junio 18, 2026

ABUSOS, SILENCIO Y PODER: LA HERIDA ABIERTA DEL MUNDO BAUTISTA

 Acaba de concluir la Convención Bautista del Sur (SBC) en Orlando, Florida, y lo que allí ocurrió revela la compleja encrucijada espiritual, ética e institucional que vive la mayor denominación evangélica de los Estados Unidos.

Se discutieron temas urgentes: el rol de las mujeres en el ministerio (Enmienda de Verdad y Unidad), inmigración, dignidad humana, suicidio asistido, antisemitismo, ética en el uso de la inteligencia artificial y ministerio de discapacidad.

Sin embargo, el tema que marcó el trasfondo de todo fue otro: el manejo fallido de los abusos sexuales dentro de la SBC.

Un cierre sin justicia

Los líderes anunciaron que el Departamento de Justicia cerró su investigación penal sin presentar cargos contra el Comité Ejecutivo.

Pero el informe de Guidepost Solutions (2022), con más de 700 casos documentados de abusos y negligencia clerical, sigue siendo una herida abierta. Cuatro años después, las reformas están estancadas y el proyecto “Ministry Check” —que prometía una base de datos pública de abusadores— fue abandonado. El sitio web existe, pero está vacío.

Sobrevivientes y activistas denuncian que las reformas se diluyeron por la resistencia de sectores radicalizados que acusaron estas medidas de introducir “ideologías seculares” en la iglesia.

La frustración de las víctimas

Aunque la vía penal federal se cerró, decenas de demandas civiles siguen activas.

Mientras tanto, la Convención dedica enormes energías a prohibir a las mujeres predicar, mientras las medidas para proteger a mujeres y niños de pastores abusadores quedan relegadas.

Para muchos miembros, víctimas o no, la crisis es espiritual además de institucional: descubrir que la estructura donde depositaron su fe encubrió crímenes provoca un dolor profundo y legítimo.

El espejo de las Iglesias Bautistas Fundamentales Independientes (IBF)

Las IBF, aunque comparten raíces teológicas con la SBC, operan sin supervisión externa. Investigaciones como las del Fort Worth StarTelegram y el documental Let Us Prey muestran que allí los abusos se agravan por tres factores:

  •   Aislamiento total: autoridad pastoral absoluta sin rendición de cuentas.
  •  Cultura de silencio: proteger “el testimonio” por encima de la víctima.
  •  Cero controles: un abusador puede mudarse y abrir otra iglesia sin dejar rastro.

¿Qué pueden hacer los creyentes?

Hoy, muchos bautistas se ubican en una de estas posturas éticas y espirituales:

1. Fidelidad Remanente 

Permanecer, pero exigiendo protocolos externos, auditorías, verificación de antecedentes y denuncia inmediata a la policía.

2. Éxodo 

Buscar comunidades sanas con gobernanza transparente y verdadera rendición de cuentas.

3. Exilio Espiritual 

Sanar fuera de la estructura institucional sin abandonar la fe.

4. Activismo y Alianza con Sobrevivientes 

Apoyar a quienes denuncian, priorizando la protección de los vulnerables por encima de la reputación eclesial.

Una conclusión necesaria

Ser bautista o evangélico no equivale a encubrir crímenes. El problema es un sistema eclesiástico que, cuando carece de controles, se vuelve terreno fértil para el abuso. La fe cristiana no se defiende protegiendo instituciones, sino protegiendo a los pequeños; la credibilidad moral de nuestras iglesias depende de ello.

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