Por: Eloy A González.
Intentando reducir al mínimo o colocar en el contexto
adecuado el título de esta nota, estoy buscando la palabra precisa, porque en
buen cubano es "nos botaron", pero para un buen entendido es "nos
echaron", y sí, de eso se trata.
Salí de Cuba en compañía de mi familia como refugiado
político, a través del programa de visas de los Estados Unidos. Este es para
individuos con un historial de oposiciones leales y verificables que obtienen,
tanto ellos como sus seres queridos, una visa de refugiado. La Navidad de 1999
fue cuando llegamos a los Estados Unidos.
Al igual que en Cuba, donde proclamábamos nuestra fe
común en Jesucristo y éramos miembros de las iglesias de confesión Bautista,
aquí hicimos lo mismo, e incluso más: nos relacionamos con individuos de otras
denominaciones.
Mientras estaba de visita en la casa de un matrimonio de
ancianos metodistas en Fort Worth, donde vivíamos, conocí a un pastor jubilado.
Era un hombre mayor, con una mirada bondadosa, una cara piadosa y ese tono de
voz que utilizan las almas agradecidas a Dios. Cuando le conté que era cubano y
que había estado practicando una fe auténtica en Cuba durante muchos años antes
de llegar a los Estados Unidos como refugiado político, mostró su respeto y
admiración. Además, me informó que conocía a un grupo de integrantes de su
iglesia presbiteriana que viajarían a Cuba pronto con fines misioneros y
solidarios. Me comentó que estaba convencido de que esos hermanos querrían
compartir mi testimonio y el de mis familiares cercanos, y que hablaría con
ellos para tener un rato de fraternidad e intercambio. Lo acordamos así.
Algunos datos que me proporcionó me causaron un poco de
inquietud. En calidad de miembros de la Iglesia Presbiteriana, su visita sería
sobre todo a una iglesia de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba. Una
iglesia que, a pesar de ser presbiteriana, se "reformó" con la
llegada de lo que se conoce como Revolución Cubana. Estarían en la Iglesia
Presbiteriana del barrio de La Víbora, en La Habana. En aquel entonces, el
Pastor Uxmal Livio Diaz se encargaba de la iglesia; era un individuo sombrío
que había conocido en Cuba.
Como es de esperar, las iglesias presbiterianas, al igual
que muchas otras en los Estados Unidos, apoyan un progresismo extremo y son
devotos aliados de la dictadura cubana que lleva en el poder casi 70 años.
La Primera Iglesia
Presbiteriana de Fort Worth (First Presbyterian Church of Fort Worth, FPC) y la
iglesia presbiteriana cubana no están vinculadas directamente, pero sí con la
presbiteriana en EE.UU. (PC(USA)) y sus congregaciones, entre ellas FPC, han mantenido
por mucho tiempo vínculos de apoyo con la Iglesia Presbiteriana Reformada en
Cuba (IPRC), centrándose en la justicia social, el intercambio teológico y la
asistencia humanitaria.
La Primera Iglesia
Presbiteriana de Fort Worth (situada en 4000 Stadium Dr), como congregación de
la PC(USA), posiblemente colabora o respalda acciones misioneras y
asistenciales a Cuba. Las Iglesias Presbiterianas en los Estados Unidos, desde
siempre y hasta la actualidad, se encuentran con las organizaciones de
pantallas solidarias de la dictadura comunista de Castro en Cuba y se sienten
orgullosas por ello.
Un encuentro reciente en La Habana entre funcionarios del
Ministerio de Relaciones Exteriores del régimen y representantes de la Iglesia
Presbiteriana en Cuba indicó la conexión entre esta iglesia y la dictadura,
tanto en Cuba como en los Estados Unidos.
[https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/amistad-y-apoyo-desde-la-iglesia-presbiteriana-de-eeuu-hacia-cuba]
Una vez establecidos los intercambios, acordamos asistir
con mi familia a una reunión con la iglesia presbiteriana que patrocinó el
viaje solidario a Cuba y allí llegamos en tiempo y forma. Más de veinte
personas se congregaron en círculo en un lugar que no era el templo y nos
hicieron la presentación. Nos presentamos y empecé explicando que habíamos
llegado hace unos meses como refugiados políticos, puesto que ya había sido
parte del movimiento opositor en Cuba y me había declarado activista de
derechos humanos. Añadí mi condición como activista gremial, al ser miembro del
ejecutivo del Colegio Médico Independiente de Cuba.
Por lo tanto, los presentes allí se mostraron algo
nerviosos; empezó a sentirse un ambiente tenso, el aire era denso como para
cortarlo con un cuchillo. Continué describiendo la realidad de la represión y
la violación de los derechos humanos, y hasta ese momento fue suficiente para
los organizadores presentes. Me indicaron que cesara mi intervención, salieron
y volvieron para informarme que "algunos hermanos no habían llegado
todavía", lo cual era falso. Se sentían muy incómodos y, al final, me
comunicaron que "ya era suficiente" y que podíamos marcharnos
porque ellos continuarían en una reunión de intercambio con los "misioneros
solidarios". Ya no hacíamos nada allí, nos llevaron hasta la salida,
nos echaron de la Iglesia. No estaban interesados en escuchar los razonamientos
de unos refugiados políticos cubanos con los que, como hermanos devotos en la
fe, no coincidían ideológicamente.
No es de extrañar, en la Iglesia Presbiteriana Reformada
de Cuba se gestó y se reprodujo la Teología en Revolución, una "robo-ilusión"
cubana, de la mano y del pensamiento sombrío del teólogo alquimista que fue
el reverendo Sergio Arce Martínez. y se hizo con el respaldo de otras iglesias
presbiterianas.
Es realmente abrumador que usted, siendo
cristiano, haya llegado como refugiado político a los Estados Unidos, confiando
en que se encontraba en la tierra de los libres, donde el derecho a disentir,
la libre expresión y el intercambio de ideas son respetados. Sin embargo,
terminó siendo echado de una iglesia que se proclama cristiana.
Aquí, como el Cuba, muchas iglesias
cristianas evangélicas han cambiado el Evangelio por la ideología.
Como una observación a pie de página –
para terminar- , debo ser honesto en admitir que, tras esto, nos invitaron a
dar nuestros testimonios tanto en una iglesia episcopal como en una iglesia
católica de Fort Worth. Fueron intercambios muy sinceros, solidarios y que
enriquecieron a todos. Como cubanos y como cristianos, nos marchamos con mucha
gratitud.
31 de diciembre de 2025

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