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mayo 30, 2026

El Poderoso Gigante y la Fe que Rompe Cadenas: Reflexión sobre la Esperanza de Cuba

 


Por Nilda C. Estévez

"Mas el Señor está conmigo como PODEROSO GIGANTE; por tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán; tendrán perpetua confusión, que jamás será olvidada". Jeremías 20:11

El desánimo y el pesimismo son armas silenciosas. A menudo asoman en la cotidianidad, intentando tomar partido de nuestros pensamientos, sembrando la duda frente a realidades oscuras o procesos que parecen interminables. Sin embargo, es precisamente en la hora más gris cuando la Palabra se activa. Al volver la mirada a las Escrituras, reaparece con fuerza el testimonio del profeta Jeremías, obligándonos a meditar en una pregunta fundamental: ¿En quién está verdaderamente depositada nuestra fe?

Al recordar las palabras del profeta, renace la confianza en el mismo Dios vivo que lo sostuvo en medio de la persecución y el aislamiento. Es ese mismo Dios que siglos más tarde se manifestó plenamente en la historia a través de la persona de Jesucristo. Él no vino con las armas del mundo, sino como el Siervo Sufriente para la Redención de la humanidad. En Su sacrificio y posterior victoria sobre la muerte, se desarma todo argumento del enemigo. Ante esa certeza, el temor se disipa, la ansiedad retrocede y la tristeza da paso a una convicción inquebrantable: Dios está en absoluto control.

El mundo actual, inmerso en crisis de identidad y relativismo, tiene la necesidad urgente de conocer al Dios verdadero. No a un concepto abstracto, sino al Dios vivo de las Escrituras. Para que esto ocurra, el testimonio de la Iglesia es crucial; quienes creemos en Él debemos ser canales limpios y valientes, capaces de transmitir Su verdad con fidelidad, coherencia y poder espiritual.

Esta fe no es ajena al dolor de la realidad terrenal. Al contrario, la fe nos mueve a la intercesión ferviente por los oprimidos. Por eso, elevamos un ruego unánime por Cuba, la patria esclava. Oramos para que el Dios soberano rompa de una vez y por todas las cadenas espirituales, políticas y sociales que atan a la nación. Rogamos para que Su Paz y Su Amor inunden los corazones de un pueblo que ha sufrido el peso del engaño y la opresión.

Pedimos que descienda la verdadera justicia divina. Aquellos que hoy se creen dueños de vidas, destinos y conciencias deben saber que hay un tribunal supremo. Oramos para que se rindan ante la soberanía del Altísimo y para que cesen definitivamente las mentiras que han sostenido el cautiverio. Confiamos plenamente en que el PODEROSO GIGANTE marchará al frente, derribará los muros de la opresión y abrirá, de par en par, el anhelado camino de la LIBERTAD.

Fuente original: Publicado por la autora en su perfil de Facebook.

Fecha de reflexión original: 30 de mayo de 2026.

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febrero 13, 2026

14 de febrero: Más que una celebración, un testimonio y una exhortación del amor como un acto de resistencia .

 

En el Día de los Enamorados, 14 de febrero del año del Señor 2026, una introducción de amor, reconocimiento y comunión de valores hacia mi esposa: Nilda Cecilia Estévez Rodríguez.

El amor, después de los 70 años, ya no es ese sentimiento incontrolable y ligero de la juventud; se convierte en algo mucho más profundo, formado a través del fuego de las crisis, las enfermedades y las separaciones. Conmemorar este día no es festejar una vida perfecta, sino dar gracias por haber sobrevivido a las tormentas. Hemos atravesado angustias que nos doblegaron, pero no nos desgarraron. Me ofreciste estabilidad, apoyo y seguridad en medio de la incertidumbre y los sobresaltos.

Al mirar hacia atrás, reconozco los días de tristeza y los momentos de angustia que fueron inevitables. Pero al verte hoy, comprendo que cada contratiempo valió la pena solo por alcanzar este momento presente juntos, con una sensación de armonía adquirida y buscando siempre la mano del otro que nunca se soltó en la oscuridad.

