abril 18, 2013

El acoso: de los escraches a los actos de repudio.


Escraches es una palabra, pero también es un acto. Es término y practica que hoy es objeto de polémica. Siendo así la definición  misma  no me es ajena y es por eso que indago e interpreto lo que para otros es sentida querella, porfía lingüística incluso. Es definición y aquí va:
Escrache es el nombre dado en Argentina, Uruguay y España a un tipo de manifestación pacífica en la que un grupo de activistas de Derechos Humanos se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar. Se trata de un método de protesta basado en la acción directa que tiene como fin que los reclamos se hagan conocidos a la opinión pública.
Lo que para muchos puede resultar un acto de hacer justicia en sus inicios se trasforma en una práctica que hace del acoso y lo degradante ejercicio cruel. Se asegura que la palabra nació en su uso político en 1995 en Argentina, utilizada por la agrupación de derechos humanos HIJOS .En Chile estas acciones son conocidas como funa. La versión peruana, con una connotación más simbólica, se llamó roche y sus activistas firmaban como "El roche".
Como esta práctica de acoso y presión de uso público contra políticos en España se ha hecho tan frecuente, el asunto ha pasado a ser  objeto de fuertes críticas y encendidas polémicas. En el asunto que nos ocupa, se establece las protestas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Tal y como explican en su página web, el único objetivo de los escraches es informar a los diputados que se muestran en contra de la dación en pago, de las «consecuencias dramáticas» de su negativa hacia Iniciativa Legislativa Popular (ILP).
Casa en Argentina despues de un escrache o acto de repudio 
Se trata de un acto por el cual un grupo de personas se reserva el derecho de ir a la casa o al trabajo de alguien que para estos grupos han violado la ley y se muestran en franca impunidad, o no se hacen partícipes de sus reclamos. Como quiera que actúen estos grupos motivados por demandas que deben ser objeto de atención en una sociedad institucionalizada y con apego a la Ley; sus actos llevan el signo distintivo de la exaltación y la violencia, en este caso una violencia verbal tal que el individuo objeto del acto en sí, y por proximidad su familia, recibe un trato cruel, inhumano y degradante.
Algunas opiniones han exacerbado la discusión sobre estas acciones. Es así que se ha comparado los escraches que hoy aparecen en la escena española como practicas nazis.  Esperanza Aguirre ha subido el tono de las críticas y en su Blog señala sin tapujos lo siguiente:
Estos violentos acosadores se creen el paradigma de los buenos sentimientos pero sólo son simples epígonos de las tácticas de los peores totalitarismos del siglo pasado: el acoso con que las juventudes hitlerianas o las patrullas castristas en Cuba trataban y tratan de amedrentar a los que no se someten a sus designios. Y también son imitadores del matonismo de los seguidores de ETA en el País Vasco, ese matonismo que no ha dejado vivir en libertad a los ciudadanos de esa parte de España.
En el orden personal no he sido testigo de estos actos denominados escraches, no sé cuan agresivos se muestran los participantes. Solo por referencias conozco que hacían o hicieron las camisas pardas hitlerianas en la Alemania nazi, pero eso  sí, conozco muy bien el accionar de las Brigadas de respuesta rápidas en Cuba, lo que Aguirre llama, patrullas castristas. Pero veamos el actuar de estos y otros grupos de acosadores.
Foto a la izquierda: El SA no sólo instigó la violencia callejera contra los judíos, comunistas y socialistas, sino que también hace cumplir los boicots contra empresas de propiedad judía, como este en Berlín el 1 de abril de 1933.
El acceso de Hitler al poder en enero de 1933 marco el inicio de las prácticas de la discriminación y el matonismo. Los nazis instauraron una orgía de terror dirigida contra oponentes políticos y judíos, a quienes se sometió a la violencia arbitraria de los matones que integraban las bandas de maleantes de las SA. En realidad las  Sturmabteilung o SA fueron un grupo o milicia con una estructura militar completa. Llamados las camisas pardas por el color de su uniforme,  fueron el primer grupo militarizado nazi que creó títulos y rangos jerárquicos propios para sus miembros. Estas hordas nazis eran matones, no se detenían ante nada, su misión era instaurar un régimen de terror; comenzaron con trifulcas en cervecerías y calles contra los opositores, a estas últimas le llamaban, colisiones. No tenemos referencias, aunque pudo haber ocurrido, que las camisas pardas nazis fueran a las casas y trabajos de los judíos y opositores a acosarlos y hostigarlos. La intención en sí es la de hacer a la gente vulnerable e inculcarles el miedo. Esto lo conocemos muy bien los que hemos vivido en una dictadura totalitaria.
En el caso de la Argentina los escraches son una práctica que buscaba hacer justicia cuando esta estaba ausente. La impunidad hace que las víctimas se sientan ofendidas y en un estado de indefensión ante la justicia. El objetivo es poner en evidencia a alguien; alguien que lejos de ser el centro de un acto de “señalamiento” debía de estar respondiendo en los tribunales por sus actos. La investigación, la instrucción de cargos  y la conducción ante la instituciones encargas de aplicar la Ley es un asunto y otro muy serio es el de localizar, asediar  e intimidar a un individuo y su familia. No se trata de linchar sino de actuar con apego al derecho y mostrando cierta compasión.
Un periodista español va al punto, cuando afirma que esto de escrachar es distinto para España. Dice Losada:
El copyright lo tiene los llamados “actos de repudio” cubanos en la que cientos de violentos rodean tu casa y te amenazan a ti y a tu familia. Y aquí está la clave. Porque una cosa es el derecho de opinión y de manifestación y otra el acoso. Máxime cuando el acosado es un familiar cuyo delito es haber contraído matrimonio, ser padre o ser hijo. El derecho de manifestación tiene que ser compatible con el derecho a la privacidad y a la intimidad personal y familiar. Así que el gobierno ya ha advertido que defenderá el derecho de manifestación, pero también los derechos y la seguridad de todos. O sea que a diferencia de Cuba o Argentina, aquí la Policía no mirará para otro lado. Lo suyo.
Acto de repudio contra las Damas de Blanco en Cuba

