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marzo 07, 2026

DONDE TERMINA EL JUICIO Y COMIENZA LA GRACIA. Una reflexión del domingo de la Iglesia del presente

 Hermanos, hay una herida que duele más que cualquier otra porque ocurre en el lugar donde esperábamos ser sanados. La Iglesia nació para ser un refugio, el sitio donde el cansado encuentra descanso y el culpable halla misericordia. Pero, seamos honestos: a veces, quien entra arrastrando su apocamiento, lo que encuentra es el peso de una mirada de juicio en lugar del calor de un abrazo.

Se nos olvida pronto de dónde venimos. La Biblia es clara en Corintios cuando nos dice: «Y esto erais algunos de vosotros». Ninguno de nosotros cruzó esa puerta ya santificada. No llegamos aquí pulidos ni perfectos; llegamos con cicatrices, con hábitos que nos rompían el alma y con pecados que nos avergonzaban. La única diferencia entre el que está sentado hoy aquí y el que acaba de entrar por primera vez, no es que seamos mejores; es que Jesús decidió salvarnos.

Cristo sana a los enfermos. Jacopo Palma Junior,  Pintura, 1590, 114×98 cm. The Pushkin State Museum of Fine Arts, Moscow.


Por eso, cuando vemos a alguien cuya vida parece un desastre, con un pasado turbio o con una historia que se le lee en la cara— debemos recordar que no son "un problema" que hay que arreglar. Son la razón por la que Cristo vino. Él mismo lo dijo: «Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos». La Iglesia no puede ser un museo de santos impecables; tiene que ser el lugar dispuesto para almas heridas.

Pero hay un dolor todavía más profundo, y es cuando el daño viene de adentro. Duele cuando un líder falla y, en lugar de justicia y verdad, la respuesta es el silencio o la justificación. Es un choque insoportable para el corazón creer que alguien es el "ungido" y descubrir que no lo es . Es entonces que “ se no une el cielo con la tierra”.  La Iglesia no se levanta sobre el negacionismo ni sobre proteger instituciones; se levanta sobre la verdad y la protección del desvalido. El amor es nuestra única credencial, y el amor no es ciego ante la injusticia.

Hermanos, Jesús no se mantuvo al margen criticando. Él tocó al leproso que nadie quería tocar y defendió a la mujer que todos querían apedrear. Mañana, cuando miremos a nuestro alrededor, no miremos la apariencia, porque el hombre mira lo exterior, pero Dios mira el corazón.

No bloqueemos el camino de quien intenta acercarse al Maestro. Abramos la puerta de par en par. Recibámonos unos a otros como Cristo nos recibió: cuando todavía éramos un desastre, Él nos llamó hijos. Hagamos que esta casa sea, por fin, el lugar donde la transformación realmente comienza.

Eloy A González [marzo 8, 2026]

febrero 13, 2018

Publicación católica que difamó a disidentes y emigrados, no rectifica “Vida Cristiana”, no retira lo dicho, pero balbucea “misericordia” para prostitutas y disidentes.