No existe nada más esperanzador y feliz saber que, a pesar de todo lo vivido, eres tú quien continúa estando a mi lado. Gracias por soportar la carga sobre mis hombros y estar a mi lado en las luchas de la vida.


Cuando casi todo fue complicado en una vida llena de angustias, la relación se volvió el único refugio seguro. En esta edad y en el tiempo, lo que más demuestra amor es estar presente de manera constante. Celebrar nuestra unión en un día tan significativo no es una tarea ordinaria, sino una maravilla de pertenencia. Hoy te miro y no solo veo a la pareja de mi vida; veo a la persona que ha estado conmigo en el desierto de la exclusión y los miedos establecidos.

El día en que nuestra profesión se transformó en una dedicación a la libertad, además de serlo para con la vida, quedó como un momento crucial en nuestra historia. Estás al tanto de que el costo de proteger los derechos humanos fue el despojo total. Nos quitaron años de vida laboral que construimos con gran esfuerzo, nos despojaron de la seguridad y quisieron eliminar nuestra presencia en la sociedad que tratamos de proteger y curar. Sufrimos la represión en carne propia, y ese "aguijón" de angustia existencial se agudizó al observar que la maldad ajena llegaba hasta a perturbar la paz de nuestros hijos y nietos.

No obstante, aquí estamos. Nos han despojado de los títulos, las funciones y el reconocimiento, pero a pesar de eso no han podido tocar nuestra alma, ni aun ahora. Como afirma la Palabra:

"Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos." (2 Corintios 4:8-9)

Hoy, en este exilio accidental que antes era en Cuba una expulsión social y laboral a la que nos sometieron, nuestro hogar es nuestro santuario. Ya no vestimos las batas, pero seguimos siendo aquellos que siempre llevan una palabra de aliento y esperanza a muchos quebrantados en su salud con apego a la esperanza ante Dios.


Permanecemos cercanos a Él, seguros de que ninguna adversidad, sufrimiento, enfermedad ni opresión tiene la última palabra sobre nuestras vidas. Nuestra riqueza es esta lealtad inquebrantable que nos ha permitido mirarnos a los ojos durante setenta años sin sentir vergüenza, únicamente con la dignidad de los que nunca se rindieron.

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,  ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Rom 8: 37-39

Te agradezco por ser la ayuda perfecta para mí. Te agradezco que estés a mi lado, sentada en el templo, orando conmigo cuando acecha el temor por los nuestros. Ahora más que nunca, nuestro amor es un acto de libertad y también de rescate.

Esta celebración feliz, en la que honro a mi esposa con estas palabras, será leída por muchas personas. Por lo tanto, les brindamos nuestras cicatrices y nuestros despojos. En esta etapa del camino, hemos encontrado una verdad profunda: el amor no es un sentimiento, sino una actitud frente a la vida.

Nuestra súplica para que el miedo al desierto no nos alcance llega a todos los que lean estas notas. No tengan miedo del desierto. Dios nos liberó de los obstáculos extremos, pero seguimos caminado con Él de manera digna hasta el presente. A pesar de que nos arrebataron tanto, persistimos en la verdad y el deseo de servir. Hoy sabemos que el amor es justicia, y que amar en medio de la represión angustiosa, como ocurrió; - es y fue - el acto de rebelión más grande que puede suceder.

La presencia de Dios en nuestras aflicciones es lo que hoy nos sostiene, no la falta de problemas. Nos alegramos de que, a pesar de que el mundo sea malvado, hacemos lo posible para que nuestro hogar siga siendo un lugar sagrado de fe. No tenemos otra opción...,

Eloy A González

14 de febrero del 2026

enero 22, 2026

Caminando entre Sombras con la Luz del Salmo 23

 Caminando entre Sombras con la Luz del Salmo 23.

