marzo 14, 2026

Cautivos de la esperanza: Fe, memoria y dignidad por Cuba

 


Por: Eloy A Gonzalez.

Mañana, como todos los domingos, iré a la iglesia para adorar al Dios que oye el clamor de los encarcelados, de los perseguidos y de los cubanos jóvenes que anoche salieron a las calles motivados por el hastío generacional. Uno de ellos dejó un mensaje que duele: “Dile a mi madre que, si no regreso, es porque morí por la Patria.”

Ayer clamé por los prisioneros políticos y me acordé de una palabra que hoy alumbra la oscuridad : “Vuelvan a su fortaleza, cautivos de la esperanza; hoy les devolveré el doble de bendición” (Zac 9:12).

Mientras que en Morón, Cuba, se inició la persecución de jóvenes que pronto recibirán castigos severos, el régimen da a conocer la "liberación" de 51 prisioneros... aunque solo cinco son verdaderamente prisioneros políticos y todos ellos son sometidos a un régimen penitenciario en sus hogares. Un gesto desviado en un tiempo que requiere veracidad y rectitud.

Es doloroso observar a los jóvenes ser golpeados y encarcelados mientras el mundo continúa con su rumbo. Sin embargo, la fe del domingo no es una evasión: es un poder para no rendirse. La oración no reemplaza la acción; más bien, la respalda cuando la represión ahoga cualquier intento de libertad. La fe no es evasión, a pesar de esta contradicción. Es resistencia. “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón” (Sal 34:18); y esa cercanía sostiene a quienes no pueden sostenerse solos.

La oración no reemplaza a la acción; más bien la nutre cuando la represión ahoga todos los intentos de libertad. “Aprendan a hacer el bien; busquen la justicia, reprendan al opresor” (Is 1:17).

La indignación que experimentamos es necesaria. El domingo debería ser un momento de tranquilidad, no de inconsciencia, sino de recordar que si en Cuba hay horror, la obligación ética de no olvidarse de esos jóvenes es aún más grande. No es una cuestión de falta de lógica, sino un conflicto humano entre la cruel realidad y la esperanza.

No podemos dejar que la seguridad del exilio o la lejanía nos hagan perder sensibilidad en el alma. No se limita a ver la tragedia desde el servicio religioso o desde la nostalgia. Cada minuto de silencio en respuesta a la violación de los derechos fundamentales es una traición a la memoria de aquellos que, como ese joven, sacrificaron su vida por un concepto de "Patria" que hoy nos pertenece colectivamente. “No te canses de hacer el bien” (Gál 6:9).

¡No te mantengas indiferente! La indiferencia es el cómplice más callado de la tiranía. Rendir homenaje a quienes manifiestan hoy y quizás mañana estén encarcelados o no regresen a casa requiere más que oraciones; requiere una voz decidida que condene la infamia y una voluntad firme de no olvidar. Si ellos mueren por la Patria, lo mínimo que podemos hacer nosotros es actuar de la mejor manera posible para que su sacrificio no haya sido en vano.

Que nuestra voz sea la resonancia de aquellos que ya no pueden hablar. Porque han sido silenciados. 

14 de marzo de 2026

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