marzo 30, 2009

EL PADRE CIRO: UN OBISPADO EN LA CAMPIÑA

Por Guillermo Fariñas.*
Muchos laicos católicos cubanos vieron en el retiro del Obispo de la Diócesis de Pinar del Río, José Ciro González Bacallao (foto de la derecha), una diabólica venganza de la máxima de la máxima dirección castrista contra el pastor cristiano.
Cualquiera pudiera pensar que se quebrantaría la fuerte vocación evangelizadora de González Bacallao, con su desplazamiento a un sitio aislado y remoto. La respuesta de este pilar del cristianismo comprometido con su pueblo y no con sus caudillos, resultó sorprendente y evangelizadora. Su respuesta resultó la de escoger el amor a Cristo y a los hombres como única arma de combate válida para hacer que triunfen sus ideas.
José Ciro decidió vivir entre los más necesitados de aquella provincia de Pinar del Río que es su pequeña patria. Se fue a vivir con los habitantes del Municipio de Mantua, en el extremo oeste de la larga y estrecha Isla de Cuba.
Allí, este servidor de la espiritualidad creó ante las narices de las Autoridades que lo odian por ser puro, digno y no traicionar a sus ovejas, algo demasiado parecido al paraíso sobre la tierra. En ese lugar donde reside surgió, con ternura y perseverancia, la Granja “San José”.
De aquel terreno baldío fueron sacadas 12 carretas, junto a dos camiones de desechos sólidos para limpiar y emparejar la propiedad. Después, él y algunos de sus devotos seguidores de la localidad se dedicaron a sembrar.
A los pocos meses, para alegría de quienes adoran al Padre Ciro, saldrían los primeros frutos de la tierra. Unos alimentos que no son para vender, sino para ser regalados, a los enfermos, a los dementes, a los ancianos, niños sin amparo filial y a todos aquellos que llevan sobre su frente el doloroso cuño de los necesitados.
Esta acción desagradó a algunos políticos locales que creen que estos menesteres son una exclusividad del estado socialista. El Comité Municipal del Partido Comunista de Cuba, recibió la orientación de crear una finca que le hiciera competencia a la Granja San José, como modo desesperado de neutralizar la influencia local de González Bacallao. Como los militantes comunistas actuaron por odio y no por amor, han fracasado.
Ese emporio de bondad nombrado Granja San José se convirtió también en pequeño zoológico de animales cubanos que viven en los campos. Allí podemos ver tojosas, pájaros carpinteros, hurones, tomeguines, jutías, codornices y hasta cocodrilos.
Quienes desgobiernan ven la peligrosidad ideológica en los grupos de catequesis con los niños campesinos de Mantua, porque el sistema totalitario castrista no puede aceptar otro Dios fuera de Fidel Castro. Los progenitores han sido presionados para que los infantes no acudan, pero hoy corren otros tiempos políticos. A pesar de la larga distancia y lo estrecho del camino, muchos de los hijos de la fe católica prefieren ir a confesarse con el padre, verlo oficiar una misa o que sea el Obispo José Ciro quien los case. Un obispo puede ser impuesto por La Santa Sede, pero el amor de los feligreses hay que ganarlo con lealtad.
Este obispo escogió residir a escasos 30 metros del Monumento Nacional “Mangos de Roque”, donde en el siglo XIX, los mambises liderados por su Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales culminaron la invasión. Él vive junto a uno de los símbolos de la tozudez y la tenacidad de los hijos de esta tierra.
Si con certeza el obispo José Ciro González Bacallao fue sacado de circulación por no ser chantajeable y su obispado cayó en manos de Satanás camuflado en traje rojo o tal vez de púrpura, algún día se sabrá. Eso sí, nunca se rindió. Sólo trasladó su obispado para el medio de la campiña.
*Periodista independiente cubano. (Fragmentos de un artículo publicado originalmente en el mensuario Sueco “La Primavera de Cuba”)