Nilda C Estévez

En el silencio de mi meditación de hoy, me sumerjo en las aguas profundas del Salmo 23. Al cerrar los ojos, no solo leo palabras; viajo en el tiempo hacia mi infancia y adolescencia en Carlos Rojas, Matanzas. Vuelvo a verme en la iglesia bautista de mi pueblo natal, esforzándome por memorizar cada verso para alcanzar un nivel superior en los "Auxiliares del Rey". Aquella disciplina infantil no era solo un ejercicio de memoria, sino la siembra de una semilla de fe que germinaría en los momentos más oscuros de mi vida.

Siempre me ha resultado paradójico que este Salmo se reserve tan a menudo para los rituales fúnebres. Aunque menciona el "valle de sombra de muerte", el Salmo 23 no es un canto de derrota ni un adiós resignado; es un himno de victoria. Es la declaración de un alma que sabe que la muerte no tiene la última palabra. David no escribió estas líneas para los que se han ido, sino para los que caminamos, para recordarnos que el Pastor está presente aquí y ahora, en el fragor de la batalla y en la fatiga del camino.

Recuerdo mis años de juventud en La Habana, cuando la beca y el estudio me obligaban a enfrentar la soledad de la noche. Tras bajar del ómnibus, me aguardaban las calles casi a oscuras de El Laguito, en Cubanacán. En aquella penumbra, el cansancio y las preocupaciones del día pesaban en mis hombros, pero mi espíritu encontraba un refugio inexpugnable.

Mientras caminaba en la noche, mi voz —a veces en susurro, otras en un grito silencioso — recitaba: "Jehová es mi pastor; nada me faltará". En ese momento, la oscuridad dejaba de ser una amenaza para convertirse en el escenario donde se manifestaba la paz de Dios. No caminaba sola; caminaba consciente de que el mismo Dios que sostuvo la vara y el cayado para proteger al Rey David, estaba allí, guiando mis pies entre las sombras cubanas.

Hoy, al igual que David —el Dāwī, el "Amado" y Unificador de Israel—, reconozco que la fe no es la ausencia de peligro, sino la certeza de la presencia divina en medio de él. David fue poeta, músico y guerrero, pero sobre todo fue un hombre cuya confianza no radicaba en su propia fuerza, sino en la fidelidad de su Pastor.

Ahora, voy a compartir con ustedes mi oración y también "mi salmo 23", al estilo del Rey David, quien, sin lugar a dudas, también fue un hombre de Fe. 

Mi oración con el Salmo 23

Señor, tú eres mi pastor,

nada me falta,

me llevas a lugares deliciosos

y me das tu descanso

y así disfruto de las aguas

de reposo.

Confortas mi alma,

me guías por sendas de justicia,

porque amo tu nombre;

así ande en Valle de sombras,

o de muerte.

No temo mal alguno,

Porque tú estás conmigo;

Me das aliento en tu Palabra,

Y preparas mesa delante de mí,

y la observan mis angustiadores.

Me unges con aceite, con tu Santo Espíritu;

el gozo como copa rebosante, lo disfruto,

y así comprendo que,

el bien y la misericordia ,

me seguirán todos los días de mi vida,

y en tu casa, Señor,

moraré por largos días

Amén 

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octubre 03, 2025

Una Breve Oración..., por Cuba.

 


Señor,

Aquí estoy, con la certeza de tu Palabra: Tú oyes la oración de los justos, estás cerca de los quebrantados de corazón y das descanso al cansado y al que está agobiado.

Sé que te estás abriendo camino en medio de estas tinieblas. Toda Fuerza y Poder provienen de Ti, el mismo ayer, hoy y por los siglos. Confío en que enjugarás mis lágrimas y que las oraciones de tus hijos suben a Ti como olor fragante.

Te entrego mi país, Cuba, la isla esclava. Vuelve tu rostro sobre ella, Señor, y haz lo que tengas que hacer.

Aquí estoy. Espero en Ti.

AMÉN.

Nilda C Estévez

[03 de octubre de 2025]