diciembre 01, 2010

La Tierra de los Sinsabores.

Por: Yoaxis Marcheco Suárez.*
“El presente texto está dedicado a mis vecinos, a esos que constantemente se quejan en un puro miedo de la situación que viven día a día. Sí, Porque fuera de nuestras congregaciones hay un mundo real que compartimos todos los cubanos, creyentes y no creyentes, un mundo donde reina la escasez y la penuria, donde abundan las necesidades materiales y espirituales, un mundo en el cual Dios nos dejó en medio de las aflicciones, pero con la certeza de la victoria”.
La sal y el azúcar son los dos elementos más usados en la elaboración de los alimentos en cualquier parte de este mundo, todos los usan, sin importar raza, nacionalidad, cultura, creencia, filosofía. Sin estos la comida no tendría sabor, de ahí que definamos, al menos en nuestro contexto cubano, los platos elaborados con sal como el alimento fuerte o la primera comida y con azúcar, los refrescantes, como refrescos, jugos, etc., los postres, deliciosos y que vienen a completar el manjar, como decía mi abuelo paterno: yo no estoy satisfecho si después de una buena comida no disfruto de un sabroso postre; qué decir del delicioso café criollo con ese misterio que nos enloquece el paladar, ni muy amargo, ni muy dulce, quizás como la vida misma, aunque hay muchos que lo prefieren tomar bien amargo y otros bien dulce, yo estoy en el primero de los casos. El pan nuestro de cada día, ese que es elemental para la subsistencia, comida de pobres y de ricos, también utiliza en su confección en medidas muy equilibradas tanto la sal como el azúcar. La Biblia también nos aborda los elementos del azúcar y la sal y lo hace ya no solo para referirse a la alimentación del cuerpo físico o terreno, sino también para tocar asuntos de carácter espiritual: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.” La sal da sabor no solo a las comidas es el sabor de la vida, de las cosas buenas, es esencial y nosotros los seguidores de Jesús somos el elemento que mantiene a este mundo con el sabor que Dios quiere que tenga. También dice la Biblia que al hambriento todo lo amargo le resulta dulce , y dulce es el amor, especialmente el de Dios a sus hijos, es como la miel silvestre que se cosecha en los campos, también deberíamos ser los cristianos vasijas para esa dulzura; un mundo en desequilibrio, ya sea material o espiritualmente, donde escaseen estos dos componentes, es un mundo en deterioro, en crisis.
En la Cuba de hoy, esta Cuba nuestra que nos sirve de casa, de abrigo, y a la vez, formando una de esas paradojas de la vida que la hacen tan difícil de entender, de prisión; están en crisis tanto la sal, como el azúcar. Desde que tengo uso de razón, y apenas tengo treinta y seis años de edad, tanto la una como el otro han sido suministrados a los cubanos a través de la famosa Libreta de Abastecimiento, un poquito para cada uno, para que alcance. Ese poquito de sal y de azúcar para cada uno, esa cuota mensual me recuerda constantemente que desde que tengo uso de razón he vivido en la más pura escasez, pero lo que más me hace pensar en la pobreza material no es solo la cantidad que se nos suministra o la forma en que llegan a cada cubano estos dos alimentos esenciales, sino que cada día se nos reduce la cantidad, de cinco libras de azúcar para cada cual, una parte refinado y la otra en crudo, a cuatro libras y con esto ingéniatelas para todo el mes. Hace algún tiempo atrás, cuando aún los centrales azucareros molían la caña y procesaban el azúcar que además de ser suministrada a los consumidores cubanos sería exportada al exterior, por lo que acá llamamos la Bolsa negra, que en realidad no es tan negra, porque infinidades de veces hemos sobrevivido gracias a ella, los cubanos podíamos “resolver” el poquito de azúcar que necesitábamos para culminar el mes y que algunos trabajadores de los centrales a todo riesgo extraían de los ingenios, pero que nadie se asuste o se asombre, también desde que tengo uso de razón conozco un dicho, que no sé a quién se le ocurrió: “Ladrón que roba a otro ladrón, tiene cien años de perdón.” Como los centrales también cayeron en crisis y la mayoría de ellos se han cerrado, ya ni la Bolsa negra puede resolvernos el problema, el azúcar está perdido de nuestras cocinas, de nuestras mesas, casi tenemos que olvidar los riquísimos pudines o flanes que nuestras madres nos hacían, a veces como postre y otras para alimentarnos con algo porque muchos niños como yo lo fui, éramos inapetentes y comíamos poco, nada de natillas, casquitos de guayaba o las ricas tajadas de naranja, o jugos de frutas naturales, también de todas esas cosas tenemos que irnos olvidando los cubanos.
