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octubre 30, 2012

La Reforma protestante: ¿fenómeno moderno?


La Reforma protestante es usualmente fechada a raíz del movimiento encabezado por el monje de la orden agustina, Martín Lutero que la Iglesia recordará, una vez más, este 31 de octubre. Sin embargo, una serie de figuras precedieron a la obra de Lutero, de manera que sin éstas el importante suceso no podría ser comprendido.
Hay una pregunta que surge a quien interese el fenómeno de la Reforma: ¿por qué tardó tanto en aparecer? ¿Cómo pudo admitir la Iglesia durante siglos doctrinas abiertamente opuestas al mensaje original del Evangelio? ¿No dijo acaso el Señor que “las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia”?  ¿Se incumplió dicha profecía del Señor en el período medieval? La explicación que aquí proponemos está en adentrarnos en el mundo católico medieval y entender el alcance de la Reforma.
Lo primero que es necesario comprender es que la Reforma tenía, como su nombre lo indica, un cambio parcial de las doctrinas hasta entonces acumuladas en concilios cada vez más interesados en encontrar herejías, varias de ellas más ficticias que reales.
El problema que motivó a Lutero a plantear una reforma es, como es conocido, la cuestión de la venta de las indulgencias. Probablemente la cuestión de que las indulgencias se vendieran no estaba implícita en el decreto del Papa que decidió acudir a este recurso para construir la costosísima catedral de San Pedro, pues el dinero dado por la indulgencia era entendido como la aportación de una limosna.
Bien pronto la práctica de este decreto, más que el decreto mismo, degeneró en una escandalosa venta, que si bien no proporcionaba la salvación en la doctrina católica, libraba de las penas del Purgatorio en parte o totalmente, a aquellos que hubiesen acudido a la confesión de sus pecados. El bajo nivel de conocimiento teológico del clero y el pueblo condicionaron los abusos de dicho decreto tipificados por la figura de Tezel, posteriormente desautorizado por el propio Papa para promover las indulgencias.
Sin embargo, en períodos anteriores otros fueron los problemas que motivaron a varias figuras a promover una reforma y deben ser tenidas en cuenta. Uno de estos problemas estuvo relacionado con la eucaristía – comúnmente conocida como Santa Cena.
A comienzos del siglo X, Berengario de Tours se opuso a la idea de que el pan y el vino de la comunión se convirtiesen por la fórmula expresada por el sacerdote en el cuerpo y la sangre de Cristo. De esta manera, la doctrina católica que ve en el ministro un sacerdote especial (diferente al del resto de los creyentes) al tener en sus manos la posibilidad de ofrecer en sacrificio literalmente el cuerpo de Cristo; quedaba abolida. Una de las doctrinas básicas de la Reforma de Lutero seria la del sacerdocio universal de los creyentes.
De hecho, los posteriores reformadores, Wyclief, Hus y Lutero poco cambiaron de lo expresado por Berengario de Tours. Sin embargo las ideas de este crítico del dogma católico fueron tachadas de herejía y tuvo que llegar el siglo XIII para que Wyclief proclamara algo similar. La reacción no se hizo esperar y Wyclief  aunque logró escapar con vida, sufrió persecución junto con su movimiento. Juan Hus, defensor de esta idea y de la exigencia de que el clero debía volver a la vida humilde de sus comienzos tuvo que sufrir la muerte en la hoguera un siglo antes de Lutero, aunque dejó vivo un movimiento, los husitas que siglos más tarde daría lugar a la iglesia morava, que aún subsiste.
Por otra parte, el hecho de que Lutero fuera de la orden agustina no es casual. San Agustín había hecho énfasis en que la naturaleza humana había caído y era depravada, que solamente la gracia podía levantarla hacia el nivel que de ella Dios exigía. La exigencia de Lutero que la salvación es resultado de la fe se deriva de su agustinismo y de una doctrina que pronto crearía tensiones dentro de la Iglesia: la predestinación.
Correspondería a teólogos posteriores, separar el concepto de justificación por fe de la doctrina de la predestinación, Hoy en día, como cristianos metodistas entendemos, al igual que Lutero, que el hombre es justificado exclusivamente por la fe pero entendemos asimismo que el libre albedrio es parte de la naturaleza humana, con lo que corregimos así algunas ideas de Lutero que hicieron apartar a ciertas figuras del humanismo de su tiempo, como Erasmo de Rotterdam, de los reformadores.
Sin embargo, la tendencia a asociar los intentos de reforma de la Iglesia con la figura y la época de Lutero se debe más a los historiadores, que han visto en la Reforma uno de los momentos claves para situar la aparición de la época moderna.
De manera que recordar este 31 de octubre el día de la Reforma Protestante nos invita a ser continuadores de su espíritu y de aquellos que prepararon su camino.
*Ariel Pérez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha Universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.