La Habana, 13 de febrero, 2018. La publicación católica “Vida Cristiana”, en aparente respuesta a reclamaciones por sus insultos a emigrantes y disidentes cubanos, intentó “arreglarlo” en su número 2777  del 11 de febrero. De forma indirecta, sin pedir perdón, ni desdecirse, ni reparar el daño a quienes difamó.
Exhortó vagamente a “misericordia” para con “los mal vistos”. Sin emplear la única forma de reparar a los calumniados: reconocer que no merecen esos insultos, que las descalificaciones que publicó son falsedades.
Coincidentemente, ese domingo 11 de febrero, en los misas de la Arquidiócesis de La Habana, los sacerdotes predicaron sobre ser misericordiosos con los marginados.
“Vida Cristiana” es una hoja impresa que la Iglesia católica entrega cada domingo en toda Cuba a los asistentes a misa. La dirigen los jesuitas y en su número 2769 difamó a los disidentes y emigrantes cubanos; deshumanizándolos con descalificaciones que ideara Fidel Castro para su propaganda.
Los insultos aparecieron en un comentario contra la política migratoria estadounidense hacia Cuba, bajo el título “El amor todo lo puede” y la firma Julio Pernús. Cito: “…Como muchos miembros del pueblo cubano tengo familiares allí – en E.E.U.U. - que por cierto no son gusanos, lumpens ni disidentes. Son personas honestas y trabajadoras que decidieron emigrar…”.
El católico periodista independiente, Dr. René Gómez Manzano, destacó, en Ni “gusanos ni disidentes, que esa clasificación segregacionistas, no la utiliza ya desde hace años ni la misma prensa de la dictadura.
No es mal nuevo. En el 2015  el Arzobispo de Pinar del Rio, Mons. Jorge E. Serpa, en la revista del Arzobispado de La Habana, “Palabra Nueva”, difamó mediante libelo a los presos de conciencia conocidos como “los 75”, afirmando, sin argumento alguno: “algunos de ellos no eran presos políticos, sino comunes”. Y ni Mons. Serpa, ni dos directores de la revista, ni el actual arzobispo de La Habana, Mons. Juan de la C. García Rodríguez, respondieron a reiteradas peticiones de aclaración o de otorgar derecho de réplica.
Sobre la actual difamación a disidentes y emigrados, el director de “Vida Cristiana”, P. Eduardo García Tamayo, s. J., publicó algo que parece ambiguo “soplar en la herida”, el domingo 11 de febrero, sección “De la mesa del Director”, título: “Amigo de mal vistos (Marcos 1, 40-45)”.
Comentario del Evangelio del día: La curación de un leproso por Jesús. Se extendió sobre el rechazo a los leprosos, que el pueblo creía en pecado, y declaró como moraleja:
“La capacidad para descubrir la imagen del Hijo de Dios en los rasgos borrosos del que sufre y es excluido y salir a su rescate es un rasgo distintivo de Jesús. Muchos de los que optaron por seguirlo y vivir a su manera/…/también se acercaron con misericordia más que con temor a los excluidos, infectados, pobres, presos, prostitutas. Cada época produce una nueva cosecha de excluidos: emigrantes, disidentes, independientes…Y cada cosecha de mal vistos requiere una nueva visión misericordiosa de Jesús”.
Lo apropiado tras difamarnos, ¿es exhortar a una neblinosa “misericordia” para con las prostitutas, emigrantes y disidentes? ¿Hablar sin decir nada, con doble lectura?
Tras descalificar a miles de cubanos, como “gusanos”- despreciables no-personas - “lumpens” y “disidentes”. En el lado opuesto a las “personas honestas y que trabajan”. No necesitan inventar ninguna “nueva visión de Jesús”. Basta la vieja, la única: darles la reparación que mandan la Palabra de Dios, la Doctrina de la Iglesia, la moral universal y la hombría. La difamación contra el prójimo se enmienda con:
Arrepentirse, reconocerse responsables de la falta, hacer propósito de enmienda, pedir perdón a los calumniados y reparar la calumnia con divulgar que no es conforme a la verdad. A un cura... ¡¿Hay que enseñarle esto?!
Querer arreglarlo con sofisterías lo empeora. Como a imitación de Jesús, podemos usar de misericordia para con personas despreciables y nos categorizó como “mal vistos” en el mismo saco con las prostitutas…
Diga claramente el director de “Vida Cristiana” si opina que a los disidentes e inmigrantes es correcto o no clasificarnos como a despreciables “no-personas”, en pecado como los leprosos. Retiren sus insultos, reconozcan “la dignidad de la persona humana”, pidan perdón. Doctrina cristiana y no evasivas edulcoradas.
Imposible retirar la difamación sin retirar el halago al Poder, que significaron esos insultos. Pues “Vida Cristiana”, tiene que reconocer que es incorrecta la “clasificación oficial” de los cubanos. Y ahora la suya de clasificarnos como “los mal vistos”. Diga: ¿”Mal vistos” por qué? Si su exhortación a “misericordia” con “los mal vistos” tiene un ápice de seriedad, lo hará, y:
A los disidentes, las autoridades nos privan de empleo. Que los pastores de la Iglesia, nos empleen, según nuestra calificación, para que podamos ganarnos el pan. En los mismos puestos de sus parroquias, fundaciones benéficas y escolares, de los cuales nos excluyen, como a los leprosos de antaño, y reservan para “conversos” que siguen respondiendo al Partido mientras medran en la Iglesia.
Pues hablan de “diálogo” constantemente, que los obispos no nos marginen más. No nos cierren sus puertas y oídos, ni siquiera responden una carta. (Ud., tampoco responde, P. García). Que nos reunamos algunos con Ud. y Pernús, para dialogar civilizadamente sobre lo qué pasó.
A eventos de “dialogo nacional”, invitan a profesores extranjeros y del Gobierno, a cubanos de la diáspora y jamás a nosotros. Hasta en los templos hay párrocos que temen saludarnos.
Devuélvanle las oportunidades a Dagoberto Valdés Hernández, cuya obra cívico-cultural aplastaron. No releguen a rincones del País, al P. José Conrado Rodríguez. No repriman internamente a sacerdotes y fieles que disienten.
Y si el director de “Vida Cristiana”, no es hipócrita en su prédica de “misericordia”, que nos publique colaboraciones a los católicos periodistas independientes. Sobre Moral y Religión. Jamás le haríamos un libelo como el que nos ocupa.
Próximamente, les presentaré mi Currículo y solicitudes de empleo. El P. García Tamayo y S. E. R. el Arzobispo de La Habana, tienen mi correo electrónico, mis peticiones de años, sin responder, conocen mi parroquia. Pueden citarme para ejercer en mí su misericordia y para dialogar. Todos podemos convertirnos. La Cuaresma nos invita a ello.
Por sus obras los conoceréis”, nos enseñó Cristo. Los profesionales de la Fe, no ven que están entre los peores “mal vistos” por el pueblo y necesitan predicarle Misericordia con obras y no con palabras.
Ir del ejercicio espiritual de Loyola, a escoger en la práctica entre “el Ejercito de Satán y el de Cristo”. Entre procurar la Gracia de Dios o la del César.


febrero 04, 2018

Un pedido de disculpa, honra y petición a los Obispos católicos cubanos de un feligrés.


