junio 29, 2011

Conflicto de visiones: notas sobre una posible doctrina social evangélica cubana.

Durante diez años fui miembro de la Iglesia Metodista en Cuba. Sin ánimo de comulgar con lo que sería un injustificado sectarismo, he pensado desde hace varios años que algunos principios metodistas podían ayudar a que la fe protestante tuviera mayor impacto en la vida nacional cubana.
Las iglesias evangélicas llegaron a Cuba por los misioneros norteamericanos. Su pensamiento político era conservador en una nación donde el precepto liberal de la separación entre la Iglesia y el Estado era una realidad, al menos en lo referido a la jerarquía eclesiástica.
No podía por tanto esperarse en los inicios sino una posición conservadora en materia política y social (1). Sin embargo, contrario a lo que los líderes de varias iglesias dominantes en el Consejo de Iglesias de Cuba han afirmado (2) no fue la Revolución cubana y su adopción de una variante del estalinismo como sistema social lo que dio a las iglesias evangélicas una doctrina social.
En 1948 al fundarse el Concilio Mundial de Iglesias éste emitió una declaración de principios con respecto al problema social, que fue por tanto adoptada por la Iglesia Metodista Cubana al no haberse separado aún de la norteamericana. En dicha declaración se rechazaba tanto el socialismo marxista por su confesionalidad atea y sus métodos totalitarios, como la sociedad de libre mercado sin asistencialismo y sin lo que hoy denominamos derechos sociales. Cuando en 1968 la iglesia metodista logra su autonomía se queda sin un Credo Social, solo podía guiarse por los documentos del Concilio Mundial de Iglesias hasta 1990 en que se elabora y aprueba el actual Credo Social.
Este Credo sin embargo, no ha logrado tener la trascendencia con la que originalmente fue pensado. Cuando en 1993 la Iglesia metodista cubana emitió un mensaje a sus miembros respecto a la grave crisis económica y social creada tras el fin de los subsidios soviéticos (período especial) el Credo no fue citado en dicha declaración.
Este documento, redactado varias semanas antes de la pastoral católica El amor todo lo espera por otra parte, quedó relegado desde el momento en que el entonces Obispo metodista tomó parte en un documento enviado por decenas de personalidades ecuménicas del país al gobierno a raíz de la publicación de dicha pastoral. Incluso el sociólogo cubano Aurelio Alonso (actual director de la revista Casa de las Américas) en su obra Iglesia y política en Cuba tomó este documento como supuesto ejemplo de divergencia de la doctrina social metodista con los planteamientos de la pastoral católica.
Ya en una carta enviada a la revista católica Espacio Laical hice un breve análisis sobre este documento metodista (3), al cual remito al lector. Lo que sería interesante añadir es que Alonso no cita en su trabajo el Credo Social Metodista, obviamente porque no hubo suficiente interés en difundirlo entre los laicos y no-creyentes como el mismo Credo planteaba.
A partir de ese año comienza el crecimiento masivo de la iglesia metodista. Según datos de la revista metodista La Fundición – el 70 % de los miembros metodistas eran conversos. La liturgia metodista experimentó grandes cambios asimilándose a la de los movimientos carismáticos. Esta renovación litúrgica estuvo acompañada, además, de la entrada de algunas ideas teológicas o más bien de un estado de espíritu donde se negaba el valor de cualquier influencia humana para transformar la sociedad. No me resulta posible aquí desentrañar el origen y esencia de esta doctrina (4), solo señalar que su influencia ha determinado el retraimiento parcial de las iglesias evangélicas frente a los problemas sociales de Cuba.
Frente a esta postura quedó solamente el Consejo de Iglesias de Cuba, cuya política resulta difícil de separar de la del gubernamental, pese a estar supuestamente inspirada en diferentes principios, en este caso, el cristianismo y en el otro, el marxismo-leninismo.