abril 08, 2012

Mi conversión

Por: Ariel Pérez Lazo.*
Hoy es Sábado de Gloria. Sin embargo, no voy a escribir aquí sobre la resurrección sino de aquel momento en que decidí ser cristiano. Sin duda, fue un proceso. De niño, gracias a que mi abuela me llevo a una misa con siete anos, a la cual entramos con temor de ser vistos, escuche hablar de Jesús y salí de aquel lugar creyendo en el. Aunque no fui a una iglesia hasta casi diez años después, la semilla de la fe se implanto aunque mi abuela no me dijo palabra alguna sobre Dios sin que yo previamente le preguntara.
Recuerdo particularmente como le preguntaba a mi abuelo paterno sobre el origen del mundo, el murió cuando tenía siete años y me respondía con lo que después supe era la teoría de Jeans: la Tierra comenzó siendo como una bola de fuego que se fue enfriando. Y yo trataba de imaginar con mis escasos seis anos aquel evento, sin que la pregunta sobre el origen volviera a ser contestada hasta que la maestra de sexto grado preguntase al aula: ¿Si Dios creó al mundo, quien creó a Dios? pregunta que ya con once años me parecía estúpida. No sé el motivo pero ya tenía intuición del principio de causalidad.
 Luego vino la influencia de las creencias de tipo africano e incorpore a mis oraciones espontaneas-nunca logre aprender el Padre Nuestro a través de escuchar las oraciones de mi abuela, lo hacía muy bajito- invocaciones a deidades que mucho después supe excluían la Unidad de Dios.
Finalmente un día el Nuevo Testamento cayó en mis manos, leí los Evangelios y creí pero tuvieron que pasar dos largos años para que me decidiera a asistir regularmente a la Iglesia. Nada conocía sobre la doctrina del arrepentimiento, del perdón de los pecados y la salvación. Mi fe en Dios se basaba exclusivamente en la esperanza de la vida eterna tal y como aparece en el evangelio según San Juan. Esperanza que ya sabía obtendría por creer en Jesús como Hijo de Dios.
Mientras recuerdo mi conversión aflora otro más reciente: como en la Feria del Libro de Miami encontré un folleto que pretende predicar el islamismo. Y lo asocio con la alteridad de este fenómeno: tan solo hace unos días atrás leía como en el Reino Unido y en España se organiza una campana bajo el lema Es probable que Dios no exista, no tengas temor del futuro. Podrán algunos indignarse, a mi me deja con un poco de lastima. El ateísmo era en un tiempo una opción personal, era el derecho a no tener fe y no aceptar que le fuera impuesta la fe cristiana (la única fe porque el resto de las religiones carece de dicho concepto).
Negar a priori la existencia de Dios era cuando menos un capricho y lo más elegante intelectualmente ante la falta de fe era el agnosticismo. Pero negar, sin prueba alguna, a Dios era una especie de religión que finalmente ahora necesita ser predicada. Quizás a ella se refirió San Pablo cuando profetizo la llegada de un movimiento que se levantara contra Dios y todo lo que sea objeto de culto. Este ateísmo es una caricatura de cristianismo, establece una fe (basada en un acto de negación pero igual de fe) y para colmo hace apostolado. El barón de Holbach y Feuerbach deben estar mirando atónitos desde alguna parte. Si no fuera porque ya fue profetizado que lo hará la reina de Saba, ellos se levantarían en el Día del Juicio y digan a estos nuevos ateos: Yo no tuve fe pero no pretendí quitársela a los demás.
Con el Islamismo sucede otro tanto. Creyeron durante mucho tiempo en imponer la fe de Mahoma por la fuerza. Con la influencia cristiana han moderado en algunos lugares su lenguaje y acuden al apostolado, otro concepto tomado del cristianismo. Al ver este folleto del apostolado musulmán casi esbozo una sonrisa: parece un tratado popular de macro-ecumenismo. Los judíos tenían razón, los cristianos también pero Mahoma ha logrado conciliar ambas religiones y su síntesis es el Islam. Para ellos Jesús no murió, solo se desvaneció al ser retirado de la cruz, murió de muerte natural mucho después en un exilio a la India. Una se pregunta por qué no se le ocurrió al Profeta incluir a América en el periplo para así quizás ganar a los futuros mormones para la causa del Islam. Pero no pidamos tanto a Mahoma.
He descubierto que el Islam es casi una secta judaizante del cristianismo, llevada a sus extremos. Una tendencia ejemplificada por Testigos de Jehová, Mormones y Arrianos. Por supuesto, para lograr la unidad entre judaísmo y cristianismo hay que rebajar a Jesús, no hay otra manera como no la hay para reconciliar su mensaje con cualquier otra religión. Es por eso que en fondo el Islam y la New Age coinciden. No hay mucha distancia entre Mahoma y Arrio.
No me extrañaría nada que en un futuro, a tono con la guerra contra el terrorismo, se empiece a popularizar un islamismo sin guerra santa. En definitiva, ya en Europa hay varios millones de musulmanes. Ya en Cuba conocí a dos muchachas, una de la fe Bahai y otra sufista, dos variantes occidentalizadas, es decir, tolerantes, del Islam. Y ante este fenómeno: la tendencia a conciliar las religiones o a negarlas a todas, tengo que agradecer a Dios por haber escapado a ambas religiosidades del mundo contemporáneo y haber creído a Jesús.
* Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.

septiembre 11, 2011

Esperando el final de un cerco.

Nuevamente las Iglesias protestantes son objeto de la atención pública en este convulso año. El turno le ha tocado a las Asambleas de Dios, una denominación de importante crecimiento numérico y que ha dado el tono dentro del espectro religioso evangélico en el país, dominado por las iglesias históricas hasta hace medio siglo.
Ante la noticia del cerco policial en torno al templo ubicado en las calles habaneras de Infanta y Santa Marta, las especulaciones oscilaban entre un episodio estilo Waco ( un pastor dominado por un temor apocalíptico sin fundamento teológico y con el suficiente número de seguidores como para tener un desenlace dramático ) o una reacción frente a un intento de desalojo por parte de las autoridades con el apoyo de sus pares de dicha denominación, abriendo la puerta a la interrogante sobre qué ha dado lugar a una reacción tan desproporcionada por parte de la policía.
No es la primera vez que esta denominación protestante (usualmente poco interesada en los aspectos político y social de la fe cristiana) llama la atención publica. La figura del médico devenido pastor Orson Vila tuvo en tensión las relaciones entre dicha iglesia y el gobierno en 1995, tras negarse este a cerrar las casas-templo ( conocidas como casas-culto ) que había abierto en un estado donde el proceso para construir o reparar templos es bastante dilatado.
Foto: El cerco a la Iglesia, Vista Infanta hacia Manglar http://twitpic.com/6j1ek5
Era evidente que aún una denominación que se había mantenido al margen de la crisis nacional (ofreciendo como solución la conversión al cristianismo de la sociedad cubana, que en cierta forma está presupuesto en el proyecto católico de reconciliación nacional) era objeto de recelo gubernamental al menos por negarse a formar parte del Consejo de Iglesias de Cuba y abrir espacio a las casas culto, atendidas por laicos y por tanto de mas difícil control.
Una vez superada dicha crisis, Vila volvería a ser noticia en 2003 pero esta vez dentro del mundo protestante. Mientras algunas iglesias históricas agrupadas en el Consejo de Iglesias veían luces de esperanza en el ascenso de gobiernos de izquierda en el continente, el pastor Vila lanzaría literalmente una profecía en 2003 acerca de que Cuba seria asolada por catástrofes naturales y un conflicto con los Estados Unidos si el pueblo cubano no se convertía masivamente al cristianismo. La profecía sin embargo, no iba acompañada de un calendario de cumplimiento, lo que entonces me recordó aquella otra (esta vez católica) del fin del castrismo y dada por Antonio Maria Claret en el siglo XIX y cuyo cumplimiento todavía algunos católicos esperan.
Foto: Espera de lo peor en Sitios y Árbol Seco http://twitpic.com/6jm3mo
Ahora la noticia de que el pastor del más importante templo pentecostal habanero lidera un retiro de oración bajo el temor de un tsunami que destruirá el país me recuerda aquel previo suceso. ¿Estarán realmente encerradas tantas personas esperando el fin del mundo? ¿No estarían más bien esperando un castigo de Dios sobre Cuba, alejada de la fe cristiana? En estos momentos donde-en medio del secretismo en torno al suceso- solo se puede especular me inclinaría a la segunda hipótesis, corriendo el riesgo de la equivocación.
Y entonces me pregunto: si el pastor es un hereje que debe ser desalojado por la Policía Nacional Revolucionaria: ¿lo es acaso por anunciar una catástrofe a la nación, liviana en cuanto a la fe cristiana (por cierto tal vez pudiera pensarse que por la proliferación de actos de repudio contra manifestantes pacíficos)? ¿No hay una forma menos policiaca de enfrentar la herejía? .
¿Por qué Dios habría de castigar al país ahora que a los líderes del Consejo de Iglesias se les ha reconocido el papel de orar (pero no aconsejarlos) por los gobernantes?, - una pregunta que algunos también pudieran hacerse  desde cierta teología más oficial ante profecías de juicio divino sobre Cuba. .Si llegara a pensar en que realmente el pastor es un hereje, me pregunto entonces por la forma del desalojo y recuerdo a Hegel para el cual no había oposición entre forma y contenido. Si hay violencia en la forma policiaca de desalojar también lo hay en el desalojo en sí.
En el contexto cubano hasta una profecía de escaso fundamento teológico y dudosa popularidad puede implicar un operativo policial mayúsculo quizás por promover un espíritu derrotista entre las masas. Lo cual, de ser así, nos llevaría a que una de las bases del régimen cubano es su religiosidad secular, su fe en la victoria final, no en vano el lema Patria o Muerte termina con un Venceremos.
*Ariel Pérez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.
Nota del Editor: Las fotos corresponden a la página de Orlando Luís Pardo, en Twitter- Twitpic.

