tantas personas distintas. Se bien que siempre me has estado cuidando.
Gracias Virgencita, que me has protegido a mí y mis cosas allá en la casa. Gracias por que estoy seguro que horita cuando llegue allá, mis cosas estarán bien porque tú has cuidado de ellas como cuidaste de mí.
Haciendo la señal de la cruz, el viejo Santiago se acomodó en la cama a descansar, complacido de haber hablado con Dios.
Esta es la oración sencilla de un hombre viviendo en soledad, aguijoneado por la pobreza y afligido por la enfermedad. Sus palabras simples salen de un corazón paciente y agradecido y son una amable meditación puesta delante de Dios. Estas son palabras gratas a Dios sin lugar a dudas.
El viejo Santiago agradece a Dios por darle paciencia. Una paciencia así tiene su obra completa para ser perfectos y cabales, sin que falte cosa alguna. Sabia mansedumbre la del viejo Santiago quien se acerca a Dios con certidumbre y sin asomo alguno de hipocresía. Y son escasos sus pedidos y deseos.
Hay también una forma pura y amable de hablarle a su Virgencita, y lo hace expresando su pedido de cuidar de bienes que carecen de valor, pero que para él es su único y valioso usufructo. No pide más, sino solo mantener lo escaso que ya tiene.
He quedado con un raro sobrecogimiento después de oír la oración de Santiago, el viejo enfermo con quien comparto, - junto a otros enfermos,- la misma sala de hospitalización. Ese día me trasladaron para un cuarto de distinción y tres días después, ya de regreso a mi hogar en Texas, la imagen del viejo Santiago y su humilde y desapasionada oración se han mantenido en mí memoria.
Dicen que los pobres y los mansos tendrán el reino de los cielos y que recibirán la tierra por heredad. Considerando estas promesas, Santiago debe sentirse feliz, pero seguro él no sabe de esto. Su oración puesta delante de Dios no busca nada, no espera nada, no exige nada. En el instante que se abría su corazón quebrantado a Dios, ponía sus tiempos con probada certidumbre en Él.
Hoy cuando escribo estas líneas, es un día frío y gris. Allá en Ocampo, Tamaulipas, Santiago tal vez haya elevado sus oraciones y puestos sus deseos delante de Dios. Solo pienso que la misericordia de su Diosito le sea propicia y que esté siempre delante de los ojos cansados y casi apagados del viejo Santiago.
*Physician and Freelancer writer. E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com. Article published in Panorama Hispanic Newspaper.

© 2007

2 comentarios:

St. Jose dijo...

Que historia mas grande y mas bella. El ejemplo de Santiago es tremendo, porque su humildad y sencillez se asemejan a las de Jesus de Nazareth.

hugmarqz dijo...

Bonita historia, la del viejo santiago, al menos todavia existen personas con mucha fe y humildad, la cual en estos tiempos las estamos perdiendo. la oracion de santiago es tan sencilla, que deberiamos de reflexionar, cuando en nuestras oraciones le exijimos a dios y a la virgen por cosas que, no tenemos todavia, sin tomar encuenta lo que por medio de nuestras manos nos ha dado.
sin valorar lo que nos rodea