febrero 26, 2007

El día más triste del año.

Por: Eloy A González.
eloy_gnzlz@yahoo.com
“Tristeza, que es amor”. Antonio Machado
Ayer, 22 de enero, fue el día más triste del año. En realidad no sólo de este año porque cada día 22 de enero, según los expertos, es y será el día más triste de los 365 días del año que nos toca vivir, porque para eso nos encontramos entre los vivos.
Es un especialista británico quién asegura que este es el día de la tristeza, para lo cual ha estudiado múltiples variables que van desde el clima hasta los gastos de Navidad y fin de Año. Ayer estuve atendiendo algunas opiniones de sicólogos y alguna que otra broma de los locutores(as) sobre el asunto que les interesaba, este el del día más triste del Año…,
La tristeza es un sentimiento, una de las muchas emociones humanas normales, o estados de ánimo que tenemos todos. La tristeza es la emoción que sentimos cuando hemos perdido algo importante, cuando nos ha decepcionado algo o cuando ha ocurrido alguna desgracia que nos afecta a nosotros o a otra persona. Cuando nos sentimos solos, a menudo nos sentimos tristes. Y claro está, lo que nos quieren decir es que ayer fue el día para sentirnos triste. En realidad no sabemos donde pueden quedar el resto de los días. Eso amigo lector queda para cada uno de nosotros.
La tristeza y la soledad siempre andan juntas. Admitir que este es un sentimiento sublime es extralimitar la angustiosa sensación de que se sufre y se pena; siendo así que los quebrantos tocan a la puerta de manera insistente. Se dice que la tristeza se vive sin testigos, nadie quiere ver y menos escuchar al que sufre. Este sentimiento produce una aparente descomposición de la vida y una creciente anulación del ser.
Veamos el personaje de Yona el cochero, que describe Chejov en su cuento: La Tristeza. El autor no quiere trasmitirnos la tristeza ni las causas de esta en el sombrío personaje de Yona, tampoco le interesa que mostremos algún sentimiento solidario para con el pobre viejo que mal vive en la miseria. Es la invitación a que nos acerquemos a un hombre cuya tristeza infinita descansa en la pérdida de su único hijo. El viejo y triste cochero Yona quiere que le escuchen. Al final de una jornada invernal de trabajo, cuando hasta los más desfavorecidos no quieren oírlo y duermen, él encuentra en su caballo el único interlocutor auténtico para hacerse escuchar. Entonces, sólo entonces, cuenta la historia a su compañero de faenas…., Yona, escuchado al cabo por un ser viviente, desahoga su corazón contándoselo todo, termina así el breve relato.
Todo parece indicar que resulta desatinado sentirse triste. Al menos si mira a su alrededor usted como muchos se vera rodeado de una horrible fauna de personas dada a exteriorizar un falso “positivismo” que a todos desorienta. Resulta que muchos tienen como referencia obligada una dudosa acumulación de “energías positivas”, “pensamientos positivos” ‘actitudes positivas”..., etc. que trasmiten con una petulancia excesiva. Ante esta progenie más que sentirnos tristes, nos sentimos aplastados por una sucesión de criterios que rozan la idiotez y el desenfado colectivo. No trate de compartir un sentimiento tan profundo como es la tristeza con estos exaltados que desvarían. Siempre le recordaran que usted esta lleno de “energías positivas”, y que lo único que tiene que hacer es usarlas. Desconocen lo complejo que es el ser humano y sobre todo, no conocen de situaciones límites.
Otro tanto ocurre en los que participan en una común Fe en Cristo. No es posible sentirse triste, no hay lugar para la lágrima en el Templo. Debemos eso si, llevar nuestras cargas hasta El, pero con un rostro sonriente y feliz. ¡Que extrañas contradicciones suelen ocurrir! Ėl, que da seguridad a los afligidos, sufre en Getsemaní. Hay en él un clamor de ser y un reconocerse en el abandono extremo.
Aseguran que Dios, el dador de tanto amor, lo que más odia después del pecado es la tristeza; al considerar que ésta predispone al mal. Siendo así, este sentimiento ha sido considerado como el octavo pecado capital. El poeta Amado Nervo dice que la tristeza en es un don del cielo, para agregar que el pesimismo, en cambio, es una enfermedad del espíritu. Hago esta pregunta: ¿Han visto ustedes alguien postrado de hinojos delante del altar, o en la soledad de un banco de la Iglesia, llorando? Siempre es conmovedor. Hay espacios de la tristeza que sólo pueden ser llenados por Dios.
Hay razones para sentirse triste, muchas son las aflicciones del justo y hay certeza en que Dios provee la seguridad de su cuidado, aún en medio de tantas desdichas. Hay una búsqueda de redención casi permanente del hombre expuesto a tanto desconsuelo. Como indeleble desvalido, sus angustias se superponen. La desesperanza nutre su alma desecha y su aliento se agota. Llega a clamar por una muerte distante mientras le teme, y hace su lecho en las tinieblas en tanto que traza sus sueños en el polvo.
La tristeza suele oscurecer los ojos transidos de dolor y los pensamientos se hacen como sombras. Los pasos dejan de ser resueltos y vigorosos. Las imágenes de abatimiento en aquéllos rostros tan queridos enardece la conciencia cuando ya las palabras de aliento han sido desechadas. En tal conmovedora angustia, sólo queda innovar a Dios.
Hace algunos meses cuando escribí un texto lleno de pasión y angustia, recibí un mensaje sorprendente e inquietante de lejanas tierras. Siendo una referencia bíblica a una oración de restauración que se convierte en cántico gradual a la vuelta del destierro; que fue la gran prueba de un pueblo que, habiendo vivido en cautividad prolongada, logra su liberación y no esconde su alegría.
¿Seremos como los que sueñan? Aguijoneados e indefensos, aún hay tiempo de imaginar que la risa, la alegría y mejores tiempos nos traerán momentos de regocijo y oportunidades para dar gracias. Hasta tanto, siempre hay un instante para hablar con el lenguaje persuasivo de una lágrima.
En definitiva, hay muchos que siembran con lágrimas………., y no precisamente un día del año, sino muchos días del año. Esto, hasta tanto llegue el momento de la siega. Hay una certeza prometedora de que se cosechará con alegría.
© 2007
Foto: Asbjorn Lonvig: "sad days indeed", mental state. Acrylic on hardboard