julio 26, 2011

Una lectura crítica del materialismo marxista.

En el siglo XXI las ideas filosóficas de Carlos Marx siguen suscitando comentarios. Aunque casi desde sus comienzos las posiciones del materialismo histórico y dialéctico fueron criticadas por historiadores, sociólogos y filósofos denominados por los marxistas como “burgueses” su célebre materialismo histórico nos conmina a preguntarnos: ¿Está fundamentada esta teoría filosófica? ¿Es imposible separar el marxismo del materialismo?
Sin necesidad de reconstruir sus antecedentes, podemos comenzar con la idea de que Marx había sido un seguidor de Feuerbach, cuyas tesis materialistas poco tienen que ver con lo que en la actualidad se conoce por tal pues no existían aún los tópicos clásicos del naturalismo. A su materialismo Marx le llamará histórico, por cuanto era la historia aquel terreno donde aun se explicaba los actos humanos por factores ideales o espirituales. En su obra La ideología alemana tomara como argumento para su teoría el hecho de que el hombre para vivir necesita satisfacer una serie de necesidades materiales. Veamos:
“El modo como los hombres producen sus medios de vida depende (...) de la naturaleza misma de los medios de vida. Es (...) un determinado modo de actividad de estos individuos (...) un determinado modo de vida de los mismos. Tal y como los individuos manifiestan su vida así son. Lo que son coincide (...) con su producción., tanto con lo que producen como con el modo como producen. Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción” (1)
Marx nos plantea que 1) El modo en que los hombres producen sus medios de vida es un determinado modo de vida. 2) Tal como los individuos manifiestan su vida así son. 3) Lo que los individuos son depende de las condiciones materiales de producción.
Marx incurrió en una evidente petición de principio cuando pretendía que el modo en que el hombre produce es la manifestación de toda su vida. No hay manera de demostrar lógicamente este paso de la primera afirmación a la segunda. Marx reduce al hombre al momento en que este trabaja. Marx confunde al modo de producción que es, como dijo “un modo de vida “de los hombres con el modo en que los individuos manifiestan la totalidad de su vida. Además pretende que este modo de vida, el trabajo, determina la totalidad de la vida humana lo cual hubiera necesitado, para tener validez lógica, ser demostrado.
Marx había afirmado que su filosofía consiste en haber puesto sobre sus pies a Hegel, en alusión a la inversión que hizo a la dialéctica. Hegel había afirmado la identidad entre razón y realidad y por tanto hizo de la razón lo único real. En este sentido la dialéctica equivalía a la realidad, si bien en mi criterio nunca quedo demostrada lógicamente. Marx asumió que bastaba con eliminar el elemento idealista de la filosofía de Hegel, las referencias a la Idea como “comienzo “, por ejemplo para lograr hacer de ella un contenido materialista. En realidad Hegel, si somos consecuentes con su filosofía, pretendía evadirse de la clásica oposición materialismo-espiritualismo. Como reconocía Engels, cuando contrapone a la lógica formal – que llama metafísica – a la dialéctica:
“Para el metafísico (…) una cosa existe o no existe, un objeto no puede ser al mismo tiempo lo que es y otro distinto (…) este método (…) se torna (…) unilateral, limitado, abstracto y se pierde en interminables contradicciones ¨ los dos polos de una antítesis, el positivo y el negativo , son tan inseparables como antitéticos el uno del otro ¨. (2)
Con esto Engels debió haber interpretado que la dialéctica de Hegel rechaza una realidad material, pues sería dar la razón a uno de los dos polos de una antítesis. Engels no aplicó esta idea a su idea sobre la materia, de haberlo hecho hubiera abandonado su materialismo. El materialismo no puede ser dialéctico porque la dialéctica excluye el materialismo. Este modo de pensar de Hegel no podía conducir a otra filosofía. La dialéctica, al incluir todas las respuestas para los problemas filosóficos no pudo avanzar hacia una verdad. La verdad implica necesariamente la exclusión de un criterio falso.
Además Engels pretendía que Heráclito había tenido una intuición pre-científica de su dialéctica. Si decimos con Heráclito que “todo fluye “excluimos la posibilidad de que exista algo fijo, con una característica eterna y propia. ¿Quién podría entonces negar la existencia del alma, afirmando que no es material? No hay lugar en esta forma de dialéctica – presente también en F. Nietzsche – para una realidad “material“, es decir sustancial. Esta es otra inconsistencia del materialismo dialéctico.
Sin embargo, para sostener la inversión que pretendía Marx sólo bastaba con refutar el papel de la Idea absoluta en la dialéctica, algo que Marx no hizo. En efecto si hubiera demostrado que no era racional la Idea absoluta no podría ser real. Pero Marx se valió de que tal idea no era empírica lo cual muestra cuán poco consecuente era con la argumentación de Hegel. Engels si bien afirmó que dicha Idea no decía ¨ absolutamente nada¨ no pretende descartar a la Idea simplemente por la razón sino que acude a la teoría de la evolución para demostrar a la dialéctica. Es decir, también hizo de la experiencia, sobre todo de la ciencia, y no de la razón el criterio de la verdad. En esto Engels, colaborador directo de la obra de Marx, también rompió con el método de Hegel, basado en la especulación racional para asumir una posición cientificista.
En 1859 en el prologo de la ‘’Contribución de la crítica de la economía política” Marx llevará a su manera más acabada y polémica su materialismo, veamos:
“(...) los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones (...) forma (...) la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general “(3)
Aquí tampoco podremos encontrar una demostración de su filosofía de la historia. Pero ya con este texto Marx rebasa el plano de la interpretación de la historia. El teórico alemán pretendía que las ideas eran solo expresión de la estructura económica de la sociedad. Con esta afirmación Marx introducía en su filosofía el relativismo. En efecto, si las ideas, incluidas las filosóficas, dependen de las relaciones de producción, también esta idea dependerá de determinadas relaciones de producción. Si pretendemos que con el cambio en el modo de producción, digamos en el paso de la sociedad feudal a la “burguesa”, cambian las ideas de una época aseguramos que al desaparecer un modo de producción desaparecerán las ideas dominantes.
La experiencia histórica refuta este criterio de Marx. El cristianismo apareció en una época que correspondía al modo de producción esclavista y sin embargo perdura hasta nuestros días. Si fuésemos estrictos nunca encontraremos una correspondencia cronológica exacta entre el modo de producción y las ideas que supuestamente lo defienden. En efecto, la filosofía moderna – que correspondería al modo de producción capitalista surge con Bacon, Galileo y Descartes en los siglos XV y XVI, sin embargo el capitalismo según confesara Marx solo logra establecerse en el siglo XVIII. En esto Marx también incurrió en una contradicción puesto que el trabajo asalariado solo sustituyó a la servidumbre en Francia completamente en 1789 mientras que tuvo que esperar para implantarse a los comienzos del siglo siguiente en Alemania. Es decir el pensamiento filosófico que afirmaba la autonomía de la razón humana aparece tres siglos antes que el modo de producción que, si somos consecuentes con la teoría, habría de engendrarlo. ¿Cómo explicar esto? ¿Acaso porque la “conciencia social” se “adelanta” al “ser social”?.
Pero no es en la experiencia donde están las mayores dificultades de esta tesis. En este mismo texto que antes comentaba Marx expondrá que:
“Cuando se estudian estas revoluciones ( operadas en la superestructura a partir de las ocurridas en la estructura económica ) hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas (...) ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto (...) hay que explicarse esta conciencia por (...) el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción “ (4)