Qué decir de la sal, como en Cuba se aspira a vivir hasta ciento veinte años, para evitar los problemas cardiacos, de presión arterial y otros, solo se le vende un estuche de sal yodada de un kilogramo, de forma trimestral a los núcleos familiares pequeños (de una a tres personas) y para los que están compuestos de más de cuatro personas, un mes reciben un paquete y al siguiente dos. Realmente las comidas van a estar bien escasas de sal, esto presupone que nuestro país estará libre de diabéticos, hipertensos, no habrá más problemas nefríticos, ni biliares, ni de otras índoles donde el excesivo consumo de sal sea el causante. Qué ironía justificar la poca provisión con estos argumentos, pero más irónico es el hecho de que sea Cuba una isla, es como si nos estuviéramos muriendo de sed a la orilla de un río. Sí nuestro menú, _que por cierto también ha variado bastante, no hace tanto me reía con uno de nuestros humoristas quien decía que la comida criolla cubana ya no consiste en el típico plato de arroz congrí, carne de cerdo asada, yuca con mojo y ensalada de vegetales, sino en arroz blanco, picadillo de soya y cualquier otra cosa que se pueda conseguir_, ya adolece de postre o de aperitivos y bebidas que utilicen el azúcar, me da miedo hasta pensar que dentro de muy poco tengamos también que adolecer de lo que nos queda, ya sea picadillo de soya o claria frita.
Así vamos pasando, como dicen los cubanos, sin sal y sin azúcar, difícil se tornan las meriendas para nuestros niños, en especial para los que ya están en edad escolar y qué decir de los desayunos, aquí sí se nos pone la cosa fea, porque los niños mayores de siete años no reciben tampoco leche de vaca, o en polvo, o de cualquier otro tipo, se suministra para ellos un cereal saborizado, que francamente es bastante desagradable al paladar. Una tierra de sinsabores, el dolor cotidiano y la constante preocupación de qué será lo que llevaremos a la boca de la familia en el día de hoy, impiden que los cubanos pensemos en nuestra propia dignidad, en llevar hasta el banquillo de los acusados a quienes son los causantes de esta vida de penurias y escaseces. Marx no estaba equivocado cuando expresó que el hombre primero debe alimentar su cuerpo y facilitar sus condiciones de vida, para luego filosofar y ocuparse de los asuntos del pensamiento y las ideas. La sal y el azúcar están en crisis, dos elementos tan nobles y que han alimentado y sustentado desde siempre a millones de seres humanos en cualquier rincón de este mundo; dulce parecerá a nuestro hambriento paladar cualquier alimento que se nos ofrezca, solo espero que no sea el hambre físico precisamente el que mate nuestro espíritu, el que nos robe la sal que da sabor a nuestras almas, esa que contagia a todos y que saboriza a este mundo, esa sal y esa miel jamás deberán escasear porque entonces si seremos un pueblo miserable y desafortunado. Oro a Dios, a ese Padre maravilloso que libera los espíritus del miedo, de la doble moral y de la hipocresía, para que nos ayude a ser sal de esta tierra, y la más dulce miel que destila del panal.
1.Mateo 5:13, Versión Reina Varela, Revisión de 1960.
2.Proverbios 27:7, Versión Reina Varela, Revisión de 1960
*Licenciada en Información Científico Técnica y Bibliotecología y Máster en Estudios Teológicos por FLET. Es la esposa del Pastor Mario Félix Lleonart quien ha colaborado en este Blog.