Muchos cubanos fueron ofendidos por un insulto  publicado en escrito político en "Vida Cristiana" y lo correcto es la disculpa. ¡Caramba, que casi estamos en Cuaresma Realmente!, lo normal sería la renuncia del director de "Vida Cristiana, pero en Cuba no hay...varias cosas. También les pido honren a los tres sacerdotes que publicaron una carta al Gral. Raúl Castro. Publicándola, y si no hay espacio, dando la noticia.

Petición a los Obispos católicos cubanos.
Presidente: Monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez, Secretario General: S. E. R., Monseñor Juan de Dios Hernández Ruíz, Secretario Ejecutivo Adjunto: Mons. José Félix Pérez Riera.
A cada uno de los Obispos católicos de Cuba y  a cada cubano sacerdote católico o pastor de otras denominaciones.
“Arrepentirse”, “cambiar de vida” es el llamado de la Cuaresma.
En este momento de crisis nacional y descrédito de la Iglesia, por acciones y omisiones, los sacerdotes Castor José Álvarez, José Conrado Rodríguez y Roque Nelvis Morales, la honran al escribir una carta pública al general que heredó de su hermano a Cuba con sus once millones de habitantes.
Carta donde le dicen la verdad  en defensa del pueblo  y que los obliga moralmente a Sus Excelencias, los obispos, a romper el silencio que acostumbran como método evasivo. A abstenerse de reprimir a estos tres sacerdotes, como parece hacen, al relegar al padre José Conrado a rincones del país y cambiarlo de templos. A apoyarlos en sus justas peticiones, con declaraciones públicas.

Recién  escribieron ustedes a la Conferencia de Obispos de Venezuela, diciéndoles que están con el sufrimiento del pueblo Venezolano y que oran por la paz, el dialogo y el cumplimiento de su constitución.
Desde el 2007, y antes, no escatimaron ustedes declaraciones para decirle al mundo y a Cuba que Raúl Castro hacia y quería “cambio”, y que, por tanto, Europa y Estados Unidos debían levantarle las sanciones.
Esos político  interesados en el desguace de ese barco encallado que es nuestra Patria, declaran ahora que en Cuba “se cumplen los Derechos Humanos”  y se apoyan en la autoridad de esas declaraciones de la Iglesia.
Coincide con esta carta, que la publicación católica “Vida Cristiana”, censura bajo pseudónimo la política del presidente de los Estados Unidos  y nos insulta a miles de cubanos, llamándonos “gusanos”, lumpens”, con las descalificaciones que Fidel Castro propagó para deshumanizar a sus disidentes a los ojos del pueblo.
Pero, “cuando hay muchos hombres sin decoro, hay hombres que llevan en si el decoro de muchos hombres”, escribió José Martí;  y se cumple entre ustedes en estos tres sacerdotes y en muchos cubanos que se ponen en peligro por civismo: “gusanos” y no “cubanos decentes”, según el “amor evangélico” de “Vida Cristiana”.
Cristo, dijo: “El buen pastor pone su vida por las ovejas, mientras que el mercenario huye” y Pablo de Tarso, en la Palabra de Dios, manda: “el Obispo ha de ser hombre irreprensible”.
No son “irreprensibles” si ven “cometer un crimen en silencio” y siguen del lado de los poderosos que destruyen material y moralmente a la sociedad cubana y no del lado de los que sufren. Obstinarse en ese silencio, tras mendaces declaraciones y documentos eclesiales a favor del Gobierno, no es prudencia sino suicidio moral.
La crisis del poder es tan grande que de declarar Sus Excelencias la verdad, ahora podrían sospecharlos de que cambiaron por oportunismo.
Apoyen la carta, apoyen al pueblo. “Cambiar de vida” es el llamado de la Cuaresma. Y si no obran por miedo o porque los chantajean por algún pecado, confiésenlo, que es lo que ustedes predican en Cristo, o retírense si no quieren estar a la altura del tiempo en que viven.
No les basta proclamarse sucesores de los apóstoles, que todos padecieron martirio. Ni estamos en la Edad Media para que nos impresionen mitras y vestiduras. Obren. Los templos, repletos a fines de los años ochenta y noventa, se vacían.
Como Obispos, al llamado de San Pablo y al de la Patria, ¡de ustedes!, “no tengan miedo”, “no endurezcan sus corazones” y prueben ser “hombres “e “irreprochables”, no instrumentos. 
Feligrés de El Buen Pastor de Jesús del Monte. 

P.S: Exhorto a los lectores a escribir a los Obispos en apoyo de la carta de los tres sacerdotes. Aunque jamás respondan una petición, como es deber del servidor público, ello no justifica que no llamemos a sus puertas.