Aquí Marx revela una incoherencia con su tesis inicial expuesta. Atribuye a las ciencias naturales una exactitud que contradice su criterio de que las formas ideológicas dependen de la estructura económica de la sociedad. ¿No es acaso la ciencia una de estas “formas ideológicas”? ¿Si la ciencia es objetiva, por que no ha de serlo también la filosofía, el derecho o la teología? En esto Marx evidencia la influencia que sobre el ejerció el el positivismo que hacia de la ciencia el parámetro de toda verdad, incluso aquella que pudiera demostrarse lógicamente, como con la filosofía. Con esto Marx estaba condenando a la filosofía a aparecer como un conocimiento carente de validez.
Si Marx hubiese afirmado que las fuerzas productivas, al entrar en contradicción con las relaciones de producción o la forma de propiedad generan un periodo de cambio revolucionario no podríamos señalar más crítica que la que una experiencia futura aportase. Pero Marx fue mas allá al pretender que el modo de producción determinaba la ¨ superestructura ideológica¨. Es curioso que Marx señala la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción o relaciones de propiedad como explicación de las épocas de revolución social. Hasta aqui pareciera que se propone solamente explicar la causa de las revoluciones sociales. Sin embargo, la utilizó para sostener su materialismo histórico. Marx sin demostrarlo asume que el modo de producción de la vida material “condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general “.
Hay una gran diferencia entre considerar que el móvil de la acción de un individuo o una clase social esta en el conflicto originado por el desarrollo de las fuerzas productivas y otra pretender que todas las ideas son formas ideológicas en que los hombres toman conciencia de este conflicto. ¿Cómo podrá demostrarse que las ideas de quien no se haya propuesto resolver este conflicto están determinadas por este?
Como dijera Marx “del mismo modo en que no podemos juzgar a un individuo por lo que piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a una época de revolución social por su conciencia”. Es cierto, pero esto no puede demostrar que lo que una época dijo depende de sus condiciones de producción.
Lo peor sin embargo estará en el relativismo introducido en dicha concepción materialista de la historia, pues no puede pretenderse que no haya verdad, que es la idea implícita en el relativismo. En efecto, si las ideas dependen de la estructura económica, también el marxismo depende de estas. ¿Dónde está el criterio objetivo de la verdad? Si se niega la validez a las diferentes tendencias intelectuales (desde filosóficas hasta religiosas) a partir de su dependencia del modo de producción se afirma que “es verdad que nada es verdad “. Es evidente que tal planteamiento es una contradicción.
En el período posterior a esta declaración Marx será Engels quien más activamente expondrá los aspectos filosóficos del marxismo. Engels llegara a decir que la filosofía sólo consiste en la lógica formal y la dialéctica, el resto del conocimiento pertenece a las ciencias naturales. Con esto Engels hubiera eliminado de hecho la necesidad de responder su celebre cuestionamiento sobre la relación entre el ser y el pensar, pues con esta afirmación la filosofía solo consiste en un método. De haber sido tomada en serio esta idea hubiese sido diferente la historia de la filosofía marxista; muchas barreras hubieran sido quitadas al avance de las ciencias en los ex países socialistas donde se llego a condenar la genética por ser “anti-dialéctica”. Además si el marxismo sólo hubiera consistido en la dialéctica, cuán innecesario hubiese sido hablar de un materialismo marxista, al menos fuera de la historia. Es obvio que toda la obra del discípulo y amigo de Marx estuvo dirigida justamente a construir un sistema materialista.
Lo paradójico es que este lo construyo creyendo que tal era el resultado real al que conducía la ciencia de su tiempo. Engels creía que sólo estaba operando con la ciencia de su época, en realidad había ido mucho más allá Y una muestra de este proceder esta en una poco analizada expresión suya, veamos:
“(...) se presenta el agnóstico kantiano y nos dice (…) a juzgar por lo que nosotros sabemos , la materia y el movimiento (…) no pueden crearse ni destruirse, pero no tenemos pruebas de que ambas no hayan sido creadas en algún tiempo remoto y desconocido (…) Si en abstracto reconoce la posibilidad del espiritualismo, en concreto no quiere saber nada de el (...)
Lo que si puede asegurarse es que, aunque yo fuese agnóstico, no podría dar a la concepción de la historia esbozada en este librito el nombre de agnosticismo histórico. Así pues confío en que la respetabilidad británica no se enfadara demasiado porque emplee en inglés el nombre de materialismo histórico “. (5)
Como puede apreciarse Engels reconoce en estos párrafos que la existencia de Dios no es racionalmente desechable, en pocas palabras hay una posibilidad, aun dentro de los estrechos marcos del cientificismo de su tiempo. Esta posibilidad esta dada en que fuera del campo de la experiencia abarcado por la ciencia se encuentra, según reconoce Engels, la posibilidad de la acción creadora de Dios.
Sin embargo, aunque retrospectivamente resulta valioso resaltar este hecho, oscurecido por el materialismo de Engels conviene no obviar los errores en que dicho autor incurrió.
El conocimiento científico al cual Engels daba la tarea de justificar al materialismo es incapaz de hacerlo. La ciencia se basa en supuestos racionales que intenta demostrar de modo empírico. Para Engels, la vida no era resultado de un alma animal pues se había demostrado que los compuestos orgánicos se pueden sintetizar artificialmente como en el caso de la urea en 1848. Esto, según el filósofo alemán, demostraba que la vida era un proceso de los cuerpos materiales, un estado de la organización de la materia. Ahora bien, tales experimentos no pueden demostrarlo, para esto habría que haber probado que abarcan la totalidad de la experiencia científica.
Engels asumió que la teoría evolucionista de Darwin era la confirmación de la dialéctica hegeliana y la suya propia, materialista. Con esto Engels se apartaba de lo que ya Hegel advertía, que la filosofía no debía depender de otro saber para justificarse. Lo filosófico es demostrable por ser racional y no científico. Esta siempre ha sido la piedra de tropiezo del marxismo. El materialismo dialéctico nunca ha pretendido servirse de la pura razón sino de la ciencia alterando el papel que la filosofía ha tenido históricamente. La filosofía pasó a ser sierva de la ciencia, y de esta servidumbre no ha podido recuperarse.
He expuesto aquí de modo general las limitaciones que han impedido al materialismo marxista tener validez en el campo filosófico. En qué medida estas limitaciones afectan la interpretación marxista sobre la evolución de la sociedad y la historia queda aún por ser analizado. Hace algunos años el teólogo Frei Betto en su ensayo La obra del artista cuestionó la validez del materialismo histórico y dialéctico marxista a partir de la crisis del determinismo presente en la física actual. En tal sentido, una ciencia que no pretende explicar los hechos del mundo físico a partir de leyes sino de probabilidades no puede sustentar un modelo de la sociedad y la historia fundado en la previsión infalible de sus resultados. Así lo ha hecho ver recientemente también el filósofo cubano Alexis Jardines en su obra El cuerpo y lo otro: introducción a una teoría fenomenológica de la cultura.
Sin embargo, a pesar de este cuestionamiento del materialismo marxista a partir del propio desarrollo de la ciencia, que ha superado el mecanicismo nos hemos movido aquí dentro de la crítica a los fundamentos filosóficos de dicha teoría, consistentes en la no demostración de muchos de sus postulados y en la exageración de la validez de la ciencia y un rechazo a plantearse la independencia del saber filosófico frente al científico. El marxismo, por otra parte, una vez desprovisto de sus limitaciones racionales expresadas en el materialismo histórico dialéctico merece ser estudiado y analizado como una de las primeras teorías que trató de hacer de la sociedad un objeto de ciencia.
*Ariel Pérez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Reside en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.

