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mayo 28, 2025

¿Es un gesto de amor al prójimo ayudar de manera irrestricta al inmigrante ilegal?

El Bom Samarita (1838) de Pelegrí Clave

 En la página de Facebook, Amigos del silencio, encontré inserto un artículo sobre el problema de los inmigrantes ilegales y la Parábola del Buen Samaritano, solo que esta vez el hombre golpeado y robado en el camino era un inmigrante de África abandonado a su suerte en una playa de España.[1] Esto me llevó a un primer comentario y a un segundo comentario:

Primer comentario: “Prójimo sin papeles”

Vale la pena explorar las diferentes dimensiones de este tema: la ética, la legalidad y las implicaciones sociales. Desde un punto de vista moral, ayudar a alguien en necesidad, sin importar su estatus legal, puede considerarse un acto de compasión y amor al prójimo. La idea de apoyar a quienes enfrentan dificultades—como los inmigrantes indocumentados que a menudo huyen de la violencia, la pobreza o la persecución—resuena con valores humanos universales de solidaridad y empatía.

Sin embargo, la realidad legal complica esta intención. Las leyes migratorias varían según el país, y en algunos lugares, ofrecer ciertos tipos de ayuda a inmigrantes indocumentados puede ser ilegal. Esto podría poner en riesgo tanto a quien ayuda como a la persona que recibe la asistencia. Por lo tanto, aunque el deseo de ayudar sea genuino, es importante conocer las leyes locales para evitar consecuencias no deseadas. Este tema genera división. Algunas personas creen que brindar ayuda sin restricciones fomenta la inmigración ilegal y puede sobrecargar los recursos de una comunidad. Otros argumentan que es una obligación moral asistir a quienes están en una situación vulnerable, independientemente de su estatus. Este debate refleja la tensión entre la compasión individual y las políticas colectivas.

Es fundamental recordar que los inmigrantes indocumentados son seres humanos con dignidad y derechos. El término "ilegal" puede ser deshumanizante, y usar un lenguaje más respetuoso, como "indocumentado", ayuda a mantener el foco en su humanidad. Si estás considerando ayudar de manera irrestricta, te animo a informarte sobre las leyes de tu país y a evaluar el impacto que tu apoyo podría tener en tu comunidad. Existen organizaciones que trabajan dentro de marcos legales para apoyar a los inmigrantes indocumentados. Contactarlas puede ser una forma segura y efectiva de canalizar tu deseo de ayudar.

Sí, ayudar a los inmigrantes indocumentados puede ser un gesto de amor al prójimo, pero no está exento de complejidades. Equilibrar la compasión con un entendimiento de las leyes y las dinámicas sociales es clave para actuar de manera responsable y efectiva.

Y este es , un segundo comentario a partir de las interpretaciones que se hacen al texto bíblico de Levítico 19:33-34 que, aunque no es de mi autoría, sí implica un análisis bíblico a partir del hebreo en este texto. La fuente se incluye en la referencia. 


Aquí es donde las traducciones son difíciles, y el hebreo resulta útil. El pasaje que cita es Levítico 19:33-34: “Cuando un extranjero resida entre vosotros en vuestra tierra, no le hagáis ningún mal. Trataréis al extranjero que resida entre vosotros como a uno de vosotros, y le amaréis como a vosotros mismos, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto: Yo soy el Señor vuestro Dios.”

La palabra para "extranjero" (o "inmigrante", como lo tiene la traducción que está usando) es la palabra "ger" גֵּר y se refiere a una persona no nativa que reside temporal o permanentemente entre los israelitas. Denota a alguien que no forma parte originalmente de la comunidad israelita, pero que vive entre ellos, a menudo buscando refugio o una nueva vida. El "ger" es distinto de un israelita nativo, pero se le otorgan ciertas protecciones y derechos bajo la Ley Mosaica. El equivalente moderno es el de un residente permanente que aún no es ciudadano.

Hay otros tipos de extranjeros definidos en la ley de Dios: toshab (תּוֹשָׁב), nekar (נֵכָר), y zuwr (זוּר). Ninguno de estos otros tipos de extranjeros goza del mismo estatus que un ger.

Por ejemplo, los cananeos eran nekar, a pesar de vivir entre los israelitas en las tierras conquistadas de la promesa. Ninguno de sus alimentos era aceptable para Dios como ofrenda de la congregación (Levítico 22:25), ni se les permitía participar en la observancia de la Pascua (Éxodo 12:43). Dios prohíbe a este tipo de extranjeros como los cananeos entrar en su santuario (Ezequiel 44:9) debido a su contaminación (Ezequiel 44:7); de hecho, Dios ordenó que ningún nekar permaneciera en las fronteras de la tierra, sino que debían ser expulsados (Éxodo 23:23-33). Más tarde, se reiteraría que debían ser excluidos completamente (Nehemías 9:1-3, Esdras 10:2). Todo un contraste con el extranjero con derechos de nacimiento.

Los inmigrantes ilegales no tienen ciudadanía, por lo que no son "ger", así de simple.

Fuente del segundo comentario: r/Christianity/Comments

Recopilación y notas: Eloy A González [27 de mayo de 2025]

 



[1] Mari Paz López Santos. Prójimo “sin papeles”. Eclesalia 12/10/13.

agosto 28, 2015

Nueva Orleáns: La ciudad disuelta.

