diciembre 17, 2012

¿Cuál es la Libertad religiosa en Cuba que proclama el Consejo Latinoamericano de Iglesias?


No lo dude, en Cuba  hay libertad religiosa. La revolución que se proclamó ateísta, por ser Marxista Leninista fue soltando la soga con la que asfixió a la religión y  hoy muchas entidades religiosas pueden decir que respiran y tienen libertad, porque aunque de papales la revolución sigue siendo Marxista en esencia, aunque creo que jamás lo fue, porque desde que bajaron de la Sierra traían en sus pechos collares de santa juana, que delataba sus creencias. El marxismo cubano no es ateísta, porque sus máximos dirigentes le meten duro a los diferentes cultos africanos.
Hoy hay fiestas nacionales diabólicas  aprobadas por el gobierno de los Castros, como es la Fiesta del Fuego en Santiago de Cuba donde se adora a Satanás. En la televisión y la radio, se escuchan canciones de adoración a los orichas por disimiles grupos musicales y los santeros, babalaos y paleros hacen sus cultos y dan sus toques de tambor sin ser molestados por autoridad gubernamental alguna. Obviamente que excluyo al cristianismo, porque este no es una religión, sino una relación con un Dios vivo. Pero libertad cristiana es otra cosa muy diferente.
Foto a la derecha: Fiesta del fuego.
¿Quién dice que en Cuba hay libertad de cultos cristianos? Cómo se podrá hablar de libertad cristiana en un país, donde jamás se han vendido Biblias en las librerías de la nación, ni se han producido; no hay libertad religiosa en una nación  donde los cristianos no tiene una sola estación de radio o televisión, es más no se cuenta ni con un espacio semanal de media hora por los medios de difusión nacional, ni se edita una sola revista o periódico cristiano; no puede existir libertad religiosa  donde se veda en las editoriales del gobierno cualquier tipo de literatura  cristiana, que sean  elaboradas por creyentes, que no pertenecen al Consejo de Iglesias de Cuba; no hay libertad religiosas donde no se aprueba una nueva denominación desde hace 50 años y son tenidas por ilegales todas las iglesias independientes evangélicas y apostólicas, que no aceptan meterse bajo sombrillas de denominaciones tradicionales, que han vendido el evangelio y que responden más a los intereses comunistas que a los del Rey Jesús.
Foto : lideres del CLAI en La Habana
¿De qué libertad religiosa se pretende hablar cuando las iglesias independientes y apostólicas no tienen derecho de rentar cines, salas teatrales, estadios u otras instituciones estatales, que son alquiladas para otros fines, pero negadas a la práctica del evangelio?  Hago la salvedad que a las denominaciones que están comprometidas o forman parte del inmoral Consejo de Iglesias de Cuba, se le abren las mismas puertas, que les son cerradas a las iglesias antes mencionadas. ¿De qué libertad religiosa pretenden hablar los líderes latinoamericano del CLAI, cuando hace sólo unos meses el presidente de la nación Raúl castro dijo, que los parques son de los revolucionarios, por lo que no se pueden reunir grupos cristianos ni a cantar himnos, porque el síndrome del terror a las multitudes los marea? ¿Cuál es la libertad religiosa que se intenta proclamar cuando existen seminarios bíblicos cerrados por décadas, casas, escuelas y otros inmuebles que fueron confiscados por la Revolución y después de más de 10 lustros no han sido devueltos? ¿De qué libertad se pretende hablar cuando hay líderes cristianos en la isla con cuentas congeladas por el gobierno, mientras que a otro se les niega el derecho de salir de su nación cuando tienen  visas aprobadas por otros países?
¿Cómo se pretende enmarcar como rebeldes a hombres valientes, que desde pulpitos perseguidos o con pluma grácil defienden los derechos que les confiere la carta magna cubana? ¿Por qué se les llaman sediciosos a quienes defienden a Dios y a su obra? No hay ninguna rebeldía como muchos intentan sellar a  pastores y apóstoles que no se someten a las autoridades por el mero hecho de  no tener una interpretación  religiosa de la Palabra de Dios, en Romanos 13 cuando dice: Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.  (Romanos  13.1).