junio 29, 2011

Conflicto de visiones: notas sobre una posible doctrina social evangélica cubana.

Durante diez años fui miembro de la Iglesia Metodista en Cuba. Sin ánimo de comulgar con lo que sería un injustificado sectarismo, he pensado desde hace varios años que algunos principios metodistas podían ayudar a que la fe protestante tuviera mayor impacto en la vida nacional cubana.
Las iglesias evangélicas llegaron a Cuba por los misioneros norteamericanos. Su pensamiento político era conservador en una nación donde el precepto liberal de la separación entre la Iglesia y el Estado era una realidad, al menos en lo referido a la jerarquía eclesiástica.
No podía por tanto esperarse en los inicios sino una posición conservadora en materia política y social (1). Sin embargo, contrario a lo que los líderes de varias iglesias dominantes en el Consejo de Iglesias de Cuba han afirmado (2) no fue la Revolución cubana y su adopción de una variante del estalinismo como sistema social lo que dio a las iglesias evangélicas una doctrina social.
En 1948 al fundarse el Concilio Mundial de Iglesias éste emitió una declaración de principios con respecto al problema social, que fue por tanto adoptada por la Iglesia Metodista Cubana al no haberse separado aún de la norteamericana. En dicha declaración se rechazaba tanto el socialismo marxista por su confesionalidad atea y sus métodos totalitarios, como la sociedad de libre mercado sin asistencialismo y sin lo que hoy denominamos derechos sociales. Cuando en 1968 la iglesia metodista logra su autonomía se queda sin un Credo Social, solo podía guiarse por los documentos del Concilio Mundial de Iglesias hasta 1990 en que se elabora y aprueba el actual Credo Social.
Este Credo sin embargo, no ha logrado tener la trascendencia con la que originalmente fue pensado. Cuando en 1993 la Iglesia metodista cubana emitió un mensaje a sus miembros respecto a la grave crisis económica y social creada tras el fin de los subsidios soviéticos (período especial) el Credo no fue citado en dicha declaración.
Este documento, redactado varias semanas antes de la pastoral católica El amor todo lo espera por otra parte, quedó relegado desde el momento en que el entonces Obispo metodista tomó parte en un documento enviado por decenas de personalidades ecuménicas del país al gobierno a raíz de la publicación de dicha pastoral. Incluso el sociólogo cubano Aurelio Alonso (actual director de la revista Casa de las Américas) en su obra Iglesia y política en Cuba tomó este documento como supuesto ejemplo de divergencia de la doctrina social metodista con los planteamientos de la pastoral católica.
Ya en una carta enviada a la revista católica Espacio Laical hice un breve análisis sobre este documento metodista (3), al cual remito al lector. Lo que sería interesante añadir es que Alonso no cita en su trabajo el Credo Social Metodista, obviamente porque no hubo suficiente interés en difundirlo entre los laicos y no-creyentes como el mismo Credo planteaba.
A partir de ese año comienza el crecimiento masivo de la iglesia metodista. Según datos de la revista metodista La Fundición – el 70 % de los miembros metodistas eran conversos. La liturgia metodista experimentó grandes cambios asimilándose a la de los movimientos carismáticos. Esta renovación litúrgica estuvo acompañada, además, de la entrada de algunas ideas teológicas o más bien de un estado de espíritu donde se negaba el valor de cualquier influencia humana para transformar la sociedad. No me resulta posible aquí desentrañar el origen y esencia de esta doctrina (4), solo señalar que su influencia ha determinado el retraimiento parcial de las iglesias evangélicas frente a los problemas sociales de Cuba.
Frente a esta postura quedó solamente el Consejo de Iglesias de Cuba, cuya política resulta difícil de separar de la del gubernamental, pese a estar supuestamente inspirada en diferentes principios, en este caso, el cristianismo y en el otro, el marxismo-leninismo.
El fenómeno político que ha constituido la mediación de la Iglesia católica entre el gobierno y las organizaciones defensoras del respeto a los derechos humanos en Cuba (ni siquiera organizaciones de oposición formal porque tal cosa es prohibida en Cuba); ha creado una crisis dentro del protestantismo cubano. ¿Cómo poder explicar que el Consejo de Iglesias fuera excluido de dicha mediación? Si, como ha declarado Aurelio Alonso la Iglesia católica se ha ganado el papel de mediadora: ¿Por qué el Consejo de Iglesias no pudo ganarse igual merecimiento? ¿O es que acaso es el protestantismo la religión oficial del país?
Es esta crisis a la que he aludido aquí la que puede explicar la reciente aparición de figuras evangélicas que han desarrollado prácticas pastorales enfocadas hacia los miembros de organizaciones defensoras de los derechos humanos. Resulta lógico pensar que si los obispos católicos han realizado dicha actividad: ¿Por qué los pastores evangélicos no podrían realizarla? Tal es el caso de los recientes acontecimientos dentro de la iglesia metodista cubana, según lo que ha logrado trascender a la prensa que son expresión de este conflicto de visiones o de crisis aquí señalado.
En Cuba existe un importante sector evangélico que cree que la Iglesia debe mantener la neutralidad frente a la grave crisis que padece el país. Durante muchos años las iglesias evangélicas han orado por Cuba y sus gobernantes, no para que gobiernen de acuerdo a sus intereses sino a los de nuestra nación. Eso y no otra cosa significan el llamado a orar por las autoridades. Tomando solamente la tradición más cercana al período de los apóstoles, podríamos encontrar que los Padres de la Iglesia como San Justino, tan cercano en el tiempo a los apóstoles, apelaron a las leyes del Imperio Romano, corrupción de las republicanas, para defenderse de las arbitrariedades de los gobernantes. Si fuéramos a grandes figuras de la Reforma como Lutero, Calvino o Wesley, veríamos el despliegue de una doctrina social, aunque no necesariamente tenga que ser compartida.
Pedir el respeto de la Constitución de 1976, así como los pactos de derechos humanos firmados por el Estado cubano, sin embargo, no es un acto contrario a las leyes actualmente en vigor en el país, ni constituye en sí mismo un acto de oposición. La neutralidad de la Iglesia queda salvada en el hecho de que no es un partido político, su influencia es ejercida desde la sociedad civil, desde lo moral y no desde el Estado.