Una nota introductoria: Por estos días se suceden las memorias y las noticias sobre el paso del desbastador huracán Katrina por la ciudad de Nueva Orleans, ha pasado 10 años de aquellos evento s y hoy nos encontramos, actos de recordación y extensos reportajes en los medios. No hay olvido. Por aquellos días escribí y publique en un diario local este artículo: Nueva Orleans: La ciudad disuelta. Días después escribí una breve nota con el título de: La carta de Sophie y tiempo después en relación con otro huracán, esta vez el Rita, publique un artículo relacionado con el título de: María Juárez una mujer dichosa. Vuelvo a incluir en la red el artículo que es posible que  ya no está en línea; este artículo en recordación a las víctimas del huracán Katrina y a la sufrida ciudad de Nueva Orleans. 
Nueva Orleáns: La ciudad disuelta. 
Por: Eloy A González.                                                                                         Andar errático el del huracán Katrina devenido en furiosa meretriz, bestia de vientos huracanados y lluvia intensa como de rápido diluvio. Habiéndose alimentado de extrañas energías en las cálidas aguas del Golfo, arremetió contra la ciudad de Nueva Orleáns durante 6 horas,- para convertirla-, de lo que fue la otrora ciudad emblemática del Sur, en  una ciudad disuelta. 
Ciudad disuelta es ahora, cargada de gemidos y echada del arco de la costa, cuando fueron confundida sus aguas. Su faz es la de un raro espectro de aguas y grises edificios, casas que asoman sus techos, donde se pasean,- en espacios de litigio-, seres desgarrados por la angustia y sumergidos en el caos y  la desesperanza. Las calles se han convertido en ríos donde flotan los cadáveres hinchados y mal olientes. 
Ciudad de riqueza, esplendor, disipación y alegre música; hoy ha visto bajar los ojos de los altivos. Los cadáveres han sido arrojados al medio de las calles, las mismas que han hecho desaparecer las aguas. Seres escuálidos con  rostros marcados y secados por la sed son  ahora sus habitantes; sobrevivientes que no alcanzan a calmar su avidez de alimentos y de agua en medio de un lodazal putrefacto y vacío. Hay en la lejanía lenguas de fuego que parecen tratar de consumir el rastrojo de lo poco que queda del esplendor de una ciudad ahora disuelta. 
El recuerdo de aquella Ciudad que conocí , cuando la veía lejos allá en la brumas de la mañana camino a Mandeville después de recorrer los extensos humedales que la circundan al oeste y norte de la ciudad, para pasar tan rápido como era posible por Metaire y transitar el largo puente de 23 millas sobre el Lago Pontchatrain hasta Mandenville. La ciudad era esa inmensa imagen de edificios, el enorme y redondeado  Súper dome y el Mar; ese Mar en la distancia inmenso y protagonista como el Río y  los extensos pantanos; y el agua, siempre  presente. 
En Nueva Orleáns el agua es heredad y escenario. Ahora con el paso del huracán, es reinado absoluto. En ella se dan cita los gemidos, las agudas privaciones, las bestias de los pantanos y las víboras. Fueron convocadas las aguas, -esas que braman con  las fuerzas de los vientos-, las que eran parte de un lago que descansaba al lado de la gran ciudad y el agua de los pantanos. Todas sin excepción fueron convocadas para hacer posible que la ciudad fuera disuelta. 
¿Que ha sucedido para ver aquellos que huyen, los que andan sucios, descalzos, cargados de ropas húmedas y desechas? Imágenes duras nos han sido mostradas, el clamor de ayuda y los  llantos no cesan; y hay dolor que espanta con todo lo que oímos y vemos. Hay un espasmo colectivo de dolor y el horror nos ha alcanzado a todos, - aún lejos de esta-, la ciudad disuelta. 
¿Que tienes hoy Nueva Orleáns de tantos sueños, cuando los tuyos han subido sobre los techos y andan clamando ayuda? Tu que siempre fuiste una ciudad de alboroto, ciudad turbulenta, ciudad alegre. Tus muertos, -estos los de ahora-, no son muertos de manos homicidas, ni eres escenario de guerra alguna. Sobre ti se enseñorean las aguas en las cuales muchos han encontrado la muerte; convirtiéndolo todo en una ciudad disuelta, en las aguas de muerte, horror y destrucción. 
Dejemos llorar amargamente a aquellos que han sobrevivido, -porque los días son de confusión  y asombro-, hasta tanto lleguen los días de consuelo. 
Superado el caos inicial, sorprendidos por la vastedad de la destrucción y el abandono; han sido convocadas la generosidad y la paciencia, la bondad  y lo pragmático. Pero sobre todo se ha hecho realidad la solidaridad,- esa-,  presente en una nación marcada por profundos sentimientos de amor y de servicio a prójimo. 
Prójimos hay en el camino a Jericó. Se cuentan por miles los menesterosos, golpeados, hambrientos y sedientos; habiendo vivido la cercanía del frío sepulcro, y a la espera de un gesto de compasión que no les falte. 
Llegan por miles a los centros habilitados para su atención en el vecino Estado de Texas; con rostros angustiados y llenos de lágrimas se bajan de los ómnibus para ser recibidos; -salen a encontrar al sediento-, un niño hispano alcanzó un recipiente con agua a una señora afro americana, -socorred con  pan al que huye-,  una joven americana abraza con compasión y cariño a un anciano afro americano al momento en que le alcanza algo de comer. Se yergue al anciano mira a lo alto y entre sollozos da gracias a Dios y a América por igual. 
Al lado de la fila de los desplazados, una anciana americana toca el violín con fruición, su semblante es tan amable que hace volver el rostro de la joven afro americana que carga a un niño pequeño en brazos, una lágrima corre por su mejilla. En ese instante alcanzo a comprender que la esperanza le ha ganado la partida a la desesperación. Otra vez el amor muestra su señorío.


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