Losada esta en lo cierto, nada más cercano a los escraches que los actos de repudio en Cuba. Excluida del análisis y comparación el desempeño temprano de las acciones criminales  del nacional socialismo alemán que organizaron tempranamente las SA;  los actos de repudio aparecieron en Cuba en el 1980, mucho antes de los escraches de la izquierda latinoamericana. En tanto que los grupos que participaban en los actos de repudio se organizaron como las Brigadas de respuesta rápida en el año de 1992 y se involucró a todos los individuos a través de los sindicatos en los centros de trabajo y los comités de defensa de la revolución (CDR) en los vecindarios.
Las mañas para   intimidar y asediar a políticos  que hoy se discute en España, ya es actuación  desalmada en Cuba mediante los actos de repudio y aquellos que los ejecutan están  organizados  como grupo paramilitar en las brigadas de repuesta rápida; su forma de agredir es verbal y en ocasiones física sin llegar a causar la muerte de lo que entienden como adversario. Son matones verbales y pueden si se lo proponen matar.
Hace algunos años escribí un artículo sobre los actos de repudio en Cuba, se trataba de hacer conciencia de las personas que no son cubanos y no conocen de este  accionar cuyo derecho  patrimonial, lamentablemente, lo  tenemos en Cuba. Con el título de: ¿Qué es un acto de repudio? Señalé lo siguiente:
Un acto de repudio solo puede tener lugar en una sociedad envilecida, donde el odio es política de Estado. La Revolución en Cuba es una obra de maldad de principio a fin, lo abominable es su signo distintivo. No hay margen para la piedad; esta resulta vergonzosa para mentes torcidas por una ideología perversa e infausta. Somos un pueblo que a fuerza de odiar, solo conocemos los caminos de la iniquidad por donde transitamos con los corazones endurecidos, envenenados por las palabras y discursos interminables de contumaces engañadores, que empeñados en mantener el poder a toda costa, empujan a los ciudadanos a ser partícipes de las más bajas pasiones y de los actos más abominables.
Esta turba desalmada, bien organizada y cruel,  ocupan todo su tiempo en lanzar todo tipo de ofensas, obscenidades e insultos sobre una pobre familias acosada y sujeta a su reducido espacio vital que es su vivienda; trasmitiéndole una sensación de impotencia, vulnerabilidad  y quebranto.
Los hombres y mujeres víctimas de estos actos, son solo eso, víctimas de un régimen de opresión, que pisotea la dignidad humana. Los otros, esos que gritan y agreden son también víctimas, convertidas por obra de una Revolución traicionada en desechos humanos.
Viviendo bajo una despiadada dictadura, siendo objeto y testigo de innumerables actos de violación al derecho y deseando que un día desaparezca la impunidad y haya justicia; es lógico suponer que un acto de señalamiento público a un represor pueda parecer justo y deseable. En realidad no es así. Hay injusticias que clama el cielo y aun cuando los detentadores del poder hacen uso de la violación del derecho, la injusticia y el crimen, la mejor forma de denunciar este estado de cosas  es  buscando las evidencias y exponerlas ante las instituciones encargadas de aplicar la justicia y cuando estas no existen, presentarlas  en los medios y ante  las organizaciones internacionales que velan por el derecho individual y colectivo.
No es señalando, acosando e intimidando a un trasgresor como debemos de buscar la justicia. Admitimos que nadie será sometido a tratos crueles, inhumanos y degradantes (Art. 5 Declaración Universal de los Derechos Humanos), como hacen los represores, para luego llevar lo que entendemos por justicia a un  hogar, en forma de ejecución verbal, donde residen otras personas. Una forma más novedosa del acoso es la que se produce en la Red y a través de las redes sociales que será objeto de un artículo futuro.
Fui objeto de dos actos de repudio que fueron abortados por los organizadores de la policía política cubana, esto en el hospital donde trabajaba y en el vecindario donde residía. Un tercer acto de repudio se llevó a efecto en el local de seccional de los Comités de Defensa de la revolución cerca de mi hogar. Aun cuando no fui objeto de burlas, agresiones verbales o físicas, la sensación de vulnerabilidad y quebranto  ante tanta injustica es algo que lo deja a uno  marcado para siempre.
Tal es la forma en que muchos individuos se desempeñan en estas sociedades envilecidas, no necesitan muchas motivaciones para abundar en obras de maldad para hacerse diestros en iniquidades. Esto solo ocurre cuando un país que se hace infeliz y la conmiseración se hace vergonzosa; los corazones se han endurecidos al límite…, no hay discernimiento alguno. La virtud ha sido desechada.
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