Ahora que, a raíz de la reciente mediación católica, los principios sociales del Consejo de Iglesias de Cuba han recibido el soslayo del propio gobierno, conviene volver la mirada hacia el Credo Social Metodista y otros documentos similares de cualquier otra denominación evangélica que permitan entender lo que está sucediendo en Cuba.
Bibliografía.
(1) Esto es cierto sólo en parte. Si se consultara El Evangelista Cubano, publicación oficial metodista cubana, durante la dictadura de Gerardo Machado podría observarse el rechazo a su política intervencionista en materia económica, fundamentalmente el rechazo al plan de obras públicas y la concertación de empréstitos extranjeros. Es curioso que esto sucediera en un período donde el liberalismo económico era una postura anticuada.
(2) Pienso en la frase, tantas veces repetida (y televisada) por su autor, el pastor bautista Raúl Suárez: La revolución nos enseñó a dar por deber lo que antes dábamos por caridad. Esta idea supone que antes de la revolución de 1959 las iglesias evangélicas carecían de doctrina social. Se trata de una justificación teológica del hecho revolucionario.
(3) Espacio Laical. Revista del Consejo Arquidiocesano de Laicos de de La Habana. Número 1/2009.
(4) Esta idea no debe ser llamada sin más, fundamentalista; al menos, si las ideas del Tea Party del Partido Republicano, son consideradas fundamentalistas.
*Ariel Pérez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.

junio 22, 2011

¿Hay una teología del diálogo interreligioso?

En las últimas dos décadas ha surgido una teología denominada del diálogo interreligioso. Es mi propósito abordar algunas de las ideas expuestas por el teólogo nicaragüense Jorge Pixley algo que cobra importancia por cuanto la teología del diálogo interreligioso está lo suficientemente extendida como para constituir un reto para la fe cristiana. En el caso cubano tiene particular importancia, por el peso que dicha teología tiene al interior de las instituciones ecuménicas.
Las ideas en cuestión son expresadas por Pixley en su trabajo ¿Nos ayuda la Biblia al diálogo interreligioso?, donde comienza mostrando cómo en América la fe cristiana fue impuesta, de modo que el otro religioso (…) ha sido quebrado en su tradición espiritual. De ahí que, para no seguir imponiendo el cristianismo, se hace necesario establecer un diálogo. En este sentido, los misioneros no indagaron si habría algo en las religiones nativas que contribuyera a su propia fe. Es decir, el diálogo tendría como finalidad encontrar elementos que enriquezcan la fe cristiana. Pixley se dedica a examinar lo que llama los supuestos de un diálogo interreligioso: Mientras se conciba la revelación como algo fijo, independiente del devenir de la historia, no tendremos ni podremos tener una verdadera apertura a las revelaciones de otras tradiciones religiosas. (…) Por los accidentes de la historia nuestra revelación es la revelación bíblica. (1)
Pixley para fundamentar la necesidad del diálogo interreligioso le atribuye un carácter relativo a la revelación cristiana. Según su perspectiva, la revelación de Dios al hombre no es independiente de la historia y cambia con ésta. Aquí cabe entender ¿qué significa la historia para Pixley? Frente a la historia, caracterizada por el progreso hay que pensar que solo ha de corresponderle una revelación que también progrese pero vemos ya aquí que se ha asumido algo que previamente no se demuestra, es decir: el progreso de la historia. Sin embargo, Pixley considera que por un accidente de la historia nuestra revelación es la cristiana. Nuevamente aquí le es dado el papel de protagonista a la historia, mientras que Dios es concebido como un ser sujeto al proceso histórico. Es curioso que el teólogo nicaragüense suponga que la historia es una realidad progresiva y sin embargo, ha dado lugar accidentalmente a la fe cristiana. Sin el cristianismo no se puede explicar la historia de los últimos dos milenios.
Esta teología supone que la revelación ha sido un hecho accidental. Según Pixley, Dios no es el autor de la revelación pues de ser así no podría afirmar su carácter accidental. ¿Puede suponerse que Dios actué de modo irracional? Esto muestra que el supuesto teórico de Pixley es considerar a la revelación como una producción humana. Pixley acude a que accidentalmente esta revelación es la que ha llegado a nosotros. Asimismo considera equivalentes, sin atender a su significación moral, el valor de las diferentes religiones. El cristianismo a diferencia de los cultos paganos contenía un mensaje que dignificó a las personas. No puede calcularse cuanto le debe la cultura moderna. Compárese el mensaje de Jesús con el paganismo que en Babilonia obligaban a las jóvenes a practicar la prostitución, o entre los griegos a orgías disfrazadas de unión con el dios, o al sacrificio de niños del culto a Baal, o el culto al faraón que mantenía esclavizados a los egipcios. Asimismo, otra figura conocida del ámbito teológico Paul Knitter ha afirmado: (…) el compromiso con eliminar una parte del sufrimiento universal causado por la injusticia, es una tarea, un compromiso, que una religión o una nación solas no pueden cumplir. Tenemos que cooperar, (…) a nivel interreligioso (2) .
Los teólogos que hacen énfasis en la liberación de las estructuras sociales opresivas no deben olvidar que éstas no surgieron con el mundo capitalista y que el cristianismo se opone a cualquier discriminación social (ya no hay griego ni bárbaro, libre o esclavo, varón o mujer decía San Pablo). Es contradictorio estar a favor del libre desarrollo del individuo y suponer que implique abstenerse de criticar las creencias que lo rebajan. Es contradictorio acudir al diálogo interreligioso como extensión de la práctica de un evangelio liberador. El diálogo interreligioso, en la forma en que Pixley lo entiende, nada tiene de liberador o revolucionario: implica dejar a pueblos enteros en la ignorancia y la opresión espiritual y social.
Referencias:
(1) Pixley, Jorge: ¿Nos ayuda la Biblia al diálogo interreligioso? Caminos, Revista Cubana de Pensamiento socio-teológico. No 43, 2007.
(2) Ingelmo, Hernán: El pluralismo religioso: entrevista a Paul Knitter. Id.
*Ariel Pérez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.

