febrero 13, 2026

14 de febrero: Más que una celebración, un testimonio y una exhortación del amor como un acto de resistencia .

 

En el Día de los Enamorados, 14 de febrero del año del Señor 2026, una introducción de amor, reconocimiento y comunión de valores hacia mi esposa: Nilda Cecilia Estévez Rodríguez.

El amor, después de los 70 años, ya no es ese sentimiento incontrolable y ligero de la juventud; se convierte en algo mucho más profundo, formado a través del fuego de las crisis, las enfermedades y las separaciones. Conmemorar este día no es festejar una vida perfecta, sino dar gracias por haber sobrevivido a las tormentas. Hemos atravesado angustias que nos doblegaron, pero no nos desgarraron. Me ofreciste estabilidad, apoyo y seguridad en medio de la incertidumbre y los sobresaltos.

Al mirar hacia atrás, reconozco los días de tristeza y los momentos de angustia que fueron inevitables. Pero al verte hoy, comprendo que cada contratiempo valió la pena solo por alcanzar este momento presente juntos, con una sensación de armonía adquirida y buscando siempre la mano del otro que nunca se soltó en la oscuridad.

No existe nada más esperanzador y feliz saber que, a pesar de todo lo vivido, eres tú quien continúa estando a mi lado. Gracias por soportar la carga sobre mis hombros y estar a mi lado en las luchas de la vida.


Cuando casi todo fue complicado en una vida llena de angustias, la relación se volvió el único refugio seguro. En esta edad y en el tiempo, lo que más demuestra amor es estar presente de manera constante. Celebrar nuestra unión en un día tan significativo no es una tarea ordinaria, sino una maravilla de pertenencia. Hoy te miro y no solo veo a la pareja de mi vida; veo a la persona que ha estado conmigo en el desierto de la exclusión y los miedos establecidos.

El día en que nuestra profesión se transformó en una dedicación a la libertad, además de serlo para con la vida, quedó como un momento crucial en nuestra historia. Estás al tanto de que el costo de proteger los derechos humanos fue el despojo total. Nos quitaron años de vida laboral que construimos con gran esfuerzo, nos despojaron de la seguridad y quisieron eliminar nuestra presencia en la sociedad que tratamos de proteger y curar. Sufrimos la represión en carne propia, y ese "aguijón" de angustia existencial se agudizó al observar que la maldad ajena llegaba hasta a perturbar la paz de nuestros hijos y nietos.

No obstante, aquí estamos. Nos han despojado de los títulos, las funciones y el reconocimiento, pero a pesar de eso no han podido tocar nuestra alma, ni aun ahora. Como afirma la Palabra:

"Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos." (2 Corintios 4:8-9)

Hoy, en este exilio accidental que antes era en Cuba una expulsión social y laboral a la que nos sometieron, nuestro hogar es nuestro santuario. Ya no vestimos las batas, pero seguimos siendo aquellos que siempre llevan una palabra de aliento y esperanza a muchos quebrantados en su salud con apego a la esperanza ante Dios.


Permanecemos cercanos a Él, seguros de que ninguna adversidad, sufrimiento, enfermedad ni opresión tiene la última palabra sobre nuestras vidas. Nuestra riqueza es esta lealtad inquebrantable que nos ha permitido mirarnos a los ojos durante setenta años sin sentir vergüenza, únicamente con la dignidad de los que nunca se rindieron.

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,  ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Rom 8: 37-39

Te agradezco por ser la ayuda perfecta para mí. Te agradezco que estés a mi lado, sentada en el templo, orando conmigo cuando acecha el temor por los nuestros. Ahora más que nunca, nuestro amor es un acto de libertad y también de rescate.

Esta celebración feliz, en la que honro a mi esposa con estas palabras, será leída por muchas personas. Por lo tanto, les brindamos nuestras cicatrices y nuestros despojos. En esta etapa del camino, hemos encontrado una verdad profunda: el amor no es un sentimiento, sino una actitud frente a la vida.

Nuestra súplica para que el miedo al desierto no nos alcance llega a todos los que lean estas notas. No tengan miedo del desierto. Dios nos liberó de los obstáculos extremos, pero seguimos caminado con Él de manera digna hasta el presente. A pesar de que nos arrebataron tanto, persistimos en la verdad y el deseo de servir. Hoy sabemos que el amor es justicia, y que amar en medio de la represión angustiosa, como ocurrió; - es y fue - el acto de rebelión más grande que puede suceder.

La presencia de Dios en nuestras aflicciones es lo que hoy nos sostiene, no la falta de problemas. Nos alegramos de que, a pesar de que el mundo sea malvado, hacemos lo posible para que nuestro hogar siga siendo un lugar sagrado de fe. No tenemos otra opción...,

Eloy A González

14 de febrero del 2026

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