agosto 21, 2006

Frei Betto está triste por la enfermedad del dictador Castro.


A cada cual le duele lo suyo.

Por: Marilyn Díaz Fernández*

La Habana, Cuba Agosto 2006 - Soy, ante todo, cristiana. No puedo por ello alegrarme del mal de nadie, incluso si se trata de la persona que me obliga a vivir privada de todos mis derechos y libertades. Me refiero al gobernante cubano, operado recientemente debido a una complicación intestinal.

Desde el 31 de julio, día en que se leyó la proclama de Fidel Castro, he observado algunas cosas que me asombran, y otras que me han hecho reflexionar; por ejemplo, el hecho de que el pueblo cubano y los gobiernos y personalidades del mundo no sientan ninguna simpatía por el sucesor y heredero de los cargos más importantes del país, el General Raúl Castro.

Nadie ha enviado un mensaje de apoyo al sucesor, o al menos no se ha publicado. Tampoco el General se ha dirigido a la nación para infundirle al pueblo alguna esperanza, o más desesperanza. Pero sí se ha insistido en que los Estados Unidos prepara una invasión a Cuba. Las movilizaciones militares en la Isla parecen respaldar la idea del gobierno, que no deja de ser pura propaganda para mantener en vilo a la población.

Los cubanos vivimos otra campaña política signada por la mala salud del tirano. La maquinaria propagandística y represiva del régimen así lo impone. Lo que no logro entender es por qué Frei Betto esté tan triste por la enfermedad de Castro. Tal parece que no ha leído Proverbios, capítulo 14, versículo 31: "El que oprime al pueblo afronta a su hacedor". ¿La estancia de Betto en hoteles de lujo no le ha permitido ver la opresión en que vive el pueblo?

Estoy segura de que la opulencia en que viven en Cuba algunas personalidades invitadas por el gobierno provoca sus sentimientos de congoja y tristeza ante la enfermedad del primer mandatario.

No le pido a nadie que se alegre de las dolencias del comandante. Yo no lo hago. Pero sí creo que los que somos víctimas dentro de Cuba de la opresión y la persecución, tenemos derecho a un descanso. Que no se muera, pero que ceda el paso a la libertad y la democracia. Que descanse su viejo y agotado organismo, y que nos permita descansar a nosotros, porque a cada cual le duele lo suyo.

* Periodista independiente cubana.