junio 13, 2011

John R. Mott y el origen del Movimiento Ecuménico.

En el año 2008 se conmemoró el sesenta aniversario de la fundación del Concilio Mundial de Iglesias, organización que agrupa a la mayoría de las iglesias protestantes. El acontecimiento fue recordado en todo el mundo, sin embargo, pocos en Cuba aún conocen que los antecedentes de dicha organización deben su origen a la obra de un laico metodista: John R. Mott. El tema adquiere actualidad, tres años después, con la reciente visita de su actual presidente a Cuba y el panorama del ecumenismo en nuestra nación. ( Foto abajo a la derecha)
¿Quién era este metodista? ¿Qué lo llevó a aunar esfuerzos para crear una organización mundial de iglesias? La obra de Mott comienza en 1895 cuando funda la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos, que agrupaba a estudiantes de varias denominaciones. En aquel entonces era un joven estudiante norteamericano que había pretendido estudiar la carrera de Ciencias Políticas cuando fue llamado a convertirse en misionero.
En 1900, junto con D. S. Moody, organiza el Concilio Misionero Mundial. La visión de Mott era lograr que las iglesias superaran sus divisiones para poder cumplir mejor la función de predicar el evangelio a todas las naciones. Como parte de este proyecto convoca a la Conferencia Misionera Mundial celebrada en Edimburgo, Reino Unido, en 1910. Fue este el núcleo del movimiento que es conocido en la actualidad como ecumenismo. No debe pasarse por alto que el origen del movimiento estuvo orientado hacia la evangelización.
Serían dos movimientos los que finalmente darían lugar a la creación del Concilio Mundial de Iglesias en 1948: el denominado Vida y Acción, que buscaba la cooperación de las iglesias en materia social, así como Fe y Constitución que buscaba identificar coincidencias en el terreno teológico.
En Utrech, Holanda, en 1938 estos dos movimientos se fusionaron para crear el Consejo Ecuménico de las Iglesias, aunque su establecimiento se retrasaría diez años a causa de la guerra mundial que asolara Europa.
El organismo ecuménico misionero creado por Mott, sin embargo, no se integró en el Concilio Mundial de Iglesias hasta 1961.
Mott durante la segunda guerra mundial se trasladó a Cuba para organizar la Conferencia Misionera Cubana en abril de 1940. Esta conferencia que agrupó a líderes metodistas, bautistas, episcopales, presbiterianos, cuáqueros y la iglesia de Dios daría paso a un Comité Gestor que formaría un año más tarde el Concilio de Iglesias Evangélicas de Cuba. Como puede verse la obra de Mott sería determinante en la aparición de la primera gran organización dirigida a aunar esfuerzos entre las denominaciones protestantes para alcanzar la sociedad cubana. El obispo metodista S. A. Neblett – entonces director de El Evangelista Cubano - sería elegido presidente del Comité Gestor de la Conferencia Misionera Cubana y luego sería el primer presidente del Concilio de Iglesias Evangélicas de Cuba.
El Consejo Mundial de Iglesias se definiría como una comunidad de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador, según el testimonio de las Escrituras, y procuran responder juntas a su vocación común, para gloria del Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo con el objetivo de ofrecer un espacio donde las iglesias puedan exhortarse unas a otras a alcanzar la unidad visible en una sola fe y una sola comunión eucarística.
La constitución del Concilio Mundial de Iglesias el 23 de agosto de 1948 sería saludada por El Evangelista Cubano que dirigía entonces el reverendo Miguel Soto como un hecho que daba a las iglesias por primera vez en la historia desde que Lutero fijara su tesis en la catedral de Witemberg, un instrumento permanente para la acción cooperativa en escala mundial. (1)
Sin embargo, desde entonces el movimiento ecuménico ha tenido que enfrentar grandes retos. La tendencia hacia una teología secularizada fue ganando espacio, de tal manera que puede decirse que el cuadro actual de varias de las actividades de esta organización dista mucho del propósito original planteado en la conferencia de Edimburgo de 1910 y de la de Utrech de 1938.
Es por esto que puede decirse que el objetivo de alcanzar la unidad visible en una sola fe y una sola comunión eucarística se encuentra obstaculizado por la aparición en determinadas iglesias del rechazo a valores morales básicos del Evangelio así como la presencia de una teología que subordina la evangelización y el testimonio al diálogo y la cooperación con el mundo.
Entre los puntos que definieron la constitución del Concilio Mundial de Iglesias estaba el que a continuación se expone, referido a las relaciones entre las iglesias que formaran parte del mismo.
- La iglesia reconoce la presencia y la actividad de Cristo y del Espíritu Santo fuera de sus propios límites y ora por que Dios conceda el don de su sabiduría a todos, consciente de que otras iglesias miembros creen también en la Santa Trinidad y en la gracia salvífica de Dios.
Visto así, dicho punto no ofrecería obstáculo para lograr que las iglesias que integraran la organización ecuménica estuvieran libres de desviaciones teológicas y morales pero es obvio que reconocer la presencia y la actividad de Cristo y del Espíritu Santo en el resto de las iglesias implica que éstas rechacen las prácticas que el mundo de hoy no condena – como la inmoralidad sexual y las prácticas fetichistas, que deberían resultar tan alienantes como otras realidades que los “teólogos” liberales critican. (2)
En 1968, a raíz de la conferencia de Upsala, el Concilio Mundial acepta la presencia de teólogos católicos en las sesiones de Fe y Constitución. Esta sección del C.M.I ha logrado un documento muy importante: Bautismo, Eucaristía, Ministerio redactado en la conferencia de Lima en 1982 donde busca los puntos teológicos comunes referentes al bautismo, la eucaristía o santa cena y el ministerio. Gracias a este documento se ha entendido mejor la importancia de que exista un solo bautismo para todos los creyentes y se ha dado espacio a aspectos que han dividido históricamente a las iglesias como la presencia real de Cristo en la Santa Cena. (3)
Es importante subrayar que el diálogo no puede comprometer el objetivo fundamental de la Iglesia que la hace ser evangélica o transmisora de la buena noticia de salvación. El desafío actual del Concilio Mundial es incluso mayor pues existe en sus filas una fuerte presencia de cierta teología que sostiene la necesidad del diálogo interreligioso, que va más allá de la cooperación entre diferentes religiones en materia social sino que pretende una falsa unidad entre las religiones no cristianas y el cristianismo, una evidente manifestación herética. Es interesante recordar que Mott al dictar una conferencia en la Universidad de La Habana a fines de abril de 1940 manifestara que Jesucristo tiene y nos ofrece el único programa adecuado para los males que sufrimos (4): nada más alejado de la “teología” del diálogo interreligioso que se ha convertido en el programa del Consejo de Iglesias de Cuba , a tono con el favoritismo gubernamental hacia las prácticas sincréticas, sin tener en cuenta la amenaza que esto representa para la identidad del protestantismo cubano.
El tema es realmente complejo y no puede agotarse en unas líneas. El origen del movimiento ecuménico arraigado en el espíritu misionero debe volver a plantearnos el problema de cómo podemos los cristianos – los que reconocemos a Jesús como Señor no sólo de labios sino de obra – dar testimonio al mundo de ser miembros de un solo cuerpo con Cristo como “cabeza”- es decir, como guía.
Notas:
(1) Primera Asamblea del Concilio Mundial de Iglesias (s. a) en El Evangelista Cubano Octubre 20 de 1948. pág. 2.
(2) Los documentos relativos a la Constitución del C.M.I así como los referidos al documento de Lima están disponibles en la dirección electrónica www.oikoumene.org/es/home.
(3) Aspectos esenciales de la “teología del diálogo inter-religioso” aparecen en la obra de Gulio Girardi: El ahora de Cuba: tras el derrumbe del comunismo y tras la visita del Papa. Editorial Nueva Utopia. Madrid (s.a) Págs. 273-290.
(4) La visita del Dr. Juan R. Mott en El Evangelista Cubano mayo 1º de 1940. pág. 24.
*Ariel Perez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofia Marxista y Master en Historia contemporanea por la Universidad de La Habana. Profesor de Histporia de la Filosofia en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangelico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.