El fenómeno político que ha constituido la mediación de la Iglesia católica entre el gobierno y las organizaciones defensoras del respeto a los derechos humanos en Cuba (ni siquiera organizaciones de oposición formal porque tal cosa es prohibida en Cuba); ha creado una crisis dentro del protestantismo cubano. ¿Cómo poder explicar que el Consejo de Iglesias fuera excluido de dicha mediación? Si, como ha declarado Aurelio Alonso la Iglesia católica se ha ganado el papel de mediadora: ¿Por qué el Consejo de Iglesias no pudo ganarse igual merecimiento? ¿O es que acaso es el protestantismo la religión oficial del país?
Es esta crisis a la que he aludido aquí la que puede explicar la reciente aparición de figuras evangélicas que han desarrollado prácticas pastorales enfocadas hacia los miembros de organizaciones defensoras de los derechos humanos. Resulta lógico pensar que si los obispos católicos han realizado dicha actividad: ¿Por qué los pastores evangélicos no podrían realizarla? Tal es el caso de los recientes acontecimientos dentro de la iglesia metodista cubana, según lo que ha logrado trascender a la prensa que son expresión de este conflicto de visiones o de crisis aquí señalado.
En Cuba existe un importante sector evangélico que cree que la Iglesia debe mantener la neutralidad frente a la grave crisis que padece el país. Durante muchos años las iglesias evangélicas han orado por Cuba y sus gobernantes, no para que gobiernen de acuerdo a sus intereses sino a los de nuestra nación. Eso y no otra cosa significan el llamado a orar por las autoridades. Tomando solamente la tradición más cercana al período de los apóstoles, podríamos encontrar que los Padres de la Iglesia como San Justino, tan cercano en el tiempo a los apóstoles, apelaron a las leyes del Imperio Romano, corrupción de las republicanas, para defenderse de las arbitrariedades de los gobernantes. Si fuéramos a grandes figuras de la Reforma como Lutero, Calvino o Wesley, veríamos el despliegue de una doctrina social, aunque no necesariamente tenga que ser compartida.
Pedir el respeto de la Constitución de 1976, así como los pactos de derechos humanos firmados por el Estado cubano, sin embargo, no es un acto contrario a las leyes actualmente en vigor en el país, ni constituye en sí mismo un acto de oposición. La neutralidad de la Iglesia queda salvada en el hecho de que no es un partido político, su influencia es ejercida desde la sociedad civil, desde lo moral y no desde el Estado.
Ahora que, a raíz de la reciente mediación católica, los principios sociales del Consejo de Iglesias de Cuba han recibido el soslayo del propio gobierno, conviene volver la mirada hacia el Credo Social Metodista y otros documentos similares de cualquier otra denominación evangélica que permitan entender lo que está sucediendo en Cuba.
Bibliografía.
(1) Esto es cierto sólo en parte. Si se consultara El Evangelista Cubano, publicación oficial metodista cubana, durante la dictadura de Gerardo Machado podría observarse el rechazo a su política intervencionista en materia económica, fundamentalmente el rechazo al plan de obras públicas y la concertación de empréstitos extranjeros. Es curioso que esto sucediera en un período donde el liberalismo económico era una postura anticuada.
(2) Pienso en la frase, tantas veces repetida (y televisada) por su autor, el pastor bautista Raúl Suárez: La revolución nos enseñó a dar por deber lo que antes dábamos por caridad. Esta idea supone que antes de la revolución de 1959 las iglesias evangélicas carecían de doctrina social. Se trata de una justificación teológica del hecho revolucionario.
(3) Espacio Laical. Revista del Consejo Arquidiocesano de Laicos de de La Habana. Número 1/2009.
(4) Esta idea no debe ser llamada sin más, fundamentalista; al menos, si las ideas del Tea Party del Partido Republicano, son consideradas fundamentalistas.
*Ariel Pérez Lazo. La Habana, 1977. Licenciado en Filosofía Marxista y Master en Historia contemporánea por la Universidad de La Habana. Profesor de Historia de la Filosofía en dicha universidad desde 2005 hasta 2010. Investigador de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de dicha universidad de 2007 a 2010. Profesor de Historia Universal en el Seminario Evangélico Metodista. Redactor de El Evangelista Cubano de 20078 a 2010. Resido en Miami desde 2010. He colaborado en publicaciones como Espacio Laical, Cubaencuentro y el Blog de Emilio Ichikawa.