Por eso no debe interpretarse  a la ligera este texto, que han esgrimido políticos, sin escrúpulos, para manipular a la iglesia sus líderes.  Dios es lo primero en la vida de cada hombre cristiano, ninguna ley gubernamental puede estar por encima de la Ley de Dios. Es necesario servir a Dios antes que al hombre. Eso lo dijeron sin miedo y con autoridad los apóstoles del Cordero, Pedro y Juan antes los líderes políticos y religiosos de Israel. Entonces pregunto. ¿Cuál es el nivel de sometimiento que quieren algunos peleles del gobierno y camaleones religiosos? Mi experiencia, que es la misma que la tenida por otros colegas del ministerio de iglesias independientes, es esta:
Jamás hemos tenido vínculos con ninguna organización contrarrevolucionaria de Miami. No conocemos ni, tenemos vinculación con un solo líder opositor del país o fuera de este. Nos  tildan constantemente de mafiosos, terroristas y subversivos, sólo por el hecho de no compartir sus ideas, porque somos hombres libres, sin miedo a ningún hombre, institución o gobierno, y que hemos preparado a las iglesia locales bajo esos preceptos, porque no estamos comprometidos con ningún partido político, ya que nuestro compromiso solamente es con Cristo y su obra. Por otro lado ninguno de nosotros, aunque por pura gracia divina, tiene antecedentes penales de ningún tipo. Ahora a título personal, pregunto: me han venido a cerrar la iglesia. ¿Lo acepto? Me han venido a detener los cultos ¿Lo apruebo? Me han venido a cambiar la sana doctrina. ¿Lo hago? Me han querido poner un dios humano por encima de Cristo. ¿Lo admito? Me han sugerido, recomendado y ordenado, que dé gracias a la Revolución antes que a Cristo.  ¿Me hago el de la vista gorda? Me han recomendado, que acepte el casamiento homosexual. ¿Lo consiento?  Reiteradamente me han venido a poner injustas y altas multas que dejarían  las arcas de las iglesias en una indigencia extrema. ¿Las acepto?
En algunas reuniones gubernamentales citan a los diferentes líderes religiosos, donde incluyen a pastores, babalaos, Abakuá, espiritistas, etc. y se les llama  a todos por igual hermanos. ¿Admitiré como hermano a aquellos  que ofende a Dios  prefiriendo los sacrificios de chivos, gallos y perros antes de aceptar el sacrificio expiatorio del Hijo de Dios?
¿Accederé a aprobar como hermano a un espiritista, que prefiere halar cordón para que los demonios se manifiesten y que  desdeña la Palabra de Dios, que alumbra como antorcha en las noches más oscuras de los hombres? Si es a eso  a lo que algunos llaman sometimiento, nosotros tenemos otro epíteto para ello. “Herejía”.
Someterse a los comunistas de Castro y dejarse manipular en cuestiones eclesiásticas es traicionar a los campeones de la fe que nos antecedieron y que ya no están físicamente, pero que miran la carrera desde las gradas de Hebreos 12: 1.
Obedecer la resolución 46 del Ministerio de Justicia (MINJUS) es matar el evangelio. Sentarme con los enemigos de la cruz y aceptarlos como hermanos sin antes haberse arrepentido, es hollar la sangre preciosa del Cordero de Dios.
 El creyente de la Biblia que acepte todas esas falacias y las aprueba es un inmoral, que carece de los más elementales valores de la dignidad humana.
¿Por qué entonces hay tantos pastores en la nación que se han plegado al gobierno acatando sus preceptos anticristianos? Los pastores y líderes de iglesias que quieren agradar al gobierno de los Castros, entendiendo  su llamado y propósito  es porque no quieren padecer persecución de las autoridades, porque saben que ni los mismos comunistas están seguros en sus puestos. La persecución es parte de la cruz de Cristo, que muchos han querido obviar. Pero los que son verdaderamente de Cristo han crucificado al mundo y sus deseos por tal de no ser un bochorno al evangelio. Estos son los que han entendido que viven en esta tierra para defender la fe, por la cual Jesucristo dio su vida, y no se pliegan con doctrinas, partidos o comités que tratan de aplastar, manipular, o desvirtuar la Ley de Dios.