junio 08, 2011

¿Teología autóctona o teología “revolucionaria”?

Las recientes declaraciones del presidente del Concilio Mundial de Iglesias en Cuba, afirmando que en el país se ha desarrollado una teología autóctona, me han dejado con algunas inquietudes que deseo compartir. Mi encuentro con esta teología que el Dr. Olav Fykse( Foto abajo a la derecha) , de confesión luterana, ha valorizado, comenzó a partir de la lectura de Religión en Revolución del teólogo presbiteriano Sergio Arce, así como los artículos aparecidos en la revista del Centro de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba.
Uno de los problemas fundamentales que presenta esta teología es su pretensión de resolver el evidente conflicto entre un Estado cuya filosofía oficial ha estado siendo el materialismo histórico y la doctrina cristiana de las iglesias, entendiéndolo en los términos de una tesis existencialista mal aplicada: la que afirma que Dios no puede reducirse a un concepto.
En este sentido y por solo citar un aspecto; el Dr. Sergio Arce expuso en Teología en Revolución que negar la idea de la existencia de Dios equivale a decir que Dios no es una idea. De ser así, bastaría reconocer la supuesta irracionalidad (solo posible dentro de cierto forzado concepto de razón) de la existencia de Dios para pasar inmediatamente a la fe en su existencia. El ateo no lo es tal sino por carecer de la fe en Dios aunque coincida con el creyente en afirmar que no se puede probar su existencia.
Sin embargo, el Estado cubano parece haber abandonado el conflicto que originó esta teología autóctona que ha merecido el aprecio del actual secretario del Concilio Mundial de Iglesias. Se reconoció a las iglesias y sus credos ser parte de la nación en el pasado congreso del PCC. Dicho reconocimiento implicaría el abandono del materialismo histórico como filosofía oficial del Estado, la que se enseña en las universidades con el fin de crear en los estudiantes una concepción científica del mundo: como si las asignaturas de las diferentes ciencias no bastaran para lograr esto y pese a ser pensadas desde el mismo materialismo histórico. ¿Quién no recuerda el preámbulo de los libros de biología donde se hablaba de la vida como forma de existencia de la materia y en el de física de las distintas formas del movimiento?
Difícilmente la teología autóctona que obvia el problema arriba anotado pueda tener resonancia fuera de los círculos estrechos del propio Consejo de iglesias de Cuba. Por otra parte no toma en cuenta la transformación del panorama religioso cubano, donde el ateísmo de corte marxista ha vuelto a ser minoritario, en los últimos veinte años.
Y aquí entraríamos en otro aspecto del problema: no hay teología autóctona posible, toda teología cristiana es universal porque universal ha sido el mensaje del cristianismo. Y es difícil lograr la credibilidad de una teología que haga causa común con un nacionalismo de corte totalitario.
La voluntad del PCC de construir el socialismo no lo singulariza frente al resto de las naciones. Toda teología autóctona debía cuestionar la exaltación nacionalista (donde el socialismo cubano aparece como un modelo y esperanza de las naciones) de la ideología oficial cubana con el mismo énfasis en que cuestiona el embargo norteamericano por un lado y la distorsión de los valores que en teoría, comparte una comunidad nacional de raíz cristiana.
Nota del Autor: Arce pretende que su idea es “existencialista”. Vayamos al padre de dicha corriente filosófica el teólogo Soren Kierkegaard. Para él la fe es paradoja, es absurdo, es la única forma de superar la limitación humana de no poder concebir a Dios y necesitarlo para tener una esperanza de eternidad. El marxista sin embargo, acude a la dialéctica, a la unidad de los contrarios. Nada más ajeno al existencialismo que el marxismo.