febrero 13, 2011

Yo quiero ser como Él.

Hace ciento cincuenta y ocho años nació José Julián Martí Pérez, a mi juicio el hombre más importante de la Historia de Cuba. Su extraordinario genio le ayudó a ser una persona polifacética, novelista, poeta, crítico, pintor, traductor, periodista, político y patriota. Su alto sentido de la justicia, su humanismo, el vivir en sí mismo la pobreza lo llevaron por los duros senderos de la libertad, apartando dolorosamente a su familia, sus padres y hermana siendo un adolescente y luego a su esposa e hijo, ya de adulto. Los grandes hombres toman siempre esas veredas difíciles, se arrancan trozos del corazón para entregarlos a la causa de los pobres, de los desposeídos, de los explotados, de los silenciados. Desechan a sus seres más cercanos y transforman a todo el género humano en su familia, recuerdo a otro grande de nuestra historia, Carlos Manuel de Céspedes, que al saber de la muerte de su hijo natural expresó: todos los cubanos y cubanas son mis hijos, ganando así el título de Padre de la Patria. Foto abajo a la derecha.
Aunque en la escena funesta que diera fin a su magnífica vida tomó un revólver para eliminar a su enemigo, Martí  no era un hombre de armas, sus armas estaban en su prodigioso pensamiento, en su amplia palabra. Armas que son más poderosas que cualquier otra, ellas pueden derribar imperios y levantar multitudes y sobre todo perduran en el tiempo, como el pensamiento martiano que es casi un rezo en los labios de quienes se acercan a él.
Este 28 de enero he recordado al Héroe con lágrimas en mis ojos, esas lágrimas han sido de extraordinario orgullo de saber que nuestra Patria es dueña de una figura tan excelsa. Cuando en ocasiones escucho a los pequeños en las escuelas repetir la consigna: Pioneros por el comunismo, seremos como el Che, me digo a mis adentros, con todo el respeto que pueda merecer esta otra figura histórica y con respeto también a quienes le admiran y han hecho de las ideas de este hombre todo un paradigma. Si alguna vez me preguntaran a quién quiero parecerme, respondería sin pensarlo dos veces, sin colocar mis manos en la frente a modo de soldado militar que no soy, quisiera ser en primer lugar como Jesucristo, vivir la vida de la manera que él desea que lo haga y esto es un gran reto; pero también quisiera ser como José Martí, ese patriota, amigo y hermano, que como yo amó también a Jesús, de ahí en parte quizás su gran sentido de la justicia que en ocasiones parecía divino, quisiera ser como Martí por su apego a esta tierra, su amor incondicional a este suelo, por entregar toda su savia a la libertad de Cuba. Abajo a la izquierda, Jose Martí.
Ciento cincuenta y ocho años nos separan de aquel instante en que la vida escuchó el primer sollozo del genio, estoy segura que la patria tembló y lo abrazó porque este sería su hijo más amado. En este ahora de Cuba, él está bien presente, solo falta que las generaciones de cubanos que convivimos sobre este suelo y las que viven fuera de él, sepamos escuchar sus enseñanzas, aprendamos a vivir como él lo hizo, comprometidos y apasionados por la causa de este pueblo. Sabiendo discernir a cuál Martí queremos parecernos, si al que planificó desde el más allá el asalto al Moncada y luego se transformó ideológicamente en un seguidor de los preceptos de Marx; o al Martí genuino, al cubano inspirador del “Cuba Libre”, al independentista, al que salió a entregar su don más valioso, la vida, por reconquistar el regalo que Dios le había otorgado, la Patria. En cuanto a mí, no hay dudas, después de Jesús, quiero parecerme a este Martí y como él reclamar mis derechos de libertad, como él pedir un lugar en las tribunas para que en ellas también se escuche mi voz.
*Licenciada en Información Científico Técnica y Bibliotecología y Máster en Estudios Teológicos por FLET. Desempeña sus labores en la Iglesia Bautista de Taguayabón en Villa Clara Cuba junto a su esposo el Pbro. Mario F Lleonart B.