En el Día de los
Enamorados, 14 de febrero del año del Señor 2026, una introducción de amor,
reconocimiento y comunión de valores hacia mi esposa: Nilda Cecilia Estévez
Rodríguez.
El amor, después de los 70
años, ya no es ese sentimiento incontrolable y ligero de la juventud; se
convierte en algo mucho más profundo, formado a través del fuego de las crisis,
las enfermedades y las separaciones. Conmemorar este día no es festejar una
vida perfecta, sino dar gracias por haber sobrevivido a las tormentas. Hemos
atravesado angustias que nos doblegaron, pero no nos desgarraron. Me ofreciste
estabilidad, apoyo y seguridad en medio de la incertidumbre y los sobresaltos.
Al mirar hacia atrás, reconozco
los días de tristeza y los momentos de angustia que fueron inevitables. Pero al
verte hoy, comprendo que cada contratiempo valió la pena solo por alcanzar este
momento presente juntos, con una sensación de armonía adquirida y buscando
siempre la mano del otro que nunca se soltó en la oscuridad.
No existe nada más esperanzador
y feliz saber que, a pesar de todo lo vivido, eres tú quien continúa estando a
mi lado. Gracias por soportar la carga sobre mis hombros y estar a mi lado en
las luchas de la vida.
El día en que nuestra profesión
se transformó en una dedicación a la libertad, además de serlo para con la
vida, quedó como un momento crucial en nuestra historia. Estás al tanto de que
el costo de proteger los derechos humanos fue el despojo total. Nos quitaron
años de vida laboral que construimos con gran esfuerzo, nos despojaron de la
seguridad y quisieron eliminar nuestra presencia en la sociedad que tratamos de
proteger y curar. Sufrimos la represión en carne propia, y ese
"aguijón" de angustia existencial se agudizó al observar que la
maldad ajena llegaba hasta a perturbar la paz de nuestros hijos y nietos.
No obstante, aquí estamos. Nos
han despojado de los títulos, las funciones y el reconocimiento, pero a pesar
de eso no han podido tocar nuestra alma, ni aun ahora. Como afirma la Palabra:
"Estamos
atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;
perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos." (2
Corintios 4:8-9)
Hoy, en este exilio accidental
que antes era en Cuba una expulsión social y laboral a la que nos sometieron,
nuestro hogar es nuestro santuario. Ya no vestimos las batas, pero seguimos
siendo aquellos que siempre llevan una palabra de aliento y esperanza a muchos
quebrantados en su salud con apego a la esperanza ante Dios.
“Antes, en todas
estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte,
ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo
por venir, ni lo alto, ni lo profundo,
ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en
Cristo Jesús Señor nuestro”. Rom 8: 37-39
Te agradezco por ser la ayuda
perfecta para mí. Te agradezco que estés a mi lado, sentada en el templo,
orando conmigo cuando acecha el temor por los nuestros. Ahora más que nunca,
nuestro amor es un acto de libertad y también de rescate.
Esta celebración feliz, en la
que honro a mi esposa con estas palabras, será leída por muchas personas. Por
lo tanto, les brindamos nuestras cicatrices y nuestros despojos. En esta etapa
del camino, hemos encontrado una verdad profunda: el amor no es un sentimiento,
sino una actitud frente a la vida.
Nuestra súplica para que el
miedo al desierto no nos alcance llega a todos los que lean estas notas. No
tengan miedo del desierto. Dios nos liberó de los obstáculos extremos, pero seguimos
caminado con Él de manera digna hasta el presente. A pesar de que nos
arrebataron tanto, persistimos en la verdad y el deseo de servir. Hoy sabemos
que el amor es justicia, y que amar en medio de la represión angustiosa, como
ocurrió; - es y fue - el acto de rebelión más grande que puede suceder.
La presencia de Dios en
nuestras aflicciones es lo que hoy nos sostiene, no la falta de problemas. Nos
alegramos de que, a pesar de que el mundo sea malvado, hacemos lo posible para
que nuestro hogar siga siendo un lugar sagrado de fe. No tenemos otra opción...,
Eloy A González
14 de febrero del 2026


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