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julio 30, 2011

En la hora de la muerte de tres grandes obispos.

En ocasión de la muerte del Obispo cubano Pedro Meurice Estiu, ocurrido hace una semana en Miami, y el sepelio mañana en Cuba incluimos esta nota editorial que aparece en el sitio Ecclesia Digital. Al honrar a estos tres obispos católicos, fallecidos recientemente, queremos también honrar y reconocer a los genuinos pastores católicos que practican el verdadero servicio a Dios y al prójimo, muy por encima de las veleidades y pecados de unos pocos que enturbian la imagen y buena obra de la Iglesia católica. El editorial dice:
La muerte, con casi 100 años de edad, del cardenal bielorruso Kazimierz Swiatek nos evoca la Iglesia tan duramente perseguida, silenciada y encarcelada en la Europa central y del este tras la segunda guerra mundial. Es la Iglesia de los “gulag”, la Iglesia diezmada y oprimida por el régimen comunista soviético, uno de los grandes depredadores recientes de las libertades y de los derechos humanos. Denominador común entre Bielorrusia y Cuba –en la querida isla caribeña todavía presente- ha sido y es precisamente la ideología marxista comunista. Y ella intentó también doblegar al arzobispo Pedro Meurice Estiu, durante casi cuatro décadas arzobispo de Santiago y primado del país hermano. Meurice no sufrió la cárcel como Swiatek, pero sí las numerosas limitaciones impuestas por el régimen y otros sibilinos modos de persecución. Su voz, siempre libre, profética, evangélica, resonó con fuerza en numerosas ocasiones. Pero no cabe duda de que lo hizo de manera especial y bien vibrante –con audiencia de cientos de millones de personas- al recibir al Papa Juan Pablo II el 24 de enero de 1998 en Santiago de Cuba.
Y tras treinta años de admirable ministerio misionero, mientras celebraba misa –la mejor muerte para un sacerdote-, el obispo Cesare Mazzolari pudo así hacerse renovada, fecunda y definitiva ofrenda por la Iglesia y por su recién nacido Sudán del Sur.
Por todo, vaya para ellos y para tantos otros pastores conocidos o anónimos nuestro agradecido reconocimiento.