abril 24, 2011

La Isla y el Islam.

Por: Ángel Lago V.
¡Pues para mí todos los que usan ese trapo en la cabeza y esos batilongos son la misma cosa!, respondió Caridad cuando su nieto Agustín intentó explicarle que los iraníes eran musulmanes, que es una religión, pero no árabes, que es una raza o etnia, sino descendientes de los persas o medos.
Y como para dar plena evidencia de su capacidad generalizadora, y de que en absoluto se trataba de un asunto de discriminación, prosiguió: Igual que todos los españoles son gallegos, y todos los que tienen la piel amarilla y los ojos atravesados son chinos. Mire abuela, el mundo de hoy es muy complejo, y hace falta un poco de información para tratar de entenderlo.
En eso si tienes toda la razón, mijo, enredado sí está, y cada día se pone peor. Pero no todo el mundo tiene la lectura que tú tienes; que los libracos que te he visto leyendo para graduarte de Historia no los brinca un chivo. No exagere, vieja. Con todo y tus explicaciones, no entiendo ese embullo de tu hermano Nicolás para meterse a chita. No es chita abuela, sino chiita. ¡Ay, mijo!, yo no le veo ninguna diferencia. Como la mona de Tarzán. Te repito que es chiita, que como los sunitas, es una rama del Islam. Pues a mí me da lo mismo cualquiera de los dos gajos. Aquí en Cuba nunca se ha visto nada de eso, ¿te imaginas? Las mujeres con un velo en la cara. ¡Con el calor que hace! Y con las cosas que veo en la televisión, me da miedo.
Tranquila, abuela .Lo que usted ve es obra de grupos extremistas. El Islam es una religión que predica la paz. Pero es que tu hermano la ha cogido con mucho furor. Antier vino también a visitarme por el mediodía, y no quiso ni almorzar. Y eso que había preparado un chilindrón de chivo, que a él le encanta. Dijo que estaba de cuarentena. Si, abuela, es el mes del Ramadán. Los creyentes no pueden comer entre las seis de la mañana y las seis de la tarde. ¿Qué me dices de Yeyo, el hijo de Tomasa, la vecina de al lado? Él fue el que embulló a Nicolás a meterse en ese asunto, y ayer lo vi con un par de pizzas en la mano. No sea mal pensada, vieja. Quizás no eran para él... Además, si Nicolás actúa así, eso demuestra que su fe es verdadera. ¡Ah, sí! Y a las doce del día se tiró en cuatro patas en el balcón y empezó a rezar, mirando para la Cabaña, pero él le decía otro nombre... un poco raro. La Meca, el santuario sagrado que está en Arabia Saudita, hacia el oriente. Eso mismo.
Son muchas cosas extrañas, Agustín. En la familia nunca se había visto tal cosa. Yo crié a tu papá en el respeto a los orishas, y tu mamá es devota de San Lázaro. Que tú digas que crees a tu manera, lo entiendo. Pero lo de Nicolás no lo acabo de entender. Las cosas de la Fe a veces son difíciles de entender, abuela. Esos musulmanes son muy distintos a n nosotros, por muy buenos que sean. Es verdad que los invitan a la Embajada y les dan muchos regalos. ¡Quisiera que vieras la pila de cosas nuevas que tiene Tomasa! No le falta ningún artículo electrodoméstico... Así es, abuela. El Corán los conmina a ayudar a los necesitados. Está muy bien, pero tarde o temprano esa creencia le traerá problemas a Nicolás. A ver, ¿tú crees que Fefita le va a aguantar que tenga cinco mujeres? Y además, ¿con qué las va mantener?
Por primera vez en la noche, Agustín se quedó sin respuesta, mientras una sonrisa de preocupada satisfacción se dibujaba en el negro